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LÍNEA DEL TIEMPO

Pablo López de las Hazas Alfonso

Created on November 2, 2024

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etapas históticas de españa y península ibérica

LÍNEA DEL TIEMPO

EDAD CONTEMPORÁNEA

PREHISTORIA

EDAD MEDIA

(1.2 millones a.C- 3000 a.C)
(476 d.C-1492d.C)
(1789 d.c- Actualidad)

EDAD MODERNA

EDAD ANTIGUA

(1492 d.c-1789 d.C)
(3100 a.C- 476 a.C)

LA PREHISTORIA

La Prehistoria es el período de la historia desde la creación del ser humano hasta la invención de la escritura. En la Prehistoria encontramos dos etapas: Edad de Piedra y Edad de los metales.

EDAD DE PIEDRA

La Edad de Piedra es un período que se caracteriza por el uso de piedra para fabricar herramientas y armas. En la Edad de Piedra se dividen tres fases: Paleolítico, Mesolítico y Neolítico.

PALEOLÍTICO (1,2 millones a.C.- 9.000 a.C.)

El Paleolítico es la etapa más antigua de la prehistoria, que abarca desde hace aproximadamente 1,2 millones de años hasta hace unos 9,000 años. Se caracteriza por el uso de herramientas de piedra tallada y por una economía basada en la caza, la pesca y la recolección de alimentos.

Durante este tiempo, los humanos desarrollaron herramientas de piedra, vivían en pequeños grupos nómadas y se dedicaban a la caza y recolección. Aprendieron a usar el fuego, lo que les proporcionó calor, protección y la capacidad de cocinar alimentos. También surgieron las primeras expresiones artísticas, como las pinturas rupestres, y prácticas de enterramiento, lo que sugiere creencias espirituales. Estos logros marcaron el inicio de la evolución social y cultural de la humanidad.

El Mesolítico es el período de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, aproximadamente entre el 9,000 a.C. y el 6,000 a.C., aunque su duración varía según las regiones. En esta etapa, los cambios climáticos provocados por el fin de la última glaciación modificaron los ecosistemas y obligaron a los humanos a adaptarse a nuevos entornos.Los grupos humanos comenzaron a depender más de la recolección intensiva, la pesca y la caza de animales pequeños, adaptándose a estos nuevos recursos.

MESOLÍTICO (9000 a.C. - 6.000 a.C.)

Durante el Mesolítico, los humanos desarrollaron herramientas más especializadas, como microlitos (pequeñas piezas de piedra) que se usaban en la fabricación de herramientas complejas como arcos y flechas, lo que facilitaba la caza. Aunque seguían siendo en gran parte nómadas, algunos grupos comenzaron a establecer campamentos estacionales cerca de ríos y costas. Este estilo de vida más diversificado y semi-sedentario sentó las bases para el desarrollo agrícola y la vida sedentaria que caracterizaría al Neolítico.

El Neolítico, también conocido como la "Edad de Piedra Nueva", es el período que sigue al Mesolítico y marca una transformación fundamental en la vida humana. Comenzó alrededor del 6,000 a.C. y se caracterizó por el desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales, lo que permitió a los grupos humanos asentarse de forma permanente y crear las primeras aldeas.

NEOLÍTICO (6000 a.C.- 2500 a.C.)

Este cambio, conocido como la revolución neolítica, llevó a una organización social más compleja y al surgimiento de nuevas actividades como la cerámica para almacenar alimentos y la textilería. Estas innovaciones tecnológicas y sociales sentaron las bases para la formación de las primeras civilizaciones. Además, en el Neolítico se intensificaron las prácticas espirituales y religiosas, lo que se refleja en monumentos megalíticos como dólmenes y menhires, que eran utilizados en ceremonias y enterramientos

EDAD DE LOS METALES

La Edad de los Metales es una etapa quese caracteriza por el uso de metales, que permitieron fabricar herramientas y armas más duraderas y eficientes. Se divide en tres periodos: Edad del Cobre, Edad del Bronce y Edad del Hierro.

EDAD DEL COBRE (2500 a.C- 1700 a.C.)

La Edad del Cobre, también llamada Calcolítico, es el primer período en la prehistoria en el que los humanos comenzaron a trabajar con metales, principalmente el cobre. Surgió aproximadamente entre el 2,500 a.C. y el 1,700 a.C., dependiendo de la región, y representa una transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce.

