Atención a la salud de las Mujeres Mayores del Entorno Rural
3: Malestares de género en la salud de las SABIAS rurales
Atención a la salud de las Mujeres Mayores del Entorno Rural
3: Malestares de género en la salud de las SABIAS rurales
En este módulo hablaremos sobre qué son los malestares de género, sus causas y cómo afectan a la salud de las mujeres mayores, en nuestro caso, de los entornos rurales.
Malestares de género en la salud de las SABIAS rurales
Estos desafíos a menudo están enraizados en desigualdades de género que se han acumulado a lo largo de sus vidas y que en nuestro caso interseccionan no solo con la El modelo de atención que adoptamos desde los distintos servicios de salud debe ser consciente de estas desigualdades para poder ofrecer respuestas adecuadas que contribuyan a romperlas. También es necesario conocer las consecuencias que estas desigualdades dejan en la vida y en los cuerpos de las mujeres mayores. Debemos ponerles nombre. A estos efectos los llamamos malestares de género.
Introducción
Como hemos ido viendo, la socialización diferencial y los roles de género influyen directamente en la salud y el bienestar de las mujeres. A medida que envejecen, las mujeres enfrentan una serie de desafíos únicos que pueden afectar su salud física, mental y emocional. Estos desafíos están profundamente enraizados en desigualdades de género que se han acumulado a lo largo de sus vidas, y que en nuestro caso se entrecruzan no solo con la edad, sino también con el hecho de vivir en entornos rurales.
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Es decir, no sabemos si esos años que conseguimos ganar se desarrollan con buena salud o no.
Vivir más, no siempre significa vivir mejor
Como vimos en el módulo anterior, la esperanza de vida en España se sitúa, de media, en 86,7 años para las mujeres y en 81,2 años para los hombres. Sí, todos lo sabemos: las mujeres suelen vivir más que los hombres. La esperanza de vida es un indicador muy importante para tomar la temperatura al estado de salud de una población. Porque la salud, sin lugar a duda, tiene mucho que ver con la longevidad que se puede alcanzar. Sin embargo, usar este dato como único indicador puede llevarnos a una visión incompleta o sesgada. La esperanza de vida no nos dice nada sobre la calidad de esos años vividos.
O dicho de otra manera: No se trata solo de vivir más, sino también de vivir mejor.
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El dato de esperanza de vida en salud (EVS), se calcula haciendo diferenciación por sexo, y realizándose dos cálculos, uno la EVS al nacer, y otra a los 65 años.
Pero tenemos otros indicadores que nos ayudan a completar esta información y a entender mejor cómo viven las mujeres mayores. Dos de los más importantes son:
Indicadores que revelan desigualdades en salud
Salud autopercibida
El dato de esperanza de vida en salud (EVS) se calcula diferenciando por sexo, y se realiza en dos momentos: al nacer y a los 65 años.
- Al nacer, en 2021, los hombres tenían una EVS de 63 años, mientras que las mujeres alcanzaban 62,6 años.
- A los 65 años, los hombres tenían una EVS de 10,7 años, frente a los 10,3 años de las mujeres.
Esperanza de vida en salud
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Estos datos muestran que, aunque las mujeres viven más años, su calidad de vida en esos años es menor, lo que refleja las desigualdades acumuladas a lo largo de sus vidas.
Si observamos el indicador de salud autopercibida, el resultado también es revelador. En España, en 2022:
- El 18,7% de los hombres declaraban tener un estado de salud muy bueno, y el 54,0% uno bueno.
- En cambio, solo el 16,7% de las mujeres decían tener una salud muy buena, y el 50,9% una buena.
Además, si medimos el porcentaje de tiempo que se vive en buena salud a partir de los 65 años, el contraste entre sexos es aún más significativo:
- Los hombres viven el 55,7% del tiempo restante en buenas condiciones de salud.
- Las mujeres, solo el 43,8%.
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“Echo en falta a mi marido”
¿Vivir más… pero con menos salud?
Ya lo sabemos… muchos datos, muchos números. Pero vamos a traducirlos. Si combinamos las tres variables vistas (esperanza de vida, salud autopercibida y esperanza de vida en buena salud), el dato que nos arrojan es claro: sí, las mujeres en España viven más años, pero con menos salud. Porque la salud no es solo la ausencia de enfermedad. La salud tiene que ver con cómo nos sentimos, con cómo disfrutamos de la vida y del entorno, con si tenemos ganas de que la vida continúe porque aún hay proyectos por desarrollar. La salud es física, es mental, es social, es emocional. (Aunque a veces sigamos actuando como si no lo fuera.)
“Emocionalmente muy vulnerable, altibajos, deprimida, miedo, irascible..."
"A veces solo quiero que pase el día, poder meterme en la cama, solo quiero eso. No tengo ganas de nada más."
"Me siento triste"
"Me duele el alma"
Respuestas reales de mujeres SABIAS al preguntarles sobre cómo se sienten (2023)
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El modelo biomédico y el androcentrismo en la salud
Uno de sus principales inconvenientes del model biomédico, además de limitarse a reconocer solo las causas orgánicas de la enfermedad, es que ha tomado al varón como patrón universal en el estudio de la salud, reproduciendo un enfoque claramente androcentrista. El androcentrismo parte de la idea de que la mirada masculina es la única posible y válida, y por tanto se generaliza para toda la humanidad, sin tener en cuenta las diferencias y necesidades específicas de las mujeres.
No siempre se ha entendido la salud desde un enfoque holístico, que considere el bienestar no solo físico, sino también social, psicológico y emocional. Históricamente, la salud se ha estudiado y comprendido desde un paradigma biologicista, centrado únicamente en lo físico, lo palpable y lo observable. Este enfoque, conocido como modelo biomédico, ha sido, y en muchos casos sigue siendo, el más presente en los espacios de atención sanitaria.
Modelo Biomédico
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Este androcentrismo en el estudio de la salud ha llevado a una falta de representación y comprensión de las diferencias entre hombres y mujeres en la medicina. Como resultado, se han desarrollado tratamientos y diagnósticos que no siempre son adecuados para las mujeres, ya que sus síntomas y respuestas pueden diferir significativamente de los de los hombres.
Los sesgos de género en medicina perpetúan de múltiples formas los estereotipos de género, al hacerlas [a las mujeres] invisibles, inferiores y controladas a través de la medicalización del cuerpo y la mente de las mujeres. (Carme Valls-Llobet, 2022)
Reconocer y abordar estas diferencias y desigualdades es crucial para avanzar hacia una medicina más inclusiva y precisa, que tenga en cuenta las necesidades específicas de todas las personas, y en especial de las mujeres mayores, que han sido históricamente invisibilizadas en los estudios de salud.
El Síndrome de Yentl
El Caso de la Digoxina
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"La institucionalización en Occidente del método científico como forma productora de Verdad con mayúsculas supuso que la psiquiatría, en su afán de ser considerada una ciencia exacta y rigurosa, buscara equiparar la enfermedad mental a la física. Debía tener una causa biológica, un curso determinado y un tratamiento cuyo blanco residiera en el propio cuerpo, desde el sistema nervioso al hormonal, pasando por la neurocirugía." (Pujal, Calatayud y Amigot, 2020)
La medicalización del malestar y el consumo de psicofármacos
Poco a poco, se han ido medicalizando situaciones que no tienen una raíz biológica, sino que están relacionadas con el contexto social, emocional y de género en el que viven las mujeres. El consumo de psicofármacos ha aumentado considerablemente en los últimos años, siendo mucho más frecuente en mujeres que en hombres. Estas cifras son especialmente significativas en España, que encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes.
