LA TORTUGA UGA
— ¡Caramba, todo me sale mal! —se lamentaba constantemente Uga la tortuga.
Y es que no era para menos: siempre llegaba tarde, era la última en terminar sus tareas,
casi nunca ganaba premios por rapidez y, para colmo, era una dormilona.
— ¡Esto tiene que cambiar! —se propuso un buen día, harta de que sus compañeros del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo.
Y optó por no hacer nada, ni siquiera tareas tan sencillas como amontonar las hojitas secas caídas de los árboles o quitar las piedrecitas del camino hacia la charca.
¿Para qué preocuparme en hacerlo si luego mis compañeros lo hacen más rápido? Mejor me dedico a jugar y a descansar.
Un día, mientras Uga descansaba bajo un árbol, se le acercó una hormiguita.
— ¿Qué haces, Uga? ¿Por qué no trabajas? —le preguntó la hormiga.
— Es que para qué voy a esforzarme si nunca me sale bien —respondió la tortuga con tristeza.
La hormiguita, que era muy sabia, le dijo:
— Lo importante no es hacer el trabajo rápido, sino hacerlo de la mejor manera posible.
La constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos. Si no lo intentas, jamás sabrás de qué eres capaz.
Uga reflexionó sobre las palabras de la hormiga. Aquel día decidió que, aunque tardara más que los demás, terminaría sus tareas.
Se puso a recoger las hojas y, al final del día, se sintió muy feliz al ver su trabajo terminado.
No importaba que hubiera sido la última; lo importante era que lo había logrado.
Desde entonces, Uga no se volvió a quejar.
Aprendió que el éxito no está en la rapidez, sino en no rendirse nunca y dar siempre lo mejor de uno mismo.
¿Sabias que...?
VÍDEO
LA TORTUGA UGA
Verónica
Created on January 21, 2026
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LA TORTUGA UGA
— ¡Caramba, todo me sale mal! —se lamentaba constantemente Uga la tortuga.
Y es que no era para menos: siempre llegaba tarde, era la última en terminar sus tareas,
casi nunca ganaba premios por rapidez y, para colmo, era una dormilona.
— ¡Esto tiene que cambiar! —se propuso un buen día, harta de que sus compañeros del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo.
Y optó por no hacer nada, ni siquiera tareas tan sencillas como amontonar las hojitas secas caídas de los árboles o quitar las piedrecitas del camino hacia la charca.
¿Para qué preocuparme en hacerlo si luego mis compañeros lo hacen más rápido? Mejor me dedico a jugar y a descansar.
Un día, mientras Uga descansaba bajo un árbol, se le acercó una hormiguita. — ¿Qué haces, Uga? ¿Por qué no trabajas? —le preguntó la hormiga.
— Es que para qué voy a esforzarme si nunca me sale bien —respondió la tortuga con tristeza.
La hormiguita, que era muy sabia, le dijo: — Lo importante no es hacer el trabajo rápido, sino hacerlo de la mejor manera posible.
La constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos. Si no lo intentas, jamás sabrás de qué eres capaz.
Uga reflexionó sobre las palabras de la hormiga. Aquel día decidió que, aunque tardara más que los demás, terminaría sus tareas.
Se puso a recoger las hojas y, al final del día, se sintió muy feliz al ver su trabajo terminado.
No importaba que hubiera sido la última; lo importante era que lo había logrado. Desde entonces, Uga no se volvió a quejar.
Aprendió que el éxito no está en la rapidez, sino en no rendirse nunca y dar siempre lo mejor de uno mismo.
¿Sabias que...?
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