FENóMENOS SOCIALES
LAs madres de plaza de mayo
30 de abril 1977
1983
1976
octubre 1977Panuelo Blanco
Empieza la dictadura de Videla
Empezaron a reunirse.
comenzaron manifestaciones
LINEA DEL TIEMPO
0Las madres y las abuelas de Plaza de Mayo
Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo son dos organizaciones fundamentales en la historia de los derechos humanos en Argentina. Surgieron durante la última dictadura militar, que gobernó el país entre 1976 y 1983, un período marcado por la represión, las desapariciones forzadas y el terrorismo de Estado. Miles de personas fueron secuestradas y desaparecidas, y muchas familias quedaron sin noticias de sus seres queridos.
En este contexto, un grupo de mujeres comenzó a reunirse en 1977 en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, para reclamar por sus hijos e hijas desaparecidos. Así nacieron las Madres de Plaza de Mayo. Ante la prohibición de permanecer quietas en la plaza, comenzaron a caminar en círculos todos los jueves, convirtiendo esas rondas en un acto de resistencia pacífica. Con el tiempo, el pañuelo blanco que llevaban en la cabeza, inspirado en los pañales de sus hijos, se transformó en un símbolo de memoria y lucha reconocido en todo el mundo. Las Madres no solo exigían saber qué había ocurrido con sus hijos, sino que también denunciaban públicamente los crímenes cometidos por el régimen militar, incluso cuando hacerlo implicaba grandes riesgos.
Paralelamente, algunas de estas mujeres comenzaron a darse cuenta de que muchas de sus hijas habían estado embarazadas al momento de ser secuestradas o habían tenido a sus bebés en cautiverio. De esta preocupación surgieron las Abuelas de Plaza de Mayo, también en 1977, con el objetivo específico de encontrar a esos niños y niñas que habían sido apropiados ilegalmente y devolverles su verdadera identidad. Su lucha fue innovadora y persistente: recurrieron a la ciencia, impulsaron el desarrollo de métodos de identificación genética y lograron la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, una herramienta clave para la restitución de identidades.
Con el regreso de la democracia en 1983, tanto las Madres como las Abuelas continuaron su trabajo, participando activamente en la búsqueda de verdad y justicia. Gracias a la labor de las Abuelas, muchos nietos y nietas pudieron conocer su origen y reencontrarse con sus familias biológicas, aunque todavía quedan casos por resolver. Más allá de los resultados concretos, su lucha instaló en la sociedad la importancia del derecho a la identidad y de la memoria histórica.
Hoy, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo siguen siendo un símbolo de resistencia, compromiso y perseverancia. Su accionar trascendió las fronteras de Argentina y se convirtió en un ejemplo internacional de cómo la lucha colectiva y pacífica puede enfrentar la injusticia y mantener viva la memoria de quienes ya no están.
Entrevista a Hebe
🎥 Entrevista a Hebe de Bonafini – La voz de las Madres de Plaza de Mayo 🇦🇷 En esta entrevista exclusiva, Hebe de Bonafini – histórica líder y cofundadora de las Madres de Plaza de Mayo – narra en primera persona el origen del movimiento, la lucha contra la dictadura argentina, el dolor de las madres y cómo ese dolor se transformó en una fuerza política y social.
PLAZA DE MAYO
'Politizamos la maternidad desde el mejor lugar: sin dejar de ser madres ni renegar de lavar platos.'
Hebe de Bonafin
H.B.
EL PATRIARCADO
La condición de la mujer en el sistema patriarcal
El patriarcado es un sistema social y cultural que históricamente ha colocado a la mujer en una
posición de subordinación respecto al hombre, limitando su autonomía, su libertad y su
reconocimiento social. Esta subordinación no se manifiesta en un solo ámbito, sino que atraviesa
toda la experiencia femenina, influyendo en el cuerpo, la identidad, las relaciones, el trabajo y la
participación en la vida pública.
