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JÓVENES MARTES S3

Edgar Alejandro Rodriguez Espejel

Created on October 28, 2025

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Transcript

Los Jóvenes y su participación en la vida política de actualidad.

CURSO:

¿El algoritmo piensa por mí?

Descripción

¿De qué trata este curso?

Este curso analiza cómo la marginación social y territorial afecta la participación política de las y los jóvenes en la Ciudad de México. A través del estudio de datos sobre marginación y participación electoral, se busca entender por qué los jóvenes, pese a su peso demográfico, muestran bajos niveles de involucramiento político. El trabajo propone estrategias para fortalecer la inclusión y la participación juvenil en la vida democrática.

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OBJETIVOS

Objetivo del curso

Analizar la relación entre los niveles de marginación y la participación política de las y los jóvenes en la Ciudad de México, con el fin de identificar los factores que limitan su involucramiento y proponer acciones que fomenten su inclusión democrática.

Relacionar índices de marginación con voto juvenil.

Identificar factores que limitan la participación juvenil.

Proponer estrategias para aumentar la inclusión política juvenil.

Explorar formas alternativas de participación.

InTRODUCCIÓN

Introducción

Cuando scroll-eas, ¿quién eligió lo que estás viendo? ¿Tú… o la plataforma? Las redes sociales no son neutrales. Cada video que ves, cada hilo que explota, cada historia que se repite hasta que parece verdad, llega a ti porque una serie de reglas invisibles —los algoritmos de recomendación— decidió que eso merecía tu atención. Eso tiene un efecto político directo. Porque lo que vemos todo el día influye en:
  • qué temas nos parecen urgentes,
  • a quién le creemos,
  • quién nos da miedo,
  • a quién culpamos,
  • cómo definimos “lo que está pasando en el país”.
InTRODUCCIÓN

Introducción

No es ciencia ficción tipo “la máquina controla tu mente”. Es más concreto: el algoritmo ordena el mundo por ti, te lo empaqueta en emociones rápidas y te lo sirve con una narrativa. Y si eso pasa todos los días, termina moldeando tu criterio político, tu paciencia, tu enojo, tu cansancio y tu disposición a actuar… o a dejar de actuar. Esta presentación desarma cinco capas:
  1. ¿Qué es un algoritmo (en términos simples y políticos)?
  2. ¿Cómo “piensa” el algoritmo? (métricas, engagement, sesgos).
  3. Círculos de influencia y formación de opinión en red.
  4. Consecuencias políticas: polarización, apatía, movilización exprés y desmovilización después.
  5. Buenas prácticas: cómo no regalarle por completo nuestra capacidad de criterio.
¿Qué es un algoritmo?

Un algoritmo, en redes sociales, es un sistema automatizado que decide qué contenido se te muestra antes que otro. No es una persona específica sentada escogiendo, pero sí es una serie de instrucciones escritas por personas, administradas por empresas privadas, optimizadas para ciertos objetivos (tiempo de pantalla, atención sostenida, clics, anuncios). En otras palabras: es una receta de priorización. De todo lo que existe —millones de videos, fotos, posts, transmisiones, llamadas a la acción, denuncias, campañas— esa receta dice: “tú verás esto, y esto, y esto”. El algoritmo:

  • selecciona,
  • ordena,
  • repite,
  • silencia.

¿Qué es un algoritmo?

Esto implica que la red social no es una plaza pública abierta y pareja. Es un espacio moderado por una lógica comercial que organiza lo que ves para que te quedes más rato, reacciones más rápido y sientas que “algo está pasando todo el tiempo”. Cuando hablamos de política, esto es clave: Lo que parece “tendencia nacional” no siempre es espontáneo. Es resultado de priorización. Lo que parece “todo el mundo piensa esto” puede en realidad ser el mismo tipo de contenido echo una y otra vez a un mismo perfil demográfico. Lo que no ves casi nunca también es decisión: temas borrados o hundidos por falta de empuje algorítmico, lenguaje que la plataforma no impulsa, denuncias que se pierden porque no son “atractivas” en términos de interacción.

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INFOGRAFÍA

👉 El algoritmo no es una fuerza mística. Es una puerta de entrada que alguien más controla. Y esa puerta se ha vuelto el acceso principal a la conversación pública.
¿Cómo “piensa” el algoritmo? (métricas, engagement y sesgos)

Decimos que el algoritmo “piensa”, pero no piensa como una persona: optimiza. Lo que hace es medir señales de comportamiento (métricas) y predecir qué contenido te va a enganchar más rápido y más fuerte. Las métricas más típicas:

  • Tiempo de visualización: ¿te quedaste todo el video?
  • Reacción emocional inmediata: ¿comentaste en caliente?, ¿reaccionaste con enojo/“🔥”/“💀”/“wtf”?
  • Compartibilidad: ¿lo mandaste a tu grupo?, ¿lo pusiste en historias?
  • Relación social: ¿esta persona es “como tú”? ¿parece alguien de tu edad/tu zona/tu tipo de humor?

