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Clic pastoral 99 - El arte de hacer la paz y no la guerra

Pastoral Conaced

Created on September 3, 2024

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Transcript

El arte de hacer la paz y no la guerra

#99

Angélica Moreno López - Directora de Pastoral

“De lo que abunda en su corazón habla su boca” Lc 6, 45. La paz no es una manifestación exterior, nace de adentro, de lo que guardamos en nuestro corazón, de lo que alimentamos el pensamiento, de quién nos llena el alma.

entender que al ser imagen y semejanza de Dios somos seres creados en relación

dejarnos inspirar por Jesús y aprender de Él a generar paz

permitirle al Espíritu Santo hacernos instrumentos de su paz

Jesús nos mostró que estamos llamados a perdonar, a amar al enemigo, a defender a los más débiles y vulnerables, a compartir lo que tenemos, a servir antes de ser servidos.

El mundo en el que vivimos nos enseña que no hay que ceder, que tratar bien al que piensa diferente a nosotros es debilidad; que dar segundas oportunidades a quien se equivocó es necedad.

Relación con Dios, con el otro y con lo que nos rodea. Lo que nos permite entender que difícilmente podemos tener una buena relación con los otros, cuando no tenemos una buena relación con Dios o ser buenos con el medio ambiente, cuando no nos llevamos bien con los demás. Así las cosas, debemos enfocarnos en trabajar en estas tres relaciones para mejorar nuestra disposición a la paz.

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“A palabras necias oídos sordos”

Hacer las paces con uno mismo

No nos dejemos quitar la paz por aquellos que no conocen otro lenguaje que el de los golpes, los insultos, el odio.

Todo lo anterior no tendrá efecto si no estamos en paz con nosotros mismos.

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Trae a la conciencia esas situaciones cotidianas en las que pierdes fácilmente la paciencia y te sientes tentado a responder con violencia. Pídele en ese momento al Espíritu Santo que te llene de su paz e intenta realizar la acción contraria. Haz este ejercicio, por ejemplo, cuando participes en alguna discusión en redes sociales.

Dios nos ha dado la tierra para trabajarla, pero no de cualquier forma. Entender que tenemos la responsabilidad de custodiarla, de hacerla fructífera y perdurable nos compromete a tomar decisiones que no pongan en riesgo su existencia ni la de los otros seres vivos.

Con la tierra

Ser capaces de descubrir en otro ser humano el rostro de Dios, su huella, nos da la posibilidad de ver al otro como hermano y no como enemigo. Entender que nuestra vocación es ser comunidad, a construir con el otro respetando su particularidad.

Con los otros

Si comprendemos que Dios es nuestro Creador y por tanto, dependemos de Él, no intentaremos asumir su rol. Esto nos permitirá respetar la vida, reconocer a Dios en cada persona y cuidar la tierra como administradores y no como dueños.

Con Dios

Por eso necesitamos de la gracia del Espíritu para contrarrestar a punta de amor eso que la sociedad nos muestra como natural (la violencia). Para mirar con esperanza el futuro asumiendo la tarea de sembrar los frutos del Reino de Dios en el presente.

Identifica alguna situación que te provoque enojo cada vez que la recuerdas, porque consideras que no actuaste de la mejor manera. Revisa qué pudiste haber hecho distinto, cuál fue el aprendizaje y perdona a tu yo del pasado. Recuerda que no tiene sentido juzgarse, porque hoy tienes un conocimiento y experiencia distinta a la de antes.

Venzamos el mal a punta de bien, porque no hay otra forma. El bien es capaz de contagiar, por ello procuremos leer noticias positivas, alimentarnos con testimonios donde la fraternidad triunfa. Hay muchos a los que solo les conviene la división, el individualismo, la guerra.

Analicemos qué tenemos por perdonarnos, qué nos quita la tranquilidad, qué no podemos aceptar y trabajemos en ello. Busquemos ayuda profesional de ser necesario. En la oración y ante el Santísimo también podemos sanar nuestras heridas. Asumamos nuestra tarea de hacedores de paz con la convicción de que a pesar de ser ardua, tendrá la mejor de las recompensas:

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos” Lc 5, 9.

Busca una cuenta en alguna red social que difunda noticias positivas y trata de consultarla al menos tres veces por semana. Verás cómo despierta en ti una perspectiva distinta sobre el futuro del mundo.

Usa el criterio de Jesús para resolver tus altercados más frecuentes sin dejarte llevar por lo que el mundo “acostumbra a hacer o decir”. Recurre a la Biblia para reafirmar cuál sería la pauta a seguir.

Piensa en alguna relación que te cueste gestionar y analiza cómo se interrelacionan las tres esferas (Dios, el otro y la tierra), cómo las afectan, según sea el caso; para que de esta manera identifiques desde qué aspecto puedes mejorarla.

Ante una situación en la que nos sintamos superados por el rencor, por la discordia, por la incomprensión; preguntémonos qué haría Jesús, cuál sería su criterio para resolverla y hallaremos una respuesta en la que primará el bien.