Want to create interactive content? It’s easy in Genially!

Get started free

La participación comunitaria y el desarrollo social. 156 La participación es una característica inherente a las sociedades democráticas, la

temocmontiel

Created on June 28, 2026

Start designing with a free template

Discover more than 1500 professional designs like these:

Essential Business Proposal

Project Roadmap Timeline

Step-by-Step Timeline: How to Develop an Idea

Artificial Intelligence History Timeline

Pictures quiz

Big Data: The Data That Drives the World

Mind Map: The 4 Pillars of Success

Transcript

La participación comunitaria y el desarrollo social. 156 La participación es una característica inherente a las sociedades democráticas, la cual se refiere al involucramiento de la ciudadanía en la toma de decisiones de la vida en común. Existen distintos tipos de participación clasificados conforme a los siguientes criterios: • De dónde proviene la iniciativa. Este criterio se refiere a la forma en que surge la participación, que puede ser impulsada por la asociación entre vecinos o por las instituciones. En esta última, la participación se impulsa de forma política o técnica: la primera se refiere tanto a las iniciativas llevadas a cabo por las autoridades políticas en turno o por grupos organizados por medio de partidos políticos o asociaciones comunitarias; en la segunda, están las iniciativas propuestas por especialistas para atender algún tema de interés común. • Según quién da seguimiento a la iniciativa. El seguimiento de la participación de las personas no siempre lo llevan los actores que propusieron las actividades; por ejemplo, una iniciativa de participación puede surgir de una asociación vecinal, en donde quien da seguimiento son las personas de la administración pública o los técnicos responsables. • Según la magnitud de la implicación de las personas. Existen procesos de participación que involucran a un gran número de actores, como las distintas dependencias de diversos niveles o a toda la población en general de una comunidad. Por otro lado, hay actividades que solo involucran a cierto número de personas o a áreas de gobierno muy delimitadas. • Según el impacto que se contempla. Hay estrategias de participación que implican la transformación de varias formas de organización al mismo tiempo, o conllevan actividades que cambian la vida comunitaria de manera radical, como los planes de desarrollo que tienen que ver con el ordenamiento territorial, la construcción de vías de comunicación o la introducción de servicios como la electricidad o el drenaje. De igual manera, hay actividades es en donde solo se contempla impactar en una problemática en concreto e implica cambios puntuales, como las jornadas de atención a la salud o a los adultos mayores. Así, podemos ver que la participación en las actividades no es solo en un sentido sino múltiple, e involucra a distintos sectores que conforman a la comunidad, según el objetivo que se proponga. El desarrollo social y la cultura de paz Los distintos niveles de participación permiten percibir que todos tienen en común el objetivo de aumentar la calidad de vida de la población, por tanto, la participación juega un papel clave para el desarrollo social de la comunidad. En este sentido, el desarrollo social puede definirse en síntesis como el proceso que promueve el bienestar de las personas para el mejoramiento de su calidad de vida. Algunos teóricos han profundizado en este concepto y han reflexionado sobre las características que debe tener dicho bienestar, los factores que lo determinan, así como las acciones y las responsabilidades que tiene el Estado para lograrlo. Para ciertos autores, definir el desarrollo social parte de una comparación entre sociedades industrializadas y aquellas con mayor rezago, por lo que, para ellos, el desarrollo se consigue cuando las sociedades alcanzan el nivel de bienestar de aquellas naciones con mayor industrialización, en donde el Estado tiene una gran responsabilidad al realizar las acciones pertinentes para lograrlo, sin olvidar la participación ciudadana. Desde otro punto de vista, existen autores que no parten de una comparación entre poblaciones, sino que entienden al desarrollo social desde una perspectiva centrada en las personas, es decir, al considerar las características de cada población. Uno de ellos es Amartya Sen, economista bengalí ganador del Premio Nobel de Economía en 1998, quien definió el desarrollo social como el proceso de expansión de las libertades que disfrutan los individuos mediante la ampliación de sus capacidades y sus oportunidades. Este