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La novela española de las tres décadas posteriores a la Guerra Civil:

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Transcript

1940-1980

La novela española

novela

en las tres décadas posteriores a la guerra civil

Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Luis Martín Santos

Índice

1. la narrativa española de posguerra

2. La novela del Realismo Social

3. La renovación de la novela española entre 1960 y 1975

índice

4. Grandes novelistas españoles de las tres décadas posteriores a la Guerra Civil

4.1. miguel delibes

4.2. camilo josé cela

4.3. carmen laforet

4.2. Luis martín santos

la narrativa

ESPAÑOLA DE POSGUERRA

1940

Tras la Guerra Civil, varios novelistas importantes se exiliaron, aunque sus obras tardaron en conocerse en España y solo las de algunos, como Ramón J. Sender y Francisco Ayala, lograron una verdadera difusión.

+ Info

En España, la censura impide la continuidad con la tradición literaria reciente, generando diversas respuestas:

1940

Realismo

influido por Baroja

Visión triunfalista

desde la perspectiva de los vencedores

Otros enfoques

humorísticos, poéticos, psicológicos o simbólicos.

En los años 40, la novela española recibe un nuevo impulso con La familia de Pascual Duarte (1942) de Cela y Nada (1945) de Carmen Laforet. Ambas rompen con el tono triunfalista de la época y abordan la existencia desde una perspectiva sombría.

1940

La familia de Pascual Duarte (1942)

Nada (1945)

La sombra del ciprés es alargada (1948)

La novela de posguerra refleja de manera amarga la vida cotidiana desde un enfoque existencial.

1940

Temas

La muerte

La soledad

La frustración

Personajes

Expresan un malestar íntimo, aún sin llegar a la denuncia social.

Marginales

Angustiados

1950

LA NOVELA DEL

REALISMO SOCIAL

La novela social predominó entre 1951 y 1962, con La colmena (Cela) como obra pionera, al retratar la miseria del Madrid de posguerra. En esta corriente destacan también El camino (1950) y Mi idolatrado hijo Sisí (1953) de Delibes.

A partir de 1954, surge la Generación del Medio Siglo, con autores como,,

1950

quienes expresan su desacuerdo con la sociedad y se solidarizan con los oprimidos, adoptando una postura de denuncia.

Dentro del realismo dominante, hay dos enfoques:

1950

Objetivismo

Narración impersonal y descriptiva, sin intervención del autor.

Realismo crítico

Testimonio con intención de denuncia social.

Un ejemplo representativo es Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos. En esta obra, se emplea una narración descriptiva, impersonal y sin juicios directos del autor, dejando que los hechos y los diálogos hablen por sí mismos.

1950

La habitación tenía las paredes sucias, con desconchones de humedad en las esquinas. En la mesa, junto a una botella medio vacía de coñac barato, un cenicero rebosante de colillas. Pedro miró por la ventana: la calle seguía vacía a esa hora. Encendió otro cigarrillo y volvió a pensar en lo que le había dicho Matías, pero no respondió. La radio sonaba en la otra habitación con una canción de moda. Se oyeron pasos en el pasillo y alguien cerró una puerta con un golpe seco.

Descripción detallada

y neutra del entorno sin valoraciones subjetivas.

Narrador impersonal

que no interpreta los pensamientos del personaje.

Atmósfera captada a través de detalles

(colillas, radio, humedad), en lugar de explicaciones.

Diálogo indirecto

sin que el narrador intervenga con interpretaciones.

Un ejemplo representativo del realismo crítico es Los bravos (1954) de Jesús Fernández Santos, una novela que denuncia las condiciones de vida de los campesinos en la posguerra española.

1950

El alcalde miró a la gente. Todos estaban allí, callados, con la cabeza gacha, esperando que hablara.Eran hombres oscuros, curtidos por el sol, con las camisas descoloridas y los pies llenos de polvo. Unos tenían las manos cruzadas sobre el pecho, otros las escondían en los bolsillos. Un perro famélico pasó entre ellos olisqueando el suelo. El alcalde carraspeó y dijo: ‘Ha muerto un hombre en el río.’ Nadie levantó la vista.

Narrador que juzga y denuncia

y no se limita a mostrar.

Descripción detallada

con intención crítica

Lenguaje sobrio

directo, sin adornos retóricos

Diálogos y escenas

que reflejan desigualdad e injusticia social

No siempre es fácil diferenciar ambas corrientes. El Jarama (1956) de Sánchez Ferlosio representa el realismo social, narrando un domingo de jóvenes trabajadores con un final trágico. En cambio, las novelas de Juan Goytisolo encajan en una propuesta más innovadora. Por otro lado, autores como Ana María Matute desarrollan un realismo lírico, combinando realidad y emotividad.

1950

Un ejemplo de realismo lírico en la literatura española de posguerra es el siguiente fragmento de Primera memoria (1959) de Ana María Matute:

1950

Aquel verano fue largo, ardiente y vacío. El sol parecía detenido en el cielo, y las olas rompían con el mismo sonido monótono contra las rocas. A veces, creía oír una voz en la brisa, pero solo era el rumor del mar, que susurraba secretos inalcanzables. Yo paseaba sola por la orilla, sintiendo la arena caliente bajo los pies, con la certeza de que la infancia se deslizaba, como la espuma, entre mis dedos.

