LA JUSTIFICACIÓN
P. Leonel Báez Téllez
Martín Lutero (1483-1546)
Lutero centra el tema de la gracia en el de la justificación del pecador, y su gran inquietud personal se puede resumir en la siguiente pregunta:
Lutero
¿Cómo puedo encontrar un Dios benigno?
Lutero predica la existencia de una sola gracia, y esta gracia es la justificación del pecador, operada sólo por la misericordia de Dios. Su conciencia estaba atormentada por fuertes escrúpulos sobre la propia salvación y no encontró paz hasta que no recibió una especie de iluminación leyendo la Carta a los Romanos (Rm 1,17) la famosa
Lutero
"experiencia de la torre".
Lutero ofreció un enfoque cristológico a toda la teología. Solo Cristo (solus Christus) nos salva y es verdadero redentor y sus méritos son recibidos por el pecador (iustitia aliena). Para Lutero no existe una gracia como realidad creada, que sería una nueva mediación entre Dios y el hombre. El contacto se da a través de Cristo y no a través de otras mediaciones humanas.
Lutero
El pecador recibe una justicia que no es suya, sino que es la misma justicia de Dios, por lo cual él permanece interiormente pecador, aunque si del externo sea cubierto por el amor misericordioso de Dios. La concupiscencia que Lutero identifica con el pecado original, permanece en el hombre y habita en él. El hombre está corrompido interiormente. Es parte de la massa damnata.
Lutero
La corrupción del hombre es tal que no puede ser transformado internamente por la gracia. Permanece como envuelto por ella, pero no cambiado. Es una justificación extrínseca. Por el pecado el hombre ha perdido libertad, no puede hacer otra cosa más que pecar. Tiene una voluntad esclavizada, es un servum arbitrium.
Lutero
Refuta el concepto de gracia creada como un habitus que haría de Dios un Bien poseído por el hombre. Para él, la gracia indica la relación especial del hombre justo con la Trinidad, que se vive mediante el contacto con la Palabra.
Lutero
El verbo “justificar” es entendido a veces por Lutero en el sentido del derecho germánico, con el significado de “aplicar o seguir el derecho ante un malhechor”. Pero Dios ejercita este acto de juicio para perdonar los pecados y salvar al pecador: Él se muestra como un Dios de amor que crea nuevas relaciones con el hombre pecador, pero el hombre permanece siempre pecador, porque no posee ni puede poseer un nuevo habitus que lo haga justo y santo.
Lutero
El hombre es justo y pecador al mismo tiempo (simul iutus et peccator): esto quiere decir, para Lutero, que los pecados son perdonados, pero el hombre no es sanado del todo, prueba de ello, sigue viviendo en la concupiscencia que en sí misma es pecaminosa.
Lutero
Normalmente, se presenta la doctrina de Lutero sintetizada con las siguientes expresiones:
sola gratia solo Verbo sola fide “per solum Christum”.
Lutero
Solo verbo:
El inicio de la salvación viene por la escucha de la Palabra (solo Verbo). Sin la Palabra ni siquiera los sacramentos encuentran la eficacia querida por Cristo. La primacía de la Palabra es el signo de la iniciativa divina: “la Palabra es la primera de todas las cosas, a ella sigue la fe, a la fe, el amor; por lo tanto, el amor cumple las obras buenas. Solo la Palabra nos coloca en contacto directo con Cristo.
Lutero
Solo verbo:
Ahora bien, para entender la Teología de Lutero y de los otros Reformadores es necesario recordar la doctrina de la teología nominalista que parte más del “posible” que del real y está impregnada de una cierta “visión jurídica”. Bajo este enfoque, el estar en pecado pudiera ser simultáneo al estar en gracia, en cuanto la gracia viene considerada sobre todo como la mirada benevolente de Dios sobre el hombre.
Lutero
Solo verbo:
La separación operada entre el natural y el sobrenatural en el ámbito del nominalismo teológico crea una separación entre estos dos mundos, que se encuentran unidos solamente en modo extrínseco por el querer divino.
Lutero
Lutero llegó a sus posiciones teológicas a través de un largo proceso, pero una importancia decisiva la tuvo, aquella experiencia que él llama: experiencia de la torre.
Solo verbo:
Por eso llama a la justificación el artículo stantis et cedentis Ecclesiae: “el artículo de la justificación es el maestro y el príncipe, el director y el juez sobre todo género de doctrinas; conserva y domina toda enseñanza eclesiástica y conforta nuestra conciencia frente a Dios. Sin tal artículo el mundo no es más que muerte y tinieblas.
Lutero
Solo verbo:
La doctrina de Lutero se debe encuadrar en la contraposición fundamental que él ve entre ley y Evangelio. Según Lutero, la ley nos indica el camino para caminar hacia la vida eterna, pero no nos da las fuerzas para poder hacerlo. Frente a esta situación, el hombre encuentra consolación en el Evangelio gracias al cual él puede superar la acusación de la ley hacia su propio pecado.
Lutero
Solo verbo:
El valor más grande de la ley es aquel de impedir al hombre autojustificarse, abriéndolo de este modo a la fe del Evangelio.
Lutero
Solo verbo:
Además de la contraposición Ley-Evangelio, es necesario tener presente la doctrina sobre el pecado original, para entender bien la función de Cristo Salvador en la teología luterana y su concepción de justificación. Pecado es todo aquello que el hombre hace independientemente de Dios, pensando poder salvarse con sus solas fuerzas.
