Cuando leo se sentía invisible
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Hoy seguro que me eligen
Leo llegó al cole con su mochila azul y muchas ganas de jugar. Mientras caminaba, pensaba...
Yo lo sé
Yo lo sé
Yo, yo seño yo
En clase, la profe hizo una pregunta. Leo sabía la respuesta. Levantó la mano muy alto.Pero otro compañero habló antes. Y luego otro. Y otro más.
La profe no vio la mano de Leo.Leo bajó la mano despacito. Sintió un pinchazo en la barriga. No dijo nada.
¿PUEDO JUGAR?
Estamos completos
Llegó el recreo. Un grupo DE COMPAÑEROS estabaN JUGANDO un partido de fútbol. Leo corrió hacia ellos.
No le importo a nadie.Soy invisible.
Leo se quedó quieto. Miró a un lado. Miró al otro. Todos tenían con quién jugar...Menos él.. Se sentó en un banco. Movía los pies muy rápido. Tenía calor en la cara. Y ganas de llorar.
Hola Leo. Hoy no veo tu sonrisa...
¿Estás triste?
En ese momento pasó Sara, la conserje.
Leo no contestó. Sara se sentó a su lado.
Leo asintió con la cabeza. Y empezó a contarle lo que había pasado.
Cuando alguien se siente invisible,muchas veces lo que necesita es que lo escuchen y sentirse importante.
Cuando terminó, respiró hondo. Se sentía un poquito mejor.
¿Y qué puedo hacer?
Puedes decir cómo te sientes sin gritar.Puedes pedir jugar otra vez. O puedes buscar a alguien que esté solo y crear un juego nuevo juntos.
Leo pensó un momento. No quería gritar. Quería sentirse visto. Respiró despacio… una vez… y otra vez…
De repente, tuvo una idea brillante, de esas que parecen encender una bombilla en la cabeza. Miró alrededor y vio a una niña sentada sola con una pelota pequeña.
¿Jugamos juntos?
¡SÍ!
Empezaron a inventar un juego nuevo. No tenía reglas difíciles. Solo risas, carreras cortas y una pelota que no paraba de rodar.
Poco a poco, otros niños miraron… y quisieron unirse también. Y sin darse cuenta, Leo ya no estaba en el banco. Estaba jugando, riendo y sintiéndose importante de verdad.
Entonces pensó algo muy secreto, pero muy poderoso: “Cuando me siento triste, puedo hacer algo pequeño… que cambie todo el día.” Y ese día, la sonrisa volvió a su cara para quedarse un buen rato.
¡Y por fín Leo aprendió a cuidar sus emociones y a buscar soluciones sin enfadarse!
¡eS HORA DE JUGAR...
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Cuando leo se sentía invisible
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Created on February 6, 2026
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Cuando leo se sentía invisible
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Hoy seguro que me eligen
Leo llegó al cole con su mochila azul y muchas ganas de jugar. Mientras caminaba, pensaba...
Yo lo sé
Yo lo sé
Yo, yo seño yo
En clase, la profe hizo una pregunta. Leo sabía la respuesta. Levantó la mano muy alto.Pero otro compañero habló antes. Y luego otro. Y otro más.
La profe no vio la mano de Leo.Leo bajó la mano despacito. Sintió un pinchazo en la barriga. No dijo nada.
¿PUEDO JUGAR?
Estamos completos
Llegó el recreo. Un grupo DE COMPAÑEROS estabaN JUGANDO un partido de fútbol. Leo corrió hacia ellos.
No le importo a nadie.Soy invisible.
Leo se quedó quieto. Miró a un lado. Miró al otro. Todos tenían con quién jugar...Menos él.. Se sentó en un banco. Movía los pies muy rápido. Tenía calor en la cara. Y ganas de llorar.
Hola Leo. Hoy no veo tu sonrisa...
¿Estás triste?
En ese momento pasó Sara, la conserje.
Leo no contestó. Sara se sentó a su lado.
Leo asintió con la cabeza. Y empezó a contarle lo que había pasado.
Cuando alguien se siente invisible,muchas veces lo que necesita es que lo escuchen y sentirse importante.
Cuando terminó, respiró hondo. Se sentía un poquito mejor.
¿Y qué puedo hacer?
Puedes decir cómo te sientes sin gritar.Puedes pedir jugar otra vez. O puedes buscar a alguien que esté solo y crear un juego nuevo juntos.
Leo pensó un momento. No quería gritar. Quería sentirse visto. Respiró despacio… una vez… y otra vez…
De repente, tuvo una idea brillante, de esas que parecen encender una bombilla en la cabeza. Miró alrededor y vio a una niña sentada sola con una pelota pequeña.
¿Jugamos juntos?
¡SÍ!
Empezaron a inventar un juego nuevo. No tenía reglas difíciles. Solo risas, carreras cortas y una pelota que no paraba de rodar.
Poco a poco, otros niños miraron… y quisieron unirse también. Y sin darse cuenta, Leo ya no estaba en el banco. Estaba jugando, riendo y sintiéndose importante de verdad.
Entonces pensó algo muy secreto, pero muy poderoso: “Cuando me siento triste, puedo hacer algo pequeño… que cambie todo el día.” Y ese día, la sonrisa volvió a su cara para quedarse un buen rato.
¡Y por fín Leo aprendió a cuidar sus emociones y a buscar soluciones sin enfadarse!
¡eS HORA DE JUGAR...
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