1. La mujer en la familia y en la esfera privada
Dentro de la familia patriarcal, la mujer ha sido tradicionalmente identificada con el papel de esposa
y madre. Su valor social ha sido medido durante mucho tiempo en función de su capacidad para
cuidar de los demás, sacrificando sus propias necesidades y deseos. El trabajo doméstico y de
cuidado, esencial para el funcionamiento de la sociedad, ha sido invisibilizado y considerado un
“deber natural” femenino, sin reconocimiento económico ni simbólico.Esta construcción ha
generado una dependencia económica y psicológica que ha hecho a muchas mujeres vulnerables a
dinámicas de control y abuso. Incluso hoy, a pesar de los cambios sociales, las mujeres siguen
asumiendo la mayor parte de la carga doméstica, lo que demuestra la persistencia del modelo
patriarcal en la esfera privada.
2. La mujer en el mundo laboral
En el sistema patriarcal, el acceso de las mujeres al trabajo remunerado ha sido históricamente
obstaculizado. Cuando las mujeres comenzaron a incorporarse al mercado laboral, lo hicieron a
menudo en posiciones subordinadas, peor remuneradas y consideradas una extensión de los roles
domésticos, como la asistencia, la educación o el cuidado.La desigualdad salarial, la precariedad y
las dificultades para avanzar profesionalmente siguen siendo hoy una realidad extendida. La
maternidad se percibe como un obstáculo, y muchas mujeres se ven obligadas a elegir entre la
realización profesional y la vida familiar. Esto demuestra que el modelo económico patriarcal no
está diseñado teniendo en cuenta la experiencia femenina, sino que continúa penalizándola.
3. El control del cuerpo femenino
Uno de los aspectos más evidentes del patriarcado es el control ejercido sobre el cuerpo de la mujer.
Las normas sociales regulan la forma en que una mujer debe vestirse, comportarse y vivir su
sexualidad. El cuerpo femenino es frecuentemente objetualizado, expuesto y juzgado, mientras que
la autodeterminación es constantemente cuestionada.Las decisiones relacionadas con la
reproducción, como la maternidad o el aborto, han sido históricamente arrebatadas a las mujeres y
entregadas a instituciones religiosas, políticas o médicas dominadas por hombres. Este control
contribuye a la culpabilización de las mujeres y a la normalización de la violencia de género.
4. La mujer en la cultura y en el lenguaje
La cultura patriarcal ha construido imágenes de la mujer a menudo estereotipadas: la madre
abnegada, la esposa obediente, la seductora o la víctima. Estas representaciones reducen la
complejidad de la identidad femenina y limitan las posibilidades de autorrepresentación.El lenguaje
también refleja y refuerza el patriarcado. El uso del masculino genérico invisibiliza a las mujeres,
mientras que muchos términos en femenino adquieren connotaciones negativas. Esto contribuye a
interiorizar un sentimiento de inferioridad y a normalizar la marginación femenina. v 5. La mujer y la participación política
La presencia de las mujeres en el espacio público y político ha sido durante mucho tiempo
obstaculizada. La exclusión de los lugares de toma de decisiones ha provocado que las políticas
públicas no tengan en cuenta las necesidades y experiencias femeninas. Aún hoy, la representación
de las mujeres sigue siendo insuficiente y su autoridad es cuestionada con mayor frecuencia que la
de los hombres.La dificultad de acceso al poder no se debe a una falta de competencias, sino a
barreras culturales y estructurales que el patriarcado continúa reproduciendo.
6. La interiorización del patriarcado
Un aspecto especialmente complejo es la interiorización del patriarcado por parte de las propias
mujeres. Al crecer en una sociedad que devalúa lo femenino, muchas mujeres acaban aceptando
roles subordinados, juzgándose a sí mismas y a otras mujeres según criterios patriarcales, o
percibiendo la discriminación como algo “normal”.Este mecanismo hace que el patriarcado sea más
resistente al cambio, ya que no actúa solo desde el exterior, sino también desde el interior de las
conciencias.
PRESENTation
WOMEN
Conclusión
La condición de la mujer en el sistema patriarcal es el resultado de una larga construcción histórica
que ha limitado su autonomía, su libertad y su reconocimiento. Analizar el patriarcado desde la
perspectiva de la mujer significa dar voz a experiencias durante mucho tiempo ignoradas y
reconocer que la igualdad no puede alcanzarse sin una transformación profunda de las estructuras
sociales, culturales y económicas.La superación del patriarcado no concierne únicamente a los
derechos de las mujeres, sino a la posibilidad de construir una sociedad más justa, en la que la
diferencia no sea motivo de jerarquía, sino de valor.