último punto de vista teórico resulta pertinente cuando el desarrollo social se piensa bajo los términos económicos, sociales y culturales de cada país; esto permite que el desarrollo sea una construcción colectiva que respete la autodeterminación de las personas y no una fórmula impuesta de manera externa. Cultura de paz Cuando se habla de paz en una comunidad o territorio, o bien, en espacios más extensos como países y regiones o zonas continentales, es común que el término se asocie a la ausencia de conflictos, ya sean armados o que implican acciones violentas, en su mayoría físicas, entre los miembros de un grupo o entre grupos distintos. Sin embargo, la paz no siempre resulta en la falta de guerras o enfrentamientos bélicos. En dicha ausencia visible de conflictos es posible esconder formas de violencia sutiles, como la discriminación o la injusticia social, problemas que suelen desembocar en cualquier momento en disputas de mayor escala. Por tanto, en años recientes, y debido al aumento de la violencia en diferentes contextos y grados, distintos colectivos en diversos lugares del mundo han visibilizado la necesidad de entender el concepto de paz no solo como la ausencia de conflictos, sino enfocándolo en la construcción de una cultura de paz. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, y la Cultura (Unesco) define la cultura de paz como el estado positivo en el que se promueven valores como la justicia, la igualdad, el respeto y la cooperación. La cultura de paz implica desde cambios en la forma de socializar entre los miembros de una comunidad -que se manifiestan tanto en el modo en que se relaciona el individuo a nivel personal, familiar y comunitario-, hasta cómo se resuelven conflictos a nivel internacional. Así, por medio de la cultura de paz se busca el respeto a los derechos humanos, la resolución pacífica de conflictos y la comprensión y convivencia intercultural. La importancia de la cultura de paz es una herramienta clave en distintos aspectos de la vida social previene los conflictos debido a que fomenta una comunicación abierta y pacífica; potencia el desarrollo sostenible de los países o regiones, ya que los conflictos, sobre todos los armados, implican la destrucción de la infraestructura -viviendas, escuelas, hospitales, carreteras, campos de cultivo- y el desplazamiento forzado de la población; vigila el cumplimiento de acciones que garanticen los derechos humanos de todas las personas por medio de mecanismos de diálogo abiertos e inclusivos. Para promover una cultura de paz se han señalado mecanismos tanto a nivel internacional (por ejemplo, la diplomacia y el diálogo en foros y alianzas internacionales), como la integración de contenidos que hablen sobre ella en los distintos niveles educativos de cada país, sobre todo en espacios dirigidos a niñas y niños de tos niveles básicos. También se ha buscado que los medios de comunicación masivos o locales, públicos y privados, así como el internet y las redes sociales, promuevan, en los distintos formatos o programas que transmiten, valores como el respeto, la empatía ~ la resolución de conflictos de manera pacífica. Además de estas acciones, se ha señalado la participación ciudadana como un elemento fundamental para la construcción de la cultura de paz, ya que se requiere Ce un cambio en las mentalidades que ayude a modificar las estructuras de violencia impuestas. Con ello, se busca desarrollar la capacidad que la cultura de paz tiene tanto para promover iniciativas locales que impulsen una convivencia pacífica como para demandar a los gobiernos la adopción de políticas pacíficas que impidan las confrontaciones bélicas entre países. La cultura de paz se ha vuelto un imperativo para las sociedades actuales, por lo que promoverla significa abordar los problemas y los conflictos de manera constructiva y cooperativa. La democracia participativa Como hemos visto, es a través de la participación de los habitantes de una comunidad que se pueden transformar las condiciones desfavorables que se experimentan o resolver los conflictos que pueden existir; por tanto, la participación y la cultura de paz son pilares de la democracia participativa. Para hablar de la democracia participativa es necesario repasar el significado del concepto democracia. Su origen proviene del griego antiguo, de los vocablos demos, que significa "pueblo", y kratos, que se puede traducir como "gobierno" o "poder". Fue en Atenas, en la antigua Grecia, don• de este término se utilizó para describir la organización de la vida social, en la que los ciudadanos participaban en asambleas, debates y votaciones abiertas