Modalidades terapéuticas en oncología
Cirugía oncológica
Quimioterapia
Radioterapia
Inmunoterapia
Terapias dirigidas
Terapias dirigidas
Las terapias dirigidas representan un enfoque de precisión, ya que utilizan fármacos diseñados para bloquear proteínas específicas que el tumor necesita para sobrevivir. Un ejemplo claro son los inhibidores de tirosina quinasa (como el imatinib), que cortan las señales de proliferación celular. De manera diferente, los anticuerpos monoclonales (como el trastuzumab) actúan uniéndose directamente a receptores en la membrana de la célula tumoral.
Inmunoterapia
La inmunoterapia ha marcado una era de cambio al despertar la capacidad del propio sistema inmunitario para reconocer y atacar el cáncer. Los inhibidores de puntos de control inmunitario (como anti-PD-1 y anti-CTLA-4) funcionan como un "liberador", desbloqueando las defensas que el tumor había logrado silenciar, lo que se traduce en respuestas clínicas muy duraderas. De forma más especializada, las terapias celulares adoptivas como CAR-T modifican los linfocitos del paciente en el laboratorio para que ataquen antígenos específicos del tumor, con resultados notables en cánceres de la sangre resistentes.
Radioterapia
La radioterapia emplea radiaciones ionizantes para dañar el ADN de las células cancerosas de manera letal. Las tecnologías actuales buscan una precisión milimétrica: técnicas como la IMRT (Radioterapia de Intensidad Modulada) o la IGRT (Radioterapia Guiada por Imagen) ajustan la dosis exactamente al volumen del tumor, reduciendo drásticamente la exposición del tejido sano circundante. El tratamiento se distribuye en múltiples sesiones (fraccionamiento) para permitir que el tejido normal se recupere.
Quimioterapia
La quimioterapia utiliza fármacos citotóxicos cuya función es interferir con los procesos celulares esenciales para que el tumor crezca, como la síntesis del ADN y la división celular. La manera en que se aplica esta terapia es estratégica: se usa de forma neoadyuvante para reducir el tamaño del tumor antes de la cirugía, adyuvante para eliminar cualquier rastro microscópico de la enfermedad que quede, o paliativa para el control de síntomas en etapas avanzadas. Por ejemplo, los agentes alquilantes actúan formando enlaces cruzados en el ADN, mientras que los antimetabolitos bloquean la síntesis de nucleótidos que la célula tumoral necesita.
Cirugía oncológica
La cirugía oncológica sigue siendo la intervención más antigua y efectiva para los tumores sólidos localizados. El campo ha evolucionado dramáticamente, pasando de procedimientos radicales a técnicas mínimamente invasivas que buscan conservar la función y mejorar el resultado estético. La clave del éxito quirúrgico radica en la resección en bloque del tumor con márgenes libres de enfermedad, combinada con la linfadenectomía regional cuando es necesario. Las plataformas laparoscópicas y robóticas han demostrado ser oncológicamente seguras en muchos tumores, ofreciendo al paciente una recuperación más rápida y menos dolor.
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Modalidades terapéuticas en oncología
Cirugía oncológica
Quimioterapia
Radioterapia
Inmunoterapia
Terapias dirigidas
Terapias dirigidas
Las terapias dirigidas representan un enfoque de precisión, ya que utilizan fármacos diseñados para bloquear proteínas específicas que el tumor necesita para sobrevivir. Un ejemplo claro son los inhibidores de tirosina quinasa (como el imatinib), que cortan las señales de proliferación celular. De manera diferente, los anticuerpos monoclonales (como el trastuzumab) actúan uniéndose directamente a receptores en la membrana de la célula tumoral.
Inmunoterapia
La inmunoterapia ha marcado una era de cambio al despertar la capacidad del propio sistema inmunitario para reconocer y atacar el cáncer. Los inhibidores de puntos de control inmunitario (como anti-PD-1 y anti-CTLA-4) funcionan como un "liberador", desbloqueando las defensas que el tumor había logrado silenciar, lo que se traduce en respuestas clínicas muy duraderas. De forma más especializada, las terapias celulares adoptivas como CAR-T modifican los linfocitos del paciente en el laboratorio para que ataquen antígenos específicos del tumor, con resultados notables en cánceres de la sangre resistentes.
Radioterapia
La radioterapia emplea radiaciones ionizantes para dañar el ADN de las células cancerosas de manera letal. Las tecnologías actuales buscan una precisión milimétrica: técnicas como la IMRT (Radioterapia de Intensidad Modulada) o la IGRT (Radioterapia Guiada por Imagen) ajustan la dosis exactamente al volumen del tumor, reduciendo drásticamente la exposición del tejido sano circundante. El tratamiento se distribuye en múltiples sesiones (fraccionamiento) para permitir que el tejido normal se recupere.
Quimioterapia
La quimioterapia utiliza fármacos citotóxicos cuya función es interferir con los procesos celulares esenciales para que el tumor crezca, como la síntesis del ADN y la división celular. La manera en que se aplica esta terapia es estratégica: se usa de forma neoadyuvante para reducir el tamaño del tumor antes de la cirugía, adyuvante para eliminar cualquier rastro microscópico de la enfermedad que quede, o paliativa para el control de síntomas en etapas avanzadas. Por ejemplo, los agentes alquilantes actúan formando enlaces cruzados en el ADN, mientras que los antimetabolitos bloquean la síntesis de nucleótidos que la célula tumoral necesita.
Cirugía oncológica
La cirugía oncológica sigue siendo la intervención más antigua y efectiva para los tumores sólidos localizados. El campo ha evolucionado dramáticamente, pasando de procedimientos radicales a técnicas mínimamente invasivas que buscan conservar la función y mejorar el resultado estético. La clave del éxito quirúrgico radica en la resección en bloque del tumor con márgenes libres de enfermedad, combinada con la linfadenectomía regional cuando es necesario. Las plataformas laparoscópicas y robóticas han demostrado ser oncológicamente seguras en muchos tumores, ofreciendo al paciente una recuperación más rápida y menos dolor.