LAS SINSOMBRERO
LA CONDICION DE LA MUJER DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA
LA MUJER EN LA DICTADURA FRANQUISTA
La dictadura de Francisco Franco impuso un modelo social profundamente conservador y patriarcal, en el que la mujer era considerada madre, esposa y guardiana de los hijos. El objetivo del régimen era controlar la sociedad a través de la familia tradicional y la moralidad católica.
Uno de los instrumentos principales fue la Sección Femenina de la Falange, dirigida por Pilar Primo de Rivera. Esta organización tenía la tarea de educar a las mujeres según los valores del régimen: obediencia, modestia, religiosidad y espíritu de sacrificio con las figuras de Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús como modelos de conducta. Todas las jóvenes españolas estaban obligadas a realizar el Servicio Social, una especie de servicio civil necesario para obtener un empleo o un título académico. La figura femenina promovida por el régimen era la del "ángel del hogar", devoto a la casa, al marido y a los hijos.
La legislación franquista reforzó aún más la subordinación de la mujer. Con el restablecimiento de las normas del Código Civil del siglo XIX, la esposa estaba legalmente sometida a su marido,no podía trabajar, abrir una cuenta bancaria, firmar contratos o viajar sin su “permiso marital”. El divorcio, introducido durante la Segunda República, fue abolido, mientras que la anticoncepción y el aborto estaban estrictamente prohibidos. La sexualidad femenina estaba estrictamente controlada por el Estado y la Iglesia, que colaboraban para imponer una moral católica tradicional, haciendo a la mujer guardiana de la moralidad cristiana e instrumento de la restauración del orden social.
También en la vida cotidiana las limitaciones eran evidentes. Las mujeres se veían obligadas a abandonar el trabajo una vez casadas y, cuando estaban ocupadas, eran relegadas a sectores considerados "femeninos", como el trabajo doméstico o el textil, recibiendo con frecuencia salarios más bajos. En el ámbito educativo, a las niñas se les enseñaba economía doméstica, mientras que a los niños se les reservaban materias científicas y técnicas.
Durante la Guerra Civil y la primera fase de la dictadura, la represión fue particularmente dura. Muchas mujeres republicanas fueron encarceladas, humilladas y sometidas a violencia física y psicológica. En numerosos casos sus hijos fueron sustraídos y confiados a familias cercanas al régimen, con el objetivo de "reeducarlos" en la moralidad falangista.
A partir de los años sesenta, con el desarrollo económico y la apertura internacional, el modelo impuesto por el régimen comenzó a derrumbarse. Más mujeres entraron en el mundo del trabajo y se difundió una mayor escolarización femenina.
El período franquista representa, por tanto, un momento crucial en la historia de la condición femenina en España: una época de fuerte opresión, pero también de transformación gradual, que abriría el camino a las conquistas de las décadas siguientes.
LA OPOSICIÓN FEMENINA Y LOS GRUPOS FEMINISTAS DURANTE EL FRANQUISMO
A pesar de que la dictadura franquista impuso un modelo de mujer sumisa, doméstica y profundamente controlada por el Estado y la Iglesia, existieron diferentes formas de resistencia femenina, obligadas a la clandestinidad y al exilio, que contribuyeron al nacimiento del feminismo español contemporáneo.
En los primeros años de la dictadura, entre los años cuarenta y cincuenta, la represión fue particularmente dura y todavía no existían movimientos feministas organizados. Las mujeres que se opusieron al régimen lo hicieron sobre todo a través de las redes clandestinas antifranquistas vinculadas a los partidos comunista, socialista y libertario. Muchas ofrecieron apoyo a los presos políticos, ocultaron militantes, difundieron la prensa clandestina o desempeñaron papeles esenciales en la resistencia.
No se trataba aún de un feminismo estructurado, sino de la continuación de la lucha política contra un sistema que afectaba particularmente a la libertad femenina.
Un papel importante fue desempeñado también por los herederos del movimiento Mujeres Libres, activo durante la Segunda República. Después de la victoria franquista muchos militantes fueron obligados al exilio y continuaron desde fuera su actividad política y cultural, pero otros permanecieron activos clandestinamente en España con grandes dificultades.
