El color de las palabras
Erika Daniela Diaz
ÉRASE UNA VEZ...
En un jardín infantil, llamado "soñando juntos" todos los días eran una aventura, pero Leo era diferente, hablaba poco y prefería pintar. Sus compañeros a veces no entendían porque no quería jugar con ellos. A Leo le gustaban los colores porque cada uno tenía un sonido. El azul sonaba a calma, el amarillo a risas, y el rojo... a un abrazo cálido.
Luna, su compañera, lo observaba desde lejos. Quería ser su amiga, pero no sabía cómo. Un día, la maestra Sol les pidió que dibujaran "como se sienten hoy". Leo dibujo un gran arcoíris con un punto gris en el centro.
- ¿Que significa ese punto? pregunto Luna.
Leo solo sonrió y señalo su corazón.
Durante el recreo, Luna decidió sentarse junto a Leo. No hablaron, solo compartieron los colores. Ella pinto flores, el pinto el cielo. Poco a poco, ambos empezaron a entenderse sin palabras. Los demás niños los miraban sorprendidos: "¿Como hacen para jugar si Leo jo habla?", preguntaron.
La maestra Sol reunió al grupo. Les explico que todos nos comunicamos de formas distintas, con gestos, miradas, abrazos o colores. -Leer no solo es mirar letras -dijo-, también es aprender a leer el corazón de los demás.
Entonces los niños decidieron crear un mural gigante donde cada uno pintaría un sentimiento. Leo pinto el suyo con tonos azules y amarillos, y en el centro coloco el punto gris que ahora todos entendían: era su forma de decir "a veces necesito calma".
El mural lleno el aula de colores y sonrisas. Los niños aprendieron que todos los colores (y las personas) tienen un lugar especial. Leo, por primera vez, levanto la mirada y dijo en voz baja:-Gracias, amigos.
Desde ese día, cada mañana comenzaba con un saludo de colores. Leo se sentía parte del grupo y Luna comprendió que las palabras no siempre se dicen, a veces... se pintan. La lectura del mundo era más fácil cuando se hacía con el corazón abierto.
La maestra Sol sonrió al verlos. "Hoy todos hemos aprendido a leer un poco mejor", dijo. Y en el mural del aula, brillaban los colores de una nueva amistad.
Reflexion final
A lo largo de este proceso comprendí que la literatura infantil es una herramienta poderosa para transformar la mirada de los niños hacia el mundo. A través del cuento "el color de las palabras", quise resaltar la importancia de la inclusión y el valor de reconocer las diferencias como oportunidades para aprender y crecer juntos.
La creación de este cuento me permitió aplicar conocimientos adquiridos sobre los elementos del relato, los géneros literarios y las estrategias de mediación lectora. Entendí que fomentar hábitos lectores no se trata solo de enseñar a entender palabras, sino de guiar a los niños a interpretar emociones, contexto y valores presentes en cada historia.
Así mismo, la literatura infantil brinda la posibilidad de acercar temas complejos, como el autismo, desde la sensibilidad y la empatía. Al construir el personaje "Leo", quise mostrar que todos los niños tienen su propia manera de comunicarse, y que la lectura (en sus múltiples formas) puede ser un puente para conectar mundos.
Como futura educadora, asumo el compromiso de crear espacios donde los cuentos sean una puerta a la imaginación y al entendimiento. Mi papel como mediadora lectora consiste en acompañar, motivar y diseñar experiencias significativas que despierten la curiosidad, el gusto por la lectura y la capacidad de leer el mundo desde una mirada crítica y amorosa.
La literatura infantil no solo forma lectores, forma seres sensibles y empáticos, capaces de construir una sociedad más justa e inclusiva.
Referencias bibliograficas:
- Ministerio de Educación Nacional (2016). Lineamientos pedagógicos para la educación inclusiva en la primera infancia. MEN. https://www.mineducacion.gov.co/1780/articles-363488_recurso_17.pdf.