Tono evocador y nostálgico

Uso de imágenes sensoriales

Reflexión sobre la infancia y el paso del tiempo

Prosa poética y rica en metáforas

La sociedad

1950

pasa a ser el centro del relato

mostrando distintas realidades:

La dureza del campoLos bravos, (1954)

El mundo laboral Gran Sol (1957)

La vida urbana La colmena (1951)

Una actitud solidaria

con las víctimas de la injusticia.

Otros autores retratan la vida burguesa (Juegos de manos, 1954, de Juan Goytisolo) o evocan la Guerra Civil (Duelo en el Paraíso, 1955, también de Juan Goytisolo, o Primera memoria (1959), de Ana Mª Matute).

1950

El Realismo Social ha sido criticado por supeditar la técnica al contenido, pero muchas de sus obras han perdurado. Sus principales características formales son:

Estructura sencilla y lineal

con descripciones breves que crean ambiente.

Concentración temporal y espacial

características

a menudo limitando la acción a un solo día.

Personaje colectivo predominante

aunque pueden aparecer individuos representativos de clases sociales.

Narración objetiva e impersonal

con influencia del cine, donde el autor evita comentarios directos.

Uso del diálogo fiel al habla popular

características

reflejando distintos estratos sociales.

Estilo directo y sobrio

similar al de las crónicas.

1950

Aunque el Realismo Social dominó en los años 50, algunos autores se alejaron de esta tendencia. Un ejemplo es Gonzalo Torrente Ballester, cuya trilogía Los gozos y las sombras (1957-1962) anticipa los cambios estilísticos de la década siguiente.

LA RENOVACIÓN DE LA NOVELA

1960

ENTRE 1960 Y 1975

A partir de 1960, el Realismo Social comienza a agotarse y sus propios representantes, como Juan Goytisolo, critican su simplicidad y reclaman una renovación formal. La novela española se enriquece con influencias extranjeras (Proust, Joyce, Kafka, Faulkner, nouveau roman) y estudios formalistas, lo que impulsa una narrativa más compleja y experimental, conectando con la vanguardia de los años 20-30.

Tiempo de silencio (1962)

de Martín Santos

1960

marca el inicio de esta etapa, seguida por obras clave como

1962
1963
1960
1964
1966
1967

Tiempo de silencio

Cinco horas con Mario

Últimas tardes con Teresa

1968
1969
1972

Volverás a Región

1973

La saga/fuga de J.B.

San Camilo 1936

Sus autores pertenecen a distintas generaciones: los surgidos en los años 40 (Cela, Delibes, Torrente), los del medio siglo (Goytisolo, Benet, Marsé) y otros más jóvenes que se consolidarán en los años 70.

1960

La narrativa de los años 60

Los intelectuales,

desencantados,

refleja la sociedad del desarrollismo:

exploran su conciencia y el nuevo mundo que emerge. Además, todas las novelas de esta década comparten una renovación técnica, aunque con distintos enfoques.

el aumento del nivel de vida, la industrialización, la conflictividad social y la llegada del turismo y la emigración.

La trama

pierde relevancia

y la acción es mínima, combinando lo real con lo fantástico.

El protagonismo

recae en un único personaje

pero este no es completamente definido, sino que a menudo actúa como canal de las inquietudes del autor o como narrador subjetivo. Los personajes secundarios se reducen .

características

El espacio

se vuelve impreciso.

La narración

evita la linealidad,

recurriendo constantemente a saltos temporales que convierten el tiempo en un elemento clave, dando al texto una estructura fragmentada que el lector debe reconstruir.

Ruptura de la estructura

de planteamiento, nudo y desenlace

dejando este último abierto para que el lector lo interprete.

Punto de vista y narrador

recae en un único personaje

Varían, alternando entre objetivismo, omnisciencia y narraciones en primera, segunda o tercera persona, incluso combinándolas. Además, el autor interviene directamente con comentarios y digresiones, creando una visión múltiple de la realidad.

características

Antinovela

A menudo, la obra reflexiona sobre su propio proceso de escritura, convirtiéndose en metaliteratura.

Innovación

en el lenguaje y estilo

Léxico variado, alteraciones sintácticas, juegos tipográficos, eliminación de signos de puntuación o capítulos, y empleo del monólogo interior o la corriente de conciencia. La intertextualidad es frecuente, integrando otros textos sin aviso previo. En suma, la novela experimental exige un lector activo y con formación para interpretar su complejidad.

A partir de 1975, se busca corregir los excesos de la novela de los sesenta, que había generado cansancio en críticos y autores. Para ello, se recuperan elementos de la narrativa clásica, como el interés por la trama, a través de diversas estrategias.

1970

GRANDES NOVELISTAS

ESPAÑOLES DE LAS TRES DÉCADAS POSTERIORES A LA GUERRA CIVIL

A pesar de las dificultades de la época (1940-1975), la novela española logró destacar con obras y autores de gran calidad

Miguel Delibes

Camilo José Cela

novelistas

Carmen Laforet

Luis Martín Santos

Miguel Delibes

(1920-2010)

Fue un destacado narrador reconocido con premios como el Nadal (1947) y el Cervantes (1993). Miembro de la RAE desde 1975, además de novelista, destacó en el periodismo, la literatura de viajes y el ensayo, reflejando su amor por la naturaleza.