A partir de los años sesenta, con la apertura económica y el contacto con corrientes culturales europeas, comenzó a desarrollarse un verdadero feminismo clandestino. El grupo más importante fue el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), nacido en 1965, que organizó protestas contra la discriminación de las trabajadoras, la falta de derechos civiles y las difíciles condiciones económicas de muchas familias. Este movimiento representó el primer intento de unir la oposición política a la reivindicación de los derechos de las mujeres.
Junto al MDM surgieron también grupos intelectuales y universitarios. Entre ellos el Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer, formado por mujeres católicas progresistas que cuestionaron el modelo femenino impuesto por el régimen y fueron fundamentales para introducir en España los primeros análisis sociológicos sobre la condición femenina, la igualdad jurídica, reformas sobre el matrimonio y crítica a la Sección Femenina.
Al final de la dictadura, en 1975, la organización de las Primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer marcó la salida del feminismo de la clandestinidad. Por primera vez en décadas, grupos feministas, estudiantes, trabajadoras y activistas pudieron reunirse públicamente y hacer demandas claras: igualdad jurídica, fin de la subordinación legal al marido, derechos reproductivos y libertad personal.
A través de los primeros movimientos feministas organizados y su acción silenciosa pero persistente contribuyó decisivamente a los logros obtenidos con la transición democrática y la construcción del feminismo moderno en España.
LA MUJER POST-FRANQUISTA Con la muerte de Francisco Franco en 1975, la figura de la mujer en España atraviesa una transformación profunda y decisiva. Después de casi cuarenta años de sometimiento legal, moral y social impuesto por la dictadura, las mujeres se convierten en protagonistas del cambio, ganando nuevos derechos y un papel público cada vez más central.
Entre 1975 y 1978 se abolió el "permiso marital", que hasta entonces impedía a las mujeres casadas trabajar, poseer bienes o viajar sin el consentimiento del cónyuge. Con la reforma del Código Civil, las mujeres obtuvieron plena capacidad jurídica y la familia dejó de organizarse en torno a la figura del "jefe de familia" masculino. La nueva Constitución de 1978 declaró explícitamente la igualdad entre hombres y mujeres, sentando las bases para una sociedad nueva y más democrática.
En 1981 volvió el divorcio y se iniciaron reformas que permitieron a las mujeres decidir libremente sobre su vida privada. En los años siguientes se reconocieron la libertad sexual, el derecho a la anticoncepción y, en 1985, una primera regulación del aborto. Todos estos cambios marcaron una ruptura neta con respecto al control moral y religioso ejercido por el régimen.
Al mismo tiempo, las mujeres comenzaron a participar en la vida económica de manera estable, ocupando papeles cada vez más calificados gracias también al aumento de la educación, con el fin de la educación separada y la apertura de las universidades a las mujeres. En los años 80 y 90, grupos y asociaciones feministas promovieron debates, manifestaciones y campañas a favor de la igualdad salarial, contra la violencia de género y por los derechos reproductivos. Su contribución fue determinante para la construcción de una nueva identidad femenina, lejos de los modelos patriarcales de la dictadura.
La vida cotidiana de las mujeres cambió rápidamente, pues aumentó su presencia en el trabajo, en la política y en la cultura, se modificaron los modelos familiares, con un mayor equilibrio entre los roles de género y se difundió una visión de la mujer como ciudadana autónoma protagonista de la sociedad.
En conclusión, la España post-franquista vio una verdadera revolución en la condición femenina. De la figura sumisa y controlada del período franquista, la mujer se convirtió en uno de los principales símbolos de la modernización y democratización del país. Este cambio representa uno de los logros más significativos de la nueva España democrática
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Historia de las Sufragistas
El movimiento sufragista fue la lucha de las mujeres por el derecho al voto entre los siglos XIX y XX. En Reino Unido, las suffragettes, lideradas por Emmeline Pankhurst, usaron protestas radicales hasta lograr el voto en 1918 (para mujeres mayores de 30) y en 1928 para todas. En Estados Unidos, figuras como Susan B. Anthony y Alice Paul lograron la aprobación de la 19ª Enmienda en 1920, dando el derecho al voto a las mujeres. En España, Clara Campoamor impulsó el sufragio femenino en 1931 durante la Segunda República. Tras la dictadura franquista, los derechos fueron restaurados en 1975. El sufragismo marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad de género.
