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Día 4: armonizar la búsqueda para sanar

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Created on February 4, 2025

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Transcript

Día 5: volver a la tierra. Sentir que todo va bien

Día 6: la montaña y el cielo buscan la misma luz

Día 4: armonizar la búsqueda para sanar

Llegan los médicos tradicionales, se visten con sus mantas blancas. Uno, dos, tres y hasta cuatro collares de plumas, de perlas y tejidos de mostacilla, penden de sus cuellos. Encienden velas, fuman tabaco y empiezan a soplar. Permanecen casi todo el tiempo alrededor de la fosa, observan y nos miran fijamente.

Tapar el sitio. Helicóptero. Cansancio. Confianza.

Después de haber hablado con Alirio para entender un poco más sobre el mundo de los cultivos de coca y conocer algún detalle de su vida igual de larga a la mía, pero seguro más ruda e injusta, siento nostalgia al despedirme.Me conmueve su gesto de solicitar mi número telefónico, son esas formas de expresar el deseo de mantener un vínculo, un pequeño recuerdo.

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Entendí que había llegado el momento de llamar a los familiares, de darles la buena noticia, esa de encontrar. Pero… ¿cómo explicar con mensajes entrecortados de chat y entablar comunicación a través de un teléfono satelital que era hora de venir por Maura? ¿Cómo seguir pensando que era una buena noticia cuando ni siquiera yo era capaz de escribir los motivos de la urgencia para llegar al lugar? Noto que esa alegría y satisfacción se tiñe de turbulencia y nostalgia.

Después de haber hablado con Alirio para entender un poco más sobre el mundo de los cultivos de coca y conocer algún detalle de su vida igual de larga a la mía, pero seguro más ruda e injusta, siento nostalgia al despedirme. Me conmueve su gesto de solicitar mi número telefónico, son esas formas de expresar el deseo de mantener un vínculo, un pequeño recuerdo. Nos deja su parlante de música, ese que parece ser su más importante compañía, es el mismo parlante que usó varias veces para ponerles melodías a los muertos en el cementerio de Vargas 1, pues asegura que ellos también tienen derecho a gozar de ella. Llegamos a Madroño para ir a la casa de don Alberto. Todo ha cambiado. Hay una nueva y pequeña carretera que conduce hacia otras veredas; aquella casa de madera gigante, hoy es apenas perceptible. Definitivamente el paso del tiempo transforma los lugares, los espacios y con ellos nuestros referentes. Encontrarlos no tardó mucho tiempo. Se asoma una bota de cuero; dudo un poco, quiero tener la certeza de no estar confundiendo ese hallazgo con basura que dejan en la zona. -“Lili, hay dos cuerpos”- dice Natalia. Siento emoción, se me escurren algunas lágrimas que escondo entre las mangas de la camisa; me las seco rápidamente. Siento esa cosquilla que genera la certeza, la satisfacción del trabajo realizado. Recuerdo las horas de diálogo con los excombatientes y con las familias. Se me pasa por la mente el rostro de la profe Maura.

Las antropólogas del equipo verificando el sitio de interés forense. Foto: equipo de la UBPD en Nariño.

Escucha un fragmento de la armonización del territorio.

De repente, los tres cuerpos quedan expuestos; sus huesos se muestran ante las miradas de quienes presenciamos este hallazgo; es la fragilidad humana, es lo que queda de nuestros cuerpos cuando el aliento se nos va. Sus manos habían sido puestas con delicadeza sobre sus pelvis, es notorio el cuidado y minuciosidad con la que en su momento Don Vicente, Don Silvio y Don Geovanni les dieron sepultura a estos trabajadores oriundos de El Tambo - Nariño. En ese entonces, los habían envuelto con una sábana que en el caso de Óscar e Iban, aún se conserva. Sus ropas están roídas por el deterioro del tiempo y es ahí cuando recuerdo el relato y logro imaginar ese instante de poder buscar entre sus ropas, unas prendas limpias que pudieran acompañarlos a trascender este mundo, qué gesto más solidario. Bajamos la montaña en medio de la prisa y el cansancio, pero al menos de mi parte tengo el corazón satisfecho y esperanzado porque podré llamar a la señora Liliana para contarle que el cuerpo de su primer amor, él del padre de su hijo, estará pronto de regreso.

Comunidad indígena durante la armonización del territorio antes de la intervención forense. Foto: equipo de la UBPD en Nariño.

Llegan los médicos tradicionales, se visten con sus mantas blancas. Uno, dos, tres y hasta cuatro collares de plumas, de perlas y tejidos de mostacilla, penden de sus cuellos. Encienden velas, fuman tabaco y empiezan a soplar. Permanecen casi todo el tiempo alrededor de la fosa, observan y nos miran fijamente.