mediante las cuales todos los ciudadanos tomaban decisiones sobre asuntos comunes. Pero no todas las personas eran consideradas ciudadanos, por ejemplo, los esclavos, las mujeres y los niños eran excluidos. Algunos filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles reflexionaron sobre este tipo de organización, y dejaron escritos que se han retomado como base para desarrollar la democracia moderna. Cabe mencionar que la democracia, si bien es un sistema de gobierno, también es un tipo de organización que se ha transformado a lo largo de la historia. Por ejemplo, en los siglos XIX y XX el concepto democracia comenzó a tomar mayor impulso en distintas partes del mundo, esto dio paso al surgimiento de diferentes modelos y formas de ejercerla, según las características y la historia de cada país. Dos de los principales modelos de la democracia moderna son la representativa y la participativa. En la democracia representativa el poder lo ejercen aquellas personas que son elegidas por el resto de los ciudadanos, por lo que la participación de la mayor parte de la población se concentra en las elecciones de sus representantes. Por ejemplo, en la elección de presidentes, diputados o senadores se elige a quienes serán los responsables de tomar decisiones sobre los asuntos públicos en nombre del resto de la población, como la forma en que se gastan los impuestos, los programas o los servicios administrados por el Estado o las leyes y las normas que se deben acatar. Así, la participación se da solo en los periodos de elección o en las votaciones para elegir representantes, para dejar en sus manos las decisiones de la vida en común. Algunos autores señalan que el principal beneficio del sistema democrático representativo es que tanto en su organización para designar representantes como en las decisiones que se toman una vez electos los representantes, todo se lleva a cabo de manera más rápida, ya que no se utilizan procesos que involucren a toda la ciudadanía. Por esta razón se considera que la democracia representativa es el tipo de organización más fácil o realista. Este tipo de organización por medio de representantes es el más utilizado en la actualidad por los países de los distintos continentes; sin embargo, en algunos lugares su ejercicio ha incluido cada vez más acciones participativas que corresponden al modelo de la democracia representativa. De tal manera que, a diferencia de lo visto sobre la democracia representativa, la democracia participativa contempla mecanismos para la participación de todos los ciudadanos en la toma de decisiones sobre los asuntos comunes de manera directa. Dicho de otra manera, es el conjunto de espacios y mecanismos en los que los ciudadanos tienen la facultad de decidir sobre los asuntos públicos más allá de los representantes. Para lograrlo, el Estado organiza dichos mecanismos según el asunto que van a tratar: las consultas o los plebiscitos se organizan con el fin de conocer la opinión de las personas sobre algún asunto público y tomar la decisión adoptada por la mayoría. Ejemplos de este tipo de consultas son algunas que se han realizado en México en los últimos años sobre la puesta en marcha de proyectos para la construcción de vías de comunicación en algunos municipios o en la creación de presas, centrales eléctricas Id otro tipo de desarrollos industriales públicos. El referéndum también es una consulta pública que se realiza para que los ciudadanos se pronuncien sobre la reforma a alguna ley. Mientras que las asambleas son espacios de participación en donde se convoca a los habitantes de una comunidad a discutir de forma pública sobre los temas que les interesan. Otro tipo de consulta que se ha implementado en los últimos años en nuestro país es el proceso de revocación del mandato, que contempla que, a través de una consulta, las personas decidan si se conduce de manera anticipada el desempeño del cargo de la persona titular de la presidencia de la República o permanece hasta cumplir con el tiempo designado por la Constitución. Por su parte, la democracia participativa contempla la participación no solo en la toma de decisiones, sino en la planeación Id en la ejecución de actividades realizadas por el Estado. Uno de los mecanismos que se utiliza para llevarlo a cabo es la iniciativa popular o iniciativa ciudadana, que contempla que la propia ciudadanía promueva la creación de leyes, así como la derogación o la reforma de alguna de las leyes o normativas vigentes. Cabe mencionar que la iniciativa popular tiene su origen en Suiza, desde donde se adoptó por algunas constituciones europeas y latinoamericanas, con las