- Colomer, T. (2010). Introducción a la literatura infantil y juvenil. Síntesis https://www.sintesis.com/libro/introduccion-a-la-literatura-infantil-y-juvenil-actual.
El color de las palabras
Daniela Diaz
Created on October 24, 2025
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El color de las palabras
Erika Daniela Diaz
ÉRASE UNA VEZ...
En un jardín infantil, llamado "soñando juntos" todos los días eran una aventura, pero Leo era diferente, hablaba poco y prefería pintar. Sus compañeros a veces no entendían porque no quería jugar con ellos. A Leo le gustaban los colores porque cada uno tenía un sonido. El azul sonaba a calma, el amarillo a risas, y el rojo... a un abrazo cálido.
Luna, su compañera, lo observaba desde lejos. Quería ser su amiga, pero no sabía cómo. Un día, la maestra Sol les pidió que dibujaran "como se sienten hoy". Leo dibujo un gran arcoíris con un punto gris en el centro. - ¿Que significa ese punto? pregunto Luna. Leo solo sonrió y señalo su corazón.
Durante el recreo, Luna decidió sentarse junto a Leo. No hablaron, solo compartieron los colores. Ella pinto flores, el pinto el cielo. Poco a poco, ambos empezaron a entenderse sin palabras. Los demás niños los miraban sorprendidos: "¿Como hacen para jugar si Leo jo habla?", preguntaron.
La maestra Sol reunió al grupo. Les explico que todos nos comunicamos de formas distintas, con gestos, miradas, abrazos o colores. -Leer no solo es mirar letras -dijo-, también es aprender a leer el corazón de los demás.
Entonces los niños decidieron crear un mural gigante donde cada uno pintaría un sentimiento. Leo pinto el suyo con tonos azules y amarillos, y en el centro coloco el punto gris que ahora todos entendían: era su forma de decir "a veces necesito calma".
El mural lleno el aula de colores y sonrisas. Los niños aprendieron que todos los colores (y las personas) tienen un lugar especial. Leo, por primera vez, levanto la mirada y dijo en voz baja:-Gracias, amigos.
Desde ese día, cada mañana comenzaba con un saludo de colores. Leo se sentía parte del grupo y Luna comprendió que las palabras no siempre se dicen, a veces... se pintan. La lectura del mundo era más fácil cuando se hacía con el corazón abierto.
La maestra Sol sonrió al verlos. "Hoy todos hemos aprendido a leer un poco mejor", dijo. Y en el mural del aula, brillaban los colores de una nueva amistad.
Reflexion final
A lo largo de este proceso comprendí que la literatura infantil es una herramienta poderosa para transformar la mirada de los niños hacia el mundo. A través del cuento "el color de las palabras", quise resaltar la importancia de la inclusión y el valor de reconocer las diferencias como oportunidades para aprender y crecer juntos. La creación de este cuento me permitió aplicar conocimientos adquiridos sobre los elementos del relato, los géneros literarios y las estrategias de mediación lectora. Entendí que fomentar hábitos lectores no se trata solo de enseñar a entender palabras, sino de guiar a los niños a interpretar emociones, contexto y valores presentes en cada historia. Así mismo, la literatura infantil brinda la posibilidad de acercar temas complejos, como el autismo, desde la sensibilidad y la empatía. Al construir el personaje "Leo", quise mostrar que todos los niños tienen su propia manera de comunicarse, y que la lectura (en sus múltiples formas) puede ser un puente para conectar mundos. Como futura educadora, asumo el compromiso de crear espacios donde los cuentos sean una puerta a la imaginación y al entendimiento. Mi papel como mediadora lectora consiste en acompañar, motivar y diseñar experiencias significativas que despierten la curiosidad, el gusto por la lectura y la capacidad de leer el mundo desde una mirada crítica y amorosa. La literatura infantil no solo forma lectores, forma seres sensibles y empáticos, capaces de construir una sociedad más justa e inclusiva.
Referencias bibliograficas: