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La fábula de Aracne

Glaukopis

Created on October 17, 2024

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Transcript

Serie Metamorfosis

Selección PAU Murcia

6. La fábula de Aracne

La fábula de Aracne (Las hilanderas)

Año 1655-60Autor Diego Velázquez Técnica Óleo sobre lienzo Estilo Barroco Tamaño 220 x 289 cm Localización Museo del Prado (Madrid)

Rapto de Europa en el tapiz del fondo.

Minerva armada con casco

Aracne

Damas que juzgan el tapiz de Aracne

Se identifica a la hilandera anciana con la propia diosa disfrazada.

La hilandera joven sería Aracne en plena labor de finísimo hilado.

Rueca y huso. Devanadora de hilo (herramientas de hilanderas)

Amorcillos que acompañan a Júpiter raptando a Europa.

Lechuza que también identifica a Minerva

El toro blanco (Júpiter) raptando a Europa

Minerva armada

Viola da Gamba (instrumento musical con que se creía que se trataban las picaduras de tarántula (araña) que haría refencia a Aracne transformada.

Las damas que contemplan el tapiz podrían identificarse con las ninfas migdónides mencionadas por Ovidio.

Aracne

Minerva disfrazada de anciana que, sin embargo, se delata mostrando una pierna juvenil.

La rueca y el huso, como piezas de hilar y tejer eran inventos de la propia diosa. Al pie de la rueca hay vellones de lana para hilar. la joven que habla con ella sería una sirvienta sin identificar.

Vellones de lana para hilar

Aracne devanando una madeja de hilo finísimo (como el de la araña) que es la prueba más clara de su identificación.

Las demás figuras femeninas sería sirvientas o ayudantes. En algunos estudios se identifica a Aracne con la joven que está cardando lana y ocupa el espacio central del cuadro.

La fábula de Aracne. o Las hilanderas. Diego Velázquez

Hoy se admite que el cuadro trata un tema mitológico: la fábula de Atenea y Aracne, en una escena del mito de Aracne que se describe en el libro sexto de Las metamorfosis de Ovidio. Una joven lidia, Aracne, tejía tan bien que las gentes de su ciudad comenzaron a comentar que tejía mejor que la diosa Atenea, inventora de la rueca. La escena del primer término retrataría a la joven a la derecha, vuelta de espaldas, trabajando afanosamente en su tapiz. A la izquierda, la diosa Atenea finge ser una anciana, con falsas canas en las sienes. Sabemos que se trata de la diosa porque, a pesar de su aspecto envejecido, Velázquez muestra su pierna, de tersura adolescente.[cita requerida] Al fondo, se representa el desenlace de la fábula. El tapiz confeccionado por Aracne está colgado de la pared; su tema constituye una evidente ofensa contra Palas Atenea, ya que Aracne ha representado varios de los engaños que utilizaba su padre, Zeus, para conseguir favores sexuales de mujeres y diosas. Frente al tapiz, se aprecian dos figuras. Son la diosa, ataviada con sus atributos (como el casco), y ante ella la humana rebelde, que viste un atuendo de plegados clásicos. Están colocadas de tal manera que parecen formar parte del tapiz. Otras tres damas contemplan cómo la ofendida diosa, en señal de castigo, va a transformar a la joven Aracne en araña, condenada a tejer eternamente.

Wikipedia

SELECCIÓN DE TEXTOS LATINOS

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss. (versión prosa)

