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adolescentes

emociones

No encajar

Sentir rabia

Tener miedo

Vivir aventuras

Sentir tristeza

Marina Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras. Pero más vale que empiece por el principio, que en este caso es el final.En mayo de 1980 desaparecí del mundo durante una semana. Por espacio de siete días y siete noches, nadie supo de mi paradero. Amigos, compañeros, maestros y hasta la policía se lanzaron a la búsqueda de aquel fugitivo al que algunos ya creían muerto o perdido por calles de mala reputación en un rapto de amnesia.

Nunca seré tu héroe Andrés, estudia. ¡¡Andrés, estudia!! Andrés-estudia. Andresestudia... Andrés Estudia. Me llamo Andrés y me apellido Estudia. Me tienen harto, siempre con el mismo rollo. Mi madre, con tal de verme encima del libro y sin escuchar música, está contenta. Aunque esté pensando en las musarañas, es la leche. No entiende que yo pueda estudiar con música. Y no para de rayarme todo el día: que si tengo poca disciplina, que si no hago más que hablar por teléfono y enviar wasaps, que si no tuviera la carpeta llena de fotos de chicas me distraería menos.

Las ventajas de ser un marginado Me encantan los bollos de nata, y si digo esto es porque nos han pedido que pensemos en razones para vivir. En la clase de Ciencias, el profesor Z. nos habló de un experimento en el que elegían una rata o un ratón, y los ponían en un extremo de una jaula. Al otro lado de la jaula ponían un trocito de comida. Y la rata o el ratón se acercaban a la comida y comían. Entonces, devolvían a la rata o al ratón al extremo original de la jaula y, esta vez, ponían electricidad por el tramo de suelo que tendrían que recorrer para conseguir el trozo de comida. Hicieron esto durante un tiempo, y la rata o el ratón dejaron de ir a buscar la comida al llegar a cierta cantidad de voltaje.

Persépolis

El curioso incidente del perro a medianoche Pasaban 7 minutos de la medianoche. El perro estaba tumbado en la hierba, en medio del jardín de la casa de la señora Shears. Tenía los ojos cerrados. Parecía estar corriendo echado, como corren los perros cuando, en sueños, creen que persiguen un gato. Pero el perro no estaba corriendo o dormido. El perro estaba muerto. De su cuerpo sobresalía un horcón. Las púas del horcón debían de haber atravesado al perro y haberse clavado en el suelo, porque no se había caído.