Un jardín de mujeres que se bifurcan
Nancy Lago
INICIAR
Uttu, Nitara Pandey, Isabel de Guevara y Ruth Zoberman caminan, desde siempre, por un sendero labrado con paralelas, bifurcaciones y retornos. Aunque lo ignoran, su recorrer incesante es lo que hace girar las ruedas del tiempo. Para acompañarlas en este sendero, podrás ingresar por:
CABEZA
LLUVIA
Hace semanas que no para de llover. El agua fue la bendición que le habíamos pedido a los dioses. Ahora, es imposible poner un pie en la tierra sin quedar atrapada por el fango. Veo que el esfuerzo en cultivar fue inútil. El agua es vida, pero también es muerte.
Antes, no importa cuando, nos movíamos hacia donde la vida fuera más próspera. Pero en algún momento, las plantas nos dijeron que hiciéramos como ellas y enterrásemos raíces. Esa fue nuestra perdición.
Ir a DOLOR
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Uttu solo siente dolor. Uno de esos dolores es más fácil de explicar, son sus articulaciones, músculos, tendones, órganos, cansados del traslado interminable bajo la tempestad. El otro dolor es más lacerante y esquivo. Un dolor por tener una aldea que recordar pero que ya no existe, por ver cómo muchas de sus personas no resistieron la travesía, dolor porque tal vez nunca haya un lugar para descansar al final del camino.
Uno de los pocos niños que pudo sobrevivir a la inundación le pregunta si ya falta poco para llegar al lugar. Uttu esfuerza una sonrisa y le responde que sí.
Ir a MÁSCARA
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Volver a FLECHA
El nuevo asentamiento debe ser bendecido por los dioses a través de una danza. A Uttu le dan la máscara que representa a Nammu, la madre generosa que los cuida.
Los jóvenes bailan espasmódicamente con máscaras para olvidar y para recordar. Uttu cree oír el bramido del buey en la membrana del tambor. Todos pueden ser otros esta noche, mientras giren alrededor del fuego, resguardados por las flechas con la sangre seca de una cacería exitosa.
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Uttu y Nitara Pandey se cruzan en una intersección. Ambas saben que se vieron antes. También saben que, para continuar moviendo la rueda, se deberán convertir en una. Y cuando ya sean una, tendrán que decidir si siguen la flecha que lleva hacia lo SINUOSO o si siguen aquella que la protege de un ACECHO.
ACECHO
SINUOSO
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Isabel, junto a más del mil hombres y algunas mujeres, parte de Sanlúcar de Barrameda para realizar una sinuosa expedición hacia la fortuna. Desde la nave, mira los atardeceres con la esperanza de que la nueva tierra se vea pronto, pero esa tarde solo ve un cielo eléctrico cada vez más cercano.
La violencia de la sacudida hace que su cuerpo ruede por la cubierta. Varias personas son proyectadas hacia el océano. Sin embargo, en un momento de claridad, ella sabe que ese día no morirá.
Veinte años más tarde, escribirá una carta a una poderosa señora donde relatará esta y futuras penurias, y ese registro será lo único que sobreviva de ella.
Ir a DESPERTAR
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Despierto con el rugido de mi estómago, en una casa de barro y paja, lejos del lugar en el que nací y al que nunca volveré. Hoy será otro largo día de ver cómo cae y se vuelve a construir el muro que nos protege de los querandíes.
Hace unos días, alguien se atrevió a decir lo que varios pensamos: que el muro tal vez los esté protegiendo a ellos de nosotros. Cómo podemos pensar que ellos son los salvajes cuando tienen qué comer todos los días, mientras nosotros nos alimentamos de ratas y suelas de zapatos.
En la locura de su hambre, ese alguien carneó un caballo. Su castigo fue la muerte. Ayer por la noche, la misma desesperación hizo que varios hombre y mujeres comieran algunas partes de su cuerpo inanimado.
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Buenos Ayres ya queda a nuestras espaldas. ¿Qué pasará allí en el futuro? ¿Alguna vez alguien tomará la insana decisión de asentarse en un lugar que lo único que tiene para ofrecer es viento?
En mi vejez, recordaré este continente como el lugar en el que aprendí las varias caras de lo salvaje: puede estar en lo brutal de una persona que come a otra para sobrevivir, pero también puede tomar la forma de una belleza delicada, como la de las flores blancas y rosadas que flotan sobre el río o como la de esta llovizna que refresca nuestros cansados cuerpos.
