Historia de un peregrino que logró encontrar a Dios en todas las cosas.
EMPEZAR
Las palabras que escucharás a lo largo de este juego no son citas literales de San Ignacio de Loyola. No conservamos discursos suyos en primera persona tal y como aquí aparecen. Los monólogos han sido creados con finalidad educativa, inspirados y fundamentados en biografías reconocidas, como en su Autobiografía (dictada a Luis Gonçalves da Câmara), en el Relato del Peregrino y en estudios históricos y espirituales sobre su vida. Nuestro objetivo no es atribuirle palabras que no pronunció, sino acercar su experiencia vital y espiritual al alumnado de hoy, de forma fiel a los hechos conocidos y al espíritu ignaciano.
SIGUIENTE
PRÓLOGO
SIGUIENTE
Mi nombre es Íñigo.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio contando su vida a Luis Gonçalves da Câmara
Antes de conocer mi historia, responde con sinceridad: ¿Qué crees que puede cambiar de verdad a una persona?
A) El éxito.B) El sufrimiento. C) El encuentro con algo más grande que uno mismo. D) El paso del tiempo.
SIGUIENTE
CAPÍTULO I: El deseo de ser alguien.
SIGUIENTE
No me tocaba nada...
SIGUIENTE
No me tocaba nada...
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola en la Casa Torre familiar en brazos de su ama de cría, María Garín
Quería que me vieran.
SIGUIENTE
Quería que me vieran.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, primeros años en la corte de Isabel I de Castilla.
El honor como bandera.
SIGUIENTE
El honor como bandera
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, caballero.
En esta etapa de su vida...
SIGUIENTE
CAPÍTULO II: Cuando todo se detiene.
SIGUIENTE
El día en que caí.
SIGUIENTE
El día en que caí.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, herido en la batalla de Pamplona.
Herido... y despierto.
SIGUIENTE
Herido... y despierto.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, convaleciente en la casa familiar.
En esta etapa de su vida...
SIGUIENTE
Cuando algo se rompe… pueden pasar dos cosas: - Endurecerte. - Preguntarte por qué.
SIGUIENTE
CAPÍTULO III: Buscar a Dios... sin saber cómo.
SIGUIENTE
Cambiar de vida.
SIGUIENTE
Cambiar de vida.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, entregando su espada a la Virgen de Monserrat.
Cambiar de vida... y de vestido.
SIGUIENTE
Cambiar de vida... y de vestido.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, cambiando sus ropas con un hombre pobre.
Hacer más no siempre es amar mejor.
SIGUIENTE
Hacer más no siempre es amar mejor
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, durante sus duras penitencias.
Dos voces dentro de mi.
SIGUIENTE
Dos voces dentro de mí.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, durante su proceso de discernimiento. Descubrimiento de las dos banderas.
Dios me enseñó a mirar.
SIGUIENTE
Dios me enseñó a mirar.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, contemplando el Cardoner.
La luz que no quería que se apagara.
SIGUIENTE
La luz que no quería que se apagara.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, escribiendo los Ejercicios Espirituales.
SIGUIENTE
Ignacio empezó a notar algo dentro de sí: Cuando pensaba en hazañas heroicas → entusiasmo pasajero. Cuando pensaba en servir a Dios → paz más duradera.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
CAPÍTULO IV: Aprender a dejarse llevar.
SIGUIENTE
Quería quedarme.
SIGUIENTE
Quería quedarme.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, en Tierra Santa.
No era mi camino.
SIGUIENTE
No era mi camino.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, partiendo de Tierra Santa.
Cuando me juzgaron.
SIGUIENTE
Cuando me juzgaron.
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola en Salmanca.
Íñigo de Loyola preso en la catedral de Salamanca.
SIGUIENTE
Volver a empezar de verdad.
SIGUIENTE
Volver a empezar de verdad.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola, en la universidad de París.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
SIGUIENTE
CAPÍTULO V: Ya no camino solo.
SIGUIENTE
Amigos inesperados.
