5 PASO
Transformamos el corazón para alcanzar la santidad
Reconocer la victoria y perfeccionar la estrategia
Angélica Moreno López - Directora de Pastoral
Medición de tiempos
Oportunidades de mejora y puntos fuertes
El día de la carrera inicia muy temprano
Terminada la carrera, el atleta disfruta lo que ha conseguido, así no hubiera cruzado en el primer lugar. Se siente pleno, porque obtiene la recompensa por el esfuerzo realizado en meses. Luego entra a analizar qué estuvo bien y qué hay por mejorar. Esto le servirá para enfrentar el nuevo desafío que se trace. Pues como es normal, termina una carrera, pero no tardará en escoger una nueva meta más retadora que la anterior.
Cada carrera en la que compite el atleta es una oportunidad para medir sus tiempos y establecer récords personales. Siempre será necesaria la evaluación, porque estos datos cuantitativos sumados a la percepción sobre cómo se sintió el deportista durante la carrera, le darán un panorama claro sobre sus victorias y desafíos.
El atleta se levanta antes del amanecer para alistar todo lo necesario (ropa, hidratación y alimentación) y llegar con suficiente tiempo a la competencia.
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Reflexionar con estudiantes
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Nuestra vida está marcada por diferentes etapas y situaciones que nos van dando una valoración cuantitativa de qué tan acertadas fueron nuestras actuaciones, si pusimos en práctica aquello que aprendimos anteriormente, si nos mantuvimos firmes frente a lo que no estamos dispuestos a negociar. Y sobre todo nos permitirán observar cuándo fue necesario hacer una pausa y bajar el ritmo, porque había algo sobre lo que debíamos reparar. Así fuera en contra de nuestro propio récord personal.
El relato de Juan cuenta que una vez María fue a avisarle a Pedro y al discípulo amado de Jesús lo que encontró en el sepulcro, ellos salen corriendo para percatarse con sus propios ojos sobre lo ocurrido. El discípulo amado llega primero, pero se detiene a esperar a Pedro, para que él sea quien entre primero.
En nuestro camino muchas veces tenemos que hacer esa pausa que hizo el discípulo amado y dejar que sean otros quienes pasen en primer lugar, bien sea por respeto a un mayor, porque era su tiempo y no el nuestro o por otras razones. Pero sea cual fuere el motivo se necesita humildad y mansedumbre para abrirle el paso a otros. Esta actitud del discípulo nos recuerda que no nos salvamos solos, que nos necesitamos mutuamente y que lo que hagamos de manera personal, es un peldaño para que otros crucen.
¿Cómo describes el sentimiento que te embarga cuando logras lo que te has propuesto? ¿Te permites disfrutar de tus victorias? ¿Consideras que ya has obtenido algún logro en tu camino de conversión? ¿Si piensas en el encuentro con Jesús, qué sentimiento experimentas? ¿En qué piensas cuando se habla de la segunda venida de Cristo?
¿Meditas sobre los logros obtenidos? ¿Evalúas qué has aprendido en cierta situación para ponerlo en práctica en el futuro? ¿Cómo te dispones para caminar con otros, sin que tengas tú que ser el primero?
El relato de Juan también nos permite descubrir que los discípulos han llegado a una meta. Hicieron todo un camino con Jesús y ahora que ven los lienzos en el suelo, se preparan de cierta manera para confirmar lo que la Escritura había mencionado: Jesús debía resucitar entre los muertos. Él ha cumplido la promesa y esa tumba vacía ya no es signo de angustia, sino de esperanza. Sin embargo, no es el final para ellos, es apenas el comienzo de su misión. Necesitarán la venida del Espíritu Santo para fortalecer sus debilidades y enfrentar con valentía la tarea de anunciar el Evangelio, a pesar de la persecución.
