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Jesús Maestro modelo de ternura

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Created on December 9, 2024

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Jesús manifestó su cercanía con los niños y niñas y se mostró dispuesto a escucharlos. Es más, nos puso de ejemplo su forma de ver la vida como posibilidad para entrar en el reino de los cielos. De esta manera, ellos se convierten en posibilidad de aprendizaje para nosotros. No solo estamos para enseñarles, sino para aprender de su inocencia, de su capacidad de vivir el ahora con total intensidad, de soñar y de creer que todo es posible. El ajetreo diario y las dinámicas en la escuela a veces no nos dejan tiempo, pero busquemos espacios para practicar una escucha activa y consciente de nuestros niños, nos sorprenderemos de lo mucho que nos nutre el alma. Asimismo, si como padres y maestros ponemos este paso en práctica desde temprana edad, cuando sean adolescentes será natural para ellos mantener una comunicación fluida con nosotros, disminuyendo riesgos como la depresión.

Nuestros colegios y hogares pueden ser un ambiente de ternura y comprensión, pero muchas veces afuera, la realidad es otra. Y debemos hacerles ver a los niños y adolescentes que no siempre verán en otros un trato cercano y fraterno. Y sin embargo, debemos enseñarles que el ejemplo es la mejor manera de cambiar esta situación, porque no podemos cosechar amor sembrando violencia. De allí, que nuestro compromiso como agentes de cambio debe ser permanente. Jesús justamente nos enseñó que siempre tendremos la opción de romper los ciclos de violencia.

Una vez Jesús establecía una conexión fraterna con sus discípulos y con quienes lo escuchaban, procedía a explicar la Palabra de la forma más sencilla posible, pero sin sacrificar la profundidad del mensaje. Nuestros niños y adolescentes demandan explicaciones cada vez más hondas, porque tienen acceso a una mayor cantidad de información que, además, resulta ser contraria algunas veces. Esto exige para maestros y padres una mayor preparación en todos los campos del saber y también acercarse a la tecnología y a recursos que propicien nuevas formas de enseñar.

Jesús recurrió en muchas ocasiones a las parábolas. Empleó situaciones de la vida cotidiana para explicar conceptos tan profundos como el Reino de Dios. De la misma manera, nuestros niños y adolescentes son educados con ternura cuando somos capaces de establecer una conexión con su realidad y para ello debemos acercarnos a su mundo y adentrarnos en este sin etiquetar sus conductas. A veces pretendemos que ellos se comporten como adultos y vean el mundo como nosotros y somos nosotros los que tenemos que hacer el ejercicio de verlo a través de sus ojos.

Mostrarse realmente interesados por sus problemas, sus temores, sus anhelos y sus frustraciones. Ponernos a su altura comprendiendo que sus situaciones y sentimientos, aunque desde nuestra perspectiva pueden parecer insignificantes, son absolutamente válidos y demandan nuestra atención. Cuestionar con curiosidad sus emociones para ayudarles a gestionarlas, pero con respeto, dándoles el tiempo necesario para experimentarlas, así nos causen incomodidad.

Jesús sí que nos enseñó a construir vínculos de amor, que por supuesto no dejaban de lado la responsabilidad de enseñar y de corregir fraternalmente. Él sabía acercarse sin perder la autoridad; sus discípulos lo veían como el maestro amoroso, pero fiel a sus principios. No le temían, su confianza era tal que podían preguntar e incluso cuestionar sus decisiones. Tenían certeza de que serían escuchados y que si eran corregidos, Jesús lo haría con argumentos y ante todo con respeto. Entender de esta forma la relación de cercanía nos permite que nuestros niños, niñas y adolescentes sientan que somos para ellos refugio seguro, que pueden contar con nosotros cuando lo requieran y a la vez sepan que en nosotros no hay cabida para la tibieza, porque el hecho de ser amorosos, no supone abstenerse de poner límites, de llamar la atención o de corregir.

El rol del maestro o de un padre es ser guía, no protagonista. Les damos herramientas para descubrir, para despertar su curiosidad, les hablamos de valores y le enseñamos como ya lo he dicho anteriormente, con nuestro ejemplo. Y si bien con nuestro trato les manifestamos que estamos ahí cuando lo necesiten, debemos cultivar su autonomía. Propiciar en ellos la posibilidad de afirmar su identidad, de construir su propia historia con sus aciertos y errores. Por ello se hace necesario cultivar en ellos un espíritu crítico y de discernimiento constante que les ayude a cuestionar, a evaluar las situaciones desde diferentes perspectivas y en especial, a establecer diálogos constructivos desde los que puedan poner en práctica ese amor que han recibido.