Aunque el cobre es un metal blando, su uso marcó un gran avance tecnológico, ya que permitió fabricar herramientas y adornos más duraderos y variados que los de piedra. Para obtener el cobre, las personas aprendieron técnicas de extracción y fundición, lo que les permitió moldearlo en moldes y darle formas útiles. Este descubrimiento impulsó el desarrollo de la especialización laboral y del comercio de metales, ya que las herramientas y adornos de cobre eran valiosos y se intercambiaban entre diferentes comunidades. La Edad del Cobre preparó el terreno para el siguiente gran avance, la Edad del Bronce, en la que el cobre se combinaría con el estaño para crear un material más fuerte, lo que permitiría el desarrollo de herramientas y armas más eficientes y un mayor crecimiento de las primeras civilizaciones

EDAD DE BRONCE (1700 a.C- 800 a.C)

La Edad del Bronce es una etapa de la prehistoria que se sitúa entre el Neolítico y la Edad del Hierro, aproximadamente desde el 3300 a.C. hasta el 1200 a.C., dependiendo de la región.

Su nombre proviene del uso extendido del bronce, una aleación de cobre y estaño, que permitió crear herramientas y armas más resistentes y eficaces. Durante esta época, se desarrollaron las primeras ciudades y civilizaciones complejas, como Mesopotamia, Egipto y la civilización del Valle del Indo. También fue un período de avances en la metalurgia, la agricultura y el comercio. Las rutas comerciales florecieron, promoviendo el intercambio de bienes, cultura e ideas.

La Edad del Hierro es el último periodo de la prehistoria antes de la aparición de la escritura y el inicio de la historia antigua. Comenzó aproximadamente en el 800 a.C. en el Cercano Oriente y se extendió en diferentes momentos a otras partes del mundo.

EDAD DE HIERRO (800 a.C-500a.C)

Durante este período, los humanos aprendieron a extraer y trabajar el hierro, un metal más abundante y resistente que el cobre y el bronce, lo que transformó tanto la tecnología como la organización de las sociedades. La capacidad de forjar hierro permitió la fabricación de herramientas agrícolas y armas mucho más duraderas y eficientes. Las armas de hierro también cambiaron el equilibrio de poder entre comunidades, impulsando conquistas y la formación de estados y reinos más estructurados y organizados.

EDAD ANTIGUA

La Edad Antigua abarca desde la invención de la escritura (aprox. 5000 a.C.) hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 d.C. Durante este período surgieron las primeras civilizaciones complejas, como Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, que desarrollaron importantes avances en cultura, ciencia y organización política. Fue una era de grandes imperios y consolidación de religiones y sistemas de escritura.

INVENCIÓN DE LA ESCRITURA(3100 a.C.)

La invención de la escritura en la Edad Antigua se sitúa alrededor del 3100 a.C. permitió a las primeras civilizaciones registrar información, facilitando la administración de ciudades y la transmisión de leyes y conocimientos. En Mesopotamia, los sumerios desarrollaron el cuneiforme; en Egipto, los jeroglíficos; en China, los caracteres en huesos oraculares; y en Mesoamérica, los mayas crearon su propio sistema. La escritura fue clave para el desarrollo de culturas complejas, la preservación de la historia y el avance de la sociedad humana.

SEGUNDA GUERRA PÚNICA (218 a.C.-201 a.C.)

La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) fue uno de los conflictos más importantes entre Roma y Cartago, marcando un punto crucial en la expansión romana. Esta guerra es famosa por las campañas militares del general cartaginés Aníbal Barca, quien atravesó los Alpes con elefantes para invadir Italia, logrando victorias notables como la de Cannae. Sin embargo, los romanos, bajo el liderazgo de Publio Cornelio Escipión, conocido como Escipión "El Africano", llevaron la guerra a África y derrotaron a Cartago en la batalla de Zama en 202 a.C. Esta victoria consolidó a Roma como la potencia dominante en el Mediterráneo y debilitó a Cartago significativamente, sentando las bases para su eventual destrucción en la Tercera Guerra Púnica.

ROMANIZACIÓN DE HISPANIA (siglo II a.C.-SIGLO I d.C)

La romanización de Hispania fue el proceso mediante el cual Roma impuso su cultura, lengua, religión y sistema político en la península ibérica, tras su conquista iniciada en el siglo III a.C. A lo largo de los siguientes dos siglos, Hispania adoptó el latín, las leyes romanas y el modo de vida romano. La creación de infraestructuras, como calzadas y ciudades, facilitó el comercio y la comunicación, integrando Hispania al Imperio. Este proceso impulsó el desarrollo urbano y la economía, dejando un legado cultural y arquitectónico duradero en la península.

GUERRAS CÁNTABRAS (29 a.C- 19 a.C)

Las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) fueron los enfrentamientos entre el Imperio romano y los pueblos cántabros y astures en el norte de Hispania, última región de la península en ser conquistada. Bajo el emperador Augusto, Roma desplegó un fuerte ejército para someter a estas tribus, conocidas por su resistencia y habilidad en la guerra. Las campañas fueron duras y costosas para ambos bandos debido al terreno montañoso y la feroz defensa de los cántabros. La victoria romana consolidó la romanización de toda Hispania y marcó el final de la expansión en la península.

LA EDAD MEDIA

La Edad Media es el periodo histórico comprendido entre la caída del Imperio romano de Occidente en el año 476 y el descubrimiento de América en 1492. Durante esta época, Europa estuvo marcada por el sistema feudal, donde los señores otorgaban tierras a cambio de lealtad y servicios, y por el poder de la Iglesia, que influía en todos los aspectos de la vida. Fue un periodo de contrastes, con épocas de estabilidad y avances culturales, pero también de conflictos, como las Cruzadas y la Guerra de los Cien Años. Al final de la Edad Media, surgieron cambios sociales y económicos que sentaron las bases de la Edad Moderna.

ALTA EDAD MEDIA

CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO (476 d.C.)

La Caída del Imperio Romano de Occidente ocurrió en el año 476 d.C., cuando el último emperador, Rómulo Augústulo, fue depuesto por el líder germano Odoacro. Este evento marcó el fin de la autoridad imperial en Occidente y el comienzo de la Edad Media. La caída fue el resultado de múltiples factores, como las invasiones bárbaras, la crisis económica, la corrupción política y la división del imperio en Oriente y Occidente. A pesar de su fin, la cultura y las instituciones romanas dejaron una profunda influencia en las sociedades europeas posteriores.

REINO VISIGODO (507-711)

El Reino Visigodo fue una monarquía germánica que se estableció en la península ibérica tras la caída del Imperio romano de Occidente en el siglo V. Su capital fue Toledo, y alcanzó su apogeo con el rey Leovigildo, quien unificó gran parte de la península. En el 589, el rey Recaredo adoptó el cristianismo católico, favoreciendo la cohesión cultural y religiosa. El reino fue conquistado por los musulmanes en el 711, iniciando la etapa islámica en la región.

INVASIÓN MUSULMANA, EMITATO DEPENDIENTE (711)

En el año 711, tropas musulmanas lideradas por Táriq ibn Ziyad desembarcaron en la península ibérica, derrotando rápidamente al último rey visigodo, Rodrigo, en la batalla de Guadalete. Al-Ándalus se convirtió en una provincia dependiente del califato Omeya de Damasco, lo cual significaba que su administración quedaba bajo la autoridad directa del califa. Emires nombrados desde Damasco gobernaron la región, con poder tanto militar como político, y supervisaron la expansión del dominio musulmán. En el año 756, Abderramán I se proclamó emir independiente en Al-Ándalus, estableciendo un emirato separado del califato abasí y dando inicio a la dinastía omeya en la península.

AL-ÁNDALUS

Al-Ándalus fue el territorio de la península ibérica bajo dominio musulmán desde el 711 hasta 1492. Inicialmente, fue una provincia dependiente del califato Omeya de Damasco, pero en 756, Abderramán I estableció un emirato independiente en Córdoba. En 929, Abderramán III proclamó el Califato de Córdoba, que alcanzó un gran esplendor cultural, científico y económico. Tras su fragmentación en 1031, Al-Ándalus se dividió en reinos de taifas, que fueron debilitándose frente a los reinos cristianos. En 1492, el reino nazarí de Granada, último reducto musulmán, cayó ante los Reyes Católicos, completando la Reconquista.

EMIRATO DE CÓRDOBA INDEPENDIENTE (756)

El Emirato de Córdoba se estableció en 756 cuando Abderramán I, un omeya superviviente de la masacre abasí, proclamó su independencia del califato de Bagdad. Aunque mantuvo la unidad religiosa con el mundo islámico, el emirato era políticamente autónomo y Córdoba se convirtió en su centro de poder. Durante su gobierno, se promovieron el comercio, la agricultura y la artesanía, fomentando un crecimiento económico notable. La ciudad de Córdoba floreció culturalmente y comenzó a atraer a sabios y artistas. Este período consolidó la identidad de Al-Ándalus, que perduraría hasta su transformación en califato en 929.

REINOS CRISTIANOS DEL NORTE (722-1942)

Los reinos cristianos del norte de la península ibérica surgieron tras la victoria de Pelayo en la batalla de Covadonga en 722, que marcó el inicio de la resistencia contra el dominio musulmán. A lo largo de los siglos, pequeños núcleos cristianos, como el reino de Asturias, León, Navarra, Aragón y Castilla, comenzaron a expandirse hacia el sur en un proceso conocido como la Reconquista. Estos reinos crecieron en poder y territorio, formando alianzas y rivalidades entre ellos para fortalecer sus dominios. A partir del siglo XIII, tras la victoria en las Navas de Tolosa, los cristianos avanzaron rápidamente, dejando a Granada como el último reducto musulmán. Finalmente, en 1492, los Reyes Católicos conquistaron Granada, unificando España bajo un solo poder cristiano y poniendo fin al dominio musulmán en la península.