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Las personas mayores de 65 años representan más de una cuarta parte de quienes consumen tranquilizantes y relajantes en España, en muchos casos utilizados para dormir. Este alto consumo está relacionado también con un mayor riesgo de accidentes domésticos, ya que está demostrado que aumenta la probabilidad de caídas. Este fenómeno nos obliga a reflexionar sobre cómo se están abordando los malestares de género en la salud de las mujeres mayores, y si realmente se están ofreciendo respuestas que atiendan sus causas profundas, más allá de la medicación.
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Envejecer con desigualdad: lo biológico y lo social
Un ejemplo
Es normal que, al cumplir años, nuestras capacidades se vayan reduciendo, y que, si las mujeres viven más tiempo, tengan que enfrentarse a situaciones difíciles de evitar: la cronificación de ciertas dolencias, el duelo por la pérdida de seres queridos, especialmente de la pareja, a la que suelen sobrevivir, entre otrasobreviven, etc. Pero hay otras situaciones que si son evitables.
El 80% de los hombres entre 60 y 80 años sufre
pérdida de cabello, frente al 65% de las mujeres mayores de 60. Hasta aquí, lo objetivo. Un hombre puede quedarse calvo y no hay mayor interpretación. De hecho, puede incluso considerarse atractivo. Pero si vemos a una mujer calva, lo asociamos con enfermedad. Ella se sentirá obligada a cubrirse, a usar pelucas, porque ya no cumple con los estándares de belleza establecidos. Este ejemplo muestra cómo los cuerpos envejecen de forma diferente no solo por lo biológico, sino por cómo la sociedad los interpreta. Y esas interpretaciones también afectan a la salud.
Porque una cosa son las diferencias a la hora de envejecer entre hombres y mujeres, y que tienen que ver con lo estrictamente biológico, genético, físico. Y otra cosa son las desigualdades, que también se dan en el proceso de envejecimiento, y que tienen un origen social y cultural.
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El dolor es real. La insatisfacción con la vida es real. El sentimiento de fracaso es real. El “me duele todo” es real. Estos malestares pueden afectar a cualquier mujer, pero su intensidad tiende a aumentar con la edad. Por eso, son las mujeres mayores, las SABIAS, quienes, por lo general, experimentan con mayor fuerza el peso de los malestares de género.
Malestares de Género
Los malestares de género hacen referencia a los diversos problemas de salud que surgen como consecuencia de las desigualdades y expectativas impuestas por el sistema de género.
Los síntomas que detectamos son, en muchos casos, la respuesta del cuerpo a estos malestares. De hecho, el 80% de la sintomatología por la que las mujeres acuden a consulta no tiene causas orgánicas objetivables. Pero esto no significa que el sufrimiento no sea real.
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Las mujeres han sido educadas para darse a los demás
¿Pero de donde vienen estos malestares?
Amor romántico idealizado. Violencia
Cosificación de sus cuerpos.Sexualidad reprimida
Sin proyectos de vida propios
De los mandatos de género a los malestares de género.
Imagen devaluada de la vejez femenina
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Os dejamos este vídeo de la campaña "En un pueblo todo se sabe. O no." realizada por Fademur y que pone de relieve la violencia de género en las zoonas rurales.
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La soledad emocional se vincula al duelo constante por la pérdida de seres queridos, especialmente el fallecimiento de la pareja. En relaciones heterosexuales, es habitual que el varón fallezca antes, dejando a la mujer en una situación de vacío afectivo. La soledad existencial, en cambio, no está directamente relacionada con la edad, sino con la pérdida del proyecto vital. Muchas mujeres han construido su identidad en torno al rol de cuidadoras, y ahora, al convertirse en personas cuidadas, no se reconocen. No tuvieron otras expectativas, y sienten que la vida que han vivido no fue la que hubieran elegido, si hubieran tenido la oportunidad de hacerlo.
La Soledad no deseada
Queremos hacer una mención especial a este malestar. Cuando hablamos de soledad, solemos reducirla a una única situación, pero en realidad se trata de tres tipos diferentes de soledad: social, emocional y existencial. La soledad social está relacionada con el entorno en el que se ha desarrollado la vida de la persona. En el caso de las mujeres mayores, esta se ve agravada por factores como la mayor esperanza de vida, el traslado a residencias o a casas de hijos e hijas, o los problemas de movilidad que les impiden participar en actividades de ocio. Todo ello contribuye a una sensación de aislamiento.
Esta forma de soledad se manifiesta incluso cuando la mujer está acompañada, pero sigue sintiéndose sola.
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A ello se suma el deterioro del entorno físico en muchos pueblos, que dificulta la movilidad de las personas mayores. Calles en mal estado, aceras irregulares o falta de iluminación hacen que muchas mujeres mayores teman salir de casa por miedo a caídas, lo que intensifica su aislamiento.
La Soledad no deseada en el medio rural
La soledad no deseada surge como consecuencia de la insatisfacción con las relaciones sociales disponibles, o directamente por la ausencia de las mismas. En los entornos rurales, esta situación se agrava por la escasez de oportunidades de participación y la falta de servicios adecuados. El éxodo no solo afecta a las personas jóvenes, sino también a muchas personas mayores que ya no pueden permanecer en sus domicilios por falta de corresponsabilidad familiar, ausencia de apoyos, o servicios de ayuda a domicilio insuficientes. Esto provoca que quienes se quedan vayan perdiendo progresivamente sus lazos comunitarios.
"Mi familia dice que si me caigo una vez más, tendré que ir a una residencia. Están preocupados, y no quiero preocuparlos. A ver, no quiero ser una molestia, que ya bastante tienen"Mujer mayor participante del diagnóstico SABIAS
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Cabe preguntarse qué sucede cuando una mujer mayor, que ha asumido durante décadas los roles que la sociedad le impuso, llega a una etapa en la que la mayoría de sus años han quedado atrás y descubre que no ha podido realizar su proyecto de vida. Algunas ni siquiera tuvieron la oportunidad de intentarlo. La frustración aparece como una emoción inevitable. Pensemos en aquellas que sacrificaron sus sueños para alinearse con lo que se esperaba de ellas, porque así se lo enseñaron, porque esa era su función. Y ahora, en un contexto de cambio social, se las tacha de “sumisas” o “conformistas”, sin reconocer el contexto en el que vivieron. Esta ruptura de identidad provoca miedo, soledad, rabia.
¿Y qué pasa con aquellas que se rebelaron, que lucharon a contracorriente? La corriente era fuerte. Muchas de ellas han cargado durante años con la culpa de no ser lo que el mundo les decía que debían ser.
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“Las mujeres padecemos enfermedades misteriosas, enfermedades que se colocan en el límite de lo psiquiátrico y lo muscular, a través de lo neurológico, porque somos más sensibles al ruido, a la deformación, y nos resistimos a las inercias de nuestra forma de vida. Sin darnos cuenta, nos resistimos al neoliberalismo somatizándolo y nuestras somatizaciones se transforman en un interesado misterio de la ciencia”.
Entre lo que se espera y lo que se desea ser
Las mujeres tienen que transitar entre la mujer que se espera que sean y la mujer que realmente quieren ser. Elijan el camino que elijan tiene un coste en su salud, debido a los mandatos de género de las sociedades que habita, que la seguirán culpando si no claudica, que la seguiran juzgando por no someterse, o que sembrarán frustación si aceptan el rol impuesto. Veamos como somatizan las mujeres mayores estás crisis existenciales, que llamamos malestares.