Lutero
Solo verbo:
El pecado fundamental es de fe, que se manifestó en el orgullo y el egoísmo y que cierra el camino a la acción de Cristo. El pecado ha destruido la capacidad del hombre de operar el bien: su naturaleza está corrompida y esclava del pecado, razón por la cual el hombre no tiene un verdadero y propio libre arbitrio.
Lutero
Solus Christus
“Solo Cristo” puede salvar al hombre de esta situación porque ha sido el único que ha podido cumplir en modo perfecto la ley. Con su obra redentiva él ha cambiado en bendición la maldición que debíamos recibir. Cristo como Cordero inmolado, ha asumido sobre sí la ira divina. Él es el fundamento último de toda justificación, incluso más importante que la fe. En este sentido, Lutero habla de solus Christus.
Lutero
Sola fide
El hombre debe acoger la salvación que da Cristo en la fe, que él consiente de abandonarse completamente en Dios, seguro de encontrar sólo en Él la salvación: sola fide. Es en este sentido, la fe es justificante, al contrario de las obras, que inflaman sólo el corazón del hombre.
Lutero
Sola fide
Para Lutero, la fe no puede convertirse en una disposición para la justificación, sino simplemente en una condición que permite a Dios el no imputarnos nuestros pecados. Si la fe fuera una disposición sería una obra por la cual el hombre se salvaría por sí mismo en lugar de ser salvado por Dios. Sólo la gracia de Dios salva, y ninguna obra del hombre.
Lutero
Sola fide
De este modo, partiendo del solus Christus se llega a la sola fide, y de la sola fide a la sola gratia. La fe luterana es así, más que un acto nuestro, un acto de Dios en nosotros. La justificación es el acto por el cual la gracia de Dios llega al hombre: y esto sucede en el bautismo.
Lutero
Sola gratia
Lutero refuta que la gracia sea una qualitas que cambia la naturaleza del hombre, sino una nueva relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Por esto, la justificación no quita el pecado en su profunda raíz porque se trata de un apropiarse de una iustitia aliena, una justificación que en realidad no es nuestra sino de Cristo, y que posee un:
Lutero
"Carácter forense".
Sola gratia
Permanece en el hombre la concupiscencia, que le deja una herida tal, por la que no puede operar el bien. Bajo la concupiscencia, el hombre está enteramente dominado por el pecado. De este modo, se llega la afirmación paradójica luterana de que el hombre simultáneamente es justo y pecador. Justo, porque el juicio de Cristo sobre él lo libera; pecador, porque la concupiscencia permanece en él como un mal y un pecado objetivo.
Lutero
Sola gratia
Lutero no era contrario al valor de las buenas obras, pero retenía que estas obras provenían de la justificación, y no la causaban: las obras son fruto de la fe, no de la libertad o del mérito humano.
Lutero
El concilio de trento
Frente a la doctrina de los reformadores, después de diversos tentativos de conciliación y algunas intervenciones de los Papas, en medio de no pocas dificultades de carácter político, la Iglesia Católica reunió el Concilio de Trento, que presenta la tradición católica sobre temas controvertidos y los expone en dos grande Decretos: Sobre el pecado original (1546); Sobre la justificación (1547).
Trento
Necesitamos tener en cuenta que, los reformadores: 1. Negaban el libre arbitrio. 2. La cooperación del hombre con la gracia. 3. La real santificación del hombre en la justificación. 4. El valor de las buenas obras. 5. Presentan una visión del acto de fe muy subjetivista.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Del 3 de enero de 1547, consta de un prólogo, 16 capítulos y 33 cánones. Este escrito precisa la concepción católica frente a la protestante. El decreto acepta sustancialmente la concepción cristocéntrica luterana y aquella pneumatológica calvinista, presentando a Cristo como el único reconciliador del hombre con el Padre, y al Espíritu como el único mediador de toda donación de gracia. La justificación es vista a través de la justicia de Cristo, que él nos meritó con su pasión, muerte y resurrección.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Trento define la justificación como el “paso (translatio) del estado de gracia y de donación, en el cual el hombre nace como hijo del primer Adán, al estado de donación de los hijos de Dios, mediante el segundo Adán”. El Concilio usa la palabra translatio en vez de transmutatio, usada por Santo Tomás, quizá para dejar la puerta abierta a otras escuelas católicas de teología, como aquella escotista o agustiniana.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
El decreto reafirma la necesidad de la gracia para la salvación porque no son suficientes las fuerzas naturales. El hombre no se salva sólo con sus obras. Dicho esto, veamos los capítulos del Decreto Sobre la justificación:
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 1: El poder del pecado. Todos los hombres han perdido la inocencia a causa del pecado de Adán (Rm 5,12), y se han convertido en inmundos (Is 64,2) y por naturaleza “hijos de la ira” (Ef 2,3). Capítulo 2: Cristo redentor. El Padre de las misericordias y de toda consolación (2 Cor 1,3) envió a su hijo en la plenitud de los tiempos (Gal 4,4) a redimir sea a los justos que estaban bajo la ley que a los gentiles que no buscaba la salvación (Rm 9,30).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 3: Los redimidos en Cristo. El pecado de Adán ha hecho que todos los hombres nacieran en la injusticia y que la contrajeran apenas concebidos, a causa de la propagación (propagatio) de aquel pecado. Por los méritos de la pasión de Cristo, los hombres renacen y reciben su gracia (Col 1,12).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 4: La justificación.