adaptaciones necesarias en cuanto a las materias en las que se puede involucrar y el número de ciudadanos que deben respaldarla. Por otro lado, en actividades como las convocatorias públicas para ejercer un presupuesto participativo, se promueve que la ciudadanía diseñe Id decida los planes, los programas o las actividades puntuales en los que se designe una parte del gasto público. En la Ciudad de México, por ejemplo, una parte del presupuesto que se destina a las alcaldías se aplica en proyectos propuestos por los ciudadanos, conocido como presupuesto participativo. Tanto en México como en el mundo, el ejercicio de la democracia participativa es relativamente reciente, ya que la democracia representativa es el modelo más implementado. A nivel mundial, existen países donde el uso de mecanismos de la democracia participativa es común; por ejemplo, Suiza, cuida constitución señala que disponen de dos mecanismos de participación, el referéndum Id la iniciativa legislativa popular, la cual consiste en que se someta a votación pública la promulgación de una ley o una normativa si existe un sector de la población en desacuerdo. Otro ejemplo de la importancia de la participación ciudadana en asuntos públicos por medio de mecanismos democráticos se puede ver en Grecia, país que en 1974 votó para abolir la monarquía o en Italia, en donde con varios referéndums la población tomó decisiones sobre la cancelación de programas nucleares o la privatización del agua. En la región latinoamericana también se han puesto en marcha, en décadas recientes, diversos mecanismos de participación. Brasil y Uruguay han sido pioneros en llevar a cabo programas sobre presupuestos participativos. Mientras que en países tan diversos como Alemania, India y Japón existen consejos de ciudadanos en los que se puede participar en la exposición Id en la toma de decisiones sobre temas de interés público. El sistema democrático en México La historia de la democracia en México tiene una estrecha relación con la historia política más reciente del país. Después de la Independencia, la vida política se mantuvo por períodos largos en el poder de una sola persona, quien era elegida por un grupo reducido de electores que reunían el poder militar, político, económico y religioso. El ejemplo más representativo del autoritarismo en nuestro país fue la dictadura de Porfirio Díaz, que abarcó de finales del siglo XIX a principios del siglo XX. En 1910, cuando el gobierno de Díaz estaba por cumplir 33 años y debido al malestar social y económico provocado por la pobreza, la injusticia social vivida durante este régimen, las tendencias políticas y sociales desembocaron en la Revolución mexicana. Después de la Revolución, el ejercicio del poder quedó en manos del partido político conformado por las secciones que habían resultado triunfantes al final del movimiento armado: el Partido Nacional Revolucionario (PNR) fundado en 1929, que en 1946 cambiaría su nombre a Partido Revolucionario Institucional (PRI). Así, el control del poder político fue ejercido por dicho partido de manera férrea, convirtiéndose en el partido hegemónico durante el resto del siglo XX. El PRI tenía garantizada la victoria en todo el país, aunque participara en los mismos comicios frente a partidos pequeños, debido al control de los organismos electorales, quienes avalaban los resultados a pesar de los delitos electorales o los fraudes cometidos, y las instituciones estatales, que podían controlar el sentido del voto de la población a través de acciones de coerción o clientelismo. A pesar de dicha situación, ante las diversas demandas sociales surgidas por las fuertes problemáticas sociales y económicas que se vivieron entre 1960 y 1980 -como la creciente crisis económica que orilló a la pobreza a amplios sectores de la población, el poco o nulo acceso a servicios de salud, la carencia de acceso a la educación superior, la falta de reconocimiento de los derechos laborales y a la libertad de expresión- diversos sectores se organizaron en partidos políticos para demandar la creación ce L, sistema electoral abierto y transparente, que garantizara la organización de elecciones limpias con el fin de tener una representación que pudiera cambiar el sentido de las decisiones políticas que se daban en el país. Así, dichos partidos políticos de oposición buscaban de manera constante que el sistema democrático en México pudiera partir de una representación real de las demandas de los ciudadanos, a pesar de las constantes inconsistencias y violaciones a los procesos como los fraudes electorales o elecciones locales o federales, el asesinato de sus