Igual que ellos, nosotros esperamos la venida del Señor. Será lo que hagamos con nuestras vidas lo que definirá si lo aguardamos con temor o con esperanza, pues si hemos actuado bajo el mandamiento del amor que Jesús nos enseñó y hemos perdonado a los que nos ofenden, nuestro anhelo será reencontrarnos a la mayor brevedad posible con Él.
Nuestro camino de conversión también nos pide mantenernos atentos, empezar nuestra tarea temprano para estar y llegar lo mejor preparados al encuentro con el Señor.
Así ocurre con nuestro propósito definido para esta Semana Santa, pues si hemos hecho la tarea y acompañado la de nuestros estudiantes, en este momento podemos experimentar que hemos avanzado en el recorrido y hasta es posible que hayamos obtenido algunas victorias, que debemos disfrutar. Sin embargo, es importante que permanentemente analicemos nuestras debilidades para saber qué debemos corregir, evitar o fortalecer para no desviarnos de nuestro propósito.
El relato de Juan nos presenta a María Magdalena, que justamente de madrugada va al sepulcro del Señor y encuentra que la piedra ha sido retirada. María muy seguramente sentía que iba preparada, llevaba lo necesario para su visita. Sin embargo, se sorprende al ver que las cosas no están como deberían y sale corriendo a alertar a los discípulos.
En muchas ocasiones podemos encontrarnos en la misma situación, tenemos una meta fija, sabemos qué debemos cambiar, qué cosa tenemos que dejar de lado, porque nos aleja de Dios. Sin embargo, durante la marcha se nos presentan tentaciones, momentos difíciles, pruebas que nos toman de imprevisto y que nos sacan corriendo de nuestro camino de fe.
¿Qué tipo de persona te gustar ser, de los que lo preparan todo o de los que les gusta dejarse sorprender? ¿Qué ventajas tiene una y otra opción? ¿Te has detenido a pensar en algún momento si estás listo para ir con Dios? ¿Si no lo has hecho, piensa qué te faltaría?
Quinto paso: Reconocer la victoria y perfeccionar la estrategia
Pastoral Conaced
Created on December 9, 2024
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5 PASO
Transformamos el corazón para alcanzar la santidad
Reconocer la victoria y perfeccionar la estrategia
Angélica Moreno López - Directora de Pastoral
Medición de tiempos
Oportunidades de mejora y puntos fuertes
El día de la carrera inicia muy temprano
Terminada la carrera, el atleta disfruta lo que ha conseguido, así no hubiera cruzado en el primer lugar. Se siente pleno, porque obtiene la recompensa por el esfuerzo realizado en meses. Luego entra a analizar qué estuvo bien y qué hay por mejorar. Esto le servirá para enfrentar el nuevo desafío que se trace. Pues como es normal, termina una carrera, pero no tardará en escoger una nueva meta más retadora que la anterior.
Cada carrera en la que compite el atleta es una oportunidad para medir sus tiempos y establecer récords personales. Siempre será necesaria la evaluación, porque estos datos cuantitativos sumados a la percepción sobre cómo se sintió el deportista durante la carrera, le darán un panorama claro sobre sus victorias y desafíos.
El atleta se levanta antes del amanecer para alistar todo lo necesario (ropa, hidratación y alimentación) y llegar con suficiente tiempo a la competencia.
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Nuestra vida está marcada por diferentes etapas y situaciones que nos van dando una valoración cuantitativa de qué tan acertadas fueron nuestras actuaciones, si pusimos en práctica aquello que aprendimos anteriormente, si nos mantuvimos firmes frente a lo que no estamos dispuestos a negociar. Y sobre todo nos permitirán observar cuándo fue necesario hacer una pausa y bajar el ritmo, porque había algo sobre lo que debíamos reparar. Así fuera en contra de nuestro propio récord personal.