El Concilio define la justificación como un “paso" (translatio) del estado en el cual el hombre nace como hijo del primer Adán al estado de gracia y adopción de los hijos de Dios (Rm 8,15) a través del segundo Adán, Jesucristo, Salvador nuestro”.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 5: La preparación a la justificación. El Concilio acepta claramente contra la doctrina luterana, que el hombre sí puede prepararse a la justificación. Pero al inicio (exordium) de la misma está la gracia siempre proveniente de Cristo. De hecho, la gracia solicita y ayuda al hombre a moverse hacia la justificación. De este modo, el hombre debe dar su asentimiento y ofrecer su cooperación libre para disponerse a la justificación. Para fundar la necesidad de la colaboración humana se recurre a citaciones bíblicas como: Zc 1,3: “conviértanse a mí y yo me convertiré a ustedes”.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 6: La preparación próxima a la justificación. Se parte de la acción divina, que llama al hombre. Es la gracia divina que mueve al hombre hacia la conversión, pero estos deben responder libremente, aceptando la fe revelada.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 7: Causas y efectos de la justificación. La justificación no es sólo la remisión de los pecados, sino una verdadera y propia renovación, una santificación interior (sanctificatio et renovatio interioris), operada por Dios como un don que el hombre recibe voluntariamente.
Trento
Causas
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 7: La fe. La sola fe no puede garantizar la vida eterna si no está unida a la esperanza y la caridad: esta es la fe que da la vida eterna. Capítulo 8: La justificación por la fe. La fe es el fundamento y la raíz de la justificación. La fe separada de la esperanza y la caridad no puede operar la salvación.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 9: Contra la fe como vana confianza. Es necesario creer para salvarse, pero no es la fe del hombre la que perdona los pecados: es la misericordia divina que se manifiesta en Cristo.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 10: El aumento de la gracia: se da a través de la mortificación de las malas inclinaciones (Col 3,5) y con las buenas obras (St 2,22) a fin de crecer en la propia santificación. Capítulo 11: La posibilidad de observar los mandamientos. Los hijos de Dios cumplen sus mandamientos (Jn 14,23), que se pueden obedecer con la ayuda de Dios.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 12: La incerteza de la predestinación. Ninguno conoce si se encuentra en el número de aquellos que se salvarán, por lo cual es necesario trabajar siempre por la propia salvación con gran humildad. Capítulo 13: El don de la perseverancia. La perseverancia final consiste en el hecho de llegar hasta el fin de la vida en un estado de justicia. Es un don que viene de aquel que es potente para poder mantener en pie al justo (Rm 14,4).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 14: El sacramento de la penitencia. Quien ha sido justificado y ha caído en el pecado puede, bajo la inspiración divina, recuperar la gracia perdida, acercándose al sacramento de la penitencia, y con la ayuda divina (Jn 20,22-23). Capítulo 15: Los pecados contra la fe. La gracia de la justificación se puede perder no sólo por pecados contrarios a la fe (contra Lutero) sino por cualquier otro pecado mortal, aunque si no se tratan de pecados contra la fe.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 16: El mérito de las buenas obras. Dios no es injusto ni olvida las buenas obras hechas por amor a Él (Heb 6,10). Sólo aquellos que han sido justificados pueden meritar gracias a los méritos de Cristo (meritar la vida eterna, el aumento de la gracia y el aumento de la gloria).
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
1) El hombre es radicalmente incapaz de salvarse. Para hacerlo necesita participar de la justicia divina.2) La justificación es un don que Dios da al hombre en modo absolutamente generoso y gratuito. Por fe se acepta este don que recibimos de Dios gracias a los méritos de Cristo.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
3) La fe implica un aspecto de confesión y otro de oblación personal. Sigue un dinamismo que lleva a la caridad y, en este sentido, es el fundamento de la justificación. La fe jamás es meramente pasiva: tiende a transformarse en gracia.4) La justificación llega cuando la fe se convierten caridad. En este sentido, la gracia es el amor de Dios que llega a nosotros y nos salva. Hablamos de gracia para indicar la gratuidad de este amor.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
5) Con la llegada de la caridad, el hombre se transforma y se santifica dejando de lado el pecado. No puede estar el pecado allí donde está la gracia.6) Así renovado, el hombre puede cumplir las obras de la ley.7) La justificación tiene una dimensión eclesial-sacramental, en cuanto normalmente se confiere por los sacramentos de la Iglesia y se coloca a la comunión de los santos.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
8) La justificación tiene una dimensión escatológica que va de la gracia a la gloria.9) El estado de justificación no puede ser simultáneo a aquel de pecado mortal, en cambio, puede coexistir con el estado de pecado venial.10) No se puede tener una certeza absoluta (de fe) de la propia justificación y de la propia salvación, pero se puede tener una certeza que se puede llamar “moral” de la ausencia de pecado mortal.
Trento
En otras palabras, la justificación es un acto de la misericordia divina que, en atención a los méritos de Cristo, acoge al pecador renovándolo interiormente, haciéndolo participe de su justicia realmente y no sólo mediante un acto de imputación extrínseca. La justificación es también remisión de los pecados y santificación interior; implican en el hombre la donación de las virtudes teologales. El Concilio considera la fe no sólo como un acto preparatorio a la justificación sino como fundamento y raíz de la misma.
