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Períodico siglo XIV

Rafael Martin

Created on February 3, 2026

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Transcript

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Noviembre

85

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Internacional

Medicina

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Más allá de nuestras fronteras se observan movimientos que, aunque comentados con prudencia, revelan el lento pero constante avance de las instituciones modernas. En Francia, la República continúa afirmándose entre dificultades, procurando conciliar el orden con las libertades públicas, tarea compleja pero necesaria para evitar los excesos del pasado. Desde Alemania llegan noticias del firme pulso del canciller Bismarck, cuyo empeño en preservar la estabilidad del Estado ha llevado a severas medidas contra ciertos grupos, no sin suscitar debate entre quienes temen que el remedio comprometa las libertades que se desean proteger. En Inglaterra, la ampliación del sufragio y las reformas parlamentarias avanzan con paso medido. El imperio se expande, sí, pero también se discuten en el Parlamento mejoras sociales que, aunque insuficientes para algunos, señalan una voluntad de progreso dentro del marco legal. Son hechos que se comentan en corrillos y redacciones, sin estridencias, pero con atención. El mundo parece inclinarse, no sin tropiezos, hacia gobiernos más representativos, y aunque el camino sea lento, muchos confían en que la reforma prudente y la ley sigan siendo el mejor dique frente al desorden y la arbitrariedad.

Ha fallecido Su Majestad el Rey Don Alfonso XII, y con su muerte queda sumida la nación en un silencio grave, denso, casi incrédulo. La noticia, esperada desde hacía semanas y sin embargo nunca aceptada del todo, ha recorrido el país con la rapidez triste de lo inevitable. Nadie ignora que la enfermedad minaba su cuerpo, pero muchos se resistían a creer que la Corona quedase tan pronto enlutada. El Rey, aún joven, deja tras de sí el recuerdo de un reinado breve pero decisivo, marcado por el restablecimiento del orden tras años de incertidumbre y por el esfuerzo constante de conciliación. En calles y plazas no se escuchan grandes clamores, sino murmullos respetuosos, como si el dolor se expresara mejor en voz baja que en grito público. Se comenta, no sin preocupación, el porvenir inmediato del Reino, pues la desaparición del monarca abre interrogantes que todos conocen y pocos formulan abiertamente. La Regencia que ahora comienza será observada con atención, tanto por quienes confían en la estabilidad alcanzada como por quienes temen nuevos sobresaltos. Hoy España guarda luto. Y en ese luto, compartido en silencio, late también la conciencia de que una etapa se cierra y otra, incierta aún, comienza a escribirse.

En cafés, talleres y ateneos obreros se murmura siempre lo mismo, aunque rara vez se imprime con tinta: el llamado sistema canovista no gobierna por voluntad popular, sino por acuerdo previo entre los de siempre. Conservadores y liberales se turnan el poder con una puntualidad que no admite casualidad, como si la nación entera fuese un tablero y el pueblo una ficha prescindible. No es ningún misterio —aunque así lo finjan— que las elecciones se deciden antes de abrir las urnas. Los caciques conocen de antemano el resultado, los gobernadores lo ejecutan y Madrid lo sanciona. El sufragio existe, sí, pero solo como decorado, útil para aparentar libertades que nunca llegan al jornalero ni al obrero de fábrica. Todos saben que cuando uno de los partidos cae, el otro está ya preparado para ocupar su asiento, sin alterar en lo más mínimo las condiciones de vida de quienes trabajan. Cambian los discursos, no las penas; cambian los ministros, no el hambre. Este secreto, repetido en voz baja, empieza a ser demasiado grande para ocultarse. Y cuando un pueblo aprende a nombrar su engaño, pronto aprende también a combatirlo.

Se comenta con creciente interés, aunque aún con natural reserva, un avance científico surgido en Francia que podría marcar un antes y un después en la lucha contra enfermedades hasta ahora fatales. El sabio Louis Pasteur ha aplicado recientemente un nuevo método preventivo contra la rabia, con resultados que muchos califican ya de esperanzadores. No faltan voces prudentes que recuerdan que toda innovación exige tiempo, estudio y mesura antes de ser aceptada plenamente. Sin embargo, incluso entre los más escépticos se reconoce que la ciencia moderna comienza a ofrecer soluciones allí donde durante siglos solo hubo resignación. Que un mal tan temido pueda ser combatido por el saber humano es asunto que se comenta en academias y cafés con igual asombro. Desde distintos países se observa con atención este progreso, pues de confirmarse su eficacia, los Estados tendrían ante sí una nueva responsabilidad: favorecer la investigación y proteger la salud pública como parte esencial del bien común. Son noticias que no hacen gran ruido, pero que revelan algo profundo: cuando el conocimiento avanza bajo el amparo de la razón y la libertad, el progreso deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.