El relato de Juan cuenta que una vez María fue a avisarle a Pedro y al discípulo amado de Jesús lo que encontró en el sepulcro, ellos salen corriendo para percatarse con sus propios ojos sobre lo ocurrido. El discípulo amado llega primero, pero se detiene a esperar a Pedro, para que él sea quien entre primero. En nuestro camino muchas veces tenemos que hacer esa pausa que hizo el discípulo amado y dejar que sean otros quienes pasen en primer lugar, bien sea por respeto a un mayor, porque era su tiempo y no el nuestro o por otras razones. Pero sea cual fuere el motivo se necesita humildad y mansedumbre para abrirle el paso a otros. Esta actitud del discípulo nos recuerda que no nos salvamos solos, que nos necesitamos mutuamente y que lo que hagamos de manera personal, es un peldaño para que otros crucen.
¿Cómo describes el sentimiento que te embarga cuando logras lo que te has propuesto? ¿Te permites disfrutar de tus victorias? ¿Consideras que ya has obtenido algún logro en tu camino de conversión? ¿Si piensas en el encuentro con Jesús, qué sentimiento experimentas? ¿En qué piensas cuando se habla de la segunda venida de Cristo?
¿Meditas sobre los logros obtenidos? ¿Evalúas qué has aprendido en cierta situación para ponerlo en práctica en el futuro? ¿Cómo te dispones para caminar con otros, sin que tengas tú que ser el primero?
El relato de Juan también nos permite descubrir que los discípulos han llegado a una meta. Hicieron todo un camino con Jesús y ahora que ven los lienzos en el suelo, se preparan de cierta manera para confirmar lo que la Escritura había mencionado: Jesús debía resucitar entre los muertos. Él ha cumplido la promesa y esa tumba vacía ya no es signo de angustia, sino de esperanza. Sin embargo, no es el final para ellos, es apenas el comienzo de su misión. Necesitarán la venida del Espíritu Santo para fortalecer sus debilidades y enfrentar con valentía la tarea de anunciar el Evangelio, a pesar de la persecución. Igual que ellos, nosotros esperamos la venida del Señor. Será lo que hagamos con nuestras vidas lo que definirá si lo aguardamos con temor o con esperanza, pues si hemos actuado bajo el mandamiento del amor que Jesús nos enseñó y hemos perdonado a los que nos ofenden, nuestro anhelo será reencontrarnos a la mayor brevedad posible con Él.
Nuestro camino de conversión también nos pide mantenernos atentos, empezar nuestra tarea temprano para estar y llegar lo mejor preparados al encuentro con el Señor.
Así ocurre con nuestro propósito definido para esta Semana Santa, pues si hemos hecho la tarea y acompañado la de nuestros estudiantes, en este momento podemos experimentar que hemos avanzado en el recorrido y hasta es posible que hayamos obtenido algunas victorias, que debemos disfrutar. Sin embargo, es importante que permanentemente analicemos nuestras debilidades para saber qué debemos corregir, evitar o fortalecer para no desviarnos de nuestro propósito.
El relato de Juan nos presenta a María Magdalena, que justamente de madrugada va al sepulcro del Señor y encuentra que la piedra ha sido retirada. María muy seguramente sentía que iba preparada, llevaba lo necesario para su visita. Sin embargo, se sorprende al ver que las cosas no están como deberían y sale corriendo a alertar a los discípulos. En muchas ocasiones podemos encontrarnos en la misma situación, tenemos una meta fija, sabemos qué debemos cambiar, qué cosa tenemos que dejar de lado, porque nos aleja de Dios. Sin embargo, durante la marcha se nos presentan tentaciones, momentos difíciles, pruebas que nos toman de imprevisto y que nos sacan corriendo de nuestro camino de fe.
¿Qué tipo de persona te gustar ser, de los que lo preparan todo o de los que les gusta dejarse sorprender? ¿Qué ventajas tiene una y otra opción? ¿Te has detenido a pensar en algún momento si estás listo para ir con Dios? ¿Si no lo has hecho, piensa qué te faltaría?