Trento
El Decreto Sobre el Pecado original
Por otra parte, el Decreto Sobre el pecado original, del mismo Concilio, ya había afirmado que en los bautizados permanece la concupiscencia, y que ésta puede incitar al pecado, pero no es propiamente pecado, aunque si deriva del pecado e inclina hacia él. El hombre no es meramente pasivo, pero no puede moverse hacia la gracia sin la ayuda de la gracia, que actúa en su libre voluntad.
Trento
Debemos notar que Trento no habla de modo explícito de la gracia como un status o de un habitus, quizá para evitar nuevas disputas con los reformadores, y también porque su perspectiva es claramente bíblica. La gracia de la justificación, según la doctrina tridentina, no se puede reducir al favor externo de Dios al hombre, a la simple no imputación del pecado de parte de Dios o la remisión de los pecados, sino que es verdaderamente una realidad inherente al hombre que cualifica su ser personal. Además, la gracia santificante implica una verdadera santificación (sanctificatio) y una real renovación (renovatio) del hombre mediante la libre aceptación de la gracia y de los dones.
Conclusiones:
Trento
Para Trento, la fe es el primer paso hacia la gracia de la justificación, porque es “el inicio de la humana salvación, fundamento y raíz” de la misma. Pero la fe es también un don gratuito, dado por Dios al hombre que lo quiere acoger. Frente a una concepción de la fe como confianza ciega en la propia salvación (Lutero), la fe salvífica de la cual habla Trento no tiene necesidad sólo de un contenido, sino también de ser activa: debe actuar por medio de la caridad (Gal 5,6). La fe que salva no es solo el asentimiento intelectual a ciertas verdades, sino una adhesión personal a Cristo.
Conclusiones:
Trento
Sobre el tema de la predestinación, el Concilio exhorta a no presumir en modo temerario de encontrarse en el número de los predestinados, porque el justificado puede regresar al pecado: “de hecho, no podemos conocer a aquellos que Dios se ha elegido sino por una especial revelación”.
Conclusiones:
Trento
Trento usa un lenguaje ontológico y escolástico, pero ha sabido sólidamente fundar la doctrina sobre la Escritura en armonía con las grandes tradiciones paulinas y agustiniana. Se salvaguarda el primado de la gracia y al mismo tiempo se permite la posibilidad de colaborar libremente con ella. Se parte de la gratuidad de la acción divina, pero no se niegan la libertad. Se anima a la confianza en Dios, –que nos salva a través de Jesucristo–, y al santo temor, – que deriva de una prudente desconfianza en nosotros mismos–.
Conclusiones:
Trento
Conclusiones:
El Decreto sobre la justificación se coloca a mitad de camino entre el neopelgianismo de algunos humanistas del Renacimiento y el pesimismo antropológico de Lutero. En el fondo, se quiere condenar la tesis de la justificación subjetivista y una posición individualista que sitúa al hombre solo frente Dios, sin la mediación de la Iglesia.
Trento
¡GRACIAS!
¡Recuerda publicar!
Juzgando al hombre que cree en él y que recibe el bautismo, Dios declara, en Cristo, que aquel hombre es justo, aunque en su ser íntimo no lo sea, porque está corrompido por el pecado original que ha destruido su naturaleza. Así pues, la justificación es extrínseca. El hombre no es interiormente transformado por ella: es solamente revestido por la justicia de Dios que le viene concedida en Cristo, y sus pecados no le son imputados
“Porque en él (Evangelio) se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.” (Rm 1,17). La comprensión profunda de este texto le dio respuesta a su pregunta existencial: comprendió que la justicia de Dios no es aquella de un Dios vengativo y terrible, sino la acción plena de misericordia de un Dios benigno que hace justo al pecador, el cual es perdonado a través del sacrificio de Cristo sobre la cruz.
a) La causa final: es la gloria de Dios y de Cristo, y la vida eterna. b) La causa eficiente: Dios misericordioso. c) La causa meritoria: es el Hijo dilectísimo, Unigénito, el cual nos ha salvado con el amor de su pasión y muerte. d) La causa instrumental: es el bautismo, como sacramento de la fe. e) La única causa formal: es la justicia de Dios, no aquella por la cual Él es justo en sí mismo, sino aquella por la cual Él nos hace justos (Rm 3,26).
En aquel momento sintió un renacimiento interior y la cercanía del paraíso. Hasta entonces la expresión paulina “justicia de Dios” le resultaba odiosa, porque la entendía como un “juicio de Dios” sobre las obras del hombre. En aquel momento entendió que la justicia de Dios es aquella que nos hace justos frente a él.
La intuición fundamental de su pensamiento es paulina y agustiniana: el hombre es incapaz de salvarse con sus propias fuerzas. El cristiano encuentra la salvación como un don divino y no en actos –aunque fueran sacramentales– que no son más que una falsa pretensión de auto salvación.