Marta Sanz (2017)
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La sintomatología de los malestares de género puede ser muy variada. Veremos algunos apuntes sobre las situaciones más comunes que podemos encontrarnos.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas físicos
Problemas de sueño
Trastornos alimentarios
Problemas de Salud Mental
Baja autoestima
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Además, los diagnósticos de depresión y ansiedad fueron significativamente más frecuentes en mujeres (19,4%) que en hombres (8,5%). España es el primer país de Europa en prescripción de ansiolíticos a mujeres, lo que refleja una medicalización del malestar que muchas veces no aborda sus causas estructurales. En muchas zonas rurales, el acceso a servicios de salud mental es limitado o inexistente. La falta de profesionales especializados, las dificultades de transporte para acceder a servicios en áreas urbanas, y la escasa
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de salud mental
Las mujeres mayores pueden experimentar estrés y ansiedad como consecuencia de la sobrecarga que supone cumplir con los roles tradicionales, especialmente el de cuidadora del hogar y la familia. A esto se suma el sentimiento de exigencia constante, la presión de “tener que ser buena en todo”. Según el Informe SESPAS 2020, la prevalencia de mala salud mental fue mayor en mujeres (23,4%) que en hombres (15,6%). En el grupo de mujeres mayores de 75 años, esta cifra asciende al 30%.
conciencia sobre la importancia de la salud mental, agravan esta situación.
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Las barreras más comunes incluyen:
- Falta de profesionales especializados en salud mental.
- Dificultades de transporte para acceder a servicios en áreas urbanas.
- Escasa conciencia social sobre la importancia de la salud mental y el derecho a recibir atención psicológica.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de salud mental
La falta de acceso a servicios de salud mental tiene un impacto significativo en la calidad de vida de las personas que viven en zonas rurales. Sin posibilidad de recibir terapia o tratamiento adecuado, muchas mujeres mayores enfrentan dificultades para gestionar el estrés, los problemas emocionales y los trastornos mentales, lo que puede derivar en un deterioro progresivo de su salud mental y en un mayor riesgo de suicidio. Aunque en los entornos rurales la tasa de intentos de suicidio es menor, estos tienden a ser más eficaces, lo que refleja la gravedad del aislamiento y la falta de recursos.
"Quien lo intenta la primera vez suele tener éxito, en las ciudades eso no es tan fácilPero hay otras situaciones que si son evitables. Si la tentativa no es muy grave, con unas pastillas te mandan a casa" Jaime Gutierrez (COPCYL, reportaje completo pinchando aquí)
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o “ni ella sabe lo que le pasa”, lo que contribuye a la invisibilización del sufrimiento y a una atención médica poco empática. Estas situaciones pueden derivar en sobremedicación, tratando los síntomas sin abordar las causas profundas, que en muchos casos están relacionadas con crisis existenciales, sobrecarga emocional, frustración vital y desigualdades estructurales.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas físicos
Los malestares físicos asociados a los mandatos de género suelen manifestarse como dolores generalizados y poco específicos, sin una causa orgánica identificable. En los sistemas sanitarios, muchas SABIAS que presentan este tipo de sintomatología son etiquetadas como hiperfrecuentadoras, por acudir repetidamente a consulta sin que se les detecte una “dolencia” objetiva. Con frecuencia, estos malestares se minimizan o se justifican con frases como “se queja por todo”
“Las mujeres mayores autónomas que han sido independientes
(solventes económicamente), demandan problemas de salud
concretos. Las que dependen de sus "maridos" somatizan más.”Profesional participante en el informe diagnóstico de SABIAS
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A menudo, reflexionan sobre su vida, sus decisiones, sus pérdidas, sus frustraciones. El insomnio se convierte en un síntoma más de los malestares de género. Otro factor que interfiere en el sueño son los fármacos que consumen, que en ocasiones alteran los ciclos de descanso. Sin embargo, la solución que se ofrece con frecuencia es más medicación, muchas veces con efectos adictivos, lo que puede generar dependencia y no resuelve el origen profundo del malestar.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de sueño
Además de los cambios fisiológicos propios de la edad, que pueden contribuir a alteraciones en el sueño, muchas mujeres mayores —las SABIAS— experimentan problemas de descanso vinculados a la tensión emocional. Las escuchamos decir: “Me pongo a pensar, a darle vueltas a la cabeza y no consigo dormirme.” ¿A qué le dan vueltas? ¿En qué piensan?
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¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
impacta en su autoestima. En algunos casos, esta situación se agrava cuando reciben el Servicio de Ayuda a Domicilio, especialmente si este no se plantea desde una perspectiva que fomente su autonomía, sino que refuerza la idea de dependencia. En el caso de las mujeres rurales, la situación se complica aún más por su infrarrepresentación en los medios de comunicación. Cuando aparecen, suelen hacerlo en papeles estereotipados, lo que dificulta
Baja autoestima
La exigencia social de que una mujer debe mantenerse siempre joven supone una gran carga para la autoestima de muchas mujeres al llegar a cierta edad. Los estereotipos negativos sobre la vejez femenina influyen en cómo se perciben a sí mismas y en cómo creen que son vistas por los demás. Esta percepción puede llevarlas al aislamiento, por sentir que no “están a la altura” de lo que se espera de ellas, lo que conlleva un deterioro gradual de su salud física y emocional. Además, el hecho de no poder realizar las actividades que antes llevaban a cabo también
encontrar referentes positivos y genera comparaciones con realidades que no se corresponden con la suya.
Os recomendamos "Yo vieja" un alegato de Anna Freixas sobre los derechos de las mujeres en la vejez.
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¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Estas circunstancias pueden pasar desapercibidas en los servicios que las atienden, especialmente si no se cuenta con una mirada interseccional y de género. A menudo, se asocian los trastornos alimentarios únicamente con la adolescencia, lo que invisibiliza su presencia en otras etapas de la vida. Incluso se dan situaciones en las que se reprende a las mujeres por no llevar una dieta
Trastornos alimentarios
En ocasiones, las mujeres mayores ven deteriorada su salud a causa de trastornos alimentarios vinculados a los mandatos de género. Estos pueden manifestarse de diversas formas: desde comer de manera compulsiva como respuesta a crisis internas, hasta dejar de comer, ya sea por desvinculación con su propia salud o por anteponer el bienestar de otras personas, especialmente en contextos de precariedad económica y responsabilidades de cuidado.
equilibrada, sin atender al trasfondo emocional y social del problema. Esto genera insatisfacción con el servicio y una sensación de incomprensión, que puede agravar el malestar.
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En el siguiente módulo abordaremos las buenas prácticas en la atención a la salud de las SABIAS. Seguimos!!
Ante todo lo expuesto, es necesario que nos preguntemos: ¿Qué hacemos desde los diferentes servicios? ¿Qué soluciones planteamos ante estas situaciones? ¿Cómo atendemos? ¿Qué está en nuestras manos? Es fundamental revisar nuestras prácticas, incorporar una mirada de género e interseccional, y reconocer los malestares de las mujeres mayores como parte de una historia de desigualdad, invisibilización y resistencia.
¡MuchasGracias!
El caso de la Digoxina
estudio que analizaba la evolución de hombres y mujeres que tomaban digoxina. Se descubrió que, aunque los hombres que la tomaban mejoraban respecto al grupo que tomaba placebo, las mujeres que tomaban digoxina morían antes que las que tomaban el placebo. Este efecto había quedado invisibilizado porque las mujeres estaban infrarepresentadas en el estudio inicial.
El fármaco digoxina se diseñó para facilitar el bombeo del corazón en personas con insuficiencia cardíaca. En los ensayos clínicos iniciales, el 80 % de la población participante eran hombres, y los resultados mostraron que el medicamento ayudaba a reducir la frecuencia de ingresos hospitalarios.Con estos datos, tanto Europa como Estados Unidos recomendaron su uso para mejorar la calidad de vida de quienes padecían esta enfermedad. Sin embargo, años después se realizó un
Este caso muestra cómo el androcentrismo en la investigación médica puede tener consecuencias graves para la salud de las mujeres.