REINOS DE TAIFAS (1031)

Los reinos de taifas surgieron en 1031 tras la disolución del Califato de Córdoba, dividiéndose Al-Ándalus en múltiples reinos independientes. Cada taifa estaba gobernada por distintas dinastías locales, como los Abadíes en Sevilla, los Ziríes en Granada y los Hudíes en Zaragoza. Aunque culturalmente florecieron y compitieron en lujo y saber, los reinos de taifas eran políticamente débiles y frecuentemente en guerra entre sí. Para defenderse de los reinos cristianos, algunas taifas pidieron ayuda a los almorávides, que terminaron por conquistarlas en el siglo XI. La fragmentación y debilidad de las taifas facilitaron el avance cristiano en la península.

REINO NAZARÍ (1238-1492)

El Reino Nazarí de Granada fue el último estado musulmán en la península ibérica, fundado en 1238 por Muhammad I al establecer su dinastía. Granada prosperó gracias a su agricultura intensiva, la industria textil y el comercio, además de tributos pagados a los reinos cristianos para mantener su independencia. La Alhambra, su emblemático palacio y fortaleza, se convirtió en un símbolo de su esplendor cultural y arquitectónico. Aunque resistió durante más de dos siglos, el reino estaba constantemente amenazado por la expansión de Castilla y Aragón. Finalmente, en 1492, Granada fue conquistada por los Reyes Católicos, completando la Reconquista y poniendo fin a la presencia musulmana en la península.

PLENA EDAD MEDIA

RECONQUISTA (722-1492)

La Reconquista fue el proceso de expansión de los reinos cristianos del norte de la península ibérica contra el dominio musulmán, iniciado tras la victoria en Covadonga en 722. Durante siglos, los reinos de Asturias, León, Castilla, Aragón, y Portugal fueron avanzando hacia el sur, impulsados tanto por motivos religiosos como territoriales. Las grandes victorias, como la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, marcaron un punto de inflexión que aceleró la caída de Al-Ándalus. A medida que los musulmanes fueron perdiendo terreno, Granada quedó como el último reino islámico en la península. Finalmente, en 1492, los Reyes Católicos conquistaron Granada, logrando la unificación territorial de España bajo la fe cristiana y culminando la Reconquista.

REINO DE LEÓN Y DE CASTILLA (910-1230)

El Reino de León fue fundado en 910 por Fernando I tras la unificación de los reinos asturianos, convirtiéndose en un centro de poder cristiano en la península ibérica. En el siglo XI, León alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado de Alfonso VI, quien conquistó Toledo y promovió la convivencia entre culturas. En 1065, el reino se dividió temporalmente en dos partes: León y Castilla, pero Castilla se consolidó rápidamente como un territorio dominante. En 1230, el rey Fernando III unificó nuevamente León y Castilla, creando el Reino de Castilla, que continuó su expansión hacia el sur en el proceso de la Reconquista. Este periodo fue crucial para el desarrollo político, cultural y territorial de los reinos cristianos en la península.

UNIÓN DE CASTILLA Y ARAGÓN (1469)

La unión de Castilla y Aragón se consolidó en 1469 con el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conocidos como los Reyes Católicos. Este enlace dinástico no solo unió las coronas, sino que también sentó las bases para la unificación de España bajo un solo poder. Isabel y Fernando implementaron reformas administrativas y militares que fortalecieron su control sobre los territorios, así como una política de expansión territorial. Juntos, llevaron a cabo la conquista del Reino Nazarí de Granada en 1492, completando la Reconquista. Además, su unión facilitó el patrocinio de viajes como el de Cristóbal Colón, que llevó al descubrimiento de América.

UNIÓN DE CASTILLA Y ARAGÓN (1469)

La unión de Castilla y Aragón se consolidó en 1469 con el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conocidos como los Reyes Católicos. Este enlace dinástico no solo unió las coronas, sino que también sentó las bases para la unificación de España bajo un solo poder. Isabel y Fernando implementaron reformas administrativas y militares que fortalecieron su control sobre los territorios, así como una política de expansión territorial. Juntos, llevaron a cabo la conquista del Reino Nazarí de Granada en 1492, completando la Reconquista. Además, su unión facilitó el patrocinio de viajes como el de Cristóbal Colón, que llevó al descubrimiento de América.

BAJA EDAD MEDIA

CRISIS DEL SIGLO XIV

La crisis del siglo XIV fue un periodo de profunda inestabilidad en Europa, marcado por múltiples desastres. Hubo una grave crisis agrícola debido a malas cosechas, que derivó en hambrunas extendidas. Además, la Peste Negra (1347-1351) diezmó a la población, provocando millones de muertes. También hubo conflictos bélicos como la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, que debilitó aún más a la economía. Estos factores causaron una gran inestabilidad social, económica y política en Europa, afectando profundamente su estructura medieval.

DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA (1492)

El descubrimiento de América en 1492 por Cristóbal Colón marcó el inicio de la expansión europea hacia el Nuevo Mundo. Financiado por los Reyes Católicos de España, Colón llegó a las islas del Caribe, creyendo haber encontrado una ruta hacia Asia. Este acontecimiento impulsó la colonización y explotación de las tierras americanas, así como un intercambio masivo de recursos, cultura y enfermedades entre Europa y América, conocido como el intercambio colombino. Además, transformó radicalmente las sociedades indígenas y la geopolítica mundial, iniciando la era moderna.

EDAD MODERNA

La Edad Moderna, que abarca aproximadamente del siglo XV al XVIII, fue una etapa histórica caracterizada por grandes transformaciones políticas, económicas, científicas y culturales. Inició con eventos como el Renacimiento, el descubrimiento de América y la Reforma Protestante, y se consolidó con el auge de las monarquías absolutas. Esta época vio el desarrollo del capitalismo, la expansión colonial europea y avances en ciencia y tecnología, culminando en la Ilustración, que sentó las bases para las revoluciones que darían paso a la Edad Contemporánea.

CONQUISTA DE GRANADA (1492)

La conquista de Granada fue el proceso que culminó en 1492 con la toma del Reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Este evento significó el fin de la presencia musulmana en la península ibérica tras casi ocho siglos de dominio en la región. La campaña militar se extendió entre 1482 y 1492, destacándose por el sitio de la ciudad de Granada, que concluyó con la rendición del rey Boabdil el 2 de enero de 1492. Esta victoria consolidó la unidad territorial de España y abrió la puerta para futuras expediciones, como la de Cristóbal Colón ese mismo año.

EL REINADO DE CARLOS I / EL EMPERADOR (1516)

El reinado de Carlos I de España (1516-1556), también conocido como "el Emperador" al ser coronado como Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, marcó un período de expansión territorial y consolidación del Imperio español. Gobernó vastos territorios en Europa y América, enfrentando desafíos internos, como las Comunidades de Castilla, y externos, como los conflictos con Francia, el Imperio otomano y la Reforma protestante. Bajo su mando, España se convirtió en una potencia mundial. En 1556, abdicó en favor de su hijo Felipe II y se retiró al Monasterio de Yuste.

REINADO DE FELIPE II (1556-1598)

El reinado de Felipe II (1556-1598) consolidó a España como una de las principales potencias mundiales, aunque también enfrentó múltiples desafíos. Felipe II expandió los dominios españoles y llevó una política de defensa del catolicismo, luchando contra la Reforma protestante. Su gobierno abarcó conflictos como la batalla de Lepanto (1571) y la fallida expedición de la Armada Invencible contra Inglaterra (1588). Felipe II trasladó la corte a Madrid y construyó el Monasterio de El Escorial como símbolo de su poder. Su administración centralizada y los constantes conflictos exteriores llevaron a un agotamiento económico del imperio.

UNIÓN DE CORONAS (1580)

La Unión de Coronas de 1580 se produjo cuando Felipe II de España heredó el trono de Portugal tras la crisis de sucesión provocada por la muerte del rey portugués Sebastián I sin descendencia. Felipe II, nieto de un rey portugués, reclamó el trono y, tras una breve campaña militar, fue reconocido como rey de Portugal, uniendo ambas coronas bajo su mando. Esta unión, conocida como la Unión Ibérica, duró hasta 1640, permitiendo a Felipe II gobernar ambos reinos de manera independiente pero con una administración conjunta en política exterior. Esto consolidó a España como un imperio global, con territorios en Europa, América, Asia y África.

REINADO DE FELIPE III (1598-1621)

El reinado de Felipe III en España (1598-1621) se caracterizó por la delegación del poder en sus favoritos, especialmente el Duque de Lerma, y por un periodo de relativa paz en Europa tras la firma de la Paz de Londres (1604) con Inglaterra. Se promovió la expulsión de los moriscos (1609-1614), lo que afectó negativamente la economía. Su gobierno impulsó el arte y la cultura, contribuyendo al Siglo de Oro español, aunque también se enfrentó a crecientes problemas financieros y sociales que debilitaron al imperio en los años posteriores.

GUERRA DE LOS 30 AÑOS (1618-1648)

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) fue un conflicto europeo que comenzó como una disputa religiosa entre protestantes y católicos en el Sacro Imperio Romano Germánico, pero se transformó en una lucha de poder política a nivel continental. Involucró a numerosas potencias, incluidas España, Francia, Suecia y los estados alemanes. El conflicto devastó gran parte de Europa central, con enormes pérdidas humanas y económicas. Finalizó con la Paz de Westfalia, que redefinió las fronteras y fortaleció la soberanía de los estados. Este tratado también marcó el declive de la hegemonía española y el ascenso de Francia.

