Hace muchísimos años existió un país que se llamaba Letrilandia, el país de las letras. En letrilandia Había pocas personas. Todos vivían en una ciudad pequeña y en el campo. En el país de Letrilandia había unos reyes: el rey u U y la reina a A.
Tenían tres hijos preciosos: un niño y dos niñas, el príncipe e, la princesa o y la princesa i
En Letrilandia todos tenían los cuerpos de diferentes formas, y todos hablaban distintos idiomas, lll, sss, aaa, uuu, eee, ooo, iii, pero todos se entendían cuando hablaban y también podían entenderse con los habitantes de otros países. Eran muy listos.
Junto a Letrilandia se extendía el país de los gigantes: Gigantilandia. Era grande, muy grande..., ¡grandísimo!, lo gobernaba el mago Catapún, que estaba casado con la maga Catapana. Tenían dos hijos: Catapín y Catapón.
Eran todos muy felices, pero un día paso algo que enfadó muchísimo a los gigantes y produjo terribles consecuencias. La mujer del panadero, la señora m, llegó corriendo a la ciudad, gritando muy alegre: mmmmmmm.
La señora de la montaña decía: -¡Mirad, mirad qué animal tan bonito he encontrado. Yo lo he llamado Marirrosa!. El mago Catapún, miró lo que enseñaba y dió un grito espantoso:-¡Socorrooo! ¡Es una mariposa!¡Huyamos antes de que nos haga daño!
El mago Catapún gritó enfadadísimo: -¡Me las pagarás, rey u! ¡Me las pagaréis todos! Entonces sopló y sopló fuerte y todos los habitantes de Letrilandia volaron por el aire.
El rey u no podía entender por qué el gigante se había enfadado tanto "por una mariposa. Entonces el príncipe le contó que un día que estaba jugando con sus hijos su padre les dijo:"Tened mucho cuidado, con las mariposas porque tienen el poder de volvernos pequeños, tan pequeños como una almendra"
El rey u, no dejaba que el príncipe e y sus hermanas o, i se alejaran del palacio, porque tenía miedo de que el mago Catapún les hiciera algún daño. El príncipe e estaba harto de estar encerrado y pensaba como castigar al gigante.
Un día pensó que podía castigar al gigante yendo a su casa y haciéndole cosquillas, para ello utilizaría las plumas de su pájaro preferido que se llamaba Toc Toc. Le dijo: -Amigo, quiero que me des alguna de tus preciosas plumas. El pájaro le preguntó: -¿Para que las quieres? para ponérmelas en la cabeza, dijo el príncipe e. Al pájaro le pareció extraño pero se las dío. Ponle tres en la cabeza y dos en los pies.
Al día siguiente, el príncipe e llamó a su elefante Timbo, se sentó encima de él y le dijo: -Timbo: vamonos al país de los gigantes. No hagas ruido. Nadie debe enterarse. Salieron de la ciudad, cruzaron el río, siguieron por un camino ancho lleno de piedras, atravesaron el bosque de árboles altísimos que rodeaba Gigantilandia y llegaron junto a la casa del mago Catapún.
Catapún dormía plácidamente, tumbado en la hierba del jardín. El aire que salía de su bocaza movía las ramas de los árboles que estaban más cerca. El principe e saltó al suelo para empezar a hacerle cosquillas.
Catapún daba manotazos sin parar a uno y a otro lado queriendo espantar aquellas "moscas" tan latosas -eso le parecía a él-. El príncipe e se puso a hacerle cosquillas en los pies, y el gigante pataleaba sin cesar. Después se le ocurrió pasarle las plumas por la nariz, y el pobre Catapún empezó a estornudar con fuerza. ¡Pobre Catapún! con cada estornudo se hacía más pequeño. Al primer ¡Aaachíiiisss! se hizo del tamaño de un hombre normal. Al segundo estornudo se hizo como un niño de ocho años y al tercero, como una letra de letrilandia.
-¡Oooohhh! ¡No puede ser!. Catapún creyó que estaba soñando, la hierba parecía hecha de gruesas cañas que le rodeaban por todas partes. Las hormigas ahora parecían tan grandes como ratones.-¿Qué me ha pasado?
El príncipe pensó que si dejaba allí a Catapún, le podía suceder algo malo, porque no estaba acostumbrado a ser tan pequeño. Decidió salir y hablar con él. -Buenas tardes, señor Catapún. El gigante dijo-¿Qué haces tú en mi reino?. Pero, ¿por qué te veo tan alto? El principe e se lo explicó todo y el gigante se enfureció aún más. -¡Tú has sido el culpable de que sea tan pequeño! El principe e dijo: -Yo no sabía que las cosquillas te pudieran hacer pequeño! -No son las cosquillas. Han sido los estornudos que nos vuelven pequeños, muy pequeños.
¿Qué voy a hacer ahora? dijo Catapún, olvidé la palabra mágica que me enseñó mi abuelo, y que me permitirá recuperar mi tamaño. El príncipe sintió mucho lo que había hecho, le pidió perdón a Catapún y le invitó a ir a su reino, donde consultarían con los sabios reyes, sus padres. Montados en Timbo, se alejaron hacia Letrilandia.
Por el camino el elefante hacía mucho ruido y Catapún dijo: -Chiiiisss. Timbo chasqueó la lengua: -¡Chaaaasss!. Con los dos sonidos se formo el sonido CHISCHÁS, que casualmente era la palabra que podía volver a Catapún a su tamaño de gigante. El gigante la repitió varias veces: CHISCHAS, CHISCHAS, CHISCHAS. Y MAGIA, MAGIA, MAGIA. Catapún creció. Su cuerpo dio seis o siete estirones, creció, creció, creció, creció... hasta ser tan alto y fuerte como antes.
Catapún saltó al suelo y escapó corriendo. El príncipe e se dió cuenta de que el mago era otra vez gigante y se volvió con Timbo a Letrilandia donde le estaban esperando sus padres y hermanas.