Want to create interactive content? It’s easy in Genially!

Get started free

Corazón de piedra

Alba

Created on October 24, 2025

Start designing with a free template

Discover more than 1500 professional designs like these:

Decisions and Behaviors in the Workplace

Tangram Game

Process Flow: Corporate Recruitment

Weekly Corporate Challenge

Wellbeing and Healthy Routines

Match the Verbs in Spanish: Present and Past

Planets Sorting Game

Transcript

Hace mil millones de años, Medusa consiguió escapar del templo en el que fue condenada y, no fue hasta un tiempo después, que consiguió adaptarse e integrarse en la sociedad como una humana más. Por todo el daño que había sufrido, se empezó a tomar la justicia por su mano y comenzó a petrificar a todas aquellas personas que le habían hecho daño e, incluso, a aquellas que ella consideraba que lo merecían. Evidentemente, sin que nadie lo supiese. Fue así como, poco a poco, dió origen a su profesión de escultora, hasta que, un día, alguien llamó a su puerta. Era Gamuza, una gárgola que estaba aprendiendo sobre el oficio y quería que Medusa fuese su maestra. Ella sabía perfectamente que era muy peligroso y podía destapar su verdadera identidad, pero, en cuanto abrió la puerta y la vió, no pudo evitar caer en sus encantos. Gamuza pasó a ser su aprendiz y, con el paso de los días, las semanas y los meses, entre cinceles y piedras, encuentros en las diferentes salas y noches hablando hasta las tantas de la madrugada, fue surgiendo una historia de amor que se convirtió en el secreto mejor guardado entre las antiguas paredes de mármol del museo. Pero un día todo cambió. La inspectora Aurora consiguió dar con Medusa. Había estado muchos años investigando tras la desaparición de sus tres hadas madrinas y, por fin, había encontrado a la culpable. Solo había una manera de capturarla: a través de la lámpara de Aladdin, la cual había comprado por Wallapop un mes atrás. Esa misma noche, se coló en su casa y esperó en el baño. Lo que ella no sabía era que Medusa no estaba sola y, cuando Gamuza se levantó y fue al aseo… ¡PAM! Aurora la capturó en la lámpara y, al ver que se había equivocado, entró en pánico y huyó a lo Juan Carlos I.

Los años fueron pasando, de la lámpara nunca se supo nada más y esta historia de amor quedó petrificada para siempre… ¿o no? El otro día, Medusa estaba trabajando tranquilamente un día más en el MUA. Tenía una visita con una clase de primero de Primaria y, al acabar, se fue a preparar la siguiente visita. En esta clase se encontraba Matilda, una niña de altas capacidades que le encantaba leer y que conocía la historia de Medusa y las noticias de los últimos siglos. Al ver las estatuas, comenzó a sospechar y decidió seguirla. Abrió la puerta de la sala en la que se encontraba Medusa con su mente y observó cómo se quitaba el gorro e iban apareciendo las serpientes. Rápidamente, como conocía la manera de capturarla, fue en busca de la lámpara, situada en la sala de arte islámico, y, al cogerla, liberó a Gamuza.

Esta, tras tantos milenios encerrada y con miedo a volver a estarlo, salió volando sin mirar atrás. Al escuchar tanto ruido, Medusa salió de la sala y se encontró a Gamuza huyendo. Sus miradas se cruzaron durante un instante y el tiempo para ellas se paralizó. Intentó ir tras ella pero le volvió a perder la pista.

Esta huyó por miedo a volver a estar encerrada más milenios y, cuando Medusa salió y vió la lámpara, todos los recuerdos se apoderaron de ella. Enfurecida y confusa, petrificó a Matilda y se retiró definitivamente del arte. Los días pasaban, y ella seguía sin salir de casa, sin encontrar la motivación para salir. Solo pensaba en su amada Gamuza y todo lo ocurrido en el pasado. Un día, leyendo el periódico entre tanto desorden, vió que una gárgola estaba en busca y captura. ¡No lo podía creer! Al instante, supo que era ella.

En ese mismo instante, Medusa salió de la sala y vió como Gamuza huía. Sin poder siquiera articular palabra, se quedó quieta y comenzó a llorar sintiendo que su mundo se derrumbaba de nuevo. La había vuelto a perder. Matilda se dió cuenta que, en realidad, Medusa no era la villana que pensaba, sinó que, más bien, era una persona que había sufrido mucho. Se acercó y Medusa le contó su historia. Sin pensárselo dos veces, Matilda decidió ayudarla y le sugirió que buscase ayuda de un profesional para encontrarla.

Desesperada, acudió a la mejor agencia de detectives privados de todo Alicante, que estaba dirigida por Anna, Helena y Teresa, más conocidas como “las tres mellis”. ¿Podréis ayudarme? - dijo preocupada Medusa. ¿Acaso no sabes con quiénes estás hablando? - dijo Helena con un chicle en la boca. Mira este diploma, ¿lo ves?, tranqui te lo leo, “Superpremio al mejor trío de detectivistas de todo alicante city”. - puntuó Anna. Así que, a callar. - añadió Teresa. Se pusieron a cuchichear entre ellas y, en un plis plas, tenían la respuesta. Puesto que el monumento gótico más cercano era la Iglesia de las Santas Justa y Rufina en Orihuela, afirmaron que Gamuza había ido a refugiarse allí. Medusa les pagó, cogió su Aston Martin y se puso rumbo a la Vega Baja. Al llegar, la encontró posada sobre el contrafuerte de la iglesia y, emocionada, la llamó. Sus miradas volvieron a encontrarse, las lágrimas brotaban de sus ojos calando sus rostros helados y el tiempo se paralizó para siempre… ¿o no?

Fin