REINADO DE FELIPE IV (1621-1665)

El reinado de Felipe IV (1621-1665) en España estuvo marcado por su participación en la Guerra de los Treinta Años y por el intento de mantener la hegemonía de los Habsburgo en Europa. Durante su gobierno, el conde-duque de Olivares ejerció gran influencia, promoviendo reformas internas que, sin embargo, no lograron frenar la decadencia económica y política del imperio. Las tensiones internas llevaron a levantamientos, como la sublevación de Cataluña (1640) y la independencia de Portugal (1640). La crisis económica y la presión de las guerras debilitaron significativamente a España. En el ámbito cultural, su reinado fue un período destacado del Siglo de Oro.

INDEPENDENCIA DE PORTUGAL (1640)

La independencia de Portugal en 1640 marcó el fin de la Unión Ibérica, que había unido las coronas de España y Portugal desde 1580. Aprovechando la debilidad española por sus conflictos en Europa, los nobles portugueses organizaron una revuelta que culminó con la proclamación de Juan IV de la dinastía Braganza como rey de Portugal. Este acto fue apoyado por la población portuguesa, que rechazaba el control español. La guerra de independencia duró hasta 1668, cuando España finalmente reconoció la soberanía portuguesa. La independencia de Portugal significó una pérdida importante para el Imperio Español y el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre ambos países.

REINADO DE CARLOS II (1665-1700)

El reinado de Carlos II (1665-1700), último monarca de la dinastía de los Austrias en España, se caracterizó por una profunda crisis económica, política y social. Carlos II, apodado "el Hechizado" debido a sus problemas de salud, tuvo un gobierno marcado por la influencia de sus regentes y cortesanos. España perdió influencia y territorios frente a potencias emergentes como Francia, debido a su debilitamiento interno y la mala administración. Al no tener descendencia, su muerte desató la Guerra de Sucesión Española, al disputarse varias casas reales europeas el trono español. Su reinado simbolizó el final de la era de los Austrias y el inicio del cambio hacia los Borbones.

GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA (1700-1714)

La Guerra de Sucesión Española (1700-1714) comenzó tras la muerte sin herederos de Carlos II, último rey de la dinastía Habsburgo en España. Se enfrentaron dos pretendientes: Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, y el Archiduque Carlos de Austria, respaldado por varias potencias europeas temerosas del poderío franco-español. La guerra se desarrolló tanto en Europa como en territorios coloniales, y causó grandes pérdidas económicas y humanas. Concluyó con el Tratado de Utrecht, en el que Felipe V fue reconocido como rey de España, aunque España perdió territorios en Europa y se consolidó la Casa de Borbón. Este tratado redefinió el equilibrio de poder en Europa.

REINADO DE FELIPE V (1700-1746)

El reinado de Felipe V (1700-1746), primer monarca de la dinastía Borbón en España, comenzó con la Guerra de Sucesión Española. Tras ser confirmado como rey en el Tratado de Utrecht (1713), Felipe V implementó reformas centralizadoras inspiradas en el modelo francés, con el fin de fortalecer el poder real y modernizar la administración. Su reinado fue intermitente debido a su abdicación temporal en 1724, en favor de su hijo Luis I, aunque retomó el trono meses después tras la muerte de este. Felipe V impulsó también una renovación cultural y militar, creando instituciones como las Academias Reales. Su gobierno marcó el inicio de los cambios borbónicos en España, que influirían en los siglos posteriores.

REINADO DE FERNANDO VI (1746-1759)

El reinado de Fernando VI (1746-1759) se caracterizó por una política de paz y neutralidad en Europa, buscando evitar conflictos y recuperar las finanzas españolas tras las guerras anteriores. Con el apoyo de ministros como el Marqués de la Ensenada, impulsó reformas administrativas, económicas y fiscales, además de fomentar el desarrollo naval y militar para reforzar la defensa sin comprometer la paz. Su gobierno también incentivó las ciencias y las artes, fundando instituciones como la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante este periodo, España experimentó una relativa prosperidad y estabilidad interna. La muerte de su esposa, Bárbara de Braganza, afectó profundamente a Fernando VI, quien cayó en una profunda depresión hasta su fallecimiento.

REINADO DE CARLOS III (1759-1788)

El reinado de Carlos III en España (1759-1788) es conocido por sus reformas ilustradas y modernizadoras. Durante su gobierno, impulsó mejoras en la administración, economía, y educación, buscando fortalecer el Estado y limitar el poder de la Iglesia. Fomentó la construcción de infraestructuras, como caminos y canales, y apoyó el desarrollo de la industria y el comercio. También aplicó medidas de corte ilustrado, como la expulsión de los jesuitas en 1767, para consolidar el poder real. Su reinado marcó un período de progreso que buscó modernizar a España en sintonía con el pensamiento europeo de la época.