Cosificación de sus cuerpos. Sexualidad reprimida
"Yo creo que eso de los orgasmos no es verdad. Yo he tenido 7 hijos y ni un orgasmo de esos"
Muchas mujeres aprendieron a ser tratadas como objetos, sin ser dueñas de su propio cuerpo ni de su deseo. Desde pequeñas, se les enseñó cómo debían vestir, muchas veces sintiendo vergüenza de sus propios cuerpos. Su sexualidad quedó condicionada a los requerimientos de sus parejas, no a sus propios deseos. Sus cuerpos fueron concebidos como instrumentos para procrear o para dar placer a sus maridos, pero no como fuente de disfrute personal. Esta represión sexual ha dejado huellas profundas en muchas mujeres mayores.
Testimonio anónimo de una mujer SABIA
No podemos olvidar el abuso sexual infantil que muchas de ellas padecieron, silenciado durante décadas bajo la lógica de que “los trapos sucios se lavan en casa”.
Esta frase resume una cultura del silencio que ha perpetuado el sufrimiento y la invisibilización de la violencia.
Modelo Biomédico
- Dualismo Cuerpo-Mente: Este modelo tradicionalmente ha tratado las enfermedades físicas desligadas de los factores psicológicos y sociales.
- Método Científico: Se basa en el método científico, es decir, en pruebas objetivas y medibles.
- Intervenciones Médicas: Las intervenciones son prinicipalmente farmacológicas y quirúrgicas.
El Modelo Biomédico es uno de los enfoques más tradicionales y ampliamente utilizados en la medicina occidental. Se centra en la comprensión de la salud y la enfermedad desde una perspectiva puramente biológica, es decir, considera que las enfermedades son el resultado de alteraciones en los procesos fisiológicos y bioquímicos del cuerpo.
Algunas de las características principales de este modelo serían:
- Enfoque en la Enfermedad:Se centra en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades específicas, utilizando intervenciones médicas y tecnológicas para corregir las anomalías biológicas.
Síndrome de Yentl: cuando la salud de las mujeres queda invisibilizada
En España, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en mujeres, al igual que en el resto del mundo occidental. En Europa, ocurre una muerte por esta causa cada 6 minutos, mientras que en EEUU fallece una mujer por esta razón cada minuto. A pesar de estos datos, en el imaginario colectivo las enfermedades cardiovasculares siguen considerándose propias de los hombres. Esta idea errónea ha influido en la investigación médica: en los ensayos y estudios clínicos sobre enfermedades cardiovasculares, las mujeres representan menos del 30% de la población analizada.
Este trato desigual, que afecta no solo a las enfermedades
sino que puede extrapolarse a muchas otras dolencias, se conoce como el síndrome de Yentl.Este síndrome refleja cómo, para recibir atención médica adecuada, las mujeres deben presentar síntomas similares a los de los hombres, ya que el modelo biomédico ha tomado al varón como referencia. Esto provoca que los síntomas específicos de las mujeres se ignoren o se malinterpreten, dejando sus necesidades de salud sin respuesta.
Las enfermedades crónicas, los problemas de salud mental y la discapacidad física reducen la calidad de vida, por eso este indicador también se conoce como esperanza de vida libre de discapacidad. La esperanza de vida en buena salud forma parte del Pilar Europeo de Derechos Sociales y de los indicadores de Igualdad de Género, ambos publicados por Eurostat. Esto demuestra que no solo es un dato médico, sino también social y político, que nos ayuda a entender cómo afectan las desigualdades a la salud de las mujeres mayores.
Esperaza de vida en buena salud.
El dato de la esperanza de vida en buena salud nos ofrece información clave sobre la calidad de vida en los años que le quedan, de media, a una persona. Este indicador no se limita a contar años, sino que se centra en si esos años se viven con autonomía, bienestar y sin limitaciones importantes.
Para calcularlo, se considera que una persona tiene buena salud cuando no presenta limitaciones funcionales ni discapacidad.
- La valoración personal del estado de salud, en una escala que va desde “muy bueno” hasta “muy malo”.
- La morbilidad crónica, es decir, si la persona declara tener alguna enfermedad o problema de salud de larga duración.
- La presencia de discapacidad o limitación, cuando la persona indica que tiene alguna dificultad para realizar actividades cotidianas debido a problemas de salud.
Salud autopercibida
La salud autopercibida es una evaluación subjetiva que cada persona hace sobre su propio estado de salud. Es un indicador muy valioso porque puede reflejar aspectos del bienestar que no siempre son detectados por las evaluaciones médicas objetivas. Para calcularlo, el Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene en cuenta tres factores:
Este indicador nos ayuda a entender cómo se sienten realmente las personas más allá de los diagnósticos médicos.
Amor romántico idealizado
- Sobre la violencia económica: el 55% no recibían dinero para los gastos del hogar, el 41% dijo que él se apropiaba de su dinero.
- El 56% de las mujeres que participaron en el estudio, afirmó haber mantenido relaciones sexuales contra su voluntad por miedo al maltratador.
En el medio rural, la situación es especialmente preocupante. En 2023, 17 de los 56 asesinatos machistas se produjeron en municipios de menos de 20.000 habitantes, lo que representa el 29,82% del total. De estos casos:
- El 58,82% tuvo lugar en municipios de menos de 10.000 habitantes;
- El 41,18% restante sucedió en municipios de más de 10.000 y menos de 20.000 habitantes,
Durante generaciones, las mujeres han aprendido que su felicidad dependía de encontrar un “príncipe azul”. Y si ese príncipe se convertía en rana, la solución era seguir dándole más besos. Esta idea profundamente arraigada ha contribuido a la normalización de relaciones violentas y a la permanencia en ellas durante décadas. El "estudio sobre mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género" (2020) arrojaba otros datos reveladores:
- Sobre el motivo por el cual no se habían separado, 3 de cada 10 mujeres indicó que este tipo de violencia era socialmente aceptado en aquellos momentos, el 13% que no se admitían denuncias por este motivo, y un 32% que no lo hizo pensando en sus hij@s.
En el caso de las mujeres rurales, esta carga es aún mayor: dedican casi diez veces más tiempo a los cuidados que los hombres de su entorno, y más incluso que las mujeres urbanas, debido a la escasez de servicios en sus territorios. Muchas mujeres no se reconocen a sí mismas fuera del rol de cuidadoras. Sufren el llamado “nido vacío” como una pérdida, en lugar de verlo como una oportunidad para dedicarse tiempo a ellas
Darse a los demás.
Las mujeres han sido educadas para darse a los demás. Desde niñas, las SABIAS de hoy aprendieron a identificar las necesidades de quienes las rodeaban y a satisfacerlas. Aprendieron a verse a través de los ojos de los demás, construyendo una autoestima condicionada por la opinión externa, más que por su propia percepción.
mismas. Siguen preocupándose más por el tratamiento médico de sus parejas que por el suyo propio.
Aprendieron a ser cuidadoras, anteponiendo el bienestar ajeno a su propio cuidado.
Imagen devaluada de la vejez femenina
Nuestra sociedad asocia la condición de mujer con la etapa menstrual. A las niñas se les dice que “ya son mujeres” cuando les llega la regla, aunque siguen siendo niñas. Y cuando una mujer atraviesa la menopausia, parece que deja de ser mujer. Se la bombardea con mensajes que reducen su vida a sofocos, osteoporosis, aumento de peso o depresión.
Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada dos personas es edadista, es decir, tiene prejuicios o actitudes discriminatorias hacia las personas mayores. Pero las mujeres mayores sufren estos edadismos en mayor medida que los hombres. Como decía Susan Sontag: “Mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen.” La presión por mantenerse jóvenes, alimentada por la publicidad, los medios de comunicación y frases como “prefiero dos de 25 que una de 50", va minando, gota a gota, lo que pudiera quedar de su autoestima.
Pero no. Hay mucha vida después de la etapa menstrual. Una vida que merece ser vivida con plenitud, dignidad y reconocimiento.
Sin proyectos de vida propios.