dirigentes políticos o los candidatos propuestos, la poca o nula posibilidad de acceder a los medios de comunicación masivos, públicos y privados, para difundir sus propuestas, además de la falta de respaldo institucional por parte de los organismos estatales dedicados a la coordinación de los procesos electorales. La historia de las instituciones dedicadas a la organización de comicios nació con la Constitución de 1917, ya que en la carta magna se señala la creación de las Juntas Empadronadora y Computadoras Locales, así cono los Colegios Electorales para llevar a cabo las elecciones de presidente de la República y de los miembros de los congresos. En 1946 se promulgó la primera Ley Federal Electoral y se creó la Comisión Federal de Vigilancia Electoral, así como las comisiones locales; a partir de 1951 esta comisión fue la encargada de registrar nuevos partidos políticos. En 1951 cambió de nombre a Comisión Federal Electoral e incluyó en su organización a representantes de los diversos partidos políticos. Hasta 1977 se promulgó la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales, en donde se dio mayor participación a los partidos minoritarios Id se les otorgó el carácter de entidades de interés público, con el derecho a participar en los procesos electorales Id a acceder en los medios de comunicación masiva. En 1990 se promulgó el Código Federal de Instituciones Id Procedimientos Electorales, bajo el cual se creó el Instituto Federal Electoral (IFE), que en 2014 se transformaría en el Instituto Nacional Electoral (INE), institución que en la actualidad se encarga de la organización de procesos a nivel federal Id local de elecciones Id consultas ciudadanas. El INE ha tenido como objetivo homologar los procesos que se llevan a cabo a nivel federal Id local para la elección de representantes ciudadanos. También realiza acciones de promoción de la participación ciudadana en elecciones Id consultas, así como la vigilancia de los partidos políticos sobre distintos aspectos, como las elecciones internas que llevan a cabo para designar a sus dirigentes Id candidatos Id el uso que hacen de los recursos públicos que se les proporciona para sus actividades. Al realizar este recorrido histórico, tanto de la participación ciudadana por medio de los partidos políticos como de las instituciones electorales que se han creado en distintos momentos históricos del país, varios autores han señalado que fue hasta finales del siglo XX que comenzó el periodo denominado transición a la democracia. Durante este periodo los partidos de oposición comenzaron a tener mayor presencia en la vida política, al ganar de forma paulatina gubernaturas en algunas entidades Id mayor representación en las cámaras de diputados Id de senadores locales Id federales, Id la presidencia del país, que en la actualidad la conserva un partido opositor al partido que había sido hegemónico en épocas anteriores. En años recientes, el ejercicio de la democracia ha transitado de ser representativa -que convoca a la participación solo en el periodo de elección de presidentes, gobernadores o diputados-, a construir mecanismos en los que la participación puede ejercerse de manera cotidiana por medio de los distintos mecanismos que se han descrito, como consultas, asambleas, plebiscitos, entre otros, que forman parte de la democracia participativa. Como se señaló, a partir de 2018 se han realizado diversas consultas locales, para que las personas tomen la decisión sobre la puesta en marcha de proyectos hidrológicos -como la construcción de presas o centrales hidroeléctricas-, de infraestructura -como la construcción de autopistas, aeropuertos o vías férreas-, los planes de urbanización local o la cancelación de empresas que utilizaban los recursos comunitarios. También en el ámbito federal se han realizado por primera vez consultas de trascendencia histórica, de las cuales destacan dos: la primera, nacida de la demanda ciudadana de llevar a juicio a extitulares de la presidencia de la República, realizada en agosto de 2021, en la que se consultó a la población sobre efectuar o no las acciones para emprender el esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en años pasados por los actores políticos; la segunda se efectuó en 2022 respecto a la revocación de mandato, en la que se puso a consulta de la ciudadanía la continuidad de la administración presidida por el Poder Ejecutivo actual. Ambos casos muestran que el sistema democrático en México se encuentra en transformación constante, Id que es capaz de adoptar acciones de la democracia participativa sin dejar de ser una democracia representativa.