SIGUIENTE
Amigos inesperados.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola, Pedro Fabro y Frnacisco Javier, en la universidad de París.
Una promesa compartida.
SIGUIENTE
Una promesa compartida.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola y sus primeros amigos en Montmartre.
Al principio, Ignacio y Francisco Javier no encajaron nada bien. Franciso Javier era mucho más joven que Ignacio y no entendía qué hacía un hombre de su edad estudiando. Además, en la batalla de Pamplona Ignacio luchó contra los hermanos de Francisco Javier, ya que estaban en bandos enemigos. Ignacio solía decirle a Francisco Javier una frase que a él le había cambiado por dentro: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su vida espiritual (alma)?" Mt 16, 26
SIGUIENTE
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Cuando el grupo hizo sus primeros votos en la capilla de Saint-Denis en Montmartre (París) el grupo ya contaba con siete miembros...
SIGUIENTE
CAPÍTULO VI: Ser enviado.
SIGUIENTE
No la fundamos nosotros.
SIGUIENTE
No la fundamos nosotros.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola y sus primeros amigos ante el papa Pablo III.
Servir desde lo pequeño.
SIGUIENTE
Servir desde lo pequeño.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola tras ser elegido primer Padre General de la Compañía de Jesús.
Poner las bases por escrito.
SIGUIENTE
Poner las bases por escrito.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola redactando las Constituciones de la Compañía de Jesús.
SIGUIENTE
Cuando fue elegido primer General, Ignacio dudó. Temía que el poder despertara viejos deseos de gloria...
SIGUIENTE
Ignacio pasó momentos muy duros discerniendo cómo debía vivirse la pobreza y la misión. No quería reglas frías. Quería fidelidad al Espíritu.
SIGUIENTE
Ignacio temía que el cargo de General de la Compañía despertara en él antiguos deseos de gloria.
SIGUIENTE
EPÍLOGO
SIGUIENTE
Dios siempre estuvo allí.
SIGUIENTE
Hacia el final de la vida de Ignacio había al rededor de unos mil jesuitas.
Muerte de Ignacio de Loyola.
SIGUIENTE
Mi historia no terminó conmigo.La pregunta ahora no es quién fui yo… sino qué harás tú con tu propia historia...
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Y tú... ¿En qué parte del camino estás?
TERMINAR PEREGRINACIÓN
No, ese no era el error.
Sentir que podía servir a Dios era lo que más me serenaba.
Obedecer y dejarse guiar puede llevarnos a cosas buenas, especialmente si atendemos a la voluntad de Dios.
Aprender a dejarse llevar no es rendirse. Es confiar y aprender a ver la acción de Dios en cada giro de la vida.
Eso no era lo que yo quería transmitir a Francisco Javier.
Encontarme con la pierna rota y después deformada no solo supuso un dolor físico, también implicó dejar mi vida en suspenso y tener que renunciar a todas mis ilusiones y proyectos personales.
No... eso ni me lo planteé.
Yo también creí que el éxito podía llenarlo todo… Pero aprendí algo distinto.
A veces, el camino no coincide con nuestros planes.
No todo lo que brilla es voluntad de Dios. Hay que aprender a escuchar lo que pasa dentro.
No... eso no fue lo que hice.
Cuando uno se encuentra con algo más grande que sí mismo… empieza el verdadero cambio.
Las duras penitencias que hacía no me dejaban ver más allá, no me dejaban escuchar lo que Dios quería para mí.
No... eso no es lo que empezaba a descubrir.
No siempre lo que emociona más… es lo que da más paz.
Aunque aún no había descubierto cual debía ser mi camino, eso no estaba entre mis prioridades.
A veces, el verdadero avance comienza cuando aceptas volver atrás.
Hubo tantas cosas que se vinieron abajo aquel día...
Afanarse en conseguirlo todo a veces nos lleva a descuidarnos a nosotros mismos, a Dios y nuestra salvación. “Perder la vida” no significa morir. Significa perder el alma, el sentido, la orientación interior. Ignacio no buscaba asustar a Javier. Buscaba despertarlo.
