Want to create interactive content? It’s easy in Genially!

Get started free

Clic pastoral 94 El apego seguro

Pastoral Conaced

Created on December 9, 2024

Start designing with a free template

Discover more than 1500 professional designs like these:

Valentine's Letter

Children's Holiday Card

Happy Holidays Mobile Card

Christmas Invitation

Professional Christmas Greeting

Halloween Discount Code

Event Invitation

Transcript

El apego seguro, reflejo de la ternura con la que merecen ser tratados nuestros niñas y niños

#94

Angélica Moreno López - Directora de Pastoral

Ser refugio seguro

Propiciar la autonomía

¿Qué es la teoría del apego?

Permitir las emociones

¿Cuál es nuestro rol?

Imponer límites

¿Cuál es el reto?

Es esencial que los niños y niñas se sientan cuidados, respaldados y protegidos por un adulto de manera permanente, que lo asocien con un refugio seguro. Esto se alcanza respondiendo con afecto a las necesidades del menor, conectando, consolándolo y en especial, ayudándole a poner palabras a lo que el niño siente.

Es importante brindarle el espacio para que fomente su autonomía, invitándolo a explorar y a descubrir que es apto para enfrentarse al mundo. Pero haciéndole ver que el adulto está acompañándolo en ese proceso y le reconoce el esfuerzo que le imprime a cada acción.

Un elemento que no puede pasar desapercibido tiene que ver con la imposición de límites. Poner en práctica la ternura también implica decir no. Solo que debe establecerse de forma respetuosa, sin necesidad de imponer miedo o levantar la voz. Aunque para los niños y las niñas es difícil asumir el límite, este es expresión justamente de cariño, porque lo que se busca es protegerlo de un peligro o de una transgresión. Enmarcar su conducta les permite desarrollar un pensamiento crítico, reconocer en qué momento alguien los irrespeta y autorregular sus comportamientos, reconociendo que viven en una sociedad que tiene unas normas que cumplir.

Es clave reconocer que todos aquellos que desempeñamos un rol de cuidadores somos responsables de generar con los niños y niñas un vínculo que les permita sentirse seguros, amados y respetados, para que de esta forma tengan la posibilidad de enfrentarse al mundo con mayor destreza.

Permitirle al niño y a la niña expresar sus emociones con libertad, sin juzgar o etiquetar, porque no hay emoción ni buena ni mala; ellos deben experimentar todas y cada una, y aprender de un adulto a gestionarlas, a fin de mantener una salud emocional equilibrada, en la que no haya cabida el evitar u ocultar la emoción.

El reto está en que lo expuesto anteriormente, no se aplica en los niños con el mismo rasero, porque estamos llamados a reconocer que cada uno de ellos es distinto. Dependerá mucho del tipo de vínculo que han desarrollado con sus padres o cuidadores. No tendrán las mismas necesidades quienes han experimentado maltrato verbal o físico, o quienes se han sentido abandonados. Por ende, tenemos que conocer la realidad de cada estudiante para responder adecuadamente a su necesidad. Aquí no se trata de sobreproteger, sino de cuidar en su justa medida.

Es esencial que los niños y niñas se sientan cuidados, respaldados y protegidos por un adulto de manera permanente, que lo asocien con un refugio seguro. Esto se alcanza respondiendo con afecto a las necesidades del menor, conectando, consolándolo y en especial, ayudándole a poner palabras a lo que el niño siente.

Un elemento que no puede pasar desapercibido tiene que ver con la imposición de límites. Poner en práctica la ternura también implica decir no. Solo que debe establecerse de forma respetuosa, sin necesidad de imponer miedo o levantar la voz. Aunque para los niños y las niñas es difícil asumir el límite, este es expresión justamente de cariño, porque lo que se busca es protegerlo de un peligro o de una transgresión. Enmarcar su conducta les permite desarrollar un pensamiento crítico, reconocer en qué momento alguien los irrespeta y autorregular sus comportamientos, reconociendo que viven en una sociedad que tiene unas normas que cumplir.

La teoría del apego afirma que aquellos bebés y niños pequeños que logran establecer un vínculo afectivo importante con su cuidador principal serán adultos independientes, seguros, resilientes y capaces de mantener relaciones sanas.

Es clave reconocer que todos aquellos que desempeñamos un rol de cuidadores somos responsables de generar con los niños y niñas un vínculo que les permita sentirse seguros, amados y respetados, para que de esta forma tengan la posibilidad de enfrentarse al mundo con mayor destreza.

El reto está en que lo expuesto anteriormente, no se aplica en los niños con el mismo rasero, porque estamos llamados a reconocer que cada uno de ellos es distinto. Dependerá mucho del tipo de vínculo que han desarrollado con sus padres o cuidadores. No tendrán las mismas necesidades quienes han experimentado maltrato verbal o físico, o quienes se han sentido abandonados. Por ende, tenemos que conocer la realidad de cada estudiante para responder adecuadamente a su necesidad. Aquí no se trata de sobreproteger, sino de cuidar en su justa medida.

Permitirle al niño y a la niña expresar sus emociones con libertad, sin juzgar o etiquetar, porque no hay emoción ni buena ni mala; ellos deben experimentar todas y cada una, y aprender de un adulto a gestionarlas, a fin de mantener una salud emocional equilibrada, en la que no haya cabida el evitar u ocultar la emoción.

La teoría del apego afirma que aquellos bebés y niños pequeños que logran establecer un vínculo afectivo importante con su cuidador principal serán adultos independientes, seguros, resilientes y capaces de mantener relaciones sanas.

Es importante brindarle el espacio para que fomente su autonomía, invitándolo a explorar y a descubrir que es apto para enfrentarse al mundo. Pero haciéndole ver que el adulto está acompañándolo en ese proceso y le reconoce el esfuerzo que le imprime a cada acción.