siembra
La esperanza, fruto de la conversión en esta cuaresma
Demos juntos este paso de sembrar nuestra semilla, tomémonos el tiempo de asegurar cada acción y mantengámonos firmes en nuestro compromiso.
Angélica Moreno López - Directora de Pastoral
(Da clic sobre los puntos verdes para ver el contenido)
Elección método de siembra
Definición del marco de plantación
Riego inicial
Profundidad de la siembra:
recurso pastoral
Lo que hace el sembrador
Lo que debemos hacer nosotros
Consejo
Estamos invitados a ver nuestra siembra desde una perspectiva más amplia, pues todos los que hemos decidido hacer este ejercicio pertenecemos a una comunidad. No estamos solos en esta tarea. Por tanto, debemos cuidar que cada quien tenga su espacio para germinar, que no nos hagamos sombra los unos a los otros, que cada uno pueda recibir la luz de la gracia para crecer, que podamos ser oportunidad para que otros conozcan a Dios, para que sientan la necesidad de recibir ese amor que es plenitud. Si logramos comprender que la salvación es un camino que recorremos juntos seremos capaces de cuidarnos entre nosotros, de hacer una corrección fraterna que nos permita alejarnos del pecado y llevar una vida en la que el amor sea el mejor el protector.
Es uno de los pasos importantes a la hora de sembrar, porque debe dársele la separación suficiente a cada planta, teniendo en cuenta su respectivo tamaño. De esto dependerá que el cultivo tenga una correcta iluminación, aproveche los nutrientes y se proteja de la propagación de enfermedades y plagas.
- En este sentido, será muy útil compartir este ejercicio con más personas para que estemos en una sintonía similar, que nos permita trabajar en conjunto haciendo que cada uno de nosotros analice su interior, pero a la vez se ocupe de animar y contagiar a quien está a su lado.
Ver cita bíblica
Lo que hace el sembrador
Consejo
Lo que debemos hacer nosotros
- Aquí es importante, por ejemplo, que si nuestro corazón tiende al pesimismo, busquemos arroparlo con lecturas positivas, con noticias que evidencien la bondad, con amigos que nos contagien de alegría e ilusión.
- Una vez nos sintamos listos para llevar nuestra plántula al terreno, asegúremonos de realizar esta tarea con cuidado para no estropear lo que se ha logrado. Pidamos la ayuda de un amigo cercano y la del Espíritu Santo, para estar alerta ante cualquier asomo de negatividad, de desconfianza, que debilite esa germinación.
Si hemos hecho un análisis concienzudo sobre el estado de nuestro corazón podemos determinar con claridad cuál es el método de siembra que más nos conviene. Si nos dimos cuenta de que tendemos al pesimismo, que nuestras heridas aún se encuentran abiertas o que no le encontramos sentido a lo que hacemos, el método más provechoso será el indirecto, pues nuestra semilla de la esperanza puede requerir mayores cuidados.
Bajo esta perspectiva, nuestro invernadero puede ser la asesoría espiritual, la terapia psicológica, la oración continua, un retiro o la eucaristía diaria. Se trata de buscar la ayuda más pertinente de acuerdo con la fragilidad que tenga nuestro corazón, para disponer de las herramientas más útiles que ayuden a que la semilla sembrada esté protegida, pero no aislada de la realidad.
El sembrador escogerá entre dos posibles métodos de siembra, según el tipo de cultivo, el clima de la zona, las condiciones del suelo y la disponibilidad del agua. Tengamos en cuenta este detalle, porque todo el análisis previo será clave a la hora de elegir el método.
Directo
Indirecto
Ver cita bíblica
Lo que debemos hacer nosotros
Lo que hace el sembrador
Consejo
- Haz del Espíritu Santo tu mejor compañía, cada día conságrate a Él para que los dones que recibiste en el bautismo rieguen esa semilla de la esperanza: el conocimiento, la fortaleza, la sabiduría, el consejo, el entendimiento, la piedad y el temor de Dios guiarán tus decisiones, tu forma de ser, de actuar y de ver la vida.