Muchas mujeres aprendieron a ser lo que se esperaba de ellas, sin espacio para soñar ni para construir proyectos personales que se alejaran de los roles impuestos por la sociedad: ser hijas, esposas y madres. Según el Estudio sobre mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género (2020), el 34% de las participantes afirmó que sus parejas no les permitían trabajar o estudiar fuera de casa. Esta limitación ha tenido un impacto profundo en su autonomía y desarrollo personal. Escuchamos frases como: “Soy feliz si mis hijos son felices”, que reflejan cómo muchas han renunciado a sus propios proyectos vitales para asumir los de los demás.
Testimonio anónimo de una mujer SABIA
Es fundamental dignificar la labor que han realizado, visibilizar sus trayectorias, reconocer que siguen siendo motor en los pueblos, especialmente a través de las redes de apoyo que ellas mismas han tejido. Potenciar esa labor es clave para mantener vivos los territorios rurales y para reconocer el valor de su contribución social.
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En este módulo hablaremos sobre qué son los malestares de género, sus causas y cómo afectan a la salud de las mujeres mayores, en nuestro caso, de los entornos rurales.
Malestares de género en la salud de las SABIAS rurales
Estos desafíos a menudo están enraizados en desigualdades de género que se han acumulado a lo largo de sus vidas y que en nuestro caso interseccionan no solo con la El modelo de atención que adoptamos desde los distintos servicios de salud debe ser consciente de estas desigualdades para poder ofrecer respuestas adecuadas que contribuyan a romperlas. También es necesario conocer las consecuencias que estas desigualdades dejan en la vida y en los cuerpos de las mujeres mayores. Debemos ponerles nombre. A estos efectos los llamamos malestares de género.
Introducción
Como hemos ido viendo, la socialización diferencial y los roles de género influyen directamente en la salud y el bienestar de las mujeres. A medida que envejecen, las mujeres enfrentan una serie de desafíos únicos que pueden afectar su salud física, mental y emocional. Estos desafíos están profundamente enraizados en desigualdades de género que se han acumulado a lo largo de sus vidas, y que en nuestro caso se entrecruzan no solo con la edad, sino también con el hecho de vivir en entornos rurales.
Atención a la salud de las Mujeres Mayores del Entorno Rural
Es decir, no sabemos si esos años que conseguimos ganar se desarrollan con buena salud o no.
Vivir más, no siempre significa vivir mejor
Como vimos en el módulo anterior, la esperanza de vida en España se sitúa, de media, en 86,7 años para las mujeres y en 81,2 años para los hombres. Sí, todos lo sabemos: las mujeres suelen vivir más que los hombres. La esperanza de vida es un indicador muy importante para tomar la temperatura al estado de salud de una población. Porque la salud, sin lugar a duda, tiene mucho que ver con la longevidad que se puede alcanzar. Sin embargo, usar este dato como único indicador puede llevarnos a una visión incompleta o sesgada. La esperanza de vida no nos dice nada sobre la calidad de esos años vividos.
O dicho de otra manera: No se trata solo de vivir más, sino también de vivir mejor.
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El dato de esperanza de vida en salud (EVS), se calcula haciendo diferenciación por sexo, y realizándose dos cálculos, uno la EVS al nacer, y otra a los 65 años.
Pero tenemos otros indicadores que nos ayudan a completar esta información y a entender mejor cómo viven las mujeres mayores. Dos de los más importantes son:
Indicadores que revelan desigualdades en salud
Salud autopercibida
El dato de esperanza de vida en salud (EVS) se calcula diferenciando por sexo, y se realiza en dos momentos: al nacer y a los 65 años.
Esperanza de vida en salud
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Estos datos muestran que, aunque las mujeres viven más años, su calidad de vida en esos años es menor, lo que refleja las desigualdades acumuladas a lo largo de sus vidas.
Si observamos el indicador de salud autopercibida, el resultado también es revelador. En España, en 2022:
- El 18,7% de los hombres declaraban tener un estado de salud muy bueno, y el 54,0% uno bueno.
- En cambio, solo el 16,7% de las mujeres decían tener una salud muy buena, y el 50,9% una buena.
Además, si medimos el porcentaje de tiempo que se vive en buena salud a partir de los 65 años, el contraste entre sexos es aún más significativo:Atención a la salud de las Mujeres Mayores del Entorno Rural
“Echo en falta a mi marido”
¿Vivir más… pero con menos salud?
Ya lo sabemos… muchos datos, muchos números. Pero vamos a traducirlos. Si combinamos las tres variables vistas (esperanza de vida, salud autopercibida y esperanza de vida en buena salud), el dato que nos arrojan es claro: sí, las mujeres en España viven más años, pero con menos salud. Porque la salud no es solo la ausencia de enfermedad. La salud tiene que ver con cómo nos sentimos, con cómo disfrutamos de la vida y del entorno, con si tenemos ganas de que la vida continúe porque aún hay proyectos por desarrollar. La salud es física, es mental, es social, es emocional. (Aunque a veces sigamos actuando como si no lo fuera.)
“Emocionalmente muy vulnerable, altibajos, deprimida, miedo, irascible..."
"A veces solo quiero que pase el día, poder meterme en la cama, solo quiero eso. No tengo ganas de nada más."
"Me siento triste"
"Me duele el alma"
Respuestas reales de mujeres SABIAS al preguntarles sobre cómo se sienten (2023)
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El modelo biomédico y el androcentrismo en la salud
Uno de sus principales inconvenientes del model biomédico, además de limitarse a reconocer solo las causas orgánicas de la enfermedad, es que ha tomado al varón como patrón universal en el estudio de la salud, reproduciendo un enfoque claramente androcentrista. El androcentrismo parte de la idea de que la mirada masculina es la única posible y válida, y por tanto se generaliza para toda la humanidad, sin tener en cuenta las diferencias y necesidades específicas de las mujeres.
No siempre se ha entendido la salud desde un enfoque holístico, que considere el bienestar no solo físico, sino también social, psicológico y emocional. Históricamente, la salud se ha estudiado y comprendido desde un paradigma biologicista, centrado únicamente en lo físico, lo palpable y lo observable. Este enfoque, conocido como modelo biomédico, ha sido, y en muchos casos sigue siendo, el más presente en los espacios de atención sanitaria.
Modelo Biomédico
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Este androcentrismo en el estudio de la salud ha llevado a una falta de representación y comprensión de las diferencias entre hombres y mujeres en la medicina. Como resultado, se han desarrollado tratamientos y diagnósticos que no siempre son adecuados para las mujeres, ya que sus síntomas y respuestas pueden diferir significativamente de los de los hombres.
Los sesgos de género en medicina perpetúan de múltiples formas los estereotipos de género, al hacerlas [a las mujeres] invisibles, inferiores y controladas a través de la medicalización del cuerpo y la mente de las mujeres. (Carme Valls-Llobet, 2022)
Reconocer y abordar estas diferencias y desigualdades es crucial para avanzar hacia una medicina más inclusiva y precisa, que tenga en cuenta las necesidades específicas de todas las personas, y en especial de las mujeres mayores, que han sido históricamente invisibilizadas en los estudios de salud.
El Síndrome de Yentl
El Caso de la Digoxina
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"La institucionalización en Occidente del método científico como forma productora de Verdad con mayúsculas supuso que la psiquiatría, en su afán de ser considerada una ciencia exacta y rigurosa, buscara equiparar la enfermedad mental a la física. Debía tener una causa biológica, un curso determinado y un tratamiento cuyo blanco residiera en el propio cuerpo, desde el sistema nervioso al hormonal, pasando por la neurocirugía." (Pujal, Calatayud y Amigot, 2020)
La medicalización del malestar y el consumo de psicofármacos
Poco a poco, se han ido medicalizando situaciones que no tienen una raíz biológica, sino que están relacionadas con el contexto social, emocional y de género en el que viven las mujeres. El consumo de psicofármacos ha aumentado considerablemente en los últimos años, siendo mucho más frecuente en mujeres que en hombres. Estas cifras son especialmente significativas en España, que encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes.