El tiempo pasa para todos… pero no todos cambian.
El joven Íñigo quería ser alguien importante. Buscaba honor, fama y reconocimiento. Su encuentro con Dios acabaría por transformar ese deseo.
Ese no fue el motivo.
Ya no era solo “mi vocación”… era una llamada compartida.
Ese no fue el motivo.
A veces la crisis no destruye. Redirige.
El sufrimiento puede abrir los ojos… pero no basta por sí solo.
Mis compañeros ese día fueron: - Pedro Fabro - Francisco Javier - Diego Laínez - Alfonso Salmerón - Nicolás Bobadilla - Simón Rodríguez
Entre nosotros no había conquistadores ni reformadores, solo un grupo de personas dispuestas a ofrecerse a Dios allí donde Él nos necesitara.
Nuestra misión necesitaba reconocimiento oficial... o al menos así lo pensaron otros.
Nosotros solo buscábamos ponernos al servicio del Papa Pablo III para que nos enviase donde fuésemos más necesarios... pero él creyó que era buena idea que fundásemos nuestro propio grupo: la Compañía de Jesús.
Entendí que Dios me llevaba por ese camino... así que lo seguí.
Ignacio temía la tentación de la grandeza… pero aprendió que la autoridad también puede ser servicio.
Las Constituciones serían las reglas de juego básicas para todo aquel que quisiera entrar a formar parte de la Compañía de Jesús. Por eso, su redacción era tan importante.
No era cuestión de poder… era cuestión de misión.
No... eso no hubiera supuesto ningún cambio con respecto a mi anterior vida.
El joven que soñaba con gloria… ahora temía el poder. Eso también es conversión.
Del deseo nació una crisis. De la crisis, el discernimiento. Del discernimiento, la disponibilidad. De la disponibilidad, el nosotros. Y del nosotros, la misión.
Historia de San Ignacio de Loyola
Belén Proenza
Created on February 20, 2026
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San Ignacio de Loyola
Historia de un peregrino que logró encontrar a Dios en todas las cosas.
EMPEZAR
Las palabras que escucharás a lo largo de este juego no son citas literales de San Ignacio de Loyola. No conservamos discursos suyos en primera persona tal y como aquí aparecen. Los monólogos han sido creados con finalidad educativa, inspirados y fundamentados en biografías reconocidas, como en su Autobiografía (dictada a Luis Gonçalves da Câmara), en el Relato del Peregrino y en estudios históricos y espirituales sobre su vida. Nuestro objetivo no es atribuirle palabras que no pronunció, sino acercar su experiencia vital y espiritual al alumnado de hoy, de forma fiel a los hechos conocidos y al espíritu ignaciano.
SIGUIENTE
PRÓLOGO
SIGUIENTE
Mi nombre es Íñigo.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio contando su vida a Luis Gonçalves da Câmara
Antes de conocer mi historia, responde con sinceridad: ¿Qué crees que puede cambiar de verdad a una persona?
A) El éxito.B) El sufrimiento. C) El encuentro con algo más grande que uno mismo. D) El paso del tiempo.
SIGUIENTE
CAPÍTULO I: El deseo de ser alguien.
SIGUIENTE
No me tocaba nada...
SIGUIENTE
No me tocaba nada...
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola en la Casa Torre familiar en brazos de su ama de cría, María Garín
Quería que me vieran.
SIGUIENTE
Quería que me vieran.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, primeros años en la corte de Isabel I de Castilla.
El honor como bandera.
SIGUIENTE
El honor como bandera
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, caballero.
En esta etapa de su vida...
SIGUIENTE
CAPÍTULO II: Cuando todo se detiene.
SIGUIENTE
El día en que caí.
SIGUIENTE
El día en que caí.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, herido en la batalla de Pamplona.
Herido... y despierto.
SIGUIENTE
Herido... y despierto.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, convaleciente en la casa familiar.
En esta etapa de su vida...
SIGUIENTE
Cuando algo se rompe… pueden pasar dos cosas: - Endurecerte. - Preguntarte por qué.
