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LA MUERTE EN LA ANTIGUA ROMA

Alejandro González M

Created on October 19, 2024

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Transcript

LA MUERTE EN ROMA

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Presentación Esencial

Soy un subtítulo genial, ideal para dar más contexto sobre el tema que vas a tratar

¡Vamos!

En la sociedad actual la muerte es un tema tabú que parece que no conviene tratar, como si no existiera o no nos fuese a ocurrir nunca, pero lo cierto es que todas las civilizaciones a lo largo de la historia han dedicado sus mejores ritos para honrarla y venerarla, conviviendo con ella, como nunca debimos dejar de hacer nosotros. Y es que morir no es una opción, ¿verdad?
En la Antigua Roma se utilizaban una serie de ritos y ceremonias tanto para no enemistarse con la muerte como para que los difuntos tuvieran un tránsito tranquilo y no permanecieran en el mundo mortal perturbando a los vivos
Los romanos consideraban la muerte como el rito de paso por excelencia de la vida humana, además del último de ella. Al ser inevitable, afectaba a todos los estratos sociales, por lo que había que celebrar una serie de actos que condujeran a una correcta sepultura de la persona fallecida
Lo primero es lo primero: los romanos tenían clarísimo que un cadáver debía recibir la correspondiente sepultura (o cremación) en un lugar adecuado para ello.
Dejar el cadáver insepulto significaba que el alma del difunto se volvía maligna y representaba un peligro para el mundo de los vivos
Los romanos no creían en la existencia de una vida tras la muerte, pero sí en la existencia de los espíritus de los difuntos. Por ello, enterraban a los muertos en un lugar alejado del de los vivos: las necrópolis. Este hecho y la realización de una serie de ritos aseguraban que el muerto no se quedara para perturbar a los vivos
Lo que sí esperaban los romanos con su muerte era el hecho de fundirse con la tierra y encontrarse con Tellus, la diosa de la tierra, equivalente a la Gea griega. Los romanos tenían dos fechas anuales para honrar a los difuntos

El equivalente al día de difuntos para los romanos eran las Parentalia, que se celebraban entre los días 13 y 21 de febrero. Tenían un carácter funerario y expiatorio, eran días considerados nefastos, se cerraban los templos y no se celebraban matrimonios. Los familiares visitaban las tumbas de sus antepasados ​​y les dejaban coronas de flores, sal, pan empapado de vino y leche. En la misma tumba o en un lugar cercano, los familiares compartían una comida con el difunto y le pedían prosperidad para la familia.

Negar la sepultura a un muerto era condenar su alma a viajar sin descanso, convirtiéndola en un espíritu maligno que atormentaría los vivos hasta que no se solucionara su entierro y el alma pudiera descansar en paz. El 9, 11 y 13 de mayo eran la Lemuria, momento en que el dueño de la casa (pater familias) hacía una serie de rituales para expulsar estos malos espíritus del hogar.
Los lemures (o fantasmas romanos) eran aquellos espectros que, por unas circunstancias u otras, no habían podido realizar bien su tránsito hacia la muerte con los rituales que ellos consideraban necesarios, como ponerlos en el suelo, en contacto con la tierra, antes de expirar.

Por ello, los suicidas y en especial los ahorcados eran considerados espíritus especialmente dañinos, al igual que los niños, que eran vistos como almas díscolas y muy enfadadas por no haber tenido la oportunidad de vivir. Por ello, La Lemuria era una noche en la que se tenía el profundo convencimiento de que las puertas estaban abiertas y que se producía la comunicación entre un plano y otro de estas almas, algo que tiene mucho que ver con Halloween

Respecto a los ritos funerarios, dependían de la clase social del difunto. Normalmente éste dejaba escrito los ritos que quería que se celebrasen en su memoria. Este conjunto de ritos reciben el nombre de FVNVS, y comenzaban en la casa del fallecido y desde el momento justo de su muerte. Existía una deidad, llamada Libitina, que vigilaba que los ritos se hicieran con corrección. De no ser así, se condenada al alma del difunto a vagar por mil años alrededor de la Laguna Estigia
Lo primero que se hacía era situar al recién fallecido en contacto con el suelo para que se empezara a fundir con la tierra (humus). Luego se llevaba a cabo un acto que llama mucho la atención...