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Las personas mayores de 65 años representan más de una cuarta parte de quienes consumen tranquilizantes y relajantes en España, en muchos casos utilizados para dormir. Este alto consumo está relacionado también con un mayor riesgo de accidentes domésticos, ya que está demostrado que aumenta la probabilidad de caídas. Este fenómeno nos obliga a reflexionar sobre cómo se están abordando los malestares de género en la salud de las mujeres mayores, y si realmente se están ofreciendo respuestas que atiendan sus causas profundas, más allá de la medicación.
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Envejecer con desigualdad: lo biológico y lo social
Un ejemplo
Es normal que, al cumplir años, nuestras capacidades se vayan reduciendo, y que, si las mujeres viven más tiempo, tengan que enfrentarse a situaciones difíciles de evitar: la cronificación de ciertas dolencias, el duelo por la pérdida de seres queridos, especialmente de la pareja, a la que suelen sobrevivir, entre otrasobreviven, etc. Pero hay otras situaciones que si son evitables.
El 80% de los hombres entre 60 y 80 años sufre
pérdida de cabello, frente al 65% de las mujeres mayores de 60. Hasta aquí, lo objetivo. Un hombre puede quedarse calvo y no hay mayor interpretación. De hecho, puede incluso considerarse atractivo. Pero si vemos a una mujer calva, lo asociamos con enfermedad. Ella se sentirá obligada a cubrirse, a usar pelucas, porque ya no cumple con los estándares de belleza establecidos. Este ejemplo muestra cómo los cuerpos envejecen de forma diferente no solo por lo biológico, sino por cómo la sociedad los interpreta. Y esas interpretaciones también afectan a la salud.
Porque una cosa son las diferencias a la hora de envejecer entre hombres y mujeres, y que tienen que ver con lo estrictamente biológico, genético, físico. Y otra cosa son las desigualdades, que también se dan en el proceso de envejecimiento, y que tienen un origen social y cultural.
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El dolor es real. La insatisfacción con la vida es real. El sentimiento de fracaso es real. El “me duele todo” es real. Estos malestares pueden afectar a cualquier mujer, pero su intensidad tiende a aumentar con la edad. Por eso, son las mujeres mayores, las SABIAS, quienes, por lo general, experimentan con mayor fuerza el peso de los malestares de género.
Malestares de Género
Los malestares de género hacen referencia a los diversos problemas de salud que surgen como consecuencia de las desigualdades y expectativas impuestas por el sistema de género.
Los síntomas que detectamos son, en muchos casos, la respuesta del cuerpo a estos malestares. De hecho, el 80% de la sintomatología por la que las mujeres acuden a consulta no tiene causas orgánicas objetivables. Pero esto no significa que el sufrimiento no sea real.
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Las mujeres han sido educadas para darse a los demás
¿Pero de donde vienen estos malestares?
Amor romántico idealizado. Violencia
Cosificación de sus cuerpos.Sexualidad reprimida
Sin proyectos de vida propios
De los mandatos de género a los malestares de género.
Imagen devaluada de la vejez femenina
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Os dejamos este vídeo de la campaña "En un pueblo todo se sabe. O no." realizada por Fademur y que pone de relieve la violencia de género en las zoonas rurales.
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La soledad emocional se vincula al duelo constante por la pérdida de seres queridos, especialmente el fallecimiento de la pareja. En relaciones heterosexuales, es habitual que el varón fallezca antes, dejando a la mujer en una situación de vacío afectivo. La soledad existencial, en cambio, no está directamente relacionada con la edad, sino con la pérdida del proyecto vital. Muchas mujeres han construido su identidad en torno al rol de cuidadoras, y ahora, al convertirse en personas cuidadas, no se reconocen. No tuvieron otras expectativas, y sienten que la vida que han vivido no fue la que hubieran elegido, si hubieran tenido la oportunidad de hacerlo.
La Soledad no deseada
Queremos hacer una mención especial a este malestar. Cuando hablamos de soledad, solemos reducirla a una única situación, pero en realidad se trata de tres tipos diferentes de soledad: social, emocional y existencial. La soledad social está relacionada con el entorno en el que se ha desarrollado la vida de la persona. En el caso de las mujeres mayores, esta se ve agravada por factores como la mayor esperanza de vida, el traslado a residencias o a casas de hijos e hijas, o los problemas de movilidad que les impiden participar en actividades de ocio. Todo ello contribuye a una sensación de aislamiento.
Esta forma de soledad se manifiesta incluso cuando la mujer está acompañada, pero sigue sintiéndose sola.
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A ello se suma el deterioro del entorno físico en muchos pueblos, que dificulta la movilidad de las personas mayores. Calles en mal estado, aceras irregulares o falta de iluminación hacen que muchas mujeres mayores teman salir de casa por miedo a caídas, lo que intensifica su aislamiento.
La Soledad no deseada en el medio rural
La soledad no deseada surge como consecuencia de la insatisfacción con las relaciones sociales disponibles, o directamente por la ausencia de las mismas. En los entornos rurales, esta situación se agrava por la escasez de oportunidades de participación y la falta de servicios adecuados. El éxodo no solo afecta a las personas jóvenes, sino también a muchas personas mayores que ya no pueden permanecer en sus domicilios por falta de corresponsabilidad familiar, ausencia de apoyos, o servicios de ayuda a domicilio insuficientes. Esto provoca que quienes se quedan vayan perdiendo progresivamente sus lazos comunitarios.
"Mi familia dice que si me caigo una vez más, tendré que ir a una residencia. Están preocupados, y no quiero preocuparlos. A ver, no quiero ser una molestia, que ya bastante tienen"Mujer mayor participante del diagnóstico SABIAS
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Cabe preguntarse qué sucede cuando una mujer mayor, que ha asumido durante décadas los roles que la sociedad le impuso, llega a una etapa en la que la mayoría de sus años han quedado atrás y descubre que no ha podido realizar su proyecto de vida. Algunas ni siquiera tuvieron la oportunidad de intentarlo. La frustración aparece como una emoción inevitable. Pensemos en aquellas que sacrificaron sus sueños para alinearse con lo que se esperaba de ellas, porque así se lo enseñaron, porque esa era su función. Y ahora, en un contexto de cambio social, se las tacha de “sumisas” o “conformistas”, sin reconocer el contexto en el que vivieron. Esta ruptura de identidad provoca miedo, soledad, rabia.
¿Y qué pasa con aquellas que se rebelaron, que lucharon a contracorriente? La corriente era fuerte. Muchas de ellas han cargado durante años con la culpa de no ser lo que el mundo les decía que debían ser.
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“Las mujeres padecemos enfermedades misteriosas, enfermedades que se colocan en el límite de lo psiquiátrico y lo muscular, a través de lo neurológico, porque somos más sensibles al ruido, a la deformación, y nos resistimos a las inercias de nuestra forma de vida. Sin darnos cuenta, nos resistimos al neoliberalismo somatizándolo y nuestras somatizaciones se transforman en un interesado misterio de la ciencia”.
Entre lo que se espera y lo que se desea ser
Las mujeres tienen que transitar entre la mujer que se espera que sean y la mujer que realmente quieren ser. Elijan el camino que elijan tiene un coste en su salud, debido a los mandatos de género de las sociedades que habita, que la seguirán culpando si no claudica, que la seguiran juzgando por no someterse, o que sembrarán frustación si aceptan el rol impuesto. Veamos como somatizan las mujeres mayores estás crisis existenciales, que llamamos malestares.