REINADO DE CARLOS IV (1788-1808)

El reinado de Carlos IV en España (1788-1808) estuvo marcado por la inestabilidad y la influencia de su ministro Manuel Godoy. La Revolución Francesa y las guerras napoleónicas afectaron gravemente al país, llevando a una crisis económica y política. La dependencia de Carlos IV de Godoy generó descontento entre la nobleza y el pueblo. En 1808, la invasión napoleónica y el Motín de Aranjuez llevaron a su abdicación en favor de su hijo, Fernando VII. Este período finalizó con el inicio de la Guerra de Independencia Española.

REVOLUCIÓN FRANCESA (1789)

La Revolución Francesa, que comenzó en 1789, fue un conflicto social y político que transformó radicalmente Francia y sentó las bases para el cambio en Europa y el mundo. Motivada por la desigualdad social, la crisis económica y las ideas ilustradas, la revolución llevó al derrocamiento de la monarquía absoluta de Luis XVI y al establecimiento de una república. Eventos clave incluyen la Toma de la Bastilla, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y el Reinado del Terror. La revolución fomentó ideales de libertad, igualdad y fraternidad, aunque también provocó violencia y polarización. Finalmente, culminó en el ascenso de Napoleón Bonaparte y la creación de un imperio.

EDAD CONTEMPORÁNEA

La Edad Contemporánea es el período histórico que inicia con la Revolución Francesa en 1789 y se extiende hasta nuestros días. Se caracteriza por el desarrollo acelerado de la tecnología, la ciencia y las comunicaciones, además de transformaciones sociales, económicas y políticas a nivel mundial. La revolución industrial y los avances en transporte y medicina han cambiado profundamente la vida humana. En este tiempo surgen las democracias modernas y los derechos humanos. Este período incluye importantes conflictos, como las dos guerras mundiales, y fenómenos como la globalización y la digitalización.

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1808-1814)

La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) fue un conflicto armado entre España y Francia tras la invasión napoleónica. Los españoles resistieron mediante guerrillas y levantamientos populares, mientras las tropas francesas intentaban mantener el control. La guerra fue apoyada por Inglaterra, que envió al duque de Wellington para ayudar a los españoles. Este conflicto marcó un despertar del sentimiento nacionalista en España y finalizó con la retirada francesa y la restauración del rey Fernando VII en el trono.

CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ- LA PEPA (1812)

La Constitución de Cádiz, conocida como "La Pepa" por ser promulgada el 19 de marzo de 1812 (día de San José), fue la primera constitución liberal de España. Redactada en plena Guerra de Independencia, estableció principios de soberanía nacional, división de poderes y derechos individuales, limitando la monarquía absoluta y favoreciendo una monarquía constitucional. Fue innovadora al introducir derechos como la libertad de prensa y el sufragio indirecto masculino. Aunque fue abolida y restaurada varias veces, su legado marcó un hito en la historia política española y europea, impulsando el liberalismo en España.

REGENCIA DE Mª CRISTINA (1833-1840)

La regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840) comenzó tras la muerte de su esposo, el rey Fernando VII, para defender el trono de su hija Isabel II, aún niña. Durante este período, se enfrentó a las Guerras Carlistas, donde los partidarios del infante Carlos (hermano de Fernando VII) disputaban la sucesión. María Cristina buscó apoyos liberales para contrarrestar a los carlistas, lo que impulsó reformas como la abolición del régimen señorial y el inicio de la desamortización. Su regencia terminó en 1840, cuando fue reemplazada por el general Espartero debido a tensiones políticas y conflictos internos.

GUERRAS CARLISTAS (1833-1876)

Las Guerras Carlistas (1833-1876) fueron una serie de conflictos civiles en España entre los partidarios del infante Carlos (carlistas) y los defensores de Isabel II y el liberalismo. Los carlistas, apoyados por sectores tradicionalistas y rurales, defendían la monarquía absolutista y los fueros regionales, oponiéndose a las reformas liberales. Se desarrollaron en tres fases: la Primera Guerra Carlista (1833-1840), la Segunda (1846-1849) y la Tercera (1872-1876). Las guerras dejaron profundas divisiones sociales y políticas, especialmente en regiones como el País Vasco y Navarra, donde el carlismo tuvo fuerte arraigo. Con la derrota final del carlismo en 1876, el liberalismo se consolidó en España, aunque las tensiones permanecieron.

REINADO DE ISABEL II (1833-1868)

El reinado de Isabel II (1833-1868) estuvo marcado por inestabilidad política y conflictos entre liberales y conservadores. Al subir al trono siendo niña, su madre, María Cristina, actuó como regente hasta 1840, y luego el general Espartero hasta 1843. Durante su mandato, se sucedieron varios gobiernos y se consolidaron las reformas liberales, aunque también hubo corrupción y luchas internas. Las tensiones entre moderados y progresistas caracterizaron este periodo, con frecuentes intervenciones militares en la política. En 1868, la Revolución Gloriosa la derrocó, llevándola al exilio y marcando el fin de su reinado.

SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868- 1874)

El Sexenio Democrático(1868-1874) fue un periodo en España que comenzó con la Revolución Gloriosa, la cual derrocó a Isabel II y buscaba establecer un régimen democrático. En estos años, se experimentaron diversas formas de gobierno, desde la monarquía constitucional con Amadeo I de Saboya (1870-1873) hasta la Primera República (1873-1874). Fue una época de inestabilidad, marcada por conflictos internos, levantamientos cantonales y guerras como la Tercera Guerra Carlista. El Sexenio finalizó con el pronunciamiento de Martínez Campos, que restauró la monarquía borbónica con Alfonso XII en el trono. Este periodo fue clave en el intento de modernizar la política española.

RESTAURACIÓN BORBÓNICA (1874-1931)

La Restauración Borbónica (1874-1931) fue el período en el que la monarquía borbónica fue restaurada en España con Alfonso XII, tras el fin del Sexenio Democrático. Este periodo se caracterizó por la estabilidad relativa bajo un sistema bipartidista, en el que los partidos Liberal y Conservador se alternaban en el poder mediante el “turno pacífico,” a menudo manipulado mediante el fraude electoral. Bajo la regencia de María Cristina y luego con Alfonso XIII, se desarrollaron importantes reformas, aunque persistieron problemas sociales y conflictos regionales. La inestabilidad aumentó con el crecimiento de movimientos obreros y nacionalistas. Finalmente, en 1931, la proclamación de la Segunda República puso fin a la Restauración.

PROCLAMACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931)

La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 marcó el inicio de un nuevo sistema político en España, tras el exilio del rey Alfonso XIII. El cambio se dio después de unas elecciones municipales en las que las candidaturas republicanas ganaron en las grandes ciudades, reflejando el descontento con la monarquía. La Segunda República impulsó reformas significativas, como el sufragio femenino, la educación laica, y la reforma agraria, en un intento de modernizar el país. Sin embargo, enfrentó grandes divisiones políticas entre republicanos, socialistas y sectores conservadores, así como la creciente tensión con la Iglesia y el ejército. Estas divisiones culminaron en un periodo de gran inestabilidad que desembocó en la Guerra Civil en 1936.

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936-1939)

La Guerra Civil Española (1936-1939) fue un conflicto entre el gobierno de la Segunda República y los sublevados liderados por el general Francisco Franco. El conflicto comenzó tras un golpe militar en julio de 1936, que dividió al país en dos bandos: republicanos, apoyados por obreros, intelectuales y sectores progresistas, y sublevados o "nacionales," respaldados por el ejército, la Iglesia y sectores conservadores. La guerra atrajo apoyo internacional, con la Alemania nazi e Italia fascista ayudando a Franco, mientras la Unión Soviética y brigadas internacionales apoyaban a la República. Tras tres años de devastadores combates y grandes pérdidas humanas, Franco salió victorioso e instauró una dictadura que duraría hasta 1975. La guerra dejó profundas cicatrices en la sociedad española.

DICTADURA DE FRANCISCO FRANCO (1939-1975)

La dictadura de Francisco Franco (1939-1975) comenzó tras la victoria de los sublevados en la Guerra Civil Española, estableciendo un régimen autoritario basado en el nacionalismo, el conservadurismo y el control absoluto del poder. Durante su gobierno, se suprimieron las libertades políticas, se persiguió a los opositores y se instauró una fuerte censura. La economía española experimentó un crecimiento a partir de los años 60, pero el régimen se mantuvo aislado internacionalmente hasta las décadas posteriores. En 1975, tras la muerte de Franco, España transitó hacia un sistema democrático, con la transición que culminó con la Constitución de 1978.

TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA (1975-1978)

La Transición Democrática en España (1975-1978) fue el proceso político que llevó al país de una dictadura franquista a un sistema democrático. Comenzó con la muerte de Francisco Franco en 1975, lo que permitió la restauración de la monarquía bajo Juan Carlos I, quien apoyó la reforma política. Durante este período, se llevaron a cabo importantes cambios, como la legalización de los partidos políticos, la creación de un nuevo marco legal y la celebración de elecciones libres en 1977. La Constitución de 1978 consolidó la democracia, garantizando derechos y libertades fundamentales. Este proceso de reconciliación y transformación política sentó las bases para la España moderna y democrática.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA: APROBACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN (1978)

La Constitución Española de 1978 fue aprobada el 6 de diciembre de ese año mediante un referéndum popular, tras un proceso de negociación y consenso entre diversas fuerzas políticas. Estableció una monarquía parlamentaria, garantizando derechos y libertades fundamentales, y sentó las bases del sistema democrático actual. La Constitución reconoció la pluralidad de las regiones españolas, asegurando el Estado de las Autonomías. Su aprobación marcó la consolidación de la Transición Democrática y la reconciliación tras décadas de dictadura. Desde su promulgación, ha sido una piedra angular en la política y la sociedad españolas.