¿Cómo “piensa” el algoritmo? (métricas, engagement y sesgos)

El algoritmo no entiende justicia social. Entiende “esto mantiene tu atención / esto no”. Y la atención humana, por diseño evolutivo, se dispara más ante:

  • peligro,
  • conflicto,
  • drama interpersonal,
  • traición,
  • injusticia emocionalmente relatada (“mira lo que le hicieron”),
  • chisme político (“te cuento la verdad que nadie te ha dicho”).
Eso significa que, sin que nadie “te lave el cerebro”, la plataforma tiende a alimentarte contenido que te reactive emocionalmente. Y eso construye una realidad percibida. Si ves violencia constante, empiezas a sentir que todo es violencia; si ves traiciones políticas constantes, sientes que todos son corruptos; si ves humillación constante, sientes que todo está podrido.

¿Cómo “piensa” el algoritmo? (métricas, engagement y sesgos)

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Eso es formación de estado de ánimo político permanente. Sesgos que se cuelan

  • Sesgo emocional: se priorizan indignación y miedo sobre matiz y contexto.
  • Sesgo de confirmación: si ya mostraste enojo sobre cierto tema, te mandan más de lo mismo (“tenías razón en estar furioso”).
  • Sesgo de tribalización: te empujan hacia burbujas donde “todes piensan como tú”, lo que refuerza la identidad de grupo frente al “otro”.

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INFOGRAFÍA

👉 El algoritmo no razona en términos éticos. Razona en términos de qué te retiene mirando. Y eso termina moldeando lo que tú crees que es “la realidad general”.
Círculos de influencia y formación de opinión en red

No todas las cuentas pesan igual. Algunas cuentas o comunidades funcionan como nodos que definen la lectura política del día, sobre todo entre juventudes. A esto le llamamos círculos de influencia. Estos círculos pueden ser:

  • Personas que “traducen” política (“te cuento la reforma… en simple”),
  • Testigos que transmiten desde el lugar de los hechos (“esto está pasando aquí, en vivo”),
  • Voces comunitarias territoriales (la cuenta de la colonia, del plantel, del colectivo feminista local, del sindicato estudiantil),
  • Vocerías temáticas especializadas (medio ambiente, movilidad, vivienda, seguridad pública, desapariciones, salud mental).

Círculos de influencia y formación de opinión en red

¿Cómo forman opinión?

  • Nombran el problema (“esto está mal y te afecta”).
  • Narran el problema (“no es un caso aislado, es un patrón estructural”).
  • Señalan responsables (“esta autoridad lo permitió / lo ignoró / se beneficia”).
  • Proponen un marco emocional (“esto nos indigna / nos une / nos da miedo / nos da fuerza”).
  • Mueven el tema a otros nodos (“replica esto”, “etiquétenlos”, “vénganse mañana”).
Ese recorrido es político aunque no mencione un partido. Es política porque define agenda pública (“de esto se habla hoy”), asigna culpa (“ellos son responsables”), construye identidad (“nosotrxs vs ellxs”), y convoca acción (“vamos a tal hora”). La formación de opinión pública ya no es solo vertical (televisor → audiencia). Es rizomática: viene de múltiples nodos que se legitiman entre sí.

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INFOGRAFÍA

👉 La opinión política juvenil no nace solo de noticieros y discursos oficiales. Nace de nodos de confianza que traducen, denuncian, conectan y convocan.
Consecuencias políticas y prácticas: polarización, apatía y movilización errática

Si el algoritmo privilegia lo emocional, si tus nodos de confianza te dan marco narrativo, y si ves todo eso todos los días, ¿qué pasa con tu manera de hacer política? Pasan varias cosas al mismo tiempo. Algunas empoderan. Otras desgastan. a) Polarización emocional El contenido más compartible suele ser el que presenta la realidad como una pelea limpia entre dos bandos totales: buenos vs. malos, víctimas vs. monstruos. Esto hace dos cosas políticas:

  • Te da identidad (“yo soy claramente del lado correcto”).
  • Te da enemigo (“ellos son el problema, punto”).
La polarización puede acelerar la acción (“vamos ya”), pero también bloquea matices, diálogo y negociación real. Cuando todo se explica como guerra, cualquier desacuerdo interno es visto como traición.