Marta Sanz (2017)
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La sintomatología de los malestares de género puede ser muy variada. Veremos algunos apuntes sobre las situaciones más comunes que podemos encontrarnos.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas físicos
Problemas de sueño
Trastornos alimentarios
Problemas de Salud Mental
Baja autoestima
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Además, los diagnósticos de depresión y ansiedad fueron significativamente más frecuentes en mujeres (19,4%) que en hombres (8,5%). España es el primer país de Europa en prescripción de ansiolíticos a mujeres, lo que refleja una medicalización del malestar que muchas veces no aborda sus causas estructurales. En muchas zonas rurales, el acceso a servicios de salud mental es limitado o inexistente. La falta de profesionales especializados, las dificultades de transporte para acceder a servicios en áreas urbanas, y la escasa
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de salud mental
Las mujeres mayores pueden experimentar estrés y ansiedad como consecuencia de la sobrecarga que supone cumplir con los roles tradicionales, especialmente el de cuidadora del hogar y la familia. A esto se suma el sentimiento de exigencia constante, la presión de “tener que ser buena en todo”. Según el Informe SESPAS 2020, la prevalencia de mala salud mental fue mayor en mujeres (23,4%) que en hombres (15,6%). En el grupo de mujeres mayores de 75 años, esta cifra asciende al 30%.
conciencia sobre la importancia de la salud mental, agravan esta situación.
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Las barreras más comunes incluyen:
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de salud mental
La falta de acceso a servicios de salud mental tiene un impacto significativo en la calidad de vida de las personas que viven en zonas rurales. Sin posibilidad de recibir terapia o tratamiento adecuado, muchas mujeres mayores enfrentan dificultades para gestionar el estrés, los problemas emocionales y los trastornos mentales, lo que puede derivar en un deterioro progresivo de su salud mental y en un mayor riesgo de suicidio. Aunque en los entornos rurales la tasa de intentos de suicidio es menor, estos tienden a ser más eficaces, lo que refleja la gravedad del aislamiento y la falta de recursos.
"Quien lo intenta la primera vez suele tener éxito, en las ciudades eso no es tan fácilPero hay otras situaciones que si son evitables. Si la tentativa no es muy grave, con unas pastillas te mandan a casa" Jaime Gutierrez (COPCYL, reportaje completo pinchando aquí)
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o “ni ella sabe lo que le pasa”, lo que contribuye a la invisibilización del sufrimiento y a una atención médica poco empática. Estas situaciones pueden derivar en sobremedicación, tratando los síntomas sin abordar las causas profundas, que en muchos casos están relacionadas con crisis existenciales, sobrecarga emocional, frustración vital y desigualdades estructurales.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas físicos
Los malestares físicos asociados a los mandatos de género suelen manifestarse como dolores generalizados y poco específicos, sin una causa orgánica identificable. En los sistemas sanitarios, muchas SABIAS que presentan este tipo de sintomatología son etiquetadas como hiperfrecuentadoras, por acudir repetidamente a consulta sin que se les detecte una “dolencia” objetiva. Con frecuencia, estos malestares se minimizan o se justifican con frases como “se queja por todo”
“Las mujeres mayores autónomas que han sido independientes (solventes económicamente), demandan problemas de salud concretos. Las que dependen de sus "maridos" somatizan más.”Profesional participante en el informe diagnóstico de SABIAS
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A menudo, reflexionan sobre su vida, sus decisiones, sus pérdidas, sus frustraciones. El insomnio se convierte en un síntoma más de los malestares de género. Otro factor que interfiere en el sueño son los fármacos que consumen, que en ocasiones alteran los ciclos de descanso. Sin embargo, la solución que se ofrece con frecuencia es más medicación, muchas veces con efectos adictivos, lo que puede generar dependencia y no resuelve el origen profundo del malestar.
¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Problemas de sueño
Además de los cambios fisiológicos propios de la edad, que pueden contribuir a alteraciones en el sueño, muchas mujeres mayores —las SABIAS— experimentan problemas de descanso vinculados a la tensión emocional. Las escuchamos decir: “Me pongo a pensar, a darle vueltas a la cabeza y no consigo dormirme.” ¿A qué le dan vueltas? ¿En qué piensan?
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¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
impacta en su autoestima. En algunos casos, esta situación se agrava cuando reciben el Servicio de Ayuda a Domicilio, especialmente si este no se plantea desde una perspectiva que fomente su autonomía, sino que refuerza la idea de dependencia. En el caso de las mujeres rurales, la situación se complica aún más por su infrarrepresentación en los medios de comunicación. Cuando aparecen, suelen hacerlo en papeles estereotipados, lo que dificulta
Baja autoestima
La exigencia social de que una mujer debe mantenerse siempre joven supone una gran carga para la autoestima de muchas mujeres al llegar a cierta edad. Los estereotipos negativos sobre la vejez femenina influyen en cómo se perciben a sí mismas y en cómo creen que son vistas por los demás. Esta percepción puede llevarlas al aislamiento, por sentir que no “están a la altura” de lo que se espera de ellas, lo que conlleva un deterioro gradual de su salud física y emocional. Además, el hecho de no poder realizar las actividades que antes llevaban a cabo también
encontrar referentes positivos y genera comparaciones con realidades que no se corresponden con la suya.
Os recomendamos "Yo vieja" un alegato de Anna Freixas sobre los derechos de las mujeres en la vejez.
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¿Cómo se manifiestan los malestares de género en las SABIAS?
Estas circunstancias pueden pasar desapercibidas en los servicios que las atienden, especialmente si no se cuenta con una mirada interseccional y de género. A menudo, se asocian los trastornos alimentarios únicamente con la adolescencia, lo que invisibiliza su presencia en otras etapas de la vida. Incluso se dan situaciones en las que se reprende a las mujeres por no llevar una dieta
Trastornos alimentarios
En ocasiones, las mujeres mayores ven deteriorada su salud a causa de trastornos alimentarios vinculados a los mandatos de género. Estos pueden manifestarse de diversas formas: desde comer de manera compulsiva como respuesta a crisis internas, hasta dejar de comer, ya sea por desvinculación con su propia salud o por anteponer el bienestar de otras personas, especialmente en contextos de precariedad económica y responsabilidades de cuidado.
equilibrada, sin atender al trasfondo emocional y social del problema. Esto genera insatisfacción con el servicio y una sensación de incomprensión, que puede agravar el malestar.
Atención a la salud de las Mujeres Mayores del Entorno Rural
En el siguiente módulo abordaremos las buenas prácticas en la atención a la salud de las SABIAS. Seguimos!!
Ante todo lo expuesto, es necesario que nos preguntemos: ¿Qué hacemos desde los diferentes servicios? ¿Qué soluciones planteamos ante estas situaciones? ¿Cómo atendemos? ¿Qué está en nuestras manos? Es fundamental revisar nuestras prácticas, incorporar una mirada de género e interseccional, y reconocer los malestares de las mujeres mayores como parte de una historia de desigualdad, invisibilización y resistencia.
¡MuchasGracias!
El caso de la Digoxina
estudio que analizaba la evolución de hombres y mujeres que tomaban digoxina. Se descubrió que, aunque los hombres que la tomaban mejoraban respecto al grupo que tomaba placebo, las mujeres que tomaban digoxina morían antes que las que tomaban el placebo. Este efecto había quedado invisibilizado porque las mujeres estaban infrarepresentadas en el estudio inicial.
El fármaco digoxina se diseñó para facilitar el bombeo del corazón en personas con insuficiencia cardíaca. En los ensayos clínicos iniciales, el 80 % de la población participante eran hombres, y los resultados mostraron que el medicamento ayudaba a reducir la frecuencia de ingresos hospitalarios.Con estos datos, tanto Europa como Estados Unidos recomendaron su uso para mejorar la calidad de vida de quienes padecían esta enfermedad. Sin embargo, años después se realizó un
Este caso muestra cómo el androcentrismo en la investigación médica puede tener consecuencias graves para la salud de las mujeres.