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Las madres de plaza de mayo
Erika
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FENóMENOS SOCIALES
LAs madres de plaza de mayo
30 de abril 1977
1983
1976
octubre 1977Panuelo Blanco
Empieza la dictadura de Videla
Empezaron a reunirse.
comenzaron manifestaciones
LINEA DEL TIEMPO
0Las madres y las abuelas de Plaza de Mayo Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo son dos organizaciones fundamentales en la historia de los derechos humanos en Argentina. Surgieron durante la última dictadura militar, que gobernó el país entre 1976 y 1983, un período marcado por la represión, las desapariciones forzadas y el terrorismo de Estado. Miles de personas fueron secuestradas y desaparecidas, y muchas familias quedaron sin noticias de sus seres queridos. En este contexto, un grupo de mujeres comenzó a reunirse en 1977 en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, para reclamar por sus hijos e hijas desaparecidos. Así nacieron las Madres de Plaza de Mayo. Ante la prohibición de permanecer quietas en la plaza, comenzaron a caminar en círculos todos los jueves, convirtiendo esas rondas en un acto de resistencia pacífica. Con el tiempo, el pañuelo blanco que llevaban en la cabeza, inspirado en los pañales de sus hijos, se transformó en un símbolo de memoria y lucha reconocido en todo el mundo. Las Madres no solo exigían saber qué había ocurrido con sus hijos, sino que también denunciaban públicamente los crímenes cometidos por el régimen militar, incluso cuando hacerlo implicaba grandes riesgos. Paralelamente, algunas de estas mujeres comenzaron a darse cuenta de que muchas de sus hijas habían estado embarazadas al momento de ser secuestradas o habían tenido a sus bebés en cautiverio. De esta preocupación surgieron las Abuelas de Plaza de Mayo, también en 1977, con el objetivo específico de encontrar a esos niños y niñas que habían sido apropiados ilegalmente y devolverles su verdadera identidad. Su lucha fue innovadora y persistente: recurrieron a la ciencia, impulsaron el desarrollo de métodos de identificación genética y lograron la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, una herramienta clave para la restitución de identidades. Con el regreso de la democracia en 1983, tanto las Madres como las Abuelas continuaron su trabajo, participando activamente en la búsqueda de verdad y justicia. Gracias a la labor de las Abuelas, muchos nietos y nietas pudieron conocer su origen y reencontrarse con sus familias biológicas, aunque todavía quedan casos por resolver. Más allá de los resultados concretos, su lucha instaló en la sociedad la importancia del derecho a la identidad y de la memoria histórica. Hoy, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo siguen siendo un símbolo de resistencia, compromiso y perseverancia. Su accionar trascendió las fronteras de Argentina y se convirtió en un ejemplo internacional de cómo la lucha colectiva y pacífica puede enfrentar la injusticia y mantener viva la memoria de quienes ya no están.
Entrevista a Hebe
🎥 Entrevista a Hebe de Bonafini – La voz de las Madres de Plaza de Mayo 🇦🇷 En esta entrevista exclusiva, Hebe de Bonafini – histórica líder y cofundadora de las Madres de Plaza de Mayo – narra en primera persona el origen del movimiento, la lucha contra la dictadura argentina, el dolor de las madres y cómo ese dolor se transformó en una fuerza política y social.
PLAZA DE MAYO
'Politizamos la maternidad desde el mejor lugar: sin dejar de ser madres ni renegar de lavar platos.'
Hebe de Bonafin
H.B.
EL PATRIARCADO
La condición de la mujer en el sistema patriarcal El patriarcado es un sistema social y cultural que históricamente ha colocado a la mujer en una posición de subordinación respecto al hombre, limitando su autonomía, su libertad y su reconocimiento social. Esta subordinación no se manifiesta en un solo ámbito, sino que atraviesa toda la experiencia femenina, influyendo en el cuerpo, la identidad, las relaciones, el trabajo y la participación en la vida pública. 1. La mujer en la familia y en la esfera privada Dentro de la familia patriarcal, la mujer ha sido tradicionalmente identificada con el papel de esposa y madre. Su valor social ha sido medido durante mucho tiempo en función de su capacidad para cuidar de los demás, sacrificando sus propias necesidades y deseos. El trabajo doméstico y de cuidado, esencial para el funcionamiento de la sociedad, ha sido invisibilizado y considerado un “deber natural” femenino, sin reconocimiento económico ni simbólico.Esta construcción ha generado una dependencia económica y psicológica que ha hecho a muchas mujeres vulnerables a dinámicas de control y abuso. Incluso hoy, a pesar de los cambios sociales, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de la carga doméstica, lo que demuestra la persistencia del modelo patriarcal en la esfera privada.
