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Moradas 4

carolina figueroa

Created on October 13, 2025

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Transcript

del paso de lo humano a lo divino en el Castillo Interior

Empezar

Jugadores

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¡Arrastra las fichas!

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salida

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Aceptación de la vulnerabilidad: se ve la propia pequeñez sin miedo ni vergüenza.
Gracia de abandono: el alma empieza a confiar en lo que Dios hace sin entenderlo todo.
Paz interior profunda: un sosiego que no depende de lo que pase fuera.
¿Estoy aprendiendo a ver a los demás como hermanos que también buscan, no como competidores espirituales?
¿Confío más en mis esfuerzos o en la gracia que Él me da cada día?
Desapego suave: se afloja el apego a lo material y al propio ego, sin forzarlo.
Unidad interior: la mente y el corazón empiezan a ir en la misma dirección.
Dulzura espiritual: se experimenta el amor de Dios como ternura gratuita.
Alegría serena: una felicidad suave, no ruidosa, que nace del encuentro.
¿Busco a Dios solo cuando lo “siento” o también cuando todo parece silencioso?
Capacidad de amar sin buscar recompensa: amar por amor, sin interés propio.
¿Dejo que Dios me guíe o quiero tener el control incluso de mi oración?
¿Todavía busco que mis obras me hagan ver bien, o deseo que solo Dios sea visto?
Gusto por las cosas de Dios: el alma encuentra gozo en lo espiritual, sin necesidad de estímulos externos.
No se trata de “buscar” la presencia de Dios, sino de acogerla.
Silencio fecundo: ya no hace falta tanto hablar; el alma descansa en la presencia de Dios.
Humildad creciente: se comprende que todo lo bueno viene de Dios.
Oración de recogimiento: la persona puede recogerse fácilmente, sin tanto esfuerzo.
¿Dejo que Dios transforme mis deseos, o sigo apegado a lo que me da seguridad y control?
¿Acepto las pruebas o me impaciento cuando la fe no “se siente”?
Aquí el amor ya no se mide por lo que uno hace, sino por cuánto se deja amar.
Confianza filial: se fortalece la sensación de ser hijo amado, sostenido sin merecerlo.
Claridad interior: Dios comienza a iluminar sin ruido, mostrando la verdad de uno mismo.
¿Puedo soltar mi necesidad de agradar a todos y centrarme en amar más?
¿Estoy aprendiendo a disfrutar de estar con Él sin palabras ni pensamientos?
La oración deja de ser solo esfuerzo y comienza a ser acción de Dios en el alma.
¿Me comparo con otros en su fe o agradezco el ritmo único con el que Dios me conduce?
¿Soy capaz de detenerme a escuchar, sin querer llenar el silencio con ideas o rezos?
¿Pido a Dios que me consuele o que me transforme, aunque duela?
¿Sé reconocer que cada don espiritual es regalo, no mérito?
¿Acepto que no todo depende de mí, que Dios actúa incluso cuando no lo veo?