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Las pinturas negras

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Las pinturas negras de Goya

Francisco de Goya y Lucientes (1746–1828) es uno de los artistas más importantes de la historia del arte español y una figura clave en el paso del arte clásico al arte moderno. A lo largo de su vida fue pintor de corte y retratista, pero en su etapa final su obra se volvió mucho más oscura, personal y crítica.

Durante su madurez, Goya sufrió una grave enfermedad que lo dejó sordo, lo que marcó profundamente su carácter y su forma de ver el mundo. A esto se sumaron los efectos de la Guerra de la Independencia, la represión política posterior, la violencia, la miseria y el desengaño social. Todo esto influyó en una visión pesimista y tétrica de la humanidad, que se refleja claramente en sus últimas obras.

En estos años finales, Goya se retiró a una casa a las afueras de Madrid conocida como la Quinta del Sordo, donde vivió aislado. Allí pintó directamente sobre las paredes al óleo una serie de obras hoy llamadas las Pinturas Negras. Estas pinturas no estaban destinadas a la exhibición, sino que parecen ser una forma de expresión íntima, relacionada con sus miedos, críticas sociales y problemas personales.

Las Pinturas Negras representan escenas inquietantes, violentas o grotescas, cargadas de simbolismo y ambigüedad. Abordan temas como la muerte, la locura, la guerra, la vejez y la condición humana. En la técnica, destacan por el uso de tonos oscuros y sus pinceladas sueltas de una gran expresividad. Goya no tituló estas obras, que se nombraron cuando, tras su muerte, fueron arrancadas de las paredes y trasladadas a lienzo, proceso que permitió su conservación. Actualmente, se encuentran en el Museo del Prado, donde forman uno de los conjuntos más impactantes y enigmáticos de su obra.

Plano hipotético de la disposición de las pinturas en la Quinta del Sordo, repartidas en dos plantas

La Leocadia

Una mujer sentada

Goya retrata a una mujer solitaria y melancólica, vestida de luto. Suele interpretarse como un símbolo de duelo, espera o resignación. Aunque se ha relacionado con personas cercanas a Goya, su significado es más universal: la soledad y el abandono en la vejez.

Saturno devorando a su hijo

Probablemente la pintura negra más célebre, en la que Goya retoma el mito clásico de Saturno (Cronos), el titán del tiempo que engulle a sus hijos por miedo a perder el poder, pero lo transforma en una imagen brutal y deshumanizada. No es un dios idealizado, sino una figura salvaje, casi animal. La pintura suele interpretarse como una reflexión sobre el poder destructivo, el paso del tiempo y la violencia irracional. Muchos historiadores la leen también como una alegoría política, donde el propio Estado o la sociedad destruyen a sus ciudadanos. La pincelada violenta y la oscuridad, junto a las proporciones desfiguradas de Saturno, refuerzan la sensación de locura y terror, plasmando una macabra obra que no deja a nadie indiferente.

Asmodea

Visión fantástica

Dos figuras parecen huir o sobrevolar un paisaje amenazante mientras son apuntados con rifles por soldados; en el fondo que se observa hombres a caballo, probablemente en conflicto.La obra se relaciona con el miedo, la persecución y el exilio, conectados con la guerra y la represión política. El paisaje oscuro refuerza la sensación de amenaza constante, y el carácter fantástico de la huida de los protagonistas se contrasta con la cruda y dolorosa realidad de la guerra.

El perro semihundido

Esta enigmática obra muestra a un perro casi enterrado en una masa de arena, del que solo se ve la cabeza, levantada hacia un espacio vacío y desproporcionadamente amplio. La ausencia de un contexto claro elimina cualquier referencia narrativa, lo que refuerza el carácter simbólico de la obra. Suele interpretarse como una metáfora de la soledad, el abandono y la indefensión del ser humano frente a lo incontrolable. El perro está aislado, sin posibilidad de escapar, lo que transmite una profunda sensación de angustia y desesperanza. Su mirada hacia arriba puede entenderse como una búsqueda inútil de ayuda o como una última expresión de resistencia ante la adversidad. La pintura refleja el pesimismo del último Goya y su visión de la existencia como una lucha silenciosa contra el aislamiento, el sufrimiento y la inevitabilidad del destino.