Delibes

ETAPAS

TEMAS

ETAPAS

Primera etapa (de 1947 a los años 60)

ejemplo

Delibes

Segunda etapa (desde 1966 hasta comienzos de los 70)

ejemplo

Tercera etapa (de los 70 hasta el final de su carrera)

En La sombra del ciprés es alargada, Miguel Delibes desarrolla una visión profundamente existencialista a través de su protagonista, Pedro, quien crece en un ambiente marcado por la muerte y la pérdida.

Desde que empecé a tener uso de razón me acostumbré a la idea de la muerte como algo natural, y no sólo natural, sino incluso necesario. Aprendí a desconfiar del cariño, porque sabía que, tarde o temprano, había de acabar. Todo cuanto me rodeaba estaba destinado a desvanecerse, y me parecía absurdo establecer lazos afectivos con personas o cosas que estaban condenadas a desaparecer.

Delibes

Angustia ante la muerte y la fugacidad de la vida

Soledad como refugio ante el sufrimiento

Ausencia de sentido en los lazos afectivos

En El camino de Miguel Delibes, el existencialismo se manifiesta a través de la reflexión sobre la muerte, la soledad y la incertidumbre del futuro. En este fragmento Daniel, "el Mochuelo", medita sobre su partida al internado y la imposición de un destino que no ha elegido:

Por eso, al pensar que en unas horas abandonaría para siempre el valle, la angustia le atenazaba el corazón y el miedo le paralizaba. Él no quería marcharse, él no deseaba ser un hombre importante. Prefería seguir siendo el Mochuelo y vivir en el pueblo con sus amigos, con Roque el Moñigo y Germán el Tiñoso, con el río, las vacas, los árboles y la brisa de la montaña.

Delibes

Angustia y miedo ante el futuro

Oposición entre destino impuesto y libertad

El sentido de la vida en lo cotidiano

En Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, la experimentación narrativa se manifiesta a través de técnicas como el monólogo interior, la fragmentación del discurso y el uso del estilo indirecto libre.

Porque te has muerto, Mario, y a mí nadie me va a hacer comulgar con ruedas de molino, que ya estoy cansada de ser la tonta de la película, y me tenías hasta la coronilla con tu hombre del siglo, y tus teorías, y tu justicia social, y tu hambre de los pobres, y tu caridad cristiana, porque lo tuyo no era caridad cristiana, Mario, lo tuyo era otra cosa, era dártelas de lo que no eras, que si hubieras sido sincero, hubieras empezado por casa, porque bien que me tenías a pan y agua con tus monsergas

Delibes

Monólogo interior

Fragmentación del discurso y sintaxis oral

Uso del estilo indirecto libre

TEMAS

Miguel Delibes criticó constantemente la deshumanización y la pérdida de valores en una sociedad centrada en el progreso. Estos aspectos marcaron los temas principales de sus novelas.

Delibes

La separación entre el hombre contemporáneo y la naturaleza

La hipocresía y la falta de solidaridad de la clase media

La denuncia de los abusos e injusticias de carácter social.

El mundo de la infancia

El autor destaca por crear personajes realistas y con gran profundidad psicológica. Además, su dominio del castellano, especialmente en el uso de arcaísmos, le permite adaptar el lenguaje a cada personaje, logrando transmitir emociones con sencillez y eficacia.

Delibes

Camilo José Cela

(1916-2002)

Fue un escritor prolífico y diverso. Su obra incluye novelas, poesía, relatos cortos, ensayos y artículos periodísticos. Destacó en la literatura de viajes con Viaje a la Alcarria (1948) y otras obras similares. También escribió memorias (La cucaña) y realizó estudios lexicográficos como el Diccionario secreto (1968 y 1971). Además, fundó la revista Papeles de Son Armadans en 1956 y la editorial Alfaguara en 1964.

Cela

ETAPAS

Los comienzos

EL TREMENDISMO

La familia de Pascual Duarte (1942) fue la primera gran novela de la posguerra española. A través del relato en primera persona de un campesino extremeño condenado a muerte, la obra refleja el pesimismo existencial del autor y presenta una historia llena de violencia y fatalismo. Su estilo crudo y desgarrador dio origen al tremendismo en la literatura española.

Cela

En este fragmento de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela se ilustra el tremendismo., que se caracteriza por la crudeza y el pesimismo, mostrando una realidad dura, casi inhumana, con un enfoque en los aspectos más negativos de la existencia humana.

Mi padre fue el primero que me pegó. No tuvo reparo en darme, cuando era niño, una paliza, y yo no hice más que llorar; me pegaba de tal manera que parecía que no me iba a dejar nada de carne en los huesos.