Cosificación de sus cuerpos. Sexualidad reprimida
"Yo creo que eso de los orgasmos no es verdad. Yo he tenido 7 hijos y ni un orgasmo de esos"
Muchas mujeres aprendieron a ser tratadas como objetos, sin ser dueñas de su propio cuerpo ni de su deseo. Desde pequeñas, se les enseñó cómo debían vestir, muchas veces sintiendo vergüenza de sus propios cuerpos. Su sexualidad quedó condicionada a los requerimientos de sus parejas, no a sus propios deseos. Sus cuerpos fueron concebidos como instrumentos para procrear o para dar placer a sus maridos, pero no como fuente de disfrute personal. Esta represión sexual ha dejado huellas profundas en muchas mujeres mayores.
Testimonio anónimo de una mujer SABIA
No podemos olvidar el abuso sexual infantil que muchas de ellas padecieron, silenciado durante décadas bajo la lógica de que “los trapos sucios se lavan en casa”.
Esta frase resume una cultura del silencio que ha perpetuado el sufrimiento y la invisibilización de la violencia.
Modelo Biomédico
El Modelo Biomédico es uno de los enfoques más tradicionales y ampliamente utilizados en la medicina occidental. Se centra en la comprensión de la salud y la enfermedad desde una perspectiva puramente biológica, es decir, considera que las enfermedades son el resultado de alteraciones en los procesos fisiológicos y bioquímicos del cuerpo. Algunas de las características principales de este modelo serían:
Síndrome de Yentl: cuando la salud de las mujeres queda invisibilizada
En España, la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en mujeres, al igual que en el resto del mundo occidental. En Europa, ocurre una muerte por esta causa cada 6 minutos, mientras que en EEUU fallece una mujer por esta razón cada minuto. A pesar de estos datos, en el imaginario colectivo las enfermedades cardiovasculares siguen considerándose propias de los hombres. Esta idea errónea ha influido en la investigación médica: en los ensayos y estudios clínicos sobre enfermedades cardiovasculares, las mujeres representan menos del 30% de la población analizada.
Este trato desigual, que afecta no solo a las enfermedades
sino que puede extrapolarse a muchas otras dolencias, se conoce como el síndrome de Yentl.Este síndrome refleja cómo, para recibir atención médica adecuada, las mujeres deben presentar síntomas similares a los de los hombres, ya que el modelo biomédico ha tomado al varón como referencia. Esto provoca que los síntomas específicos de las mujeres se ignoren o se malinterpreten, dejando sus necesidades de salud sin respuesta.
Las enfermedades crónicas, los problemas de salud mental y la discapacidad física reducen la calidad de vida, por eso este indicador también se conoce como esperanza de vida libre de discapacidad. La esperanza de vida en buena salud forma parte del Pilar Europeo de Derechos Sociales y de los indicadores de Igualdad de Género, ambos publicados por Eurostat. Esto demuestra que no solo es un dato médico, sino también social y político, que nos ayuda a entender cómo afectan las desigualdades a la salud de las mujeres mayores.
Esperaza de vida en buena salud.
El dato de la esperanza de vida en buena salud nos ofrece información clave sobre la calidad de vida en los años que le quedan, de media, a una persona. Este indicador no se limita a contar años, sino que se centra en si esos años se viven con autonomía, bienestar y sin limitaciones importantes.
Para calcularlo, se considera que una persona tiene buena salud cuando no presenta limitaciones funcionales ni discapacidad.
Salud autopercibida
La salud autopercibida es una evaluación subjetiva que cada persona hace sobre su propio estado de salud. Es un indicador muy valioso porque puede reflejar aspectos del bienestar que no siempre son detectados por las evaluaciones médicas objetivas. Para calcularlo, el Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene en cuenta tres factores:
Este indicador nos ayuda a entender cómo se sienten realmente las personas más allá de los diagnósticos médicos.
Amor romántico idealizado
- Sobre la violencia económica: el 55% no recibían dinero para los gastos del hogar, el 41% dijo que él se apropiaba de su dinero.
- El 56% de las mujeres que participaron en el estudio, afirmó haber mantenido relaciones sexuales contra su voluntad por miedo al maltratador.
En el medio rural, la situación es especialmente preocupante. En 2023, 17 de los 56 asesinatos machistas se produjeron en municipios de menos de 20.000 habitantes, lo que representa el 29,82% del total. De estos casos:Durante generaciones, las mujeres han aprendido que su felicidad dependía de encontrar un “príncipe azul”. Y si ese príncipe se convertía en rana, la solución era seguir dándole más besos. Esta idea profundamente arraigada ha contribuido a la normalización de relaciones violentas y a la permanencia en ellas durante décadas. El "estudio sobre mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género" (2020) arrojaba otros datos reveladores:
En el caso de las mujeres rurales, esta carga es aún mayor: dedican casi diez veces más tiempo a los cuidados que los hombres de su entorno, y más incluso que las mujeres urbanas, debido a la escasez de servicios en sus territorios. Muchas mujeres no se reconocen a sí mismas fuera del rol de cuidadoras. Sufren el llamado “nido vacío” como una pérdida, en lugar de verlo como una oportunidad para dedicarse tiempo a ellas
Darse a los demás.
Las mujeres han sido educadas para darse a los demás. Desde niñas, las SABIAS de hoy aprendieron a identificar las necesidades de quienes las rodeaban y a satisfacerlas. Aprendieron a verse a través de los ojos de los demás, construyendo una autoestima condicionada por la opinión externa, más que por su propia percepción.
mismas. Siguen preocupándose más por el tratamiento médico de sus parejas que por el suyo propio.
Aprendieron a ser cuidadoras, anteponiendo el bienestar ajeno a su propio cuidado.
Imagen devaluada de la vejez femenina
Nuestra sociedad asocia la condición de mujer con la etapa menstrual. A las niñas se les dice que “ya son mujeres” cuando les llega la regla, aunque siguen siendo niñas. Y cuando una mujer atraviesa la menopausia, parece que deja de ser mujer. Se la bombardea con mensajes que reducen su vida a sofocos, osteoporosis, aumento de peso o depresión.
Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada dos personas es edadista, es decir, tiene prejuicios o actitudes discriminatorias hacia las personas mayores. Pero las mujeres mayores sufren estos edadismos en mayor medida que los hombres. Como decía Susan Sontag: “Mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen.” La presión por mantenerse jóvenes, alimentada por la publicidad, los medios de comunicación y frases como “prefiero dos de 25 que una de 50", va minando, gota a gota, lo que pudiera quedar de su autoestima.
Pero no. Hay mucha vida después de la etapa menstrual. Una vida que merece ser vivida con plenitud, dignidad y reconocimiento.
Sin proyectos de vida propios.
Muchas mujeres aprendieron a ser lo que se esperaba de ellas, sin espacio para soñar ni para construir proyectos personales que se alejaran de los roles impuestos por la sociedad: ser hijas, esposas y madres. Según el Estudio sobre mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género (2020), el 34% de las participantes afirmó que sus parejas no les permitían trabajar o estudiar fuera de casa. Esta limitación ha tenido un impacto profundo en su autonomía y desarrollo personal. Escuchamos frases como: “Soy feliz si mis hijos son felices”, que reflejan cómo muchas han renunciado a sus propios proyectos vitales para asumir los de los demás.
Testimonio anónimo de una mujer SABIA
Es fundamental dignificar la labor que han realizado, visibilizar sus trayectorias, reconocer que siguen siendo motor en los pueblos, especialmente a través de las redes de apoyo que ellas mismas han tejido. Potenciar esa labor es clave para mantener vivos los territorios rurales y para reconocer el valor de su contribución social.