Es un paso vital para un cultivo exitoso, porque provee la humedad suficiente y adecuada para favorecer la germinación. Si desde el inicio se asegura un ambiente apropiado se establecen bases sólidas para un cultivo fructífero en el futuro. Para ello, se debe conocer bien la permeabilidad del suelo, de tal manera que la frecuencia del riego se adapte según las necesidades propias. El sembrador puede tener la mejor intención al sembrar, pero sin agua las semillas no germinan y las plantas no pueden crecer adecuadamente.
Lo que empieza bien, termina bien. Por ende, es nuestra misión proveerle al corazón todo lo que necesita para que germine la esperanza. La gracia de Dios, que podemos equipararla al agua, es la que se encargará de hacer crecer nuestro cultivo y que dé fruto en abundancia. Necesitamos de la ayuda de Dios, solos será más difícil, mientras que si dejamos que Él se encargue de regar la tierra donde sembraremos, la llenaremos de lo necesario. Él a diferencia nuestra, sabrá con exactitud qué tanta agua requiere y con qué frecuencia, eliminará los excesos que puedan ahogar la raíz y alertará cuando el cultivo se esté secando.
Ver cita bíblica
Lo que debemos hacer nosotros
Lo que hace el sembrador
Consejo
Este paso de la siembra es la oportunidad perfecta para tomar conciencia de Dios como ese sembrador que nos conoce a profundidad y que si bien, nos ha hecho a imagen y semejanza suya, nos ha permitido ser a cada uno de nosotros únicos e irrepetibles. Nos ha dado la vida y nos ha puesto con cuidado en un terreno en el que dispone nuestro alimento diario para el cuerpo y el alma y en el que cada quien tiene la posibilidad y la libertad de crecer. Somos nosotros los que tomamos la decisión de decirle sí a su invitación de dar fruto. Él espera paciente por nosotros y en el entretanto, mantiene viva la semilla.
Así las cosas, la profunidad adecuada para la siembra vendrá determinada por el conocimiento que Dios tiene de nosotros y a la vez, por la disposición que haya en nuestro corazón, para que esa semilla se asiente lo suficiente y produzca una raíz fuerte que sea capaz de darle vida a la planta.
Nuevamente dependerá del tamaño de la semilla, del tipo de suelo, de la probabilidad de lluvias al momento de sembrar y la densidad de las plantas por hectárea. Es fundamental, que la profundidad sea uniforme, porque de lo contrario, puede provocar una especie de competencia entre las plantas al no desarrollarse en las mismas condiciones. La planta que crece por encima de las otras recibe más luz solar y mejores nutrientes, lo que al final puede provocar la muerte de una parte del cultivo.
- Si sientes que tú relación con Dios no es lo suficientemente íntima y abierta a Él, acércate a la confesión y visita al Santísimo cada vez que puedas. Con seguridad desarrollarás la hondura requerida para una conexión estable y verdadera.
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Tercer paso - Siembra
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Created on March 23, 2025
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siembra
La esperanza, fruto de la conversión en esta cuaresma
Demos juntos este paso de sembrar nuestra semilla, tomémonos el tiempo de asegurar cada acción y mantengámonos firmes en nuestro compromiso.
Angélica Moreno López - Directora de Pastoral
(Da clic sobre los puntos verdes para ver el contenido)
Elección método de siembra
Definición del marco de plantación
Riego inicial
Profundidad de la siembra:
recurso pastoral
Lo que hace el sembrador
Lo que debemos hacer nosotros
Consejo
Estamos invitados a ver nuestra siembra desde una perspectiva más amplia, pues todos los que hemos decidido hacer este ejercicio pertenecemos a una comunidad. No estamos solos en esta tarea. Por tanto, debemos cuidar que cada quien tenga su espacio para germinar, que no nos hagamos sombra los unos a los otros, que cada uno pueda recibir la luz de la gracia para crecer, que podamos ser oportunidad para que otros conozcan a Dios, para que sientan la necesidad de recibir ese amor que es plenitud. Si logramos comprender que la salvación es un camino que recorremos juntos seremos capaces de cuidarnos entre nosotros, de hacer una corrección fraterna que nos permita alejarnos del pecado y llevar una vida en la que el amor sea el mejor el protector.