Dos viejos comiendo sopa

Aquí Goya lleva la representación de la decadencia humana al extremo; la figura derecha parece un esqueleto, reducida a lo esencial. Se ha interpretado como una reflexión sobre la pobreza, la miseria y la degradación física, pero también como una visión existencial: el ser humano reducido a la supervivencia básica, sin dignidad ni esperanza

Judith y Holofernes

La escena bíblica muestra a Judith tras decapitar al general enemigo. Goya elimina el heroísmo tradicional y se centra en la crudeza del acto. La pintura se ha interpretado como una alegoría contra la tiranía, e incluso como una crítica al poder absoluto. El gesto decidido de Judith frente a las plegarias de Holofernes contrasta con la brutalidad del acto, creando una tensión moral.

Hombres leyendo

La lectura

Un grupo de hombres se inclina sobre un texto, pero sus rostros no transmiten serenidad, sino tensión y sospecha. La escena suele interpretarse como una crítica a las conspiraciones políticas, al poder oculto o a las decisiones tomadas en la sombra. En el contexto de la represión absolutista, la pintura sugiere desconfianza hacia las élites y hacia el uso del conocimiento como instrumento de poder.

El aquelarre

El gran cabrón

La escena muestra una reunión de brujas presidida por una figura demoníaca en forma de cabra. Más que un tema sobrenatural, Goya utiliza el aquelarre para criticar la superstición, el fanatismo religioso y la ignorancia popular. Las figuras aparecen deformadas y grotescas, lo que sugiere una visión pesimista del comportamiento humano cuando actúa movido por el miedo. La obra conecta con ideas ilustradas: la razón frente a la irracionalidad.

El viejo y el fraile

Dos viejos, Dos frailes

Un par figuras envejecidas, una de ellas casi espectral, representan el enfrentamiento entre la vida y la muerte, o entre la razón y la locura. La expresión del personaje que susurra al oído del otro suele interpretarse como una presencia inquietante, quizá una alusión al paso del tiempo o a la cercanía de la muerte. La obra transmite angustia y resignación ante la vejez

La romería de San Isidro

Una multitud avanza en un ambiente oscuro y opresivo. Goya presenta la romería no como una celebración, sino como una masa irracional y deformada. La obra critica la religiosidad popular cuando se convierte en fanatismo y pérdida de individualidad. El pueblo aparece como un colectivo sin pensamiento crítico.

Las parcas

Átropos, El destino

Goya, alejándose de la imagen clásica y idealizada, representa de forma inquietante a las diosas del destino (parcas o moiras): Cloto, Láquesis y Átropos, encargadas de hilar, medir y cortar el hilo de la vida humana.La presencia de un personaje atado simboliza al ser humano sometido a un destino inevitable, sin posibilidad de escapar.La obra expresa una visión fatalista de la existencia: la vida está dominada por fuerzas incontrolables y la muerte es inevitable; probablemente reflejo de la preocupación de Goya sobre el fin de su vida.

El santo oficio

La peregrinación a la fuente de San Isidro

Muy relacionada con la romería de San Isidro, esta pintura insiste en la idea de procesión ciega, miseria y desorientación. Las figuras parecen avanzar sin rumbo ni esperanza. Se interpreta como una visión pesimista de la sociedad española, atrapada en la tradición, la religión y el miedo.

Mujeres riendo

Dos mujeres riéndose de un hombre, Dos mujeres y un hombre

La risa que muestran estas figuras no es alegre, sino burlona y cruel. Goya convierte un gesto normalmente positivo en algo desagradable. La obra se interpreta como una crítica a la hipocresía, la crueldad social o la burla hacia el sufrimiento ajeno. Refuerza la idea de que, para Goya, el ser humano puede ser moralmente deficiente.

La romería de San Isidro

Una multitud avanza en un ambiente oscuro y opresivo. Goya presenta la romería no como una celebración, sino como una masa irracional y deformada. La obra critica la religiosidad popular cuando se convierte en fanatismo y pérdida de individualidad. El pueblo aparece como un colectivo sin pensamiento crítico.

Duelo a garrotazos

Dos hombres se golpean violentamente mientras parecen hundirse en el suelo. Ninguno puede escapar ni ganar. Esta imagen se interpreta como una metáfora de las luchas fratricidas, tanto personales como políticas. Muchos la relacionan con los conflictos internos de España tras la guerra, donde la violencia se ejerce entre iguales sin un vencedor claro. El paisaje vacío y la falta de salida refuerzan la idea de un conflicto sin sentido.

La romería de San Isidro

Una multitud avanza en un ambiente oscuro y opresivo. Goya presenta la romería no como una celebración, sino como una masa irracional y deformada. La obra critica la religiosidad popular cuando se convierte en fanatismo y pérdida de individualidad. El pueblo aparece como un colectivo sin pensamiento crítico.