Aprendizaje a través de la participación en ambientes reales de la profesión
Los contenidos del presente material forman parte del siguiente artículo: Ponce-Ceballos, S., Castellanos-Ramírez, J.-C., & Aviña-Camacho , I. (2024). Formación universitaria a través de prácticas situadas en ambientes reales. Revista Iberoamericana De Educación Superior, 15(42)
La formación profesional en ambientes reales permite
a los estudiantes desarrollar habilidades para
transferir los conocimientos académicos y técnicos
a realidades complejas (Delgado, 2012; Sierra y
Pérez, 2007).
En opinión de Álvarez (2012), el conocimiento
teórico de referencia inicial permite a los estudiantes estructurar un primer marco de actuación
para su ejercicio profesional; sin embargo, la
aplicación de este tipo de conocimiento no ocurre de
manera automática, sino que precisa de un proceso de abstracción respecto a los esquemas cognitivos previamente desarrollados en las aulas para su aplicación en realidades distintas a aquellas en donde el conocimiento se ha adquirido.
Puede decirse que
la transferencia ocurre cuando el estudiante logra
operacionalizar y contextualizar los conocimientos
adquiridos en las aulas para su utilización en situaciones
reales del ejercicio profesional.
No existen destrezas
prácticas sin esquemas cognitivos previos, así como
tampoco hay trasferencia del conocimiento sin un
proceso de descontextualización y operacionalización
del conocimiento académico (Garello et al., 2010).
La trasferencia
del conocimiento no ocurre siempre de manera lineal
como si se tratasen de reglas inquebrantables; muchos de estos conocimientos terminan
expandiéndose o transformándose a la luz de la propia
práctica, hasta llegar a la resignificación de los
contenidos del currículo escolar (Iglesias et al., 2019).
La práctica profesional no debe entenderse
sólo como una oportunidad de aplicación de saberes,
sino como un medio de producción de nuevos
conocimientos inherentes a un proceso de reflexión
continua, en donde la teoría y la práctica se contrastan
de manera reiterada
"No se trata de sustituir unas teorías por otras a
partir de la incorporación de nuevas situaciones
prácticas, de manera que se produzca una especie
de ascenso en el engranaje teórico que implique
construir teoría sobre la destrucción de la anterior.
La complementariedad que proponemos supone
una articulación de la teoría y la práctica que se
hace posible como consecuencia de un incremento
en la comprensión, permite reorientar e innovar a
partir de lo existente, y no anula, sino que añade y
completa "(Sierra y Pérez, 2007: 571).
Otros autores, como Oliver et al. (2015), señalan
que el trabajo interdisciplinario también es un
elemento que promueve la transferencia, operacionalización
y contextualización de los conocimientos
académicos a las situaciones reales de práctica. Hoy
en día, muchas empresas requieren un trabajo interdisciplinario
de sus trabajadores, para la construcción
y ejecución de un proyecto. En este sentido, cuando
los estudiantes se insertan en una comunidad de práctica
profesional, no solamente conviven con expertos
de su mismo campo disciplinar, sino que también
aprenden a convivir con especialistas de otros ámbitos
del conocimiento. En estas circunstancias, el
desarrollo de habilidades para el trabajo colaborativo,
la comunicación y la comprensión mutua son
piezas fundamentales para el logro de metas compartidas
entre los miembros de la comunidad (Ojeda
et al. 2019).
En medio de estas experiencias, los estudiantes
aprenden conocimientos pertenecientes a
otras disciplinas y, además, desarrollan habilidades
comunicativas para la argumentación de propuestas,
negociación de ideas y co-construción de acuerdos.
A juicio de Echeverri-Gallo (2018), García y Galli
(2016) y Little y Harvey (2007), tanto los nuevos
aprendizajes adquiridos por los estudiantes como el
reconocimiento que la comunidad de práctica realiza
sobre su desempeño aportan un alto valor motivacional
para la mejora de su desempeño en las aulas y,
al mismo tiempo, les permite reafirmar su vocación
profesional y nivel de compromiso con la sociedad.
En un estudio realizado por Echeverri-Gallo se observó
que los estudiantes lograron desarrollar mayor
confianza y seguridad en su ejercicio profesional al
término de su participación en programas de práctica
profesional; esto incluso les brindó posibilidades
de “asumir, desarrollar y renegociar su identidad
profesional para el empoderamiento de su rol y su
futura inserción laboral” (2018: 584).
En este orden de ideas, otra de las ventajas atribuidas
a la formación práctica de los estudiantes
en escenarios reales remite al sentido de agencia, entendida como la autonomía que ejercen los estudiantes
para proponer soluciones rápidas y creativas
ante problemáticas inesperadas (Ojeda et al., 2019).
Hay que recordar que el ejercicio profesional es en
sí una realidad compleja, donde no siempre existen
planes de acción predefinidos para responder a determinadas
situaciones, sino que muchas veces los
estudiantes deben movilizar diversos conocimientos
y asumir un importante grado de compromiso para
generar nuevas propuestas.
Ponce, et al., (2024), han identificado al menos 14 beneficios de la formación en amientes reales para estudiantes universitarios:
Ahora, vamos a retroalimentar lo revisado, mediante 9 preguntas. La idea no es evaluar, sino retroalimentar y reforzar tus aprendizajes. Nadie tendrá acceso a los resultados. Puedes intentar las veces que quieras.
¡Vamos!
