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El valor del juego en tiempos de pantalla
Maritchu Seitún
¿Qué pasa con el tiempo libre?
Hoy vivimos rodeados/as de estímulos, especialmente por el uso contínuo de pantallas atractivas como la televisión, la computadora y el celular.
Las pantallas pueden ser herramientas muy útiles para crear, imaginar y aprender, pero cuando se usan de forma pasiva solo para calmar o entretener rápido al niño/a, nos perdemos momentos valiosos para compartir, conversar o jugar con ellos/as.
Esto hace que estemos todo el tiempo ocupados/as, sin momentos para aburrirnos y, sobre todo, sin tiempo para que los/as chicos/as puedan jugar libremente.
Somos nativos vinculares, no digitales
Los/as niños/as y adolescentes necesitan que estemos presentes y juguemos con ellos/as. Las experiencias que hacen crecer ocurren en la relación con otros/as. Si no estamos de pequeños/as, muchos momentos importantes no se van a repetir más adelante.
Hoy en día, muchas familias trabajan gran cantidad de horas y eso genera ausencias. Como respuesta, los/as chicos/as pasan más tiempo frente a las pantallas, lo que provoca mayor dependencia y menor construcción de vínculo.
Desde que nacemos, necesitamos de otros/as para crecer con afecto, presencia y juego. Así como un/a bebé necesita brazos y palabras, también durante toda la vida los vínculos son lo que nos sostiene.
Aceptando al/a otro/a tal como es, entendiendo que cada persona es única, y que las diferencias enriquecen los vínculos.
Juego vs. pantallas: ¿en qué se diferencian?
Estrés:
- El juego ayuda a liberar tensiones y bajar el estrés.
- Las pantallas suelen generar más estrés, por la cantidad de estímulos e información.
Dependencia:
- El juego no genera dependencia. Lo buscamos cuando hay ganas o aburrimiento.
- Las pantallas generan dependencia y dificultan desconectarse.
Final claro:
- El juego tiene un comienzo y un final.
- Las pantallas parecen no terminar nunca. El contenido sigue todo el tiempo.
Estado mental:
- En el juego estamos activos/as, atentos/as y despiertos/as.
- Con las pantallas, muchas veces entramos en un estado pasivo, casi automático.
Imaginación y creatividad:
- El juego impulsa la imaginación, permite crear e inventar.
- Las pantallas no lo hacen por sí solas, salvo cuando se usan de forma activa y creativa.
Movimiento y motricidad:
- En juego hay movimiento, se usa el cuerpo.
- En las pantallas se suele estar quieto/a, sentado/a, sin moverse.
¿Qué efectos puede tener el uso de pantallas en los/as chicos/as?
En lo social
- Menos habilidades para relacionarse con otros/as.
- Menos momentos de juego compartido, intimidad y conexión.
- Disminución del diálogo: se habla menos y se escucha menos.
- Tendencia a “actuar” para ser aceptado/a, en vez de mostrarse como es.
En lo emocional y conductal
- Dificultades para concentrarse y mantener la atención.
- Incapacidad de espera.
- Dificultades para regular las emociones.
- Confusión entre el mundo real y el virtual: lo que ven en la pantalla se mezcla con la realidad.
En lo físico y cognitivo
- Problemas de lenguaje y menor vocabulario.
- Falta de motivación: no se preguntan qué les interesa o qué quieren.
- Miopía anticipada.
- Problemas de sueño.
- Sedentarismo y mayor riesgo de obesidad.
- Consumo de contenidos no adecuados para la edad, sin acompañamiento adulto.
El juego: un puente para encontrarnos
Jugar con los/as chicos/as, aunque sea un rato al día, es una forma simple y poderosa de decirles: “sos importante para mí”. Nos permite disfrutar juntos/as, fortalecer su autoestima y crear nuevos juegos que partan del vínculo.
El juego también es una herramienta para mirarlos/as. Ver cómo juegan nos dice mucho de lo que están viviendo y cómo se están sintiendo.
Cuando participamos, podemos orientar el rumbo del juego: Si se vuelve repetitivo, agresivo o incómodo, podemos intervenir y proponer nuevas formas.
Jugar en familia no es restringir la pantalla, pero la reduce por sí sola. Cuando hay conexión real, la pantalla pierde protagonismo.
El juego es una necesidad, no solo un pasatiempo. Permite:
- Sentir placer, emoción y motivación.
- Desarrollar habilidades sociales necesarias para la vida como negociar, turnarse, tomar diferentes roles.
- Descargar agresión, enojo y angustias, expresando lo que no pueden decir con palabras, ordenando lo que internamente les cuesta y buscando soluciones imaginarias.
- Resolver problemas y ensayar situaciones.
- Tolerar la frustración, organizarse, esperar y seguir reglas de forma lúdica.