Consecuencias políticas y prácticas: polarización, apatía y movilización errática

b) Apatía inducida Otro efecto posible es el agotamiento. Si la red todo el tiempo te enseña crisis extrema, traición, impunidad total, colapso moral permanente… llega la sensación de “nada sirve”, “todos son iguales”, “todo está podrido”, “para qué participar”. Eso es político también. Porque una juventud paralizada, cínica y cansada es funcional para quienes ya tienen poder. Es importante entender esto: el cansancio ciudadano no es casual. Puede ser una consecuencia estructural de una sobreexposición constante a indignación sin canal real de resolución. c) Movilización exprés (y desmovilización rápida) A veces la indignación no se queda en la pantalla: se convierte en convocatoria inmediata. Ejemplo: “Nos vemos hoy a las 5 afuera de…”. Esa coordinación relámpago, que antes hubiera tomado semanas, ahora puede ocurrir en horas. Pero también puede desinflarse en horas. Si no hay estructuras estables, si no hay mecanismos de seguimiento, si no hay canales de negociación real, la ola emocional baja y queda frustración. Eso va erosionando la idea de continuidad política (“nos movimos, y no cambió nada”).

Consecuencias políticas y prácticas: polarización, apatía y movilización errática

d) Normalización del cinismo Cuando lo único que se ve es “corrupción”, “abuso”, “mentira”, “traición”, se instala un sentido común peligroso: “la política es sucia por naturaleza”. Ese mensaje es útil para quienes quieren que nadie los supervise: si todas las opciones son igual de malas, ¿para qué exigir cuentas a alguna en particular? Saber más 1 (ampliado): hiperalerta emocional Estar en alarma constante produce desgaste psíquico. Ese desgaste tiene efecto político: reduce tu energía cívica y tu disponibilidad para procesos largos (seguimiento, asambleas, trabajo territorial).

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INFOGRAFÍA

👉 El algoritmo puede empujar a la calle, sí. Pero también puede quemarte, dividirte y luego dejarte con la sensación de que nada vale la pena. Eso también es control político.
Herramientas y buenas prácticas (qué hacer frente a “el algoritmo piensa por mí”)

No podemos apagar el algoritmo, pero sí podemos bajarle poder para que no nos secuestre la opinión política. Esto no es “desconéctate”. Es más sutil y más político. a) Diversificar fuentes Si solo ves una burbuja, la burbuja se vuelve verdad absoluta. Seguir activamente voces que no son iguales a ti —territorialmente, socialmente, políticamente— hace dos cosas:

  • te da contexto (ves matices que en tu círculo no aparecen),
  • te vacuna contra manipulación total (si alguien intenta inflar un enemigo artificial, lo notas porque comparas narrativas).
Esto es construcción activa de criterio.

Herramientas y buenas prácticas (qué hacer frente a “el algoritmo piensa por mí”)

b) Identificar tono emocional sospechoso Cuando un contenido no te informa, sino que intenta provocarte rabia instantánea sin darte contexto ni verificación (“ellos son animales, mira lo que hacen”), desconfía. Ese formato está diseñado para mover odio a un blanco específico. Eso ya no es solo información: es ingeniería emocional con fines políticos. c) Guardar memoria Capturar, archivar, hacer capturas de pantalla, guardar hilos clave. El archivo ciudadano sirve como contrapeso. Evita que un tema serio desaparezca cuando el algoritmo cambie de moda y evita que una autoridad niegue lo evidente.

Herramientas y buenas prácticas (qué hacer frente a “el algoritmo piensa por mí”)

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d) Nombrar el algoritmo Decir en voz alta “esto lo estoy viendo porque el algoritmo sabe que me engancho con este tipo de contenido” ya es un acto político. Le quita la ilusión de neutralidad. Te recuerda que alguien más está eligiendo por ti. e) Construir comunidad lenta La acción política sostenible no vive solo en el pico viral. Vive en redes que se mantienen después del pico: colectivos barriales, grupos de acompañamiento, espacios de autocuidado, pequeñas asambleas temáticas. Esa red lenta es la que convierte la indignación instantánea en cambios que duran más de 24 horas.