Pregunta 1/9
Pregunta 2/9
Pregunta 3/9
Pregunta 4/9
Pregunta 5/9
Pregunta 6/9
Pregunta 7/9
Pregunta 8/9
Pregunta 9/9
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¡Quiz finalizado!
Aprendizaje a través de la participación en ambientes reales de la pro
salvador ponce ceballos
Created on September 22, 2025
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Aprendizaje a través de la participación en ambientes reales de la profesión
Los contenidos del presente material forman parte del siguiente artículo: Ponce-Ceballos, S., Castellanos-Ramírez, J.-C., & Aviña-Camacho , I. (2024). Formación universitaria a través de prácticas situadas en ambientes reales. Revista Iberoamericana De Educación Superior, 15(42)
La formación profesional en ambientes reales permite a los estudiantes desarrollar habilidades para transferir los conocimientos académicos y técnicos a realidades complejas (Delgado, 2012; Sierra y Pérez, 2007).
En opinión de Álvarez (2012), el conocimiento teórico de referencia inicial permite a los estudiantes estructurar un primer marco de actuación para su ejercicio profesional; sin embargo, la aplicación de este tipo de conocimiento no ocurre de manera automática, sino que precisa de un proceso de abstracción respecto a los esquemas cognitivos previamente desarrollados en las aulas para su aplicación en realidades distintas a aquellas en donde el conocimiento se ha adquirido.
Puede decirse que la transferencia ocurre cuando el estudiante logra operacionalizar y contextualizar los conocimientos adquiridos en las aulas para su utilización en situaciones reales del ejercicio profesional.
No existen destrezas prácticas sin esquemas cognitivos previos, así como tampoco hay trasferencia del conocimiento sin un proceso de descontextualización y operacionalización del conocimiento académico (Garello et al., 2010).
La trasferencia del conocimiento no ocurre siempre de manera lineal como si se tratasen de reglas inquebrantables; muchos de estos conocimientos terminan expandiéndose o transformándose a la luz de la propia práctica, hasta llegar a la resignificación de los contenidos del currículo escolar (Iglesias et al., 2019).
La práctica profesional no debe entenderse sólo como una oportunidad de aplicación de saberes, sino como un medio de producción de nuevos conocimientos inherentes a un proceso de reflexión continua, en donde la teoría y la práctica se contrastan de manera reiterada
"No se trata de sustituir unas teorías por otras a partir de la incorporación de nuevas situaciones prácticas, de manera que se produzca una especie de ascenso en el engranaje teórico que implique construir teoría sobre la destrucción de la anterior. La complementariedad que proponemos supone una articulación de la teoría y la práctica que se hace posible como consecuencia de un incremento en la comprensión, permite reorientar e innovar a partir de lo existente, y no anula, sino que añade y completa "(Sierra y Pérez, 2007: 571).
Otros autores, como Oliver et al. (2015), señalan que el trabajo interdisciplinario también es un elemento que promueve la transferencia, operacionalización y contextualización de los conocimientos académicos a las situaciones reales de práctica. Hoy en día, muchas empresas requieren un trabajo interdisciplinario de sus trabajadores, para la construcción y ejecución de un proyecto. En este sentido, cuando los estudiantes se insertan en una comunidad de práctica profesional, no solamente conviven con expertos de su mismo campo disciplinar, sino que también aprenden a convivir con especialistas de otros ámbitos del conocimiento. En estas circunstancias, el desarrollo de habilidades para el trabajo colaborativo, la comunicación y la comprensión mutua son piezas fundamentales para el logro de metas compartidas entre los miembros de la comunidad (Ojeda et al. 2019).
En medio de estas experiencias, los estudiantes aprenden conocimientos pertenecientes a otras disciplinas y, además, desarrollan habilidades comunicativas para la argumentación de propuestas, negociación de ideas y co-construción de acuerdos.
A juicio de Echeverri-Gallo (2018), García y Galli (2016) y Little y Harvey (2007), tanto los nuevos aprendizajes adquiridos por los estudiantes como el reconocimiento que la comunidad de práctica realiza sobre su desempeño aportan un alto valor motivacional para la mejora de su desempeño en las aulas y, al mismo tiempo, les permite reafirmar su vocación profesional y nivel de compromiso con la sociedad.
En un estudio realizado por Echeverri-Gallo se observó que los estudiantes lograron desarrollar mayor confianza y seguridad en su ejercicio profesional al término de su participación en programas de práctica profesional; esto incluso les brindó posibilidades de “asumir, desarrollar y renegociar su identidad profesional para el empoderamiento de su rol y su futura inserción laboral” (2018: 584).
En este orden de ideas, otra de las ventajas atribuidas a la formación práctica de los estudiantes en escenarios reales remite al sentido de agencia, entendida como la autonomía que ejercen los estudiantes para proponer soluciones rápidas y creativas ante problemáticas inesperadas (Ojeda et al., 2019).
Hay que recordar que el ejercicio profesional es en sí una realidad compleja, donde no siempre existen planes de acción predefinidos para responder a determinadas situaciones, sino que muchas veces los estudiantes deben movilizar diversos conocimientos y asumir un importante grado de compromiso para generar nuevas propuestas.
Ponce, et al., (2024), han identificado al menos 14 beneficios de la formación en amientes reales para estudiantes universitarios:
Ahora, vamos a retroalimentar lo revisado, mediante 9 preguntas. La idea no es evaluar, sino retroalimentar y reforzar tus aprendizajes. Nadie tendrá acceso a los resultados. Puedes intentar las veces que quieras.
¡Vamos!
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