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“El regreso de los que amamos”

Evelyn Ruiz

Created on November 1, 2025

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Transcript

“El regreso de los que amamos”

ÉRASE UNA VEZ...

En mi pueblo, en el Istmo de Tehuantepec, el Día de Muertos es uno de los días más bonitos del año. Desde niño me ha gustado ver cómo las calles se llenan de flores de cempasúchil, velas y el aroma del copal. Cada casa se llena de vida, aunque lo que celebramos sea la muerte.Mi abuela siempre dice que en estos días los difuntos regresan a visitarnos, que las almas vienen a probar la comida que les preparamos y a escuchar nuestras risas. Yo no sé si sea verdad, pero me gusta creer que sí.

Los preparativos en casa

Desde temprano, ayudé a mi mamá y a mi abuela a poner el altar. Primero pusimos un mantel bordado con flores, luego colocamos fotos de los que ya no están: mi bisabuelo Mateo, mi tía Rosa y mi primo Andrés. Les pusimos pan de muerto, frutas, chocolate y una botella de mezcal.El olor del mole negro llenó la cocina, y mi abuela decía que era el platillo favorito de mi bisabuelo. Yo me encargué de hacer el camino de pétalos de flor desde la puerta hasta el altar. Mi abuela me dijo que era para que las almas encontraran su camino a casa.

El panteón lleno de luz

Por la tarde fuimos al panteón. Todo estaba lleno de gente, velas y flores. Se escuchaban rezos, risas y hasta marimba. Cada tumba tenía su altar y la gente llevaba comida, refrescos y hasta cigarros para los difuntos. A mí me impresionaba ver cómo todos hablaban con sus muertos como si estuvieran ahí, frente a ellos. Mi abuela me dijo:

—Aquí nadie está triste, hijo. Aquí todos recordamos con cariño.Esa noche, el panteón parecía un cielo lleno de estrellas, pero en la tierra.

La noche mágica

Al regresar a casa, el altar brillaba con las velas encendidas. El olor a copal era más fuerte y se escuchaba el viento colarse por las ventanas. Sentí algo extraño, como si alguien estuviera ahí con nosotros.Me quedé mirando la foto de mi primo Andrés, que murió cuando yo era niño. Juraría que escuché su risa, la misma de cuando jugábamos a las escondidas. No me dio miedo, al contrario, sentí una paz muy grande, como si él realmente hubiera vuelto a visitarnos.

El amanecer del recuerdo

Al día siguiente, mi mamá me despertó temprano. El altar seguía con las velas casi apagadas y un aroma dulce en el aire. Desayunamos pan y chocolate caliente mientras platicábamos de los recuerdos de nuestros familiares.Mi abuela sonreía mientras decía que seguramente nuestros difuntos se habían ido contentos, porque los recordamos con amor y alegría. Yo también me sentí feliz, porque entendí que el Día de Muertos no se trata de llorar, sino de recordar y agradecer.

" Conclusión "

Para mí, el Día de Muertos en el Istmo de Tehuantepec es una tradición muy especial. Es el momento en que mi familia se une para honrar a quienes ya no están con nosotros, pero siguen vivos en nuestros recuerdos. Poner el altar, ir al panteón, encender las velas y oler el copal me hace sentir orgulloso de mis raíces zapotecas y de nuestras costumbres. Cada flor, cada platillo y cada vela representan amor, respeto y memoria. Con esta tradición aprendí que la muerte no es el final, sino una forma de seguir presentes en el corazón de quienes nos recuerdan. Cuando llega noviembre, siento que mis seres queridos caminan conmigo, y por eso, cada año espero con alegría el momento de volver a recibirlos.