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Ruth, necesito que prestes mucha atención. En estas bolsas está tu ropa, la vas a repartir debajo del abrigo y saldrás con la señora Jablonski para su casa. Vas a vivir con ellos de ahora en más. Te está esperando abajo. Nadie te puede relacionar con el apellido Zoberman.
No, no puedes seguir viviendo aquí. Ellos están al acecho, y en cualquier momento nos pueden llevar. No llores, no hay tiempo para eso. Hettie va a quedarse con nosotros, no pueden ir las dos con la señora Jablonski, eso levantaría muchas sospechas.
Ir a TEJEDORA
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Ruth Zoberman teje cerca de la ventana del primer piso, a pesar de que la señora Jablonski le dijo varias veces que no lo hiciera. Ruth cree que de este lado del Vístula está segura, como si el río fuera otra muralla. Ignora que un dedo la señala desde la calle y que esa acción transforma al tiempo en un fluido viscoso y un animal salvaje a la vez. Alguien golpea la puerta con fuerza, las agujas vuelan junto al gorro a medio tejer, un tren la lleva a Treblinka, la empujan a un espacio cerrado e inmundo junto a una muchedumbre, su cabeza choca con la de una mujer que tiene los ojos muy abiertos.
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NITARA PANDEY toma una pastilla para el dolor de cabeza. Enciende el transmisor holográfico. Se proyecta la imagen del ENTREVISTADOR. El ENTREVISTADOR la saluda secamente. NITARA PANDEY responde el saludo. ENTREVISTADOR: Usted era la principal defensora del movimiento de permanencia en la Tierra. ¿Qué le hizo renunciar al movimiento?
NITARA PANDEY: Recibí un llamado de la Administración Global para formar parte del grupo de sostenibilidad marciana. Me motivó el compromiso que mostraron para manejar a los elementos de la nueva naturaleza de otra manera. Sería una forma de empezar de cero con...
ENTREVISTADOR: Entonces, ¿la muerte de su marido no pesó en la decisión?
NITARA PANDEY apaga el proyector holográfico y da por finalizada la entrevista.
Ir a LUZ
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Nueva Chennai, 45 de sol5 de M16
Pasan los días y aun no me acostumbro a la luz del sol desde aquí. El sol brilla diferente en Marte, pero no encuentro las palabras para explicar esa diferencia. Quiero registrar este momento con la mayor precisión posible para la humanidad futura; en cien años no habrá nadie que pueda recordar cómo se veía el sol desde la Tierra.
En cien años, alguien mirará el firmamento y tal vez, cuando vea a la Tierra imagine que es el extremo de una flecha que se forma con la luna. Tal vez, incluso, relacione esta forma con algún aspecto de su destino.
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Un jardín de mujeres que se bifurcan
Nancy Lago
Created on May 4, 2025
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Un jardín de mujeres que se bifurcan
Nancy Lago
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Uttu, Nitara Pandey, Isabel de Guevara y Ruth Zoberman caminan, desde siempre, por un sendero labrado con paralelas, bifurcaciones y retornos. Aunque lo ignoran, su recorrer incesante es lo que hace girar las ruedas del tiempo. Para acompañarlas en este sendero, podrás ingresar por:
CABEZA
LLUVIA
Hace semanas que no para de llover. El agua fue la bendición que le habíamos pedido a los dioses. Ahora, es imposible poner un pie en la tierra sin quedar atrapada por el fango. Veo que el esfuerzo en cultivar fue inútil. El agua es vida, pero también es muerte. Antes, no importa cuando, nos movíamos hacia donde la vida fuera más próspera. Pero en algún momento, las plantas nos dijeron que hiciéramos como ellas y enterrásemos raíces. Esa fue nuestra perdición.
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Uttu solo siente dolor. Uno de esos dolores es más fácil de explicar, son sus articulaciones, músculos, tendones, órganos, cansados del traslado interminable bajo la tempestad. El otro dolor es más lacerante y esquivo. Un dolor por tener una aldea que recordar pero que ya no existe, por ver cómo muchas de sus personas no resistieron la travesía, dolor porque tal vez nunca haya un lugar para descansar al final del camino. Uno de los pocos niños que pudo sobrevivir a la inundación le pregunta si ya falta poco para llegar al lugar. Uttu esfuerza una sonrisa y le responde que sí.
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El nuevo asentamiento debe ser bendecido por los dioses a través de una danza. A Uttu le dan la máscara que representa a Nammu, la madre generosa que los cuida. Los jóvenes bailan espasmódicamente con máscaras para olvidar y para recordar. Uttu cree oír el bramido del buey en la membrana del tambor. Todos pueden ser otros esta noche, mientras giren alrededor del fuego, resguardados por las flechas con la sangre seca de una cacería exitosa.