2. La mujer en el mundo laboral En el sistema patriarcal, el acceso de las mujeres al trabajo remunerado ha sido históricamente obstaculizado. Cuando las mujeres comenzaron a incorporarse al mercado laboral, lo hicieron a menudo en posiciones subordinadas, peor remuneradas y consideradas una extensión de los roles domésticos, como la asistencia, la educación o el cuidado.La desigualdad salarial, la precariedad y las dificultades para avanzar profesionalmente siguen siendo hoy una realidad extendida. La maternidad se percibe como un obstáculo, y muchas mujeres se ven obligadas a elegir entre la realización profesional y la vida familiar. Esto demuestra que el modelo económico patriarcal no está diseñado teniendo en cuenta la experiencia femenina, sino que continúa penalizándola.
3. El control del cuerpo femenino Uno de los aspectos más evidentes del patriarcado es el control ejercido sobre el cuerpo de la mujer. Las normas sociales regulan la forma en que una mujer debe vestirse, comportarse y vivir su sexualidad. El cuerpo femenino es frecuentemente objetualizado, expuesto y juzgado, mientras que la autodeterminación es constantemente cuestionada.Las decisiones relacionadas con la reproducción, como la maternidad o el aborto, han sido históricamente arrebatadas a las mujeres y entregadas a instituciones religiosas, políticas o médicas dominadas por hombres. Este control contribuye a la culpabilización de las mujeres y a la normalización de la violencia de género. 4. La mujer en la cultura y en el lenguaje La cultura patriarcal ha construido imágenes de la mujer a menudo estereotipadas: la madre abnegada, la esposa obediente, la seductora o la víctima. Estas representaciones reducen la complejidad de la identidad femenina y limitan las posibilidades de autorrepresentación.El lenguaje también refleja y refuerza el patriarcado. El uso del masculino genérico invisibiliza a las mujeres, mientras que muchos términos en femenino adquieren connotaciones negativas. Esto contribuye a interiorizar un sentimiento de inferioridad y a normalizar la marginación femenina. v 5. La mujer y la participación política La presencia de las mujeres en el espacio público y político ha sido durante mucho tiempo obstaculizada. La exclusión de los lugares de toma de decisiones ha provocado que las políticas públicas no tengan en cuenta las necesidades y experiencias femeninas. Aún hoy, la representación de las mujeres sigue siendo insuficiente y su autoridad es cuestionada con mayor frecuencia que la de los hombres.La dificultad de acceso al poder no se debe a una falta de competencias, sino a barreras culturales y estructurales que el patriarcado continúa reproduciendo. 6. La interiorización del patriarcado Un aspecto especialmente complejo es la interiorización del patriarcado por parte de las propias mujeres. Al crecer en una sociedad que devalúa lo femenino, muchas mujeres acaban aceptando roles subordinados, juzgándose a sí mismas y a otras mujeres según criterios patriarcales, o percibiendo la discriminación como algo “normal”.Este mecanismo hace que el patriarcado sea más resistente al cambio, ya que no actúa solo desde el exterior, sino también desde el interior de las conciencias.
PRESENTation
WOMEN
Conclusión La condición de la mujer en el sistema patriarcal es el resultado de una larga construcción histórica que ha limitado su autonomía, su libertad y su reconocimiento. Analizar el patriarcado desde la perspectiva de la mujer significa dar voz a experiencias durante mucho tiempo ignoradas y reconocer que la igualdad no puede alcanzarse sin una transformación profunda de las estructuras sociales, culturales y económicas.La superación del patriarcado no concierne únicamente a los derechos de las mujeres, sino a la posibilidad de construir una sociedad más justa, en la que la diferencia no sea motivo de jerarquía, sino de valor.