Tratado de Gracia (Cap. IV)
Leonel Báez Téllez
Created on November 14, 2024
Martín Lutero y Concilio de Trento
Start designing with a free template
Discover more than 1500 professional designs like these:
View
Corporate Christmas Presentation
View
Snow Presentation
View
Winter Presentation
View
Hanukkah Presentation
View
Vintage Photo Album
View
Nature Presentation
View
Halloween Presentation
Explore all templates
Transcript
LA JUSTIFICACIÓN
P. Leonel Báez Téllez
Martín Lutero (1483-1546)
Lutero centra el tema de la gracia en el de la justificación del pecador, y su gran inquietud personal se puede resumir en la siguiente pregunta:
Lutero
¿Cómo puedo encontrar un Dios benigno?
Lutero predica la existencia de una sola gracia, y esta gracia es la justificación del pecador, operada sólo por la misericordia de Dios. Su conciencia estaba atormentada por fuertes escrúpulos sobre la propia salvación y no encontró paz hasta que no recibió una especie de iluminación leyendo la Carta a los Romanos (Rm 1,17) la famosa
Lutero
"experiencia de la torre".
Lutero ofreció un enfoque cristológico a toda la teología. Solo Cristo (solus Christus) nos salva y es verdadero redentor y sus méritos son recibidos por el pecador (iustitia aliena). Para Lutero no existe una gracia como realidad creada, que sería una nueva mediación entre Dios y el hombre. El contacto se da a través de Cristo y no a través de otras mediaciones humanas.
Lutero
El pecador recibe una justicia que no es suya, sino que es la misma justicia de Dios, por lo cual él permanece interiormente pecador, aunque si del externo sea cubierto por el amor misericordioso de Dios. La concupiscencia que Lutero identifica con el pecado original, permanece en el hombre y habita en él. El hombre está corrompido interiormente. Es parte de la massa damnata.
Lutero
La corrupción del hombre es tal que no puede ser transformado internamente por la gracia. Permanece como envuelto por ella, pero no cambiado. Es una justificación extrínseca. Por el pecado el hombre ha perdido libertad, no puede hacer otra cosa más que pecar. Tiene una voluntad esclavizada, es un servum arbitrium.
Lutero
Refuta el concepto de gracia creada como un habitus que haría de Dios un Bien poseído por el hombre. Para él, la gracia indica la relación especial del hombre justo con la Trinidad, que se vive mediante el contacto con la Palabra.
Lutero
El verbo “justificar” es entendido a veces por Lutero en el sentido del derecho germánico, con el significado de “aplicar o seguir el derecho ante un malhechor”. Pero Dios ejercita este acto de juicio para perdonar los pecados y salvar al pecador: Él se muestra como un Dios de amor que crea nuevas relaciones con el hombre pecador, pero el hombre permanece siempre pecador, porque no posee ni puede poseer un nuevo habitus que lo haga justo y santo.
Lutero
El hombre es justo y pecador al mismo tiempo (simul iutus et peccator): esto quiere decir, para Lutero, que los pecados son perdonados, pero el hombre no es sanado del todo, prueba de ello, sigue viviendo en la concupiscencia que en sí misma es pecaminosa.
Lutero
Normalmente, se presenta la doctrina de Lutero sintetizada con las siguientes expresiones:
sola gratia solo Verbo sola fide “per solum Christum”.
Lutero
Solo verbo:
El inicio de la salvación viene por la escucha de la Palabra (solo Verbo). Sin la Palabra ni siquiera los sacramentos encuentran la eficacia querida por Cristo. La primacía de la Palabra es el signo de la iniciativa divina: “la Palabra es la primera de todas las cosas, a ella sigue la fe, a la fe, el amor; por lo tanto, el amor cumple las obras buenas. Solo la Palabra nos coloca en contacto directo con Cristo.
Lutero
Solo verbo:
Ahora bien, para entender la Teología de Lutero y de los otros Reformadores es necesario recordar la doctrina de la teología nominalista que parte más del “posible” que del real y está impregnada de una cierta “visión jurídica”. Bajo este enfoque, el estar en pecado pudiera ser simultáneo al estar en gracia, en cuanto la gracia viene considerada sobre todo como la mirada benevolente de Dios sobre el hombre.
Lutero
Solo verbo:
La separación operada entre el natural y el sobrenatural en el ámbito del nominalismo teológico crea una separación entre estos dos mundos, que se encuentran unidos solamente en modo extrínseco por el querer divino.
Lutero
Lutero llegó a sus posiciones teológicas a través de un largo proceso, pero una importancia decisiva la tuvo, aquella experiencia que él llama: experiencia de la torre.
Solo verbo:
Por eso llama a la justificación el artículo stantis et cedentis Ecclesiae: “el artículo de la justificación es el maestro y el príncipe, el director y el juez sobre todo género de doctrinas; conserva y domina toda enseñanza eclesiástica y conforta nuestra conciencia frente a Dios. Sin tal artículo el mundo no es más que muerte y tinieblas.
Lutero
Solo verbo:
La doctrina de Lutero se debe encuadrar en la contraposición fundamental que él ve entre ley y Evangelio. Según Lutero, la ley nos indica el camino para caminar hacia la vida eterna, pero no nos da las fuerzas para poder hacerlo. Frente a esta situación, el hombre encuentra consolación en el Evangelio gracias al cual él puede superar la acusación de la ley hacia su propio pecado.
Lutero
Solo verbo:
El valor más grande de la ley es aquel de impedir al hombre autojustificarse, abriéndolo de este modo a la fe del Evangelio.