Cela

Violencia explícita

Ambiente sombrío

Fatalismo

Nuevos experimentos narrativos

(1944-1955)

En estos años Cela experimentó con diversas formas narrativas. Pabellón de reposo (1944) es una novela introspectiva sobre enfermos en un sanatorio, mientras que Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo de Tormes reinterpreta la picaresca.Su obra más importante, La colmena (1951), inaugura el Realismo Social con una visión cruda de la España de posguerra. La novela presenta un protagonista colectivo con más de 300 personajes, estructurada en escenas breves que muestran la vida en el Madrid de 1943 mediante una técnica caleidoscópica. La reiteración de escenarios y la falta de futuro para los personajes refuerzan la sensación de miseria y desesperanza. Después, se aleja del realismo con Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953), una obra poética y onírica sobre la locura, y regresa a la realidad con La catira (1955), donde explora el español de América.

Cela

La colmena, de Camilo José Cela, es un claro ejemplo de novela que combina el realismo social y el experimentalismo narrativo.

La cafetería de la esquina estaba llena. Un hombre entró, se sentó a la mesa y pidió un café. Nadie lo saludó. El camarero le sirvió con desgana. En la mesa de al lado, un grupo de chicas reía sin motivo aparente. Los hombres los miraban sin interés, como si no estuvieran allí.

Cela

Retrato de la vida cotidiana en un contexto social deprimido

Deshumanización e indiferencia

Fragmentación de la narración

Ausencia de un protagonista central

Últimas novelas

(desde 1969 hasta el fin de su carrera)

Tras casi quince años, publica San Camilo 1936 (1969), un monólogo interior sin pausas ambientado en el Madrid del inicio de la Guerra Civil, donde predominan los aspectos más sórdidos de la realidad. Oficio de tinieblas 5 (1973) lleva el experimentalismo al extremo con más de mil fragmentos sin puntuación, que el autor describe como una “purga de su corazón”. Su estilo innovador sigue presente en Mazurca para dos muertos (1983), que retrata la Galicia rural en tiempos de la Guerra Civil con influencias de García Márquez. Cristo versus Arizona (1988) transcurre en un violento oeste americano. En 1994, gana el Premio Planeta con La cruz de San Andrés, y en su última novela, Madera de boj (1999), vuelve a Galicia, situando la acción en la Costa da Morte.

Cela

Carmen Laforet

(1921-2004)

Vivió una vida marcada por dificultades personales y por las barreras que enfrentaron las mujeres para desarrollar su vocación artística. A pesar de ello, alcanzó un rápido éxito, pero decidió retirarse, aunque continuó escribiendo. Fue una de las pocas escritoras destacadas en la España franquista, junto con Ana Mª Matute, Josefina Aldecoa y Carmen Martín Gaite.

Laforet

NADA (1944)

La primera novela de Carmen Laforet se considera esencial en la narrativa de posguerra y ganó el Premio Nadal en 1945.

Argumento

La historia sigue a Andrea, una joven que llega a Barcelona tras la guerra para comenzar sus estudios universitarios. Se aloja en la casa de su familia, donde descubre una realidad amarga y violenta a través de sus tíos y abuela. Aunque la autora negó que la obra fuera autobiográfica, la experiencia de Andrea es similar a la que vivió Laforet al trasladarse desde Canarias a Barcelona.

Laforet

Estilo

A través de la perspectiva de Andrea, la novela refleja el vacío de un país bajo dictadura y los conflictos internos de sus habitantes, mostrando el colapso moral y material de la pequeña burguesía de la posguerra. Laforet utiliza un narrador en primera persona y un estilo sobrio, lo que contribuye a la renovación del género novelístico.

Nada de Carmen Laforet es una obra que representa muy bien la novela de posguerra en España. La novela se centra en la protagonista, Andrea, quien vive en Barcelona en un entorno familiar marcado por la pobreza, el dolor y el desencanto tras la Guerra Civil.

Las paredes eran sucias, el suelo se hallaba cubierto de polvo, y la casa tenía un olor pesado de suciedad y abandono. A veces oía gritos y ruidos extraños, que se filtraban por las paredes, pero no me atrevía a preguntarme de qué se trataba, porque sentía un miedo opresivo de que aquella casa me engullera.

Laforet

Condiciones de vida precarias

Miedo y opresión

Incertidumbre y aislamiento

1952

1955

La isla y los demonios

La mujer nueva

Obra que le valió el Premio Nacional de Literatura en 1956.

Combina el paisaje de Gran Canaria con las pasiones humanas del protagonista. Antes de su tercera novela, escribe relatos cortos con un estilo y temática similares.

Laforet

1963

La insolación

Otras obras

Novela que critica la moral represiva de la época a través de la historia de un joven dominado por su padre y atraído por un entorno bohemio.

Además de Nada, la autora escribió numerosos cuentos, siete novelas cortas y relatos de viaje, además de colaborar en distintos medios.

Luis Martín Santos

(1924-1964)

Martín Santos

Dejó una obra breve pero influyente en la narrativa española. Su novela Tiempo de silencio (1962) marcó un hito, y tras su muerte se publicaron Apólogos (1970), una colección de cuentos, y fragmentos de Tiempo de destrucción (1975), donde sigue explorando el aislamiento cultural de España.