CONCLAMATIO Era la ceremonia por que se certificaba médicamente la muerte de una persona. La familia se encargaba de llamar varias veces a gritos por su nombre al difunto directamente en su oído y mirándole a los ojos. Si no reaccionaba, se daba por muerta definitivamente a la persona y se podían dar comienzo a los ritos en su honor

A continuación, los pollinctores lavaban el cuerpo del difunto con agua caliente y lo preparaban para que otros personajes, los libitinarii, ungieran con perfumes el cadáver. De esta manera, el cuerpo estaba listo para exponerlo al público

La exposición del cuerpo duraba de tres a siete días, durante los cuales los amigos y clientes del fallecido pasaban a rendirle honores por última vez. Una rama de ciprés en la puerta anunciaba el velatorio y el fuego del hogar, siempre encendido, se apagaba en esos días. Se quemaba incienso y se adornaba la estancia con objetos del difunto y de sus antepasados

Una vez concluída la exposición del cuerpo, se colocaba en el feretrum y se iniciaba el traslado a la necrópolis. En los casos de las clases adineradas, este traslado contaba con la presencia de músicos, oradores que ensalzaban por las calles la vida del difunto y plañideras (praeficae), que lloraban desconsoladamente la pérdida de la persona muerta. Los familiares iban vestidos de luto y los hijos varones con la cabeza cubierta por un velo, mientras que las hijas se presentaban con la cabeza descubierta y el pelo suelto.

Ya junto a la tumba, se colocaba el cuerpo en una pira con forma de altar y se le volvía a llamar de nuevo para asegurar la defunción por última vez. Se le dedicaban los últimos elogios y se le echaban tres puñados de tierra encima (humatio). Por último, se le colocaba una moneda en la boca o en los ojos para pagar al barquero del Inframundo, Caronte. Una vez que el difunto era enterrado o incinerado, su espíritu pasaba a formar parte del grupo de los antepasados que reciben culto en el altar familiar de la propia casa (lararium)

Sobre el lugar donde el cuerpo se había depositado se colocaba una estela funeraria
En ella aparecía el nombre, edad y alguna referencia al oficio que el difunto ejerció en vida

Normalmente las estelas comienzan o terminan con un acrónimo de dos expresiones latinas o sólo una de ellas: D.M.S. Deis Manibus Sacrus Consagrado a los dioses Manes S.T.T.L. Sit tibi terra levis Que la tierra te sea leve Son las predecesoras de nuestro R.I.P. (Requiescat in pace), que todavía se utiliza en las lápidas actuales.

Pero, ¿qué ocurría con los espíritus de los difuntos?

Una vez en el Inframundo, el alma del difunto debía pagar al barquero, Caronte, para que le hiciera cruzar a través de la Laguna Estigia. Para ello usaba la moneda que se le había depositado en el entierro

Llegaban así a la entrada del Hades, cuyas puertas eran guardadas por el monstruoso can Cerbero, un perro de tres cabezas encargado de no permitir la entrada de los vivos ni las salidas de los muertos
El Inframundo es un lugar físico que se encuentra bajo tierra. Una vez juzgada la vida del difunto, este podía ir a los Campos Elíseos, donde la primavera es perpetua, o ser enviado al Tártaro y sufrir tormentos eternamente
El geógrafo griego Estrabón situó las puertas del Inframundo en la ciudad de Hierápolis, en la actual Turquía. Se trata de una cueva cuyo nombre era Plutonia, en honor de Plutón, hermano de Júpiter, el dios romano del Inframundo
Plutón, nombre que los romanos adoptaron para referirse al Hades griego, era sin duda el dios más temido por los mortales. Su palacio se situaba en el centro del Inframundo, que compartía durante seis meses al año con su esposa Proserpina.
Aparte de recibir el alma de los muertos, era el encargado de custodiar las puertas del Tártaro, el equivalente a nuestro actual infierno, donde permanecían cautivos los titanes que fueron derrotados por los dioses olímpicos. Entre ellos se encuentra su propio padre: Saturno

Hades en "Destripando la Historia"

FIN

SIT VOBIS FELIX LEMURIA

Ahora, veamos si habéis estado atentos....

Una vez más

Necrópolis romana. Carmona (Sevilla)

¿Podéis imaginar los momentos de tensión por los que pasaba la familia durante esta ceremonia?