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Minerva, tras escuchar la quejas de las musas, está de acuerdo en que no se deben dejar sin castigo las ofensas de algunos mortales que, por alabarse a sí mismos, desprecian a los dioses que los inspiran. Este es el caso de la joven Aracne que ha estado jactándose de su habilidad para tejer, que como todas las técnicas son responsabilidad divina de Minerva. La muchacha es de origen humilde pues es hija de un tintorero que se dedica a teñir lana y esposa de un hombre sencillo, pero se ha ido creando una gran fama en la región de Lidia por su habilidad para el tejido. Incluso las ninfas salen de sus bosques y fuentes para contemplar sus tareas desde el tratamiento de la lana, el hilado, el tejido y la decoración e inspiración de sus telas. Palas (Minerva) acude también a su taller para retar a una competición pero lo hace disfrazada de anciana. Así se dirige a Aracne, aconsejando que atienda las palabras de una anciana cuya edad y experiencia debería respetar, y le propone que se conforme con la fama que ha conseguido entre los mortales, no intendente ir más allá y se disculpe con la diosa Minerva, ella misma, por las ofensas que ha ido acumulando contra ella. Pero la joven Aracne se irrita con la anciana y en su soberbia la ofende despreciando sus consejos. Si la diosa está molesta, dice, que venga y que compita con ella. Ante este comportamiento Minerva se quita el disfraz y se revela divina ante todos dispuesta a competir. Las musas y ninfas temen a la diosa pero no Aracne que solo se sonroja un momento, pero se repone rápidamente. Se disponen ambas al certamen pues ninguna de las dos está dispuesta a ceder. Se colocan en ambos telares una frente a la otra, preparan las urdimbres, tensan los hilos, comienzan a tejer con hilos de púrpura y todos los colores del arcoiris.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Palas (Minerva) recrea en su tejido la disputa entre ella misma y Posidón (Neptuno) por el nombre y patronazgo de la ciudad de Atenas. Los olímpicos, sentados en asamblea, contemplan cómo el dios del mar golpea con su tridente la roca de la acrópolis ateniense y de la grieta brota una fuente con la que el dios pretende conseguir el premio. Pero la diosa Atenea, la misma Minerva romana, armada con su casco, escudo y coraza, hace brotar en la misma roca un olivo que comienza a fructificar en ese mismo instante y con ello consigue la victoria. Además, en las cuatro esquinas del tejido añade cuatro escenas más de otras ofensas, similares a la de Aracne, castigadas de modo ejemplar por los dioses. En una esquina teje la historia de Ródope y su esposo Hemo que fueron convertidos en montañas porque se autonombraron Zeus y Hera. En otra aparece la madre de los pigmeos, convertida en grulla tras ofender a Hera y contra la que lucharon sus propios hijos. En tercer lugar muestra a Antígona, la hija del troyano Laomedonte, que estaba tan orgullosa de su melena que se comparó con la diosa Hera. La diosa primero transformó sus cabellos en culebras, pero el resto de los dioses se apiadaron de ella y la convirtieron finalmente en cigüeña que se alimenta de esas mismas culebras. Por último, Minerva recrea al desgraciado rey Cíniras llorando abrazando lo que queda de sus orgullosas hijas que han acabado convertidas en las gradas de un templo de Hera. Una orla de ramas de olivo remata el tapiz de Palas. Por su parte Aracne escoge como motivo de su tejido algunas de las aventuras amorosas de Zeus más conocidas. Empieza con el rapto de Europa. La representación es tan viva que parece que el agua del mar salpica las ropas de la joven Europa que, fascinada por la belleza del toro de Zeus, se sube a su lomo y se deja llevar al otro lado del mar. También representa a Asterie, una titánide convertida en isla para escapar del cortejo de Zeus (Júpiter); a Leda, seducida por el dios bajo la apariencia de un cisne;

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

a Antíope que consiguió fingiendo ser un sátiro; a Alcmena, madre de Hércules, engañada por el dios disfrazado de Anfitrión, su esposo; a Dánae a la que poseyó como lluvia de oro; a la hija de Esopo como fuego, a Mnemósine como pastor y a la Diode como serpiente. Además incluye los amores de Neptuno transformado en toro con una de las hijas de Eolo, bajo la forma del río Enipeo engendrando gemelos en Ifimedia, bajo la de un carnero seduciendo a Bisaltio; de un caballo para engañar a Ceres, de un ave para sus amores con Medusa y de un delfín con Melanto. Tampoco se libra Apolo y sus amores de la habilidad de Aracne, que lo representa como azor, como león o como pastor, disfraces todos que usó para sus amoríos; ni Dionisos cuando sedujo a Erígone; ni Saturno que también engendró con engaños a Quirón. El borde de la tela queda rematado con hojas de hiedra. Se duele la diosa reconociendo la habilidad de Aracne, pero su ira se desata por los motivos recogidos en la tela que son un verdadero muestrario de los engaños de los dioses para conseguir su propio placer amoroso, rasga la tela y golpea la frente de la descarada tejedora. La infeliz muchacha no soporta el castigo e intenta ahorcarse con su hilos pero Palas, compadecida, alivia su sufrimiento transformándola en araña que cuelga de su hilo. Así será ella y sus descendientes para siempre. Rociándola con jugos mágicos de la diosa Hécate se completa la transformación: pierde sus cabellos, su cabeza se achica, sus extremidades crecen desde el abdomen y solo queda de la antigua Aracne el hilo de seda que seguirá produciendo para siempre.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Había prestado a relatos tales la Tritonia oídos, y las canciones de las Aónides y su justa ira había aprobado. Entonces, entre sí: «Alabar poco es: seamos alabadas también nos misma y los númenes nuestros que sean despreciados sin castigo no permitamos». Y de la meonia Aracne a los hados su ánimo dirige, 5 la cual, que a ella no cedía en sus alabanzas en el arte de hacer la lana, había oído. No ella por su lugar ni por el origen de su familia ilustre, sino por su arte fue; el padre suyo, el colofonio Idmón, con focaico múrice teñía las bebedoras lanas; había muerto su madre, pero también ella de la plebe, a su marido 10 igual, había sido; aun así ella por las lidias ciudades se había buscado con su ejercicio un nombre memorable, aunque surgida de una casa pequeña, y en la pequeña habitaba Hipepa. De ella la obra admirable para contemplar, a menudo abandonaron las ninfas los viñedos de su Timolo, 15 abandonaron las ninfas Pactólides sus propias aguas. Y no hechos sólo los vestidos contemplar agradaba; entonces también, mientras se hacían: tanto decor acompañaba a su arte, bien si la ruda lana aglomeraba en los primeros círculos o ya si con los dedos hacía subir la obra y, buscados largo trecho, 20 unos vellones ablandaba que igualaban a las nubes, o si con ligero pulgar giraba el pulido huso, o si cosía a aguja; la sabrías por Palas instruida, lo cual, aun así, ella niega, y de tan gran maestra ofendida:

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

«Compita», dice, «conmigo: nada hay que yo vencida rehúse». 25 Palas una vieja simula, y falsas canas en las sienes se añade y unos infirmes miembros con un bastón también sostiene. Entonces así comenzó a hablar: «No todas las cosas la más avanzada edad que debamos huir tiene; viene la experiencia de los tardíos años. El consejo no desprecia mío. Tú la fama has de buscar 30 máxima de hacer entre los mortales lana; cede ante la diosa y perdón por tus palabras, temeraria, con suplicante voz ruega; su perdón dará ella a quien lo ruega». La contempla a ella, y con torvo semblante los emprendidos hilos deja y apenas su mano conteniendo y confesando en tal semblante su ira 35 con tales palabras replicó a la oscura Palas: «De tu razón privada y por tu larga vejez vienes acabada, y demasiado largo tiempo haber vivido te hace mal. Las oiga, si tú una nuera tienes, si tienes tú una hija, esas palabras. Consejo bastante tengo en mí yo, y advirtiéndome 40 útil haberme sido no creas: la misma es la opinión nuestra. ¿Por qué no ella misma viene? ¿Por qué estos certámenes evita?». Entonces la diosa: «Ha venido», dice, y de su figura se despojó de vieja y a Palas exhibió. Reverencian sus númenes las ninfas y las migdónides nueras; sola quedó no aterrada esta virgen, 45 pero aun así se sonrojó y, súbito, su involuntaria cara señaló un rubor, y de nuevo se desvaneció, como suele el aire purpúreo hacerse en cuanto la Aurora se mueve, y breve tiempo después encandecerse, del sol al nacimiento.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Persiste en su empresa y de una estúpida palma por el deseo 50 a sus propios hados se lanza, pues tampoco de Júpiter la nacida rehúsa ni le advierte más allá ni ya los certámenes difiere. Sin demora se colocan en opuestas partes ambas y con grácil urdimbre tensan parejas telas: la tela al yugo unido se ha, la caña divide la urdimbre, 55 se insertan en mitad de la trama los radios agudos, la cual los dedos desenredan y, entre las urdimbres metida, los entallados dientes la nivelan del peine al golpear. Ambas se apresuran y, ceñidos al pecho sus vestidos, sus brazos doctos mueven mientras el celo engaña a la fatiga. 60 Por allí, esa púrpura que sintió al caldero tirio se teje, y también tenues sombras de pequeño matiz, cual suele el Arco, los soles por la lluvia al ser atravesados, manchar con su ingente curvatura el largo cielo, en el cual, diversos aunque brillen mil colores, 65 su tránsito mismo, aun así, a los ojos que lo contemplan engaña: hasta tal punto los que se tocan lo mismo son, sin embargo los últimos distan. Por allí también dúctil en los hilos se entremete el oro, y un viejo argumento a las telas se lleva. Palas la peña de Marte en el cecropio recinto 70 pinta, y la antigua lid sobre el nombre de esa tierra.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Una docena de celestiales, con Júpiter en medio, en sus sedes altas con augusta gravedad están sentados; su faz a cada uno de los dioses lo inscribe: la de Júpiter es una regia imagen; apostado hace que el dios del piélago esté, y que con su largo 75 tridente hiera unas ásperas rocas y que de la mitad de la herida de la roca brote un estrecho, prenda con la que pueda reclamar la ciudad; mas a sí misma se da el escudo, se da de aguda cúspide el astil, se da la gálea para su cabeza, se defiende con la égida el pecho, y, golpeada de su cúspide, simula que la tierra 80 produce, con sus bayas, la cría de la caneciente oliva, y que lo admiran los dioses; de su obra la Victoria es el fin. Aun así, para que con ejemplos entienda la émula de su gloria qué premio ha de esperar por una osadía tan de una furia, por sus cuatro partes certámenes cuatro añade, 85 claros por el color suyo, por sus breves figurillas distinguidas. A la tracia Ródope contiene el ángulo uno, y a su Hemo, ahora helados montes, mortales cuerpos un día, que los nombres de los supremos dioses a sí mismos se atribuyeron. La otra parte tiene el hado lamentable de la pigmea 90 madre; a ella Juno, vencida en certamen, le mandó ser grulla y a los pueblos suyos declarar la guerra.