SIGUIENTE
CAPÍTULO III: Buscar a Dios... sin saber cómo.
SIGUIENTE
Cambiar de vida.
SIGUIENTE
Cambiar de vida.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, entregando su espada a la Virgen de Monserrat.
Cambiar de vida... y de vestido.
SIGUIENTE
Cambiar de vida... y de vestido.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, cambiando sus ropas con un hombre pobre.
Hacer más no siempre es amar mejor.
SIGUIENTE
Hacer más no siempre es amar mejor
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, durante sus duras penitencias.
Dos voces dentro de mi.
SIGUIENTE
Dos voces dentro de mí.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, durante su proceso de discernimiento. Descubrimiento de las dos banderas.
Dios me enseñó a mirar.
SIGUIENTE
Dios me enseñó a mirar.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, contemplando el Cardoner.
La luz que no quería que se apagara.
SIGUIENTE
La luz que no quería que se apagara.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, escribiendo los Ejercicios Espirituales.
SIGUIENTE
Ignacio empezó a notar algo dentro de sí: Cuando pensaba en hazañas heroicas → entusiasmo pasajero. Cuando pensaba en servir a Dios → paz más duradera.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
CAPÍTULO IV: Aprender a dejarse llevar.
SIGUIENTE
Quería quedarme.
SIGUIENTE
Quería quedarme.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, en Tierra Santa.
No era mi camino.
SIGUIENTE
No era mi camino.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola, partiendo de Tierra Santa.
Cuando me juzgaron.
SIGUIENTE
Cuando me juzgaron.
SIGUIENTE
Íñigo de Loyola en Salmanca.
Íñigo de Loyola preso en la catedral de Salamanca.
SIGUIENTE
Volver a empezar de verdad.
SIGUIENTE
Volver a empezar de verdad.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola, en la universidad de París.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
SIGUIENTE
CAPÍTULO V: Ya no camino solo.
SIGUIENTE
Amigos inesperados.
SIGUIENTE
Amigos inesperados.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola, Pedro Fabro y Frnacisco Javier, en la universidad de París.
Una promesa compartida.
SIGUIENTE
Una promesa compartida.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola y sus primeros amigos en Montmartre.
Al principio, Ignacio y Francisco Javier no encajaron nada bien. Franciso Javier era mucho más joven que Ignacio y no entendía qué hacía un hombre de su edad estudiando. Además, en la batalla de Pamplona Ignacio luchó contra los hermanos de Francisco Javier, ya que estaban en bandos enemigos. Ignacio solía decirle a Francisco Javier una frase que a él le había cambiado por dentro: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su vida espiritual (alma)?" Mt 16, 26
SIGUIENTE
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Cuando el grupo hizo sus primeros votos en la capilla de Saint-Denis en Montmartre (París) el grupo ya contaba con siete miembros...
SIGUIENTE
CAPÍTULO VI: Ser enviado.
SIGUIENTE
No la fundamos nosotros.
SIGUIENTE
No la fundamos nosotros.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola y sus primeros amigos ante el papa Pablo III.
Servir desde lo pequeño.
SIGUIENTE
Servir desde lo pequeño.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola tras ser elegido primer Padre General de la Compañía de Jesús.
Poner las bases por escrito.
SIGUIENTE
Poner las bases por escrito.
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Ignacio de Loyola redactando las Constituciones de la Compañía de Jesús.
SIGUIENTE
Cuando fue elegido primer General, Ignacio dudó. Temía que el poder despertara viejos deseos de gloria...
SIGUIENTE
Ignacio pasó momentos muy duros discerniendo cómo debía vivirse la pobreza y la misión. No quería reglas frías. Quería fidelidad al Espíritu.
SIGUIENTE
Ignacio temía que el cargo de General de la Compañía despertara en él antiguos deseos de gloria.
SIGUIENTE
EPÍLOGO
SIGUIENTE
Dios siempre estuvo allí.
