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¿QUÉ TAN EFECTIVOS SON LOS CASTIGOS?

ANGELES LEYVA

Created on March 23, 2026

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¿QUÉ TAN EFECTIVOS SON LOS CASTIGOS?

El Castigo es el método que se usa para modificar la conducta, cuyo objetivo es el de disminuir o extinguir la conducta indeseada. (Guzmán, 2018).

Técnicas de castigo

Los castigos se clasifican en:
Castigo Positivo
Castigo Negativo

Sobrecorreción

Tipos de castigo

Clasificación de los castigos de acuerdo a Van Houten, citado por Martin y Pear (2008)

Castigo que produce dolor
Coste de respuestas
Tiempo fuera

Reprimendas

¿Se logra disminuir o eliminar la conducta?

¿Debe usarse el castigo?
Extinción

Las reprimendas son comentarios negativos que se emiten justo después de presentarse la conducta inapropiada; habitualmente van acompañadas de miradas fijas y ocasionalmente de un apretón en el brazo. De esta manera, es probable que la parte verbal de la reprimenda funcione como un castigo condicionado, mientras que el apretón de brazo actúe como un castigo incondicionado.

El castigo se define como el método de disciplina que ejerce el cuidador sobre el niño. Sin embargo, en muchas ocasiones es considerado como el menos adecuado. (Palacios, Pulido y Montaña, 2009).

En este sentido, la Política Distrital de Salud Mental (2004) asegura que el maltrato causa dolor, desesperanza, sufrimiento, y afectación de la calidad de vida social.

Este fenómeno persiste actualmente, se reconoce como un problema de gran magnitud a nivel mundial, tanto por sus repercusiones en las personas, como por su impacto negativo en la calidad de vida de los países, pues constituye un factor fundamental en el desarrollo de trastornos depresivos, de ansiedad, de la personalidad, así como en los intentos de suicidio y el consumo de sustancias. (Ramírez & Navarrete, 2004).

En este punto, el castigo que produce dolor es el castigo físico; por ello, autores señalan que el maltrato infantil es un fenómeno social que ha estado presente en todas las épocas de la humanidad y en todas las sociedades. (De Mause, 1974; Torrecilla, 1998; Cuadros, 2000).

A partir de que sucede este evento (castigo o conocido también como estímulos aversivos), surge el principio del castigo, el cual manifiesta que, cuando una persona realiza una conducta ante cierta situación y esta es seguida de inmediato por un estímulo punitivo, disminuye la probabilidad de que repita ese mismo comportamiento en circunstancias semejantes. (Roldán y García citado en la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato [UVEG], s.f.).

El castigo positivo consistente en presentar un estímulo aversivo (algo que no agrada como un grito, un regaño, ofensas verbales) en seguida de la conducta indeseada, y, sin embargo, en numerosas ocasiones esta opción es la menos adecuada. (Roldán y García citado en la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato [UVEG], s.f.).

Este método implica que después de llevar a cabo una conducta inapropiada, la persona debe realizar una acción destinada a reparar, de manera excesiva, las consecuencias negativas generadas por dicho comportamiento. (Labrador, 2013).

Se caracteriza por: Provocar una disminución rápida de la conducta, aunque no ocurre en todas las situaciones. Su propósito es establecer consecuencias aversivas ante la aparición de la conducta que se desea eliminar, de modo que contrarresten los efectos del refuerzo que la mantenía.

Existen:Sobrecorrección restitutiva: Este método implica reparar el daño o perjuicio causado por una conducta, mejorando en exceso las condiciones que fueron modificadas por dicha acción.

En este método se llevan a cabo repetidamente conductas adecuadas que son físicamente incompatibles con aquellas conductas no deseadas que se pretende eliminar.

Sobrecorrección de práctica positiva:

El castigo negativo ocurre cuando, al presentarse una conducta inapropiada, se elimina o retira un estímulo que resulta agradable (como quitar el celular, videojuegos, actividades que gustan).

Este método de acuerdo a Labrador (2013), también es conocido como castigo negativo. Este método consiste en quitar reforzadores condicionados (dinero, puntos, fichas) con el objetivo de eliminar una respuesta. (Kazdin, 1972).