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

Pintó también a Antígona, la que osó contender un día con la consorte del gran Júpiter, a la cual la regia Juno en ave convirtió, y no le fue de provecho Ilión a ella, 95 o Laomedonte su padre, para que, cándida con sus adoptadas alas, no a sí misma se aplauda ella, con su crepitante pico, la cigüeña. El que queda único, a Cíniras tiene ese ángulo, huérfano, y él, los peldaños del templo -de las nacidas suyas los miembros- abrazando y en esta roca yacente, llorar parece. 100 Rodea las extremas orillas con olivos de la paz -esta la medida justa es- y de la obra suya hace con su árbol el término. La Meónide a la engañada representa por la imagen de un toro, a Europa. Verdadero el toro, los estrechos verdaderos creerías. Ella misma parecía las tierras abandonadas contemplar 105 y a sus acompañantes clamar y el contacto temer del agua que hacia ella saltaba y sus temerosas plantas querer retornar. Hizo también que Asterie por un águila luchadora fuera sostenida, hizo que de un cisne Leda se acostara bajo las alas. Añadió cómo de un sátiro escondido en la imagen, a la bella 110 Nicteide Júpiter llenara de un gemelo parto, Anfitrión fuera cuando a ti, Tirintia, te cautivó, cómo áureo a Dánae, a la Esópide engañara siendo fuego,

Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

a Mnemósine pastor, a la Deoide variegada serpiente. A ti también, mutado, Neptuno, en torvo novillo, 115 en la virgen eolia te puso; tú pareciendo Enipeo engendras a los Aloidas, carnero a la Bisáltide engañas, y la flava de cabellos, de los frutos la suavísima madre, te sintió caballo, te sintió volador la de melena de culebras, madre del caballo volador, te sintió delfín Melanto. 120 A todos estos la faz suya y la faz de sus lugares devolvió. Está allí, agreste en su imagen Febo, y cómo ora de azor alas, ora lomos de león llevara, cómo de pastor a la Macareide Ise burlara, cómo Líber a Erígone con falsa uva engañara, 125 cómo Saturno de caballo al geminado Quirón creó. La última parte de la tela, circundada por un tenue limbo, con néxiles hiedras contiene flores entretejidas. No en ésta Palas, no en esta obra la Envidia podría cebarse: se dolió de su éxito la flava guerrera 130 y rompió las pintadas -celestiales delitos- vestes, y tal como el radio del citoríaco monte sostenía, tres, cuatro veces la frente golpeó de la Idmonia Aracne.
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Ovidio. Metamorfosis VI , 1 y ss.

No lo soportó la infeliz y con un lazo, ardida, se ligó su garganta: a la que así colgaba, Palas compadecida la alivió 135 y así: «Vive pues, pero cuelga, aun así, malvada» dijo, «y esta ley misma de tu castigo, para que no estés libre de inquietud en el futuro, declarada para tu descendencia y tus tardíos nietos sea». Después de eso, cuando se marchaba, con jugos de la hierba de Hécate la asperjó: y al instante, por la triste droga tocados, 140 se derramaron sus pelos, con los cuales también su nariz y sus orejas, y se hace su cabeza mínima; en todo su cuerpo también pequeña es, en su costado sus descarnados dedos, en vez de piernas se adhieren, el resto el vientre lo ocupa, del cual, aun así, ella remite una urdimbre y sus antiguas telas trabaja, la araña. 145
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Ovidio. Metamorfosis I, 168 y ss

El primer amor de Febo: Dafne la Peneia, el cual no el azar ignorante se lo dio, sino la salvaje ira de Cupido. El Delio a él hacía poco, por su vencida sierpe soberbio, le había visto doblando los cuernos al tensarle el nervio, 455 y: «¿Qué tienes tú que ver, travieso niño, con las fuertes armas?», había dicho; «ellas son cargamentos decorosos para los hombros nuestros, que darlas certeras a una fiera, dar heridas podemos al enemigo, que, al que ahora poco con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía, hemos derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón. 460 Tú con tu antorcha no sé qué amores conténtate con irritar, y las alabanzas no reclames nuestras». El hijo a él de Venus: «Atraviese el tuyo todo, Febo, a ti mi arco», dice, «y en cuanto los seres ceden todos al dios, en tanto menor es tu gloria a la nuestra». 465 Dijo, y rasgando el aire a golpes de sus alas, diligente, en el sombreado recinto del Parnaso se posó, y de su saetífera aljaba aprestó dos dardos de opuestas obras: ahuyenta éste, causa aquél el amor. El que lo causa de oro es y en su cúspide fulge aguda. 470