+ Info

TIEMPO DE SILENCIO (1962)

Marca el fin del Realismo Social y el inicio de una novela más innovadora en lo formal. Al mostrar la desconexión entre el intelectual y los marginados, pone en duda la efectividad de la literatura comprometida y su potencial transformador.

Argumento

Martín Santos

Aunque su argumento tiene rasgos folletinescos y policíacos, lo verdaderamente original es su enfoque. Ambientada en el Madrid contemporáneo, sigue a Pedro, un investigador involucrado en un caso de aborto que termina en muerte. Tras ser detenido y finalmente exonerado, su vida queda marcada por la tragedia, lo que le lleva a abandonar la capital y convertirse en médico rural.

Estilo

A través de la perspectiva de Andrea, la novela refleja el vacío de un país bajo dictadura y los conflictos internos de sus habitantes, mostrando el colapso moral y material de la pequeña burguesía de la posguerra. Laforet utiliza un narrador en primera persona y un estilo sobrio, lo que contribuye a la renovación del género novelístico.

En Tiempo de silencio de Martín Santos, la novela experimental se manifiesta a través de una estructura narrativa fragmentada, una sintaxis compleja, la interacción de diferentes voces narrativas y el cuestionamiento de la realidad a través del lenguaje.

No era el tiempo que pasaba, era la forma en que lo sentía, la duración de cada segundo que no era un segundo, sino un espacio infinito de angustia. No había nada que lo conectara, ni una idea, ni un recuerdo; solo el vaciamiento de la mente, el olvido profundo. La voz interior, que ya no era la suya, se retorcía, deformada, mientras su cuerpo se diluía en una espiral de movimientos sin sentido.

Martín Santos

Fragmentación del discurso

Ambigüedad y percepción subjetiva

Uso del lenguaje como vehículo de confusión y reflexión

Ruptura de la temporalidad lineal

Yo he tenido una vida tan dura, que no me extraña nada de lo que me ha sucedido. Así me ha tocado, y no hay más que hablar. Y si alguien me entiende, que bien, y si no, allá ellos. Yo no tengo nada que explicar ni que justificar. He matado, sí, pero ¿quién no lo haría? No me considero un hombre malo, aunque si me juzgan como tal, ¿qué puedo hacer? Pero no vayan ustedes a pensar que soy un monstruo. Ah, ¿y qué? Los que me condenan, ¿quiénes son? ¿Acaso son mejores que yo? Todo lo que me pasó no fue culpa mía, ni un solo gramo de mi culpa fue mío. Y sin embargo, ahí me tienen, en la cárcel, esperando la condena.

Cela, C. J., La familia de Pascual Duarte

En este fragmento, el narrador utiliza la primera persona de forma directa para contarnos su historia, pero al mismo tiempo, hay una sensación de objetivismo en cuanto a cómo se perciben sus propias acciones. Él se presenta como una víctima de las circunstancias, mientras que el autor interrumpe implícitamente la narrativa con ciertas reflexiones que cuestionan esta visión. Esta alternancia entre el punto de vista subjetivo de Pascual y los comentarios más amplios del autor crea una multiplicidad de perspectivas sobre los mismos hechos.

Se menciona la conversación sin mostrar las palabras exactas de Matías ni cómo se sintió Pedro, dejando todo en el aire y evitando la subjetividad.

Esta etapa abarca una variedad de géneros narrativos: la infancia en El príncipe destronado (1974), el formato epistolar en Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983), el mundo rural en Los santos inocentes (1981) y la novela histórica en El hereje (1998).

La imagen del perro hambriento refuerza la pobreza extrema del pueblo.

El narrador no explica lo que siente Pedro, solo lo muestra a través de sus acciones. En lugar de decir "Pedro se sentía solo" o "Pedro estaba preocupado", se limita a narrar su mirada y la calle vacía, sugiriendo su estado de ánimo sin afirmarlo directamente.

Pedro se detuvo un instante frente a la ventana, mirando el reflejo de la luz que se deslizaba perezosamente sobre el tejado del edificio opuesto. No sentía nada, ni frío ni calor, solo una leve sensación de vacío, como si todo lo que le rodeaba no tuviera sentido. A veces se preguntaba si estaba haciendo bien en seguir aquí, en este lugar, en este momento, pero esa duda se desvanecía enseguida, como una niebla que se disuelve con el viento. La gente pasaba por la calle, entraba y salía de las tiendas, pero Pedro no veía más que figuras difusas, sombras que se cruzaban sin dejar huella. No sabía si el mundo que veía era real o simplemente el reflejo de una vida que nunca había sido suya. Sin embargo, no podía alejarse de todo eso, no podía dejar de estar allí, observando, atrapado entre la rutina y el vacío.

Cela, C. J., La colmena

En este fragmento, Pedro, como protagonista, se presenta como un individuo sumido en la duda y la confusión, un canal a través del cual se reflejan las inquietudes existenciales que Cela estaba plasmando sobre la sociedad de su tiempo. La acción es mínima, casi inexistente, y el enfoque se pone en los pensamientos fragmentados de Pedro, que no logran encontrar resolución. La obra de Cela se caracteriza por ese estilo introspectivo y de observación subjetiva, donde el protagonista parece reflejar las inquietudes del autor, mientras que los demás personajes secundarios son apenas mencionados o reducidos a sombras que no impactan el desarrollo de la historia.

