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Deja que Jesús cocine tu vida

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Created on February 14, 2026

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Deja que Jesús cocine tu vida

Cada domingo, la Palabra de Dios nos irá regalando un ingrediente para dar más sabor a la vida

EMPEZAMOS...
Miércoles de Ceniza:
(Mt 6, 1-6-16)
Jesús nos propone una salsa hecha con: - Ayuno - Oración - Limosna Servir con: - humildad - coherencia
1º Domingo Cuaresma:
(Mt 4, 1-11)
EL PAN DE LA PALABRA: Cuando nos proponen ir por el camino equivocado, Jesús nos dice que busquemos en la Palabra lo que es bueno. Respondamos siempre fijándonos en lo que nos dice con la Palabra.
2ºDomingo Cuaresma:
(Mt 17, 1-9)
UNA COMANDA DEL CIELO: Jesús nos dice que si escuchamos lo que Dios nos dice, nos sentiremos muy, muy bien. Con Él tendremos el mejor banquete. ¡Escucha!
3º Domingo Cuaresma:
(Jn 4, 5-15)
UN AGUA VIVA: Jesús le habla a la mujer samaritana y le dice que hay un agua que sí sacia la sed para siempre. Jesús es quien puede calmar siempre nuestra sed, porque Él es agua viva.
4º Domingo Cuaresma:
(Jn 9, 1-6)
UN FUEGO QUE CONVIERTE: Jesús es el fuego que da luz y calor, que ilumina y hace sentir bien a quien se acerca a Él. Acerquémonos al corazón amoroso de Jesús y veremos como nuestra vida se convierte en una vida mejor.

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».