LAS SINSOMBRERO
LA CONDICION DE LA MUJER DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA
LA MUJER EN LA DICTADURA FRANQUISTA La dictadura de Francisco Franco impuso un modelo social profundamente conservador y patriarcal, en el que la mujer era considerada madre, esposa y guardiana de los hijos. El objetivo del régimen era controlar la sociedad a través de la familia tradicional y la moralidad católica. Uno de los instrumentos principales fue la Sección Femenina de la Falange, dirigida por Pilar Primo de Rivera. Esta organización tenía la tarea de educar a las mujeres según los valores del régimen: obediencia, modestia, religiosidad y espíritu de sacrificio con las figuras de Isabel la Católica y santa Teresa de Jesús como modelos de conducta. Todas las jóvenes españolas estaban obligadas a realizar el Servicio Social, una especie de servicio civil necesario para obtener un empleo o un título académico. La figura femenina promovida por el régimen era la del "ángel del hogar", devoto a la casa, al marido y a los hijos. La legislación franquista reforzó aún más la subordinación de la mujer. Con el restablecimiento de las normas del Código Civil del siglo XIX, la esposa estaba legalmente sometida a su marido,no podía trabajar, abrir una cuenta bancaria, firmar contratos o viajar sin su “permiso marital”. El divorcio, introducido durante la Segunda República, fue abolido, mientras que la anticoncepción y el aborto estaban estrictamente prohibidos. La sexualidad femenina estaba estrictamente controlada por el Estado y la Iglesia, que colaboraban para imponer una moral católica tradicional, haciendo a la mujer guardiana de la moralidad cristiana e instrumento de la restauración del orden social. También en la vida cotidiana las limitaciones eran evidentes. Las mujeres se veían obligadas a abandonar el trabajo una vez casadas y, cuando estaban ocupadas, eran relegadas a sectores considerados "femeninos", como el trabajo doméstico o el textil, recibiendo con frecuencia salarios más bajos. En el ámbito educativo, a las niñas se les enseñaba economía doméstica, mientras que a los niños se les reservaban materias científicas y técnicas. Durante la Guerra Civil y la primera fase de la dictadura, la represión fue particularmente dura. Muchas mujeres republicanas fueron encarceladas, humilladas y sometidas a violencia física y psicológica. En numerosos casos sus hijos fueron sustraídos y confiados a familias cercanas al régimen, con el objetivo de "reeducarlos" en la moralidad falangista. A partir de los años sesenta, con el desarrollo económico y la apertura internacional, el modelo impuesto por el régimen comenzó a derrumbarse. Más mujeres entraron en el mundo del trabajo y se difundió una mayor escolarización femenina. El período franquista representa, por tanto, un momento crucial en la historia de la condición femenina en España: una época de fuerte opresión, pero también de transformación gradual, que abriría el camino a las conquistas de las décadas siguientes.
LA OPOSICIÓN FEMENINA Y LOS GRUPOS FEMINISTAS DURANTE EL FRANQUISMO A pesar de que la dictadura franquista impuso un modelo de mujer sumisa, doméstica y profundamente controlada por el Estado y la Iglesia, existieron diferentes formas de resistencia femenina, obligadas a la clandestinidad y al exilio, que contribuyeron al nacimiento del feminismo español contemporáneo. En los primeros años de la dictadura, entre los años cuarenta y cincuenta, la represión fue particularmente dura y todavía no existían movimientos feministas organizados. Las mujeres que se opusieron al régimen lo hicieron sobre todo a través de las redes clandestinas antifranquistas vinculadas a los partidos comunista, socialista y libertario. Muchas ofrecieron apoyo a los presos políticos, ocultaron militantes, difundieron la prensa clandestina o desempeñaron papeles esenciales en la resistencia.