Esta obra es parte de la trilogía Tres pasos fuera del tiempo, que inicialmente tenía un plan definido pero que el autor tardó una década en retomar y reformular. En 2004, de manera póstuma, se publicó Al volver la esquina, donde los personajes de la primera novela reaparecen como adultos en Madrid. La obra muestra una mayor madurez narrativa, empleando múltiples voces, monólogo interior y diversos subgéneros como la novela negra y la de enredo.

La descripción resalta la dureza de sus vidas. No es neutra como en el objetivismo, sino que transmite miseria y sufrimiento.

Boom hispanoamericano

Paralelamente, el boom hispanoamericano (con obras como La ciudad y los perros (1962) de Vargas LLosa, Rayuela (1963) de Julio Cortázar y Cien años de soledad (1967)) de García Márquez) refuerza esta transformación, integrando la novela española en las tendencias narrativas contemporáneas.

El autor adopta una narrativa experimental, dando prioridad a la psicología de los personajes, la crítica social y política, y nuevas técnicas narrativas, con menor atención a la trama. Destaca Cinco horas con Mario (1966), una de sus obras más exitosas. Presenta un velatorio donde Carmen, la viuda de Mario, reflexiona en un monólogo sobre su vida juntos. A través de este contraste entre una España conservadora (Carmen) y una progresista (Mario), el autor plantea la necesidad de reconciliación nacional.

Me despierto en medio de un sueño sin forma, como si hubiera caído desde un precipicio y me hubiera quedado suspendido en el aire. O tal vez no, tal vez nunca desperté, tal vez esto ya sea otra parte del sueño, una parte que me sigue persiguiendo. El rostro de la mujer se cruza conmigo, pero no es ella la que veo ahora, es una cara distinta, y, sin embargo, sé que es la misma, porque la conozco, aunque no sé cómo, aunque no la he visto nunca antes. Y es extraño, porque ahora, cuando pienso en ella, todo se desdibuja y el pasado parece reciente, casi inmediato, y la ciudad, que antes me era tan familiar, ahora es una extraña que me observa sin entenderme.

Martín Santos, L., Tiempo de silencio

En este fragmento, se produce un salto temporal en el que el protagonista no sabe si está despierto o dormido, si lo que recuerda es del pasado o si pertenece al presente. Los recuerdos se mezclan con las sensaciones del momento, creando una sensación de confusión temporal. El tiempo se convierte en algo que no sigue una secuencia lógica, sino que se diluye, y el lector tiene que reconstruir la historia a partir de estos fragmentos dispersos. La técnica de Martín-Santos hace que el tiempo no sea solo un elemento narrativo, sino una experiencia fragmentada y psicológica que refleja la complejidad de la conciencia del protagonista y, por extensión, la del individuo en la sociedad de la posguerra española.

Se caracteriza por relatos tradicionales que exploran al ser humano y su entorno. La sombra del ciprés es alargada (1947) representa la novela existencial, mientras que El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisí (1953) y Las ratas (1961) pertenecen a la narrativa social.

La ciudad, vacía a medianoche, parece un animal inerte, atrapado en la red de sus propias sombras. En las esquinas, los faroles titilan como estrellas cansadas, se apagan y se encienden, pero no importa. Los sonidos del viento rozando las paredes son lo único que queda, un murmullo que atraviesa la conciencia sin dejar huella. No sé si todo esto sucede realmente. De repente, veo al hombre, o tal vez no lo veo. Algo se mueve entre las sombras, pero ya no tiene forma, no hay rostro. Se ha transformado en un eco de sí mismo, un ser de la misma materia que el aire.

Goytisolo, J., Señas de identidad

En este fragmento, la trama de la novela pierde relevancia al centrarse más en las sensaciones del protagonista, sus percepciones fragmentadas y distorsionadas de la realidad. La acción se reduce a una mínima interacción con el entorno, mientras que el tono fantástico o surrealista se cuela cuando el hombre se convierte en una "sombra" o un "eco de sí mismo", diluyendo las fronteras entre lo real y lo irreal. La narrativa se enfoca en lo subjetivo y lo ambiguo, una característica común en las novelas de los años 60 en España, que a menudo cuestionaban la representación de la realidad.

Persistencia del tema de la guerra

Es su rasgo más característico, como se refleja en obras como Réquiem por un campesino español (1953) de Sender, Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962) de Ayala, dentro del género de la novela de dictador. También destacan Memorias de Leticia Valle (1946) y La sinrazón (1960) de Rosa Chacel, que abordan esta temática.

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La casa no está vacía. A pesar de que Mario ya no está aquí, siento su presencia en cada rincón. La cocina, con el reloj parado, sigue siendo la misma, pero ya no es la misma. Los muebles parecen haber cambiado de lugar, como si todo lo que tocaba Mario hubiera dejado de ser lo que era. El pasillo, que me parecía largo y estrecho cuando él vivía, ahora me parece un lugar extraño, como si nunca hubiera sido mío. No sé si es la casa la que ha cambiado, o soy yo quien la veo distinta, pero lo cierto es que todo se desdibuja cuando intento concentrarme. Ya no puedo ver los detalles con claridad. Todo se mezcla, el ayer y el hoy, las sombras y la luz. Incluso las habitaciones han dejado de tener fronteras claras. Ya no puedo decir qué es real y qué es parte de mi memoria.