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INFOGRAFÍA

👉 Decir “el algoritmo no va a decidir completamente por mí” no es desconectarse. Es tomar postura ética sobre qué amplificas, a quién legitimas y cómo construyes memoria.
Conclusión
“El algoritmo piensa por mí” no significa que ya no tengas voluntad. Significa que hay una capa intermedia entre la realidad y tu percepción que está siendo gestionada por máquinas optimizadas con intereses comerciales y políticos. Esa capa:
  • decide qué te enoja,
  • con quién te identificas,
  • a quién temes,
  • y a quién consideras “enemigo”.
Eso impacta directamente la vida democrática: puede acelerar denuncias urgentes y organización solidaria, pero también puede sembrar odio simplificado, quemarte emocionalmente, aislarte en burbujas y dejarte agotado. La respuesta no es silencio ni censura, sino consciencia. Nombrar al algoritmo como actor político, construir memoria propia, diversificar voces y no regalar el impulso emocional cada vez que te lo piden. Porque tu criterio sigue siendo tuyo… pero solo si decides mantenerlo vivo..

BIBLIOGRAFÍA

Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial. Reguillo, R. (2012). Culturas juveniles: formas políticas del desencanto. Siglo XXI. INE (2022). Informes sobre participación política juvenil y redes digitales en México. CEPAL (2021). Inclusión digital y desigualdad social en América Latina. Latinobarómetro (2020). Confianza institucional y opinión pública en jóvenes de América Latina. Coleman, J. (1988). Social Capital in the Creation of Human Capital. American Journal of Sociology. Bourdieu, P. (1986). The Forms of Capital. Putnam, R. (2000). Bowling Alone. Simon & Schuster. Tufte, E. (1997). Visual Explanations.

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Control privado del espacio público

  • En la práctica, una empresa privada está decidiendo qué discusión política tiene visibilidad y cuál no. Esto traslada parte del debate público fuera de instituciones democráticas y lo mete en servidores corporativos.

Alfabetización algorítmica

  • Entender cómo funciona la plataforma es una forma de defensa democrática. No es paranoia: es higiene política básica en 2025.

Micro-esferas públicas

  • Existen “esferas públicas paralelas”: el grupo de la prepa, el círculo del barrio, la red feminista local, la red ambientalista de la universidad. Cada una construye su verdad compartida. Eso hace que la política sea fragmentada pero intensa.

Legitimidad de proximidad

  • Una chica de tu edad que habla como tú, que vive problemas parecidos y muestra pruebas (videos, capturas) puede tener más credibilidad que un noticiero entero. Eso redistribuye el capital político.

Sesgos aprendidos

  • El algoritmo aprende patrones de tus reacciones. Si la plataforma detecta que tú interactúas más con cierto tipo de rostro, acento, clase social, territorio, orientación política, empieza a privilegiarte ese tipo de mensajería. Esto puede reforzar prejuicios sin que tú te des cuenta.

Gobernar por saturación

  • Cuando hay demasiados escándalos simultáneos, la mente deja de distinguir cuáles son graves y cuáles son humo. Esa saturación beneficia a quien quiere camuflar lo grave entre mil distracciones.

Viralidad ≠ verdad

  • Lo más compartido no es lo más cierto. Es lo más emocionalmente utilizable. Eso premia discursos simplificados tipo “estos son los malos absolutos”, “te están mintiendo”, “nadie te lo quiere contar excepto yo”.

Economía de la indignación

  • El enojo se vende. Cada clic indignado es una señal de “esto funciona, muéstraselo a más gente”.

“¿quién gana si creo esto?”

  • Preguntarte eso cada vez que un contenido te empuja a odiar a un grupo específico te coloca fuera del guion emocional que alguien escribió para ti.

Politización instantánea

  • Una injusticia grabada puede saltar de “tema local” a “crisis nacional” en horas. Eso es poder ciudadano real. El problema es sostenerlo más de 48 horas.

Corresponsabilidad narrativa

  • No reenviar lo que no está verificado (aunque te prenda el enojo) es un acto político. No alimentar odio descontextualizado es un acto político.

Algoritmo ≠ neutral

  • El algoritmo está programado con objetivos de negocio. Eso significa que su prioridad no es “informarte bien”, sino “maximizar el tiempo que te quedas”. Eso ya es una forma de poder.

Pausa estratégica

  • No todo merece respuesta inmediata. A veces la pausa de 10 minutos antes de compartir es la diferencia entre amplificar desinformación o frenarla.

Hiperalerta emocional

  • Estar en alarma constante produce desgaste psíquico. Ese desgaste tiene efecto político: reduce tu energía cívica y tu disponibilidad para procesos largos (seguimiento, asambleas, trabajo territorial).

Archivo colectivo inmediato

  • Cuando una autoridad niega algo (“eso no ocurrió”), estas cuentas suben evidencia guardada. El archivo digital se convierte en arma política de memoria.

Autoría invisible

  • Decimos “el algoritmo decidió”, como si fuera destino natural, pero hay ingeniería humana, criterios humanos, sesgos humanos. La despolitización (“es la app, así funciona”) oculta la responsabilidad de quienes diseñan estas reglas.