Es uno de los pasos importantes a la hora de sembrar, porque debe dársele la separación suficiente a cada planta, teniendo en cuenta su respectivo tamaño. De esto dependerá que el cultivo tenga una correcta iluminación, aproveche los nutrientes y se proteja de la propagación de enfermedades y plagas.
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Lo que hace el sembrador
Consejo
Lo que debemos hacer nosotros
Si hemos hecho un análisis concienzudo sobre el estado de nuestro corazón podemos determinar con claridad cuál es el método de siembra que más nos conviene. Si nos dimos cuenta de que tendemos al pesimismo, que nuestras heridas aún se encuentran abiertas o que no le encontramos sentido a lo que hacemos, el método más provechoso será el indirecto, pues nuestra semilla de la esperanza puede requerir mayores cuidados. Bajo esta perspectiva, nuestro invernadero puede ser la asesoría espiritual, la terapia psicológica, la oración continua, un retiro o la eucaristía diaria. Se trata de buscar la ayuda más pertinente de acuerdo con la fragilidad que tenga nuestro corazón, para disponer de las herramientas más útiles que ayuden a que la semilla sembrada esté protegida, pero no aislada de la realidad.
El sembrador escogerá entre dos posibles métodos de siembra, según el tipo de cultivo, el clima de la zona, las condiciones del suelo y la disponibilidad del agua. Tengamos en cuenta este detalle, porque todo el análisis previo será clave a la hora de elegir el método.
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Lo que debemos hacer nosotros
Lo que hace el sembrador
Consejo
Es un paso vital para un cultivo exitoso, porque provee la humedad suficiente y adecuada para favorecer la germinación. Si desde el inicio se asegura un ambiente apropiado se establecen bases sólidas para un cultivo fructífero en el futuro. Para ello, se debe conocer bien la permeabilidad del suelo, de tal manera que la frecuencia del riego se adapte según las necesidades propias. El sembrador puede tener la mejor intención al sembrar, pero sin agua las semillas no germinan y las plantas no pueden crecer adecuadamente.
Lo que empieza bien, termina bien. Por ende, es nuestra misión proveerle al corazón todo lo que necesita para que germine la esperanza. La gracia de Dios, que podemos equipararla al agua, es la que se encargará de hacer crecer nuestro cultivo y que dé fruto en abundancia. Necesitamos de la ayuda de Dios, solos será más difícil, mientras que si dejamos que Él se encargue de regar la tierra donde sembraremos, la llenaremos de lo necesario. Él a diferencia nuestra, sabrá con exactitud qué tanta agua requiere y con qué frecuencia, eliminará los excesos que puedan ahogar la raíz y alertará cuando el cultivo se esté secando.
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Lo que debemos hacer nosotros
Lo que hace el sembrador
Consejo
Este paso de la siembra es la oportunidad perfecta para tomar conciencia de Dios como ese sembrador que nos conoce a profundidad y que si bien, nos ha hecho a imagen y semejanza suya, nos ha permitido ser a cada uno de nosotros únicos e irrepetibles. Nos ha dado la vida y nos ha puesto con cuidado en un terreno en el que dispone nuestro alimento diario para el cuerpo y el alma y en el que cada quien tiene la posibilidad y la libertad de crecer. Somos nosotros los que tomamos la decisión de decirle sí a su invitación de dar fruto. Él espera paciente por nosotros y en el entretanto, mantiene viva la semilla. Así las cosas, la profunidad adecuada para la siembra vendrá determinada por el conocimiento que Dios tiene de nosotros y a la vez, por la disposición que haya en nuestro corazón, para que esa semilla se asiente lo suficiente y produzca una raíz fuerte que sea capaz de darle vida a la planta.
Nuevamente dependerá del tamaño de la semilla, del tipo de suelo, de la probabilidad de lluvias al momento de sembrar y la densidad de las plantas por hectárea. Es fundamental, que la profundidad sea uniforme, porque de lo contrario, puede provocar una especie de competencia entre las plantas al no desarrollarse en las mismas condiciones. La planta que crece por encima de las otras recibe más luz solar y mejores nutrientes, lo que al final puede provocar la muerte de una parte del cultivo.
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