Delibes, M., Cinco horas con Mario

En este fragmento, Carmen no solo está atrapada en su propio proceso de duelo, sino que también el espacio físico de la casa se vuelve algo nebuloso y ambiguo, dependiendo de su estado emocional y sus recuerdos. Las habitaciones, que deberían ser espacios fijos, pierden su definición y se convierten en parte del paisaje interior de Carmen. Este tipo de tratamiento del espacio es característico de muchas novelas de los años 60, donde los límites entre lo real y lo subjetivo se difuminan.

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Se describe el escenario sin opiniones ni interpretaciones del narrador, simplemente mostrando lo que hay.El narrador no dice que la habitación es deprimente, sino que muestra sus detalles, dejando que el lector lo deduzca.

No se dice que la escena es desoladora o triste, pero se sugiere mediante elementos visuales y sonoros. La radio y los pasos añaden sensación de soledad e inquietud, pero sin que el narrador lo diga explícitamente.

Frases cortas y contundentes. La muerte se presenta con crudeza, sin dramatismos innecesarios.

¿Sabes, Mario, que ahora me estoy dando cuenta de que nunca te he conocido? A veces pienso que si yo hubiese sido como tú querías, otro hubiera sido nuestro destino. Me hacías sentir culpable por no comprenderte, por no seguirte en tus ideas. Y ahora me doy cuenta de que todo era una farsa. Tú no tenías ideas, Mario, simplemente tenías prejuicios. Tú no eras un hombre culto, un hombre que pensara por sí mismo. Eras un hombre que había decidido un camino y no estaba dispuesto a desviarse. Ahora, después de todo, me doy cuenta de que no era yo la que estaba equivocada, sino tú.

Delibes, M., Cinco horas con Mario

En este fragmento, la trama de la novela pierde relevancia al centrarse más en las sensaciones del protagonista, sus percepciones fragmentadas y distorsionadas de la realidad. La acción se reduce a una mínima interacción con el entorno, mientras que el tono fantástico o surrealista se cuela cuando el hombre se convierte en una "sombra" o un "eco de sí mismo", diluyendo las fronteras entre lo real y lo irreal. La narrativa se enfoca en lo subjetivo y lo ambiguo, una característica común en las novelas de los años 60 en España, que a menudo cuestionaban la representación de la realidad.

Muestra sumisión y resignación. El pueblo espera las palabras del alcalde sin cuestionar nada.

Así es como podría empezar esta historia, si de verdad fuera una historia. Pero ¿qué es una historia? ¿Un conjunto de hechos hilados con la finura suficiente para que el lector crea en ellos? O, más bien, ¿una red de palabras que atrapan la atención, sin importar demasiado si lo que cuentan ocurrió o no? La literatura es una trampa, y nosotros, escritores y lectores, caemos en ella con cada página que pasamos. Si esta narración tiene un sentido, acaso no sea otro que el de demostrar su propio artificio. Todo relato es mentira, aunque en su mentira encontremos a veces la verdad.

Martín Santos, L., Tiempo de silencio

La obra cuestiona la narrativa tradicional y reflexiona sobre su propio proceso de escritura

el encuadre desplazado los edificios que un leve viraje de la cámara convierte en siluetas y en sombras el rumor de los pies en la grava de la avenida una voz pregunta ¿dónde estabas? abajo en la calle junto al muro las acacias despobladas los árboles fosforescentes de los bulevares las luces de neón reflejadas en los charcos el hálito caliente de los cines la bruma de las bocas del metro parís era un burdel abierto los escaparates los anuncios las palabras los nombres obscenos el otoño minaba los pulmones las piernas el olor a castañas y orines se mezclaba en las aceras sucias el aire frío mordía los huesos se filtraba entre los resquicios de la ropa la angostura de las callejuelas los bultos en los portales los mendigos envueltos en cartones el cruce de calles los faros los cláxones la sirena de la policía

Goytisolo, J., Señas de identidad

Esta obra rompe con la estructura tradicional mediante la fragmentación del discurso y un ritmo frenético y desorientador que exige un lector atento para reconstruir la narración. Además, la falta de puntuación y la yuxtaposición de imágenes crean un efecto inmersivo, propio de la corriente del fluir de conciencia.

Se observa una desconfianza hacia las relaciones humanas como mecanismo de autoprotección. Pedro asume que la vida es esencialmente trágica y que cualquier lazo afectivo solo traerá sufrimiento. La soledad, en este contexto, no es una elección, sino una consecuencia inevitable de su concepción de la vida.

Aquí se refleja una de las preocupaciones centrales del existencialismo: la muerte como destino inevitable. El protagonista no solo acepta la muerte, sino que la considera necesaria, lo que sugiere una visión determinista y fatalista de la existencia.