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Uttu y Nitara Pandey se cruzan en una intersección. Ambas saben que se vieron antes. También saben que, para continuar moviendo la rueda, se deberán convertir en una. Y cuando ya sean una, tendrán que decidir si siguen la flecha que lleva hacia lo SINUOSO o si siguen aquella que la protege de un ACECHO.
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Isabel, junto a más del mil hombres y algunas mujeres, parte de Sanlúcar de Barrameda para realizar una sinuosa expedición hacia la fortuna. Desde la nave, mira los atardeceres con la esperanza de que la nueva tierra se vea pronto, pero esa tarde solo ve un cielo eléctrico cada vez más cercano. La violencia de la sacudida hace que su cuerpo ruede por la cubierta. Varias personas son proyectadas hacia el océano. Sin embargo, en un momento de claridad, ella sabe que ese día no morirá. Veinte años más tarde, escribirá una carta a una poderosa señora donde relatará esta y futuras penurias, y ese registro será lo único que sobreviva de ella.
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Despierto con el rugido de mi estómago, en una casa de barro y paja, lejos del lugar en el que nací y al que nunca volveré. Hoy será otro largo día de ver cómo cae y se vuelve a construir el muro que nos protege de los querandíes. Hace unos días, alguien se atrevió a decir lo que varios pensamos: que el muro tal vez los esté protegiendo a ellos de nosotros. Cómo podemos pensar que ellos son los salvajes cuando tienen qué comer todos los días, mientras nosotros nos alimentamos de ratas y suelas de zapatos. En la locura de su hambre, ese alguien carneó un caballo. Su castigo fue la muerte. Ayer por la noche, la misma desesperación hizo que varios hombre y mujeres comieran algunas partes de su cuerpo inanimado.
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Buenos Ayres ya queda a nuestras espaldas. ¿Qué pasará allí en el futuro? ¿Alguna vez alguien tomará la insana decisión de asentarse en un lugar que lo único que tiene para ofrecer es viento? En mi vejez, recordaré este continente como el lugar en el que aprendí las varias caras de lo salvaje: puede estar en lo brutal de una persona que come a otra para sobrevivir, pero también puede tomar la forma de una belleza delicada, como la de las flores blancas y rosadas que flotan sobre el río o como la de esta llovizna que refresca nuestros cansados cuerpos.
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Ruth, necesito que prestes mucha atención. En estas bolsas está tu ropa, la vas a repartir debajo del abrigo y saldrás con la señora Jablonski para su casa. Vas a vivir con ellos de ahora en más. Te está esperando abajo. Nadie te puede relacionar con el apellido Zoberman. No, no puedes seguir viviendo aquí. Ellos están al acecho, y en cualquier momento nos pueden llevar. No llores, no hay tiempo para eso. Hettie va a quedarse con nosotros, no pueden ir las dos con la señora Jablonski, eso levantaría muchas sospechas.
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Ruth Zoberman teje cerca de la ventana del primer piso, a pesar de que la señora Jablonski le dijo varias veces que no lo hiciera. Ruth cree que de este lado del Vístula está segura, como si el río fuera otra muralla. Ignora que un dedo la señala desde la calle y que esa acción transforma al tiempo en un fluido viscoso y un animal salvaje a la vez. Alguien golpea la puerta con fuerza, las agujas vuelan junto al gorro a medio tejer, un tren la lleva a Treblinka, la empujan a un espacio cerrado e inmundo junto a una muchedumbre, su cabeza choca con la de una mujer que tiene los ojos muy abiertos.
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NITARA PANDEY toma una pastilla para el dolor de cabeza. Enciende el transmisor holográfico. Se proyecta la imagen del ENTREVISTADOR. El ENTREVISTADOR la saluda secamente. NITARA PANDEY responde el saludo. ENTREVISTADOR: Usted era la principal defensora del movimiento de permanencia en la Tierra. ¿Qué le hizo renunciar al movimiento? NITARA PANDEY: Recibí un llamado de la Administración Global para formar parte del grupo de sostenibilidad marciana. Me motivó el compromiso que mostraron para manejar a los elementos de la nueva naturaleza de otra manera. Sería una forma de empezar de cero con... ENTREVISTADOR: Entonces, ¿la muerte de su marido no pesó en la decisión? NITARA PANDEY apaga el proyector holográfico y da por finalizada la entrevista.
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