INSTITUTO TECNOLÓGICO DEL ISTMO
NOMBRE: ABIGAIL DE LA CRUZ JIMÉNEZ
MATERIA: HERRAMIENTAS INTELECTUALES
PROFESOR: ALBA VIOLETA ROJAS MARCIAL
ACTIVIDAD: “CUENTO”
FECHA: 01 DE NOVIEMBRE DE 2025
GRUPO: 1R
OBSERVACIONES:
empezar
CUENTO
HUELLITAS DEL RECUERDO
empezar
En un pequeño pueblo de México, donde las flores de cempasúchil pintaban los caminos de naranja y el aire olía a pan de muerto, vivía un perrito callejero llamado Chispa. Era un lomito de pelaje blanco con manchas negras, ojos brillantes y una cola que nunca dejaba de moverse. Aunque no tenía un hogar fijo, todos en el pueblo lo querían y le daban comida, caricias y un lugar donde dormir.
continuar
Pero Chispa tenía un secreto: cada 2 de noviembre, cuando el velo entre los mundos se hacía más delgado, él podía ver a los perritos que ya habían partido. Esa noche, mientras las familias encendían velas y colocaban ofrendas con fotos, juguetes, croquetas y hasta huesitos de carnaza, Chispa se dirigió al panteón del pueblo. Allí, entre las tumbas adornadas con papel picado y veladoras, comenzaron a aparecer figuras brillantes, hechas de luz dorada y suave.
Eran los perritos del más allá.
Primero llegó Luna, una perrita salchicha que había sido la compañera de una abuelita que ya no podía caminar. Luego apareció Tizoc, un xoloitzcuintle sabio que había vivido en tiempos antiguos y que ahora guiaba a las almas caninas en su camino.
Uno a uno, los perritos se reunían, moviendo sus colitas, oliendo las flores y recordando los días en que corrían por los campos del pueblo. Chispa los saludó con alegría. Aunque él aún vivía, cada año se les unía para escuchar sus historias y llevar mensajes de amor a los humanos que los extrañaban.
—¿Y tú, Chispa? —preguntó Luna—. ¿Qué harás cuando llegue tu momento?
Chispa miró al cielo estrellado y respondió: —Seguiré dejando huellitas de amor en cada corazón que me encuentre. Y cuando cruce el puente, volveré cada Día de Muertos, como ustedes, para recordar y ser recordado.
continuar
Esa noche, los perritos danzaron entre las tumbas, jugaron con los niños que dejaban ofrendas y se acurrucaron junto a las velas, sintiendo el calor del recuerdo. Y cuando el sol comenzó a asomar, uno a uno desapareció, dejando tras de sí un rastro de cempasúchil y una sensación de paz. Chispa volvió al pueblo, con el corazón lleno de historias y la promesa de que el amor nunca muere, solo cambia de forma…
a veces, en forma de una huellita en el alma.
pregunta
CONCLUSIÓN
Este pequeño cuento nos recuerda nos recuerda que el Día de Muertos no es una fecha triste, sino una celebración llena de amor, memoria y conexión espiritual. A través de los perritos que regresan cada año, el cuento nos muestra que el vínculo entre seres queridos (humanos o animales) nunca se rompe, ni siquiera con la muerte.
En México, el 2 de noviembre es una oportunidad para honrar a quienes ya no están físicamente, pero viven en nuestros recuerdos. Las ofrendas, las flores de cempasúchil, las velas y los aromas son puentes que nos permiten reencontrarnos con ellos, aunque sea por un instante.
Este cuento, protagonizado por perritos, nos enseña que todos los seres que amamos dejan huellas imborrables en nuestra alma, y que el Día de Muertos es el momento perfecto para seguir caminando junto a ellas, con gratitud y ternura.
Gracias por honrar nuestras tradiciones...