Lutero
Solo verbo:
Además de la contraposición Ley-Evangelio, es necesario tener presente la doctrina sobre el pecado original, para entender bien la función de Cristo Salvador en la teología luterana y su concepción de justificación. Pecado es todo aquello que el hombre hace independientemente de Dios, pensando poder salvarse con sus solas fuerzas.
Lutero
Solo verbo:
El pecado fundamental es de fe, que se manifestó en el orgullo y el egoísmo y que cierra el camino a la acción de Cristo. El pecado ha destruido la capacidad del hombre de operar el bien: su naturaleza está corrompida y esclava del pecado, razón por la cual el hombre no tiene un verdadero y propio libre arbitrio.
Lutero
Solus Christus
“Solo Cristo” puede salvar al hombre de esta situación porque ha sido el único que ha podido cumplir en modo perfecto la ley. Con su obra redentiva él ha cambiado en bendición la maldición que debíamos recibir. Cristo como Cordero inmolado, ha asumido sobre sí la ira divina. Él es el fundamento último de toda justificación, incluso más importante que la fe. En este sentido, Lutero habla de solus Christus.
Lutero
Sola fide
El hombre debe acoger la salvación que da Cristo en la fe, que él consiente de abandonarse completamente en Dios, seguro de encontrar sólo en Él la salvación: sola fide. Es en este sentido, la fe es justificante, al contrario de las obras, que inflaman sólo el corazón del hombre.
Lutero
Sola fide
Para Lutero, la fe no puede convertirse en una disposición para la justificación, sino simplemente en una condición que permite a Dios el no imputarnos nuestros pecados. Si la fe fuera una disposición sería una obra por la cual el hombre se salvaría por sí mismo en lugar de ser salvado por Dios. Sólo la gracia de Dios salva, y ninguna obra del hombre.
Lutero
Sola fide
De este modo, partiendo del solus Christus se llega a la sola fide, y de la sola fide a la sola gratia. La fe luterana es así, más que un acto nuestro, un acto de Dios en nosotros. La justificación es el acto por el cual la gracia de Dios llega al hombre: y esto sucede en el bautismo.
Lutero
Sola gratia
Lutero refuta que la gracia sea una qualitas que cambia la naturaleza del hombre, sino una nueva relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Por esto, la justificación no quita el pecado en su profunda raíz porque se trata de un apropiarse de una iustitia aliena, una justificación que en realidad no es nuestra sino de Cristo, y que posee un:
Lutero
"Carácter forense".
Sola gratia
Permanece en el hombre la concupiscencia, que le deja una herida tal, por la que no puede operar el bien. Bajo la concupiscencia, el hombre está enteramente dominado por el pecado. De este modo, se llega la afirmación paradójica luterana de que el hombre simultáneamente es justo y pecador. Justo, porque el juicio de Cristo sobre él lo libera; pecador, porque la concupiscencia permanece en él como un mal y un pecado objetivo.
Lutero
Sola gratia
Lutero no era contrario al valor de las buenas obras, pero retenía que estas obras provenían de la justificación, y no la causaban: las obras son fruto de la fe, no de la libertad o del mérito humano.
Lutero
El concilio de trento
Frente a la doctrina de los reformadores, después de diversos tentativos de conciliación y algunas intervenciones de los Papas, en medio de no pocas dificultades de carácter político, la Iglesia Católica reunió el Concilio de Trento, que presenta la tradición católica sobre temas controvertidos y los expone en dos grande Decretos: Sobre el pecado original (1546); Sobre la justificación (1547).
Trento
Necesitamos tener en cuenta que, los reformadores: 1. Negaban el libre arbitrio. 2. La cooperación del hombre con la gracia. 3. La real santificación del hombre en la justificación. 4. El valor de las buenas obras. 5. Presentan una visión del acto de fe muy subjetivista.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Del 3 de enero de 1547, consta de un prólogo, 16 capítulos y 33 cánones. Este escrito precisa la concepción católica frente a la protestante. El decreto acepta sustancialmente la concepción cristocéntrica luterana y aquella pneumatológica calvinista, presentando a Cristo como el único reconciliador del hombre con el Padre, y al Espíritu como el único mediador de toda donación de gracia. La justificación es vista a través de la justicia de Cristo, que él nos meritó con su pasión, muerte y resurrección.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Trento define la justificación como el “paso (translatio) del estado de gracia y de donación, en el cual el hombre nace como hijo del primer Adán, al estado de donación de los hijos de Dios, mediante el segundo Adán”. El Concilio usa la palabra translatio en vez de transmutatio, usada por Santo Tomás, quizá para dejar la puerta abierta a otras escuelas católicas de teología, como aquella escotista o agustiniana.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
El decreto reafirma la necesidad de la gracia para la salvación porque no son suficientes las fuerzas naturales. El hombre no se salva sólo con sus obras. Dicho esto, veamos los capítulos del Decreto Sobre la justificación:
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 1: El poder del pecado. Todos los hombres han perdido la inocencia a causa del pecado de Adán (Rm 5,12), y se han convertido en inmundos (Is 64,2) y por naturaleza “hijos de la ira” (Ef 2,3). Capítulo 2: Cristo redentor. El Padre de las misericordias y de toda consolación (2 Cor 1,3) envió a su hijo en la plenitud de los tiempos (Gal 4,4) a redimir sea a los justos que estaban bajo la ley que a los gentiles que no buscaba la salvación (Rm 9,30).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 3: Los redimidos en Cristo. El pecado de Adán ha hecho que todos los hombres nacieran en la injusticia y que la contrajeran apenas concebidos, a causa de la propagación (propagatio) de aquel pecado. Por los méritos de la pasión de Cristo, los hombres renacen y reciben su gracia (Col 1,12).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 4: La justificación.
