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Teatro Neoclásico

cClaudia Arrabal

Created on November 8, 2024

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Teatro neoclásico

Teatro neoclásico

El teatro neoclásico es un movimiento teatral originado en el siglo XVII y desarrollado plenamente en el siglo XVIII. Los ilustrados trataron de combatir el teatro popular, continuador del teatro Siglo de Oro, y el favorito del público . Estos no estaban de acuerdo con el tipo de teatro que se hacía en el Barroco ( teatro religioso, teatro cortesano, teatro urbano) y recuperaron la

regla de las tres unidades.

Y también recuperaron el teatro grecolatino (diversas manifestaciones teatrales que se cultivaron en la Antigua Grecia y en la Antigua Roma). Todo esto porque los Ilustrados consideraban que el teatro era un medio idóneo para la educación de las masas y patrocinar la política.

Más info

+Características

Comedia neoclásica

leandro fernández de moratín

El sí de las niñas

-La obra de las doncellas de Leandro Fernández de Moratín, escrita en 1806,dicta las normas sociales y las matrimoniales en España del siglo XVIII. -La historia se centra en una joven llamada Francisca, que se casará con un mayor llamado Diego, pero ama a otro hombre que se llama Carlos, un hombre más joven. La tía Irene, pariente de Francisca, la presiona para que acepte la unión por motivos sociales y económicos. Explicación fragmemto -Existe un manuscrito que ilustra el conflicto entre las ambiciones individuales y los mandatos de la comunidad, enfatizando la ausencia de autonomía femenina en esa época

+fragmento

Realizado por: Claudia Rubén Jorge Javier

RITA: Señora. DOÑA FRANCISCA: ¿Me llamaba usted? DOÑA IRENE: Sí, hija mía, sí; porque el señor don Diego nos trata de un modo que ya no se puede aguantar. ¿Qué amores tienes, niña? ¿A quién ha dado palabra de matrimonio? ¿Qué enredos son éstos?... Y tú, picarona... Pues tú también lo has de saber... Por fuerza lo sabes... ¿Quién ha escrito este papel? (Presentando el papel abierto a doña Francisca.) RITA: (aparte, a doña Francisca): Su letra es. DOÑA FRANCISCA: ¡Qué maldad!... Señor don Diego, ¿así cumple usted su palabra? DON DIEGO: Bien sabe Dios que no tengo la culpa... Venga usted aquí. (Tomando de una mano a doña Francisca, la pone a su lado.) No hay que temer... Y usted, señora, escuche y calle, y no me ponga en términos de hacer un desatino1 ... Déme usted ese papel... (Quitándole el papel.) Paquita, ya se acuerda usted de las tres palmadas de esta noche. DOÑA FRANCISCA: Mientras viva me acordaré. DON DIEGO: Pues éste es el papel que tiraron a la ventana... No hay que asustarse, ya lo he dicho. (Lee.) «Bien mío: si no consigo hablar con usted, haré lo posible para que llegue a sus manos esta carta. Apenas me separé de usted, encontré en la posada al que yo llamaba mi enemigo, y al verle no sé cómo no expiré de dolor. A mi Mandó que salió inmediatamente de la ciudad, y fue preciso obedecerle. Yo me llamo don Carlos, no don Félix. Don Diego es mi tío. Viva usted dichosa y olvide para siempre a su infeliz amigo. Carlos de Urbina.» DOÑA IRENE: ¿Conque hay eso? DOÑA FRANCISCA: ¡Triste de mí! DOÑA IRENE: ¿Conque es verdad lo que decía el señor, grandísima picarona? Te has de acordar de mí. (Se encamina hacia doña Francisca, muy colérica, y en además de querer maltratarla. Rita y don Diego la estorban.) DOÑA FRANCISCA: ¡Madre!... ¡Perdón! DOÑA IRENE: No, señor; que la he de matar. DON DIEGO: ¿Qué locura es ésta? DOÑA IRENE: Él la de matarla.