- Incluso juegan a ser “malos” o “buenos” como parte de un proceso interno. Saben que en el juego todo es posible, sin tener consecuencias reales.
¿Por qué los chicos juegan?
¿Qué cambió en el juego de hoy?
Antes, la calle, el aburrimiento o la vida cotidiana eran situaciones de juego libre. No se necesitaba enseñar a jugar porque había poca pantalla y, por lo tanto, poco estímulo.
Ahora los/as adultos/as tenemos un rol central: compartir nuestra infancia, mostrar que también podemos inventar, imaginar, crear, acompañando el juego.
¿Qué tipos de juego existen?
-Sostén: como abrazar, dar vueltas.
-Ocultamiento: como la mancha, las escondidas.
-Persecución: por ejemplo correr, atrapar.
Estos juegos corporales básicos son fundantes y enriquecedores para el/la niño/a y es importante pasar por todos ellos.
¿Cómo los/as podemos acompañar en el juego?
A veces, solo necesitan que estemos cerca. Podemos entrar al juego para dar seguridad y luego dejar que lo sostengan solos/as.
Es clave que perciban nuestra presencia, aunque no estemos todo el tiempo disponibles.
Es importante que busquemos juegos que también nos gusten a nosotros/as. Conectar con nuestro niño/a interior favorece este encuentro.
Situaciones que no favorecen el juego
El juego necesita libertad y presencia. Algunas actitudes pueden dificultarlo, como:
Priorizar el orden por sobre el disfrute.
Exceso de reglas.
Sensación de “pérdida de tiempo”, sacando valor al juego.
Poner límites al jugar es necesario, pero también es clave dejar lugar al desorden creativo, al juego libre y a la sorpresa.
Los cuentos como otra manera de jugar
Leer juntos/as puede convertirse en un momento íntimo, sin pantallas ni apuros. Un espacio especial que podemos ritualizar: elegir un rincón cómodo, prender una vela, abrigarnos con una manta. Un gesto simple que dice “ahora estamos acá, juntos/as”.
Los cuentos son una invitación a imaginar, sentir y compartir. Muchas veces, los chicos/as eligen una historia que conecta con algo que están viviendo, como si ese cuento pudiera darles palabras para expresar lo que no logran decir.
Es importante no solo favorecer la lectura de cuentos, sino también animarlos/as a crear los suyos propios, dejando volar su imaginación. Inventar historias es otra manera de jugar y de construir mundos posibles.
Aceptando al/a otro/a tal como es, entendiendo que cada persona es única, y que las diferencias enriquecen los vínculos.
- Cada cuento puede abrir puertas nuevas, presentar temas, emociones o miradas que tal vez no conocían.
- Cuando los/as chicos/as reciben mucha lectura desde pequeños/as, con el tiempo empiezan a leer por sí solos/as, porque lo sienten propio, cercano y agradable.
- Los cuentos tienen el valor de estar y quedarse, pudiendo volver una y otra vez a ese mundo que los/as acompaña, los/as calma o inspira.
- La lectura, además, ayuda a la atención, la escucha y la concentración.
- Cuando leemos con ellos/as, no se trata sólo de comprender el texto, sino de cómo lo narramos: una voz, una pausa, una mirada. Incluso cuando ya saben hacerlo solos/as, seguir leyéndoles es una forma de seguir estando.
El valor de los cuentos
¿Qué necesitan los/as chicos/as?
- Nuestro tiempo y atención real (no solo estar presentes, sino disponibles).
- Contacto físico: abrazos, cosquillas, cercanía.
- Espacios para ganar y perder. En los juegos reglados, los chicos/as no aprenden a perder perdiendo, sino jugando con nosotros/as y ganando. Luego van a querer jugar “en serio”, buscando la adrenalina y competencia. Necesitan muchas veces ganar, hasta animarse a perder.
- Conectar con el estado de “flow”: estar tan concentrados en algo que el tiempo parezca no pasar.
Tanto el juego como los cuentos transforman lo difícil en algo que se puede atravesar.
Recordar cómo éramos de chicos/as, qué nos gustaba, qué nos hacía bien, nos ayuda a volver a valorar lo que el juego puede enseñar y así poder transmitirlo.
EL VALOR DEL JUEGO EN TIEMPOS DE PANTALLAS - MARITCHU
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Created on July 29, 2025
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Maritchu Seitún
¿Qué pasa con el tiempo libre?
Hoy vivimos rodeados/as de estímulos, especialmente por el uso contínuo de pantallas atractivas como la televisión, la computadora y el celular.
Las pantallas pueden ser herramientas muy útiles para crear, imaginar y aprender, pero cuando se usan de forma pasiva solo para calmar o entretener rápido al niño/a, nos perdemos momentos valiosos para compartir, conversar o jugar con ellos/as.