El Concilio define la justificación como un “paso" (translatio) del estado en el cual el hombre nace como hijo del primer Adán al estado de gracia y adopción de los hijos de Dios (Rm 8,15) a través del segundo Adán, Jesucristo, Salvador nuestro”.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 5: La preparación a la justificación. El Concilio acepta claramente contra la doctrina luterana, que el hombre sí puede prepararse a la justificación. Pero al inicio (exordium) de la misma está la gracia siempre proveniente de Cristo. De hecho, la gracia solicita y ayuda al hombre a moverse hacia la justificación. De este modo, el hombre debe dar su asentimiento y ofrecer su cooperación libre para disponerse a la justificación. Para fundar la necesidad de la colaboración humana se recurre a citaciones bíblicas como: Zc 1,3: “conviértanse a mí y yo me convertiré a ustedes”.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 6: La preparación próxima a la justificación. Se parte de la acción divina, que llama al hombre. Es la gracia divina que mueve al hombre hacia la conversión, pero estos deben responder libremente, aceptando la fe revelada.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 7: Causas y efectos de la justificación. La justificación no es sólo la remisión de los pecados, sino una verdadera y propia renovación, una santificación interior (sanctificatio et renovatio interioris), operada por Dios como un don que el hombre recibe voluntariamente.
Trento
Causas
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 7: La fe. La sola fe no puede garantizar la vida eterna si no está unida a la esperanza y la caridad: esta es la fe que da la vida eterna. Capítulo 8: La justificación por la fe. La fe es el fundamento y la raíz de la justificación. La fe separada de la esperanza y la caridad no puede operar la salvación.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 9: Contra la fe como vana confianza. Es necesario creer para salvarse, pero no es la fe del hombre la que perdona los pecados: es la misericordia divina que se manifiesta en Cristo.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 10: El aumento de la gracia: se da a través de la mortificación de las malas inclinaciones (Col 3,5) y con las buenas obras (St 2,22) a fin de crecer en la propia santificación. Capítulo 11: La posibilidad de observar los mandamientos. Los hijos de Dios cumplen sus mandamientos (Jn 14,23), que se pueden obedecer con la ayuda de Dios.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 12: La incerteza de la predestinación. Ninguno conoce si se encuentra en el número de aquellos que se salvarán, por lo cual es necesario trabajar siempre por la propia salvación con gran humildad. Capítulo 13: El don de la perseverancia. La perseverancia final consiste en el hecho de llegar hasta el fin de la vida en un estado de justicia. Es un don que viene de aquel que es potente para poder mantener en pie al justo (Rm 14,4).
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 14: El sacramento de la penitencia. Quien ha sido justificado y ha caído en el pecado puede, bajo la inspiración divina, recuperar la gracia perdida, acercándose al sacramento de la penitencia, y con la ayuda divina (Jn 20,22-23). Capítulo 15: Los pecados contra la fe. La gracia de la justificación se puede perder no sólo por pecados contrarios a la fe (contra Lutero) sino por cualquier otro pecado mortal, aunque si no se tratan de pecados contra la fe.
Trento
El Decreto Sobre la justificación:
Capítulo 16: El mérito de las buenas obras. Dios no es injusto ni olvida las buenas obras hechas por amor a Él (Heb 6,10). Sólo aquellos que han sido justificados pueden meritar gracias a los méritos de Cristo (meritar la vida eterna, el aumento de la gracia y el aumento de la gloria).
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
1) El hombre es radicalmente incapaz de salvarse. Para hacerlo necesita participar de la justicia divina.2) La justificación es un don que Dios da al hombre en modo absolutamente generoso y gratuito. Por fe se acepta este don que recibimos de Dios gracias a los méritos de Cristo.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
3) La fe implica un aspecto de confesión y otro de oblación personal. Sigue un dinamismo que lleva a la caridad y, en este sentido, es el fundamento de la justificación. La fe jamás es meramente pasiva: tiende a transformarse en gracia.4) La justificación llega cuando la fe se convierten caridad. En este sentido, la gracia es el amor de Dios que llega a nosotros y nos salva. Hablamos de gracia para indicar la gratuidad de este amor.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
5) Con la llegada de la caridad, el hombre se transforma y se santifica dejando de lado el pecado. No puede estar el pecado allí donde está la gracia.6) Así renovado, el hombre puede cumplir las obras de la ley.7) La justificación tiene una dimensión eclesial-sacramental, en cuanto normalmente se confiere por los sacramentos de la Iglesia y se coloca a la comunión de los santos.
Trento
Síntesis de la doctrina del Concilio de Trento sobre la justificación:
8) La justificación tiene una dimensión escatológica que va de la gracia a la gloria.9) El estado de justificación no puede ser simultáneo a aquel de pecado mortal, en cambio, puede coexistir con el estado de pecado venial.10) No se puede tener una certeza absoluta (de fe) de la propia justificación y de la propia salvación, pero se puede tener una certeza que se puede llamar “moral” de la ausencia de pecado mortal.