SIGUIENTE
Hacia el final de la vida de Ignacio había al rededor de unos mil jesuitas.
Muerte de Ignacio de Loyola.
SIGUIENTE
Mi historia no terminó conmigo.La pregunta ahora no es quién fui yo… sino qué harás tú con tu propia historia...
SIGUIENTE
SIGUIENTE
Y tú... ¿En qué parte del camino estás?
TERMINAR PEREGRINACIÓN
No, ese no era el error.
Sentir que podía servir a Dios era lo que más me serenaba.
Obedecer y dejarse guiar puede llevarnos a cosas buenas, especialmente si atendemos a la voluntad de Dios.
Aprender a dejarse llevar no es rendirse. Es confiar y aprender a ver la acción de Dios en cada giro de la vida.
Eso no era lo que yo quería transmitir a Francisco Javier.
Encontarme con la pierna rota y después deformada no solo supuso un dolor físico, también implicó dejar mi vida en suspenso y tener que renunciar a todas mis ilusiones y proyectos personales.
No... eso ni me lo planteé.
Yo también creí que el éxito podía llenarlo todo… Pero aprendí algo distinto.
A veces, el camino no coincide con nuestros planes.
No todo lo que brilla es voluntad de Dios. Hay que aprender a escuchar lo que pasa dentro.
No... eso no fue lo que hice.
Cuando uno se encuentra con algo más grande que sí mismo… empieza el verdadero cambio.
Las duras penitencias que hacía no me dejaban ver más allá, no me dejaban escuchar lo que Dios quería para mí.
No... eso no es lo que empezaba a descubrir.
No siempre lo que emociona más… es lo que da más paz.
Aunque aún no había descubierto cual debía ser mi camino, eso no estaba entre mis prioridades.
A veces, el verdadero avance comienza cuando aceptas volver atrás.
Hubo tantas cosas que se vinieron abajo aquel día...
Afanarse en conseguirlo todo a veces nos lleva a descuidarnos a nosotros mismos, a Dios y nuestra salvación. “Perder la vida” no significa morir. Significa perder el alma, el sentido, la orientación interior. Ignacio no buscaba asustar a Javier. Buscaba despertarlo.
El tiempo pasa para todos… pero no todos cambian.
El joven Íñigo quería ser alguien importante. Buscaba honor, fama y reconocimiento. Su encuentro con Dios acabaría por transformar ese deseo.
Ese no fue el motivo.
Ya no era solo “mi vocación”… era una llamada compartida.
Ese no fue el motivo.
A veces la crisis no destruye. Redirige.
El sufrimiento puede abrir los ojos… pero no basta por sí solo.
Mis compañeros ese día fueron: - Pedro Fabro - Francisco Javier - Diego Laínez - Alfonso Salmerón - Nicolás Bobadilla - Simón Rodríguez
Entre nosotros no había conquistadores ni reformadores, solo un grupo de personas dispuestas a ofrecerse a Dios allí donde Él nos necesitara.
Nuestra misión necesitaba reconocimiento oficial... o al menos así lo pensaron otros.
Nosotros solo buscábamos ponernos al servicio del Papa Pablo III para que nos enviase donde fuésemos más necesarios... pero él creyó que era buena idea que fundásemos nuestro propio grupo: la Compañía de Jesús.
Entendí que Dios me llevaba por ese camino... así que lo seguí.
Ignacio temía la tentación de la grandeza… pero aprendió que la autoridad también puede ser servicio.
Las Constituciones serían las reglas de juego básicas para todo aquel que quisiera entrar a formar parte de la Compañía de Jesús. Por eso, su redacción era tan importante.
No era cuestión de poder… era cuestión de misión.
No... eso no hubiera supuesto ningún cambio con respecto a mi anterior vida.
El joven que soñaba con gloria… ahora temía el poder. Eso también es conversión.
Del deseo nació una crisis. De la crisis, el discernimiento. Del discernimiento, la disponibilidad. De la disponibilidad, el nosotros. Y del nosotros, la misión.
No... ese no es el orden, inténtalo de nuevo.