Muestra una perspectiva existencialista sobre la falta de sentido en las relaciones humanas. Pedro ve el apego como algo absurdo, ya que todo está destinado a desaparecer.

Para los existencialistas, el ser humano debe construir su propio destino, pero Daniel se ve forzado a seguir un camino que no ha elegido. Su deseo de quedarse en el pueblo en lugar de convertirse en un "hombre importante" evidencia esta lucha entre lo impuesto por la sociedad y su voluntad personal.

Mientras que los adultos ven la educación como un medio para alcanzar el éxito, Daniel encuentra sentido en su vida a través de lo simple: sus amigos, la naturaleza y la vida del pueblo. Su preferencia por seguir siendo "el Mochuelo" antes que convertirse en alguien importante recuerda la idea existencialista de que el significado de la vida es subjetivo y no está predeterminado.

Daniel experimenta miedo al pensar en su futuro impuesto, una decisión que lo aleja de su libertad y su identidad.

La violencia y el abuso dentro del hogar marcan la niñez de Pascual, generando una atmósfera de sufrimiento constante. El tono oscuro y pesimista de la novela se refleja en frases como "me pegaba de tal manera", que sugieren una rutina de abuso.

La mención de la paliza y cómo "parecía que no me iba a dejar nada de carne en los huesos" muestra la violencia física como un tema recurrente en la obra. El dolor físico está retratado de manera casi grotesca, sin suavizar la experiencia.

La inevitabilidad del sufrimiento, la cruel descripción de su relación con su padre y la sensación de que la violencia es parte de su destino están presentes en este fragmento.

Toda la novela se estructura como el monólogo de Carmen, la viuda de Mario, quien divaga en su mente en un flujo continuo de pensamientos. Aquí se observa en la manera en que habla consigo misma sobre sus frustraciones.

Aunque Carmen habla en primera persona, se pueden percibir ideas y expresiones que provienen de Mario, pero insertadas sin necesidad de una marca explícita de cita.

Las frases largas, encadenadas con conjunciones, reflejan el pensamiento espontáneo y desordenado, propio del habla coloquial.

En el fragmento, se describe una escena común y aparentemente insignificante de una cafetería, un espacio representativo en la vida urbana. Sin embargo, la interacción entre los personajes es fría, distante y rutinaria, lo que refleja una sociedad marcada por la falta de emociones y las dificultades existenciales.

En lugar de seguir una trama lineal o un hilo argumental claro, el texto presenta una serie de escenas fragmentadas que parecen no tener una conexión directa. Cada frase describe una situación aislada, lo que da la sensación de que la narración es un mosaico de momentos y personas, sin una estructura tradicional de inicio, desarrollo y conclusión.

Los personajes del fragmento parecen desconectados unos de otros, como si estuvieran sumidos en un vacío emocional. La ausencia de interacción genuina entre ellos es una característica del realismo social, que subraya la alienación que se vive en ciertas clases sociales.

En lugar de seguir a un único personaje principal o una línea de acción clara, el fragmento se enfoca en diferentes personas dentro de un mismo espacio. Esta falta de un protagonista central y la atención dispersa hacia varios personajes es otra técnica de experimentación narrativa, que refleja la dispersión y la fragmentación de la sociedad.

La protagonista siente un "miedo opresivo", un sentimiento que se intensifica debido al ambiente de violencia, represión y dolor de la época. Este miedo no solo es psicológico, sino también social, pues la represión política y la tensión social que se vivían en la posguerra se reflejan en la vida cotidiana de los personajes.

El hecho de que la protagonista "no me atrevía a preguntarme de qué se trataba" muestra una actitud de sumisión y desconcierto ante la situación que vive. El desconocimiento de lo que ocurre, el no poder preguntar ni actuar, refleja el clima de censura y aislamiento que marcaba la vida en la posguerra. La novela describe a una generación que creció en un ambiente de represión política y social, donde la falta de libertad era palpable.

La descripción de las paredes "sucias", el suelo "cubierto de polvo" y el "olor pesado de suciedad y abandono" reflejan la dureza de las condiciones de vida tras la guerra. La pobreza y la desolación de la posguerra española son un tema recurrente en la novela, donde los espacios físicos son descritos como desolados y en ruinas, lo que refleja la situación social y emocional de los personajes.

Se rompe la linealidad temporal, ya que se presenta una desorganización mental y temporal: el vacío y el olvido no siguen una secuencia lógica de causa-efecto, sino que se presentan como una experiencia desconectada y desordenada del flujo normal del tiempo y de la memoria.

La ambigüedad se da en la confusión de la identidad: la voz interior deja de ser "la suya", lo que indica una despersonalización o alienación del individuo frente a sí mismo, lo que refleja una percepción distorsionada de la realidad y de la identidad.

El uso de esta frase transforma el concepto de "tiempo" en algo relativo y subjetivo. La elección de "la forma en que lo sentía" desestabiliza la comprensión tradicional del tiempo como algo lineal y objetivo, sugiriendo una percepción personal y emocional del mismo.

El tiempo se fragmenta, ya no es algo concreto y lineal ("cada segundo") sino una percepción fragmentada e infinita de angustia, lo cual desestabiliza la continuidad del flujo temporal.