Trento
En otras palabras, la justificación es un acto de la misericordia divina que, en atención a los méritos de Cristo, acoge al pecador renovándolo interiormente, haciéndolo participe de su justicia realmente y no sólo mediante un acto de imputación extrínseca. La justificación es también remisión de los pecados y santificación interior; implican en el hombre la donación de las virtudes teologales. El Concilio considera la fe no sólo como un acto preparatorio a la justificación sino como fundamento y raíz de la misma.
Trento
El Decreto Sobre el Pecado original
Por otra parte, el Decreto Sobre el pecado original, del mismo Concilio, ya había afirmado que en los bautizados permanece la concupiscencia, y que ésta puede incitar al pecado, pero no es propiamente pecado, aunque si deriva del pecado e inclina hacia él. El hombre no es meramente pasivo, pero no puede moverse hacia la gracia sin la ayuda de la gracia, que actúa en su libre voluntad.
Trento
Debemos notar que Trento no habla de modo explícito de la gracia como un status o de un habitus, quizá para evitar nuevas disputas con los reformadores, y también porque su perspectiva es claramente bíblica. La gracia de la justificación, según la doctrina tridentina, no se puede reducir al favor externo de Dios al hombre, a la simple no imputación del pecado de parte de Dios o la remisión de los pecados, sino que es verdaderamente una realidad inherente al hombre que cualifica su ser personal. Además, la gracia santificante implica una verdadera santificación (sanctificatio) y una real renovación (renovatio) del hombre mediante la libre aceptación de la gracia y de los dones.
Conclusiones:
Trento
Para Trento, la fe es el primer paso hacia la gracia de la justificación, porque es “el inicio de la humana salvación, fundamento y raíz” de la misma. Pero la fe es también un don gratuito, dado por Dios al hombre que lo quiere acoger. Frente a una concepción de la fe como confianza ciega en la propia salvación (Lutero), la fe salvífica de la cual habla Trento no tiene necesidad sólo de un contenido, sino también de ser activa: debe actuar por medio de la caridad (Gal 5,6). La fe que salva no es solo el asentimiento intelectual a ciertas verdades, sino una adhesión personal a Cristo.
Conclusiones:
Trento
Sobre el tema de la predestinación, el Concilio exhorta a no presumir en modo temerario de encontrarse en el número de los predestinados, porque el justificado puede regresar al pecado: “de hecho, no podemos conocer a aquellos que Dios se ha elegido sino por una especial revelación”.
Conclusiones:
Trento
Trento usa un lenguaje ontológico y escolástico, pero ha sabido sólidamente fundar la doctrina sobre la Escritura en armonía con las grandes tradiciones paulinas y agustiniana. Se salvaguarda el primado de la gracia y al mismo tiempo se permite la posibilidad de colaborar libremente con ella. Se parte de la gratuidad de la acción divina, pero no se niegan la libertad. Se anima a la confianza en Dios, –que nos salva a través de Jesucristo–, y al santo temor, – que deriva de una prudente desconfianza en nosotros mismos–.
Conclusiones:
Trento
Conclusiones:
El Decreto sobre la justificación se coloca a mitad de camino entre el neopelgianismo de algunos humanistas del Renacimiento y el pesimismo antropológico de Lutero. En el fondo, se quiere condenar la tesis de la justificación subjetivista y una posición individualista que sitúa al hombre solo frente Dios, sin la mediación de la Iglesia.
Trento
¡GRACIAS!
¡Recuerda publicar!
Juzgando al hombre que cree en él y que recibe el bautismo, Dios declara, en Cristo, que aquel hombre es justo, aunque en su ser íntimo no lo sea, porque está corrompido por el pecado original que ha destruido su naturaleza. Así pues, la justificación es extrínseca. El hombre no es interiormente transformado por ella: es solamente revestido por la justicia de Dios que le viene concedida en Cristo, y sus pecados no le son imputados
“Porque en él (Evangelio) se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.” (Rm 1,17). La comprensión profunda de este texto le dio respuesta a su pregunta existencial: comprendió que la justicia de Dios no es aquella de un Dios vengativo y terrible, sino la acción plena de misericordia de un Dios benigno que hace justo al pecador, el cual es perdonado a través del sacrificio de Cristo sobre la cruz.
a) La causa final: es la gloria de Dios y de Cristo, y la vida eterna. b) La causa eficiente: Dios misericordioso. c) La causa meritoria: es el Hijo dilectísimo, Unigénito, el cual nos ha salvado con el amor de su pasión y muerte. d) La causa instrumental: es el bautismo, como sacramento de la fe. e) La única causa formal: es la justicia de Dios, no aquella por la cual Él es justo en sí mismo, sino aquella por la cual Él nos hace justos (Rm 3,26).
En aquel momento sintió un renacimiento interior y la cercanía del paraíso. Hasta entonces la expresión paulina “justicia de Dios” le resultaba odiosa, porque la entendía como un “juicio de Dios” sobre las obras del hombre. En aquel momento entendió que la justicia de Dios es aquella que nos hace justos frente a él.
La intuición fundamental de su pensamiento es paulina y agustiniana: el hombre es incapaz de salvarse con sus propias fuerzas. El cristiano encuentra la salvación como un don divino y no en actos –aunque fueran sacramentales– que no son más que una falsa pretensión de auto salvación.