Si mantienes el recuerdo de tus antepasados, ellos vivirán por siempre en tu corazón
finalizar
¡Tus antepasados están atrapados!
inténtalo de nuevo
CUENTO
• Abigail •
Created on November 1, 2025
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INSTITUTO TECNOLÓGICO DEL ISTMO NOMBRE: ABIGAIL DE LA CRUZ JIMÉNEZ MATERIA: HERRAMIENTAS INTELECTUALES PROFESOR: ALBA VIOLETA ROJAS MARCIAL ACTIVIDAD: “CUENTO” FECHA: 01 DE NOVIEMBRE DE 2025 GRUPO: 1R OBSERVACIONES:
empezar
CUENTO
HUELLITAS DEL RECUERDO
empezar
En un pequeño pueblo de México, donde las flores de cempasúchil pintaban los caminos de naranja y el aire olía a pan de muerto, vivía un perrito callejero llamado Chispa. Era un lomito de pelaje blanco con manchas negras, ojos brillantes y una cola que nunca dejaba de moverse. Aunque no tenía un hogar fijo, todos en el pueblo lo querían y le daban comida, caricias y un lugar donde dormir.
continuar
Pero Chispa tenía un secreto: cada 2 de noviembre, cuando el velo entre los mundos se hacía más delgado, él podía ver a los perritos que ya habían partido. Esa noche, mientras las familias encendían velas y colocaban ofrendas con fotos, juguetes, croquetas y hasta huesitos de carnaza, Chispa se dirigió al panteón del pueblo. Allí, entre las tumbas adornadas con papel picado y veladoras, comenzaron a aparecer figuras brillantes, hechas de luz dorada y suave.
Eran los perritos del más allá. Primero llegó Luna, una perrita salchicha que había sido la compañera de una abuelita que ya no podía caminar. Luego apareció Tizoc, un xoloitzcuintle sabio que había vivido en tiempos antiguos y que ahora guiaba a las almas caninas en su camino.
Uno a uno, los perritos se reunían, moviendo sus colitas, oliendo las flores y recordando los días en que corrían por los campos del pueblo. Chispa los saludó con alegría. Aunque él aún vivía, cada año se les unía para escuchar sus historias y llevar mensajes de amor a los humanos que los extrañaban.
—¿Y tú, Chispa? —preguntó Luna—. ¿Qué harás cuando llegue tu momento? Chispa miró al cielo estrellado y respondió: —Seguiré dejando huellitas de amor en cada corazón que me encuentre. Y cuando cruce el puente, volveré cada Día de Muertos, como ustedes, para recordar y ser recordado.
continuar
Esa noche, los perritos danzaron entre las tumbas, jugaron con los niños que dejaban ofrendas y se acurrucaron junto a las velas, sintiendo el calor del recuerdo. Y cuando el sol comenzó a asomar, uno a uno desapareció, dejando tras de sí un rastro de cempasúchil y una sensación de paz. Chispa volvió al pueblo, con el corazón lleno de historias y la promesa de que el amor nunca muere, solo cambia de forma…
a veces, en forma de una huellita en el alma.
pregunta
CONCLUSIÓN Este pequeño cuento nos recuerda nos recuerda que el Día de Muertos no es una fecha triste, sino una celebración llena de amor, memoria y conexión espiritual. A través de los perritos que regresan cada año, el cuento nos muestra que el vínculo entre seres queridos (humanos o animales) nunca se rompe, ni siquiera con la muerte. En México, el 2 de noviembre es una oportunidad para honrar a quienes ya no están físicamente, pero viven en nuestros recuerdos. Las ofrendas, las flores de cempasúchil, las velas y los aromas son puentes que nos permiten reencontrarnos con ellos, aunque sea por un instante. Este cuento, protagonizado por perritos, nos enseña que todos los seres que amamos dejan huellas imborrables en nuestra alma, y que el Día de Muertos es el momento perfecto para seguir caminando junto a ellas, con gratitud y ternura.
Gracias por honrar nuestras tradiciones...
Si mantienes el recuerdo de tus antepasados, ellos vivirán por siempre en tu corazón
finalizar
¡Tus antepasados están atrapados!
inténtalo de nuevo