La altitud de un vino
Voto de pobreza
La altitud de un vino
Panales de abejas del siglo XIX
En Zafra, hace unos 500 años, había “más librerías que tabernas”, el escritor mestizo Inca Garcilaso de la Vega se codeaba con Cervantes y Jane Dormer, descendiente de los Tudor y duquesa de Feria, decoraba a su antojo el palacio. Son algunas de las perlas históricas que la compañía teatral Mutis por el Foro escenifica en unos tours por la ciudad en los que “se aprende y se ríe”, afirma José María Romero, su director. Y con algún susto que otro.
Ramiro García, presidente de la DO Arlanza, habla y destaca la biodiversidad de la zona por encima de las variedades de las uvas y el terroir. Se refiere a que con los viñedos conviven cerezos, almendros y plantas aromáticas, como el tomillo o la manzanilla. Y eso se nota en el vino. También los mil metros de altitud de la zona. Una temperatura más baja se traduce en menos azúcar en la uva y eso acarrea menos alcohol y más acidez. Basta salirse un poco con el coche de Covarrubias para ver cepas intercaladas entre cerezos en flor.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
Las gargantas de Ponga
La altitud de un vino
Voto de pobreza
Voto de pobreza
Panales de abejas del siglo XIX
Seis amigos de Lerma compraron el convento de las Carmelitas Descalzas cuando las últimas monjas de clausura abandonaron estas instalaciones en 2017. Sigue intacto, las celdas mantienen los colchones fabricados con paja de centeno, algunas de sus lecturas, los baúles en los que un día trajeron sus pertenencias en un viaje que no tenía vuelta... En las visitas guiadas se da a conocer la forma de vida que mantuvieron desde su fundación en 1608. Diego Peña, uno de los propietarios, resume las sensaciones: “Hay quien pregunta si te da miedo andar por aquí solo. Lo que hay es una paz especial”.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
Las gargantas de Ponga
Las gargantas de Ponga
La altitud de un vino
Voto de pobreza
Panales de abejas del siglo XIX
Panales de abejas del siglo XIX
Tras una caminata asequible de cuatro kilómetros por el monte a las afueras de Pineda se llega a un colmenar de 1850. El tatarabuelo de Eduardo Izquierdo se dedicaba a la apicultura tradicional, que consistía en alojar abejas en dujos, troncos de sabina, roble o encina que había que vaciar. La cera que se sacaba era tan fina que podía comerse. La miel de estos panales se retira una vez al año en enero, salen entre seis y ocho kilos. “En invierno no hace falta usar traje para protegerse de las picadoras”, dice Izquierdo: las abejas se agrupan en un bolo para mantener el calor.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
La altitud de un vino
Voto de pobreza
Sin tocar el suelo
Panales de abejas del siglo XIX
El técnico de Turismo Claudio García comanda una visita por uno de los pasadizos en alto (ver foto) que comunicaban el hoy parador con los conventos y la colegiata, la manera que tenían el duque de Lerma y Felipe III (cuando visitaba la villa) de elevarse por encima del pueblo en todos los sentidos. García detalla las fiestas barrocas que se celebraban en la plaza Ducal, una demostración de esplendor al mundo cuando el imperio español se desmoronaba, una forma que tenía el duque de Lerma de entretener al rey para él poder seguir gobernando.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
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La altitud de un vino
Panales de abejas del siglo XIX
En Zafra, hace unos 500 años, había “más librerías que tabernas”, el escritor mestizo Inca Garcilaso de la Vega se codeaba con Cervantes y Jane Dormer, descendiente de los Tudor y duquesa de Feria, decoraba a su antojo el palacio. Son algunas de las perlas históricas que la compañía teatral Mutis por el Foro escenifica en unos tours por la ciudad en los que “se aprende y se ríe”, afirma José María Romero, su director. Y con algún susto que otro.
Ramiro García, presidente de la DO Arlanza, habla y destaca la biodiversidad de la zona por encima de las variedades de las uvas y el terroir. Se refiere a que con los viñedos conviven cerezos, almendros y plantas aromáticas, como el tomillo o la manzanilla. Y eso se nota en el vino. También los mil metros de altitud de la zona. Una temperatura más baja se traduce en menos azúcar en la uva y eso acarrea menos alcohol y más acidez. Basta salirse un poco con el coche de Covarrubias para ver cepas intercaladas entre cerezos en flor.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
Las gargantas de Ponga
La altitud de un vino
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Panales de abejas del siglo XIX
Seis amigos de Lerma compraron el convento de las Carmelitas Descalzas cuando las últimas monjas de clausura abandonaron estas instalaciones en 2017. Sigue intacto, las celdas mantienen los colchones fabricados con paja de centeno, algunas de sus lecturas, los baúles en los que un día trajeron sus pertenencias en un viaje que no tenía vuelta... En las visitas guiadas se da a conocer la forma de vida que mantuvieron desde su fundación en 1608. Diego Peña, uno de los propietarios, resume las sensaciones: “Hay quien pregunta si te da miedo andar por aquí solo. Lo que hay es una paz especial”.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
Las gargantas de Ponga
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Panales de abejas del siglo XIX
Panales de abejas del siglo XIX
Tras una caminata asequible de cuatro kilómetros por el monte a las afueras de Pineda se llega a un colmenar de 1850. El tatarabuelo de Eduardo Izquierdo se dedicaba a la apicultura tradicional, que consistía en alojar abejas en dujos, troncos de sabina, roble o encina que había que vaciar. La cera que se sacaba era tan fina que podía comerse. La miel de estos panales se retira una vez al año en enero, salen entre seis y ocho kilos. “En invierno no hace falta usar traje para protegerse de las picadoras”, dice Izquierdo: las abejas se agrupan en un bolo para mantener el calor.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile
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Panales de abejas del siglo XIX
El técnico de Turismo Claudio García comanda una visita por uno de los pasadizos en alto (ver foto) que comunicaban el hoy parador con los conventos y la colegiata, la manera que tenían el duque de Lerma y Felipe III (cuando visitaba la villa) de elevarse por encima del pueblo en todos los sentidos. García detalla las fiestas barrocas que se celebraban en la plaza Ducal, una demostración de esplendor al mundo cuando el imperio español se desmoronaba, una forma que tenía el duque de Lerma de entretener al rey para él poder seguir gobernando.
Sin tocar el suelo
Foto: Emilio Fraile