Las gargantas de Ponga
Recorrer el Camí dels Bons Homes
Esta histórica ruta transpirenaica rememora el exilio de los cátaros occitanos, conocidos como bons homes (buenos hombres), una facción cristiana que desafió a la Iglesia católica durante los siglos XII y XIII. El itinerario consta de unos 200 kilómetros y parte del santuario de Queralt (en Berga, Barcelona) para llegar a Foix, ya en Francia, y ofrece al paseante castillos como el de Gósol o Bagà y montañas como el Puigpedrós —que se puede subir andando en unas seis horas— o Pedraforca. Es posible hacer el recorrido en bici o a caballo. Y, además, visitar en coche las comarcas en las que vivieron aquellos bons homes.
FOTO: La iglesia de Sant Pere de Lles en Lles de Cerdanya (Lérida). ROGER ERITJA/GETTY IMAGES
Las gargantas de Ponga
Casi 150 kilómetros para esquiar
La estación de esquí de La Molina dispone de unas 170 hectáreas de superficie esquiable, despejada y con poco arbolado y rocas, lo que facilita la vida a los esquiadores primerizos. Es, además, una estación histórica, de las más emblemáticas del país: su primer remonte, Fontcanaleta, se inauguró en 1943, y aquí se han disputado diversos campeonatos del mundo de snowboard y esquí alpino, entre otras muchas competiciones de élite. La Molina forma parte del dominio esquiable Alp 2500, un espacio que comparte con la vecina estación de La Masella, una de las capitales europeas del esquí nocturno. Entre las dos ofrecen unos 145 kilómetros de pistas conjuntas e interconectadas, accesibles con un mismo forfait.
FOTO: Estación de esquí de Masella en el pico de Tosa d'Alp, en el límite entre La Cerdanya y El Berguedà. ISTOCKPHOTO/GETTY IMAGES
Lagos majestuosos
Situados en la cabecera del valle de Aránser, estos lagos glaciares fueron, durante muchos años, un paso crucial para el contrabando con Andorra. Hoy son una visita obligada para cualquier senderista: a los lagos de la Pera se accede por múltiples vías caminables de baja dificultad. Destaca la que parte de la estación de esquí nórdico de Aransa, que propone un camino de unas cinco horas, apto para todos los públicos, en el que se pueden contemplar el río del Molí, la colina de la Truita o el pico de Pedrafita, entre otras atracciones naturales, antes de llegar a los majestuosos lagos.
FOTO: Los lagos de la Pera (Lleida) tras una nevada primaveral. SERGI BOIXADER/ALAMY STOCK PHOTO
Las gargantas de Ponga
En bicicleta por un pueblo español rodeado de Francia
La Cerdanya cuenta con un centro de bicicleta de montaña, homologado por la Fédération Française de Cyclisme, que pone a disposición del ciclista, tanto el principiante como el avanzado, 90 rutas de distintos niveles a través de 1.400 kilómetros de pista. Para aquel que sea nuevo en estas lides, del pueblo de Llívia, el único enclave de España situado en territorio francés, nace una de las rutas más accesibles, un idílico paseo de 45 minutos hasta Consellabre. También desde Llívia, municipio que merece una visita por sí solo, podremos desplazarnos hasta Cereja, 10 kilómetros y hora y media esta vez, y unas espléndidas vistas panorámicas del valle de la Cerdanya.
FOTO: Ciclistas recorriendo la comarca de La Cerdanya. SEBA REM/GETTY IMAGES
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Las gargantas de Ponga
Recorrer el Camí dels Bons Homes
Esta histórica ruta transpirenaica rememora el exilio de los cátaros occitanos, conocidos como bons homes (buenos hombres), una facción cristiana que desafió a la Iglesia católica durante los siglos XII y XIII. El itinerario consta de unos 200 kilómetros y parte del santuario de Queralt (en Berga, Barcelona) para llegar a Foix, ya en Francia, y ofrece al paseante castillos como el de Gósol o Bagà y montañas como el Puigpedrós —que se puede subir andando en unas seis horas— o Pedraforca. Es posible hacer el recorrido en bici o a caballo. Y, además, visitar en coche las comarcas en las que vivieron aquellos bons homes.
FOTO: La iglesia de Sant Pere de Lles en Lles de Cerdanya (Lérida). ROGER ERITJA/GETTY IMAGES
Las gargantas de Ponga
Casi 150 kilómetros para esquiar
La estación de esquí de La Molina dispone de unas 170 hectáreas de superficie esquiable, despejada y con poco arbolado y rocas, lo que facilita la vida a los esquiadores primerizos. Es, además, una estación histórica, de las más emblemáticas del país: su primer remonte, Fontcanaleta, se inauguró en 1943, y aquí se han disputado diversos campeonatos del mundo de snowboard y esquí alpino, entre otras muchas competiciones de élite. La Molina forma parte del dominio esquiable Alp 2500, un espacio que comparte con la vecina estación de La Masella, una de las capitales europeas del esquí nocturno. Entre las dos ofrecen unos 145 kilómetros de pistas conjuntas e interconectadas, accesibles con un mismo forfait.
FOTO: Estación de esquí de Masella en el pico de Tosa d'Alp, en el límite entre La Cerdanya y El Berguedà. ISTOCKPHOTO/GETTY IMAGES
Lagos majestuosos
Situados en la cabecera del valle de Aránser, estos lagos glaciares fueron, durante muchos años, un paso crucial para el contrabando con Andorra. Hoy son una visita obligada para cualquier senderista: a los lagos de la Pera se accede por múltiples vías caminables de baja dificultad. Destaca la que parte de la estación de esquí nórdico de Aransa, que propone un camino de unas cinco horas, apto para todos los públicos, en el que se pueden contemplar el río del Molí, la colina de la Truita o el pico de Pedrafita, entre otras atracciones naturales, antes de llegar a los majestuosos lagos.
FOTO: Los lagos de la Pera (Lleida) tras una nevada primaveral. SERGI BOIXADER/ALAMY STOCK PHOTO
Las gargantas de Ponga
En bicicleta por un pueblo español rodeado de Francia
La Cerdanya cuenta con un centro de bicicleta de montaña, homologado por la Fédération Française de Cyclisme, que pone a disposición del ciclista, tanto el principiante como el avanzado, 90 rutas de distintos niveles a través de 1.400 kilómetros de pista. Para aquel que sea nuevo en estas lides, del pueblo de Llívia, el único enclave de España situado en territorio francés, nace una de las rutas más accesibles, un idílico paseo de 45 minutos hasta Consellabre. También desde Llívia, municipio que merece una visita por sí solo, podremos desplazarnos hasta Cereja, 10 kilómetros y hora y media esta vez, y unas espléndidas vistas panorámicas del valle de la Cerdanya.
FOTO: Ciclistas recorriendo la comarca de La Cerdanya. SEBA REM/GETTY IMAGES