No se trataba aún de un feminismo estructurado, sino de la continuación de la lucha política contra un sistema que afectaba particularmente a la libertad femenina. Un papel importante fue desempeñado también por los herederos del movimiento Mujeres Libres, activo durante la Segunda República. Después de la victoria franquista muchos militantes fueron obligados al exilio y continuaron desde fuera su actividad política y cultural, pero otros permanecieron activos clandestinamente en España con grandes dificultades. A partir de los años sesenta, con la apertura económica y el contacto con corrientes culturales europeas, comenzó a desarrollarse un verdadero feminismo clandestino. El grupo más importante fue el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), nacido en 1965, que organizó protestas contra la discriminación de las trabajadoras, la falta de derechos civiles y las difíciles condiciones económicas de muchas familias. Este movimiento representó el primer intento de unir la oposición política a la reivindicación de los derechos de las mujeres. Junto al MDM surgieron también grupos intelectuales y universitarios. Entre ellos el Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer, formado por mujeres católicas progresistas que cuestionaron el modelo femenino impuesto por el régimen y fueron fundamentales para introducir en España los primeros análisis sociológicos sobre la condición femenina, la igualdad jurídica, reformas sobre el matrimonio y crítica a la Sección Femenina. Al final de la dictadura, en 1975, la organización de las Primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer marcó la salida del feminismo de la clandestinidad. Por primera vez en décadas, grupos feministas, estudiantes, trabajadoras y activistas pudieron reunirse públicamente y hacer demandas claras: igualdad jurídica, fin de la subordinación legal al marido, derechos reproductivos y libertad personal. A través de los primeros movimientos feministas organizados y su acción silenciosa pero persistente contribuyó decisivamente a los logros obtenidos con la transición democrática y la construcción del feminismo moderno en España.
LA MUJER POST-FRANQUISTA Con la muerte de Francisco Franco en 1975, la figura de la mujer en España atraviesa una transformación profunda y decisiva. Después de casi cuarenta años de sometimiento legal, moral y social impuesto por la dictadura, las mujeres se convierten en protagonistas del cambio, ganando nuevos derechos y un papel público cada vez más central. Entre 1975 y 1978 se abolió el "permiso marital", que hasta entonces impedía a las mujeres casadas trabajar, poseer bienes o viajar sin el consentimiento del cónyuge. Con la reforma del Código Civil, las mujeres obtuvieron plena capacidad jurídica y la familia dejó de organizarse en torno a la figura del "jefe de familia" masculino. La nueva Constitución de 1978 declaró explícitamente la igualdad entre hombres y mujeres, sentando las bases para una sociedad nueva y más democrática. En 1981 volvió el divorcio y se iniciaron reformas que permitieron a las mujeres decidir libremente sobre su vida privada. En los años siguientes se reconocieron la libertad sexual, el derecho a la anticoncepción y, en 1985, una primera regulación del aborto. Todos estos cambios marcaron una ruptura neta con respecto al control moral y religioso ejercido por el régimen. Al mismo tiempo, las mujeres comenzaron a participar en la vida económica de manera estable, ocupando papeles cada vez más calificados gracias también al aumento de la educación, con el fin de la educación separada y la apertura de las universidades a las mujeres. En los años 80 y 90, grupos y asociaciones feministas promovieron debates, manifestaciones y campañas a favor de la igualdad salarial, contra la violencia de género y por los derechos reproductivos. Su contribución fue determinante para la construcción de una nueva identidad femenina, lejos de los modelos patriarcales de la dictadura. La vida cotidiana de las mujeres cambió rápidamente, pues aumentó su presencia en el trabajo, en la política y en la cultura, se modificaron los modelos familiares, con un mayor equilibrio entre los roles de género y se difundió una visión de la mujer como ciudadana autónoma protagonista de la sociedad. En conclusión, la España post-franquista vio una verdadera revolución en la condición femenina. De la figura sumisa y controlada del período franquista, la mujer se convirtió en uno de los principales símbolos de la modernización y democratización del país. Este cambio representa uno de los logros más significativos de la nueva España democrática
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Historia de las Sufragistas
El movimiento sufragista fue la lucha de las mujeres por el derecho al voto entre los siglos XIX y XX. En Reino Unido, las suffragettes, lideradas por Emmeline Pankhurst, usaron protestas radicales hasta lograr el voto en 1918 (para mujeres mayores de 30) y en 1928 para todas. En Estados Unidos, figuras como Susan B. Anthony y Alice Paul lograron la aprobación de la 19ª Enmienda en 1920, dando el derecho al voto a las mujeres. En España, Clara Campoamor impulsó el sufragio femenino en 1931 durante la Segunda República. Tras la dictadura franquista, los derechos fueron restaurados en 1975. El sufragismo marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad de género.
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