Existen dos tipos de procedimiento de tiempo fuera:

Este método es aplicable una vez que se han reconocido los reforzadores que mantienen la conducta, aunque no se pueda regular su aparición.

Un tiempo fuera exclusivoConsiste en separar a la persona por un corto tiempo de la situación que está manteniendo la conducta reforzada.

El tiempo fuera debe ser breve, así también, su aplicación permite una disminución relativamente rápida de la conducta.

El tiempo fuera no exclusivoSe lleva a cabo incorporando en la situación un estímulo vinculado a un refuerzo menor.

Como podemos ver, los diferentes tipos de castigo conllevan a aplicar un método para reducir o eliminar a conducta inapropiada.

El castigo es definido como un método de disciplina que ejerce el cuidador hacia el niño (Palacios, et. al., 2007); en el contexto familiar, el castigo es el método de crianza que ejercen los padres y/o cuidadores, de esta manera, el maltrato es un factor sumamente ligado al castigo, dado que muchas de las estrategias utilizadas, así como su intensidad y frecuencia, exceden los límites de la disciplina y derivan en conductas de carácter violento. (Montoya, 1994; Tabares, 1999).

Por otra parte, Benavides y Miranda (2007), señalan que el castigo físico se relaciona con estilos de crianza autoritarios, caracterizados por la imposición de normas mediante el uso de la fuerza y la escasa apertura al diálogo.

Ahora bien, desde el contexto académico el castigo suele aplicarse en consecuencia de que el niño presenta un bajo rendimiento académico, en este sentido, Palacios, et. al., (2007) señalan que la falta de coherencia en la aplicación del castigo (inconsistencia o negligencia) también afecta negativamente el desempeño académico, ya que genera inseguridad y confusión en los niños respecto a las normas y expectativas.

Diversos estudios señalan que el estilo de crianza y las dinámicas familiares influyen significativamente en el desempeño escolar, por lo que un ambiente caracterizado por violencia o castigo excesivo puede generar inseguridad, baja autoestima y dificultades en la concentración, afectando el rendimiento académico de los estudiantes. (Benavides y Miranda, 2007).

En este punto tenemos la extinción, una técnica para disminuir o eliminar una conducta; consiste en identificar y dejar de dar ese refuerzo a una conducta que antes sí lo tenía para que esta desaparezca. La extinción es útil para eliminar conductas desadaptativas sostenidas por reforzamientos positivos como negativos. Es decir, las conductas a eliminar o reducir suelen ser conductas que permiten escapar o evitar situaciones aversivas. (Ruíz et. al., 2012).

En este contexto, Palacios, et. al., (2009) señalan dos conductas clásicas de escape y evitación que suelen emitir los niños después del castigo; una de ellas es dormir y la otra irse o correr.

Cabe mencionar que con este método la conducta no deseada se elimina gradualmente.

¿Debe usarse el castigo? Aplicar un castigo ha generado gran controversia, especialmente por utilizar métodos aversivos que provocan daño físico, emocional, dolor o enfermedad, junto con prácticas, degradantes y abuso verbal. En este sentido, Sridhar (2019), señaló la violencia de la que fue víctima y los efectos que le provocaron; así como en ella, en los niños, adolescentes en los que se utiliza el castigo físico, se generan daños emocionales como la ansiedad, miedo y baja auto estima, daños cognitivos como dificultades de aprendizaje y daños sociales como problemas para relacionarse.

En este sentido, el castigo no solo debe analizarse como una práctica disciplinaria aislada, sino como parte de un sistema de relaciones familiares que incide directamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social del niño. (Benavides y Miranda, 2007).

De este modo, en un ambiente familiar con normas claras, afecto y supervisión adecuada se asocia con mejores resultados escolares; por ello, se sugiere reemplazar prácticas punitivas por enfoques formativos basados en la comunicación, el afecto y la regulación positiva de la conducta. (Palacios, Pulido y Montaña, 2009).

Para cambiar el enfoque a una disciplina positiva se deben reforzar conductas positivas, crear confianza y comunicación, así como ser pacientes y consistentes, pues la violencia como disciplina no funciona y si causa daño. (Sridhar, 2019).