Esto hace que estemos todo el tiempo ocupados/as, sin momentos para aburrirnos y, sobre todo, sin tiempo para que los/as chicos/as puedan jugar libremente.
Somos nativos vinculares, no digitales
Los/as niños/as y adolescentes necesitan que estemos presentes y juguemos con ellos/as. Las experiencias que hacen crecer ocurren en la relación con otros/as. Si no estamos de pequeños/as, muchos momentos importantes no se van a repetir más adelante.
Hoy en día, muchas familias trabajan gran cantidad de horas y eso genera ausencias. Como respuesta, los/as chicos/as pasan más tiempo frente a las pantallas, lo que provoca mayor dependencia y menor construcción de vínculo.
Desde que nacemos, necesitamos de otros/as para crecer con afecto, presencia y juego. Así como un/a bebé necesita brazos y palabras, también durante toda la vida los vínculos son lo que nos sostiene.
Aceptando al/a otro/a tal como es, entendiendo que cada persona es única, y que las diferencias enriquecen los vínculos.
Juego vs. pantallas: ¿en qué se diferencian?
Estrés:
Dependencia:
Final claro:
Estado mental:
Imaginación y creatividad:
Movimiento y motricidad:
¿Qué efectos puede tener el uso de pantallas en los/as chicos/as?
En lo social
En lo emocional y conductal
En lo físico y cognitivo
El juego: un puente para encontrarnos
Jugar con los/as chicos/as, aunque sea un rato al día, es una forma simple y poderosa de decirles: “sos importante para mí”. Nos permite disfrutar juntos/as, fortalecer su autoestima y crear nuevos juegos que partan del vínculo.
El juego también es una herramienta para mirarlos/as. Ver cómo juegan nos dice mucho de lo que están viviendo y cómo se están sintiendo.
Cuando participamos, podemos orientar el rumbo del juego: Si se vuelve repetitivo, agresivo o incómodo, podemos intervenir y proponer nuevas formas.
Jugar en familia no es restringir la pantalla, pero la reduce por sí sola. Cuando hay conexión real, la pantalla pierde protagonismo.
El juego es una necesidad, no solo un pasatiempo. Permite:
¿Por qué los chicos juegan?
¿Qué cambió en el juego de hoy?
Antes, la calle, el aburrimiento o la vida cotidiana eran situaciones de juego libre. No se necesitaba enseñar a jugar porque había poca pantalla y, por lo tanto, poco estímulo.
Ahora los/as adultos/as tenemos un rol central: compartir nuestra infancia, mostrar que también podemos inventar, imaginar, crear, acompañando el juego.
¿Qué tipos de juego existen?
-Sostén: como abrazar, dar vueltas. -Ocultamiento: como la mancha, las escondidas. -Persecución: por ejemplo correr, atrapar.
Estos juegos corporales básicos son fundantes y enriquecedores para el/la niño/a y es importante pasar por todos ellos.
¿Cómo los/as podemos acompañar en el juego?
A veces, solo necesitan que estemos cerca. Podemos entrar al juego para dar seguridad y luego dejar que lo sostengan solos/as.
Es clave que perciban nuestra presencia, aunque no estemos todo el tiempo disponibles.
Es importante que busquemos juegos que también nos gusten a nosotros/as. Conectar con nuestro niño/a interior favorece este encuentro.
Situaciones que no favorecen el juego
El juego necesita libertad y presencia. Algunas actitudes pueden dificultarlo, como:
Priorizar el orden por sobre el disfrute.
Exceso de reglas.
Sensación de “pérdida de tiempo”, sacando valor al juego.
Poner límites al jugar es necesario, pero también es clave dejar lugar al desorden creativo, al juego libre y a la sorpresa.
Los cuentos como otra manera de jugar
Leer juntos/as puede convertirse en un momento íntimo, sin pantallas ni apuros. Un espacio especial que podemos ritualizar: elegir un rincón cómodo, prender una vela, abrigarnos con una manta. Un gesto simple que dice “ahora estamos acá, juntos/as”.
Los cuentos son una invitación a imaginar, sentir y compartir. Muchas veces, los chicos/as eligen una historia que conecta con algo que están viviendo, como si ese cuento pudiera darles palabras para expresar lo que no logran decir.
Es importante no solo favorecer la lectura de cuentos, sino también animarlos/as a crear los suyos propios, dejando volar su imaginación. Inventar historias es otra manera de jugar y de construir mundos posibles.
Aceptando al/a otro/a tal como es, entendiendo que cada persona es única, y que las diferencias enriquecen los vínculos.
El valor de los cuentos
¿Qué necesitan los/as chicos/as?
Tanto el juego como los cuentos transforman lo difícil en algo que se puede atravesar. Recordar cómo éramos de chicos/as, qué nos gustaba, qué nos hacía bien, nos ayuda a volver a valorar lo que el juego puede enseñar y así poder transmitirlo.