Perspectiva Monista
Empezar
La escuela de Mileto
Esta se compone por Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Ya que Mileto fue la cuna de la filosofía griega, en la región jónica del Asia Menor, y ahí encontramos los primeros pensadores de la filosofía occidental.
Tales de Mileto (624-545 a.C.)
Fue uno de los siete sabios de Grecia, fue físico, matemático, astrónomo e inventor. En astronomía su gran hazaña fue la predicción exacta de un eclipse solar para el 28 de mayo del 585 a.C. No se tiene ningún escrito de él. Su pensamiento se conoce por referencia de filósofos posteriores. Aristóteles, por ejemplo, lo llama “padre de la filosofía”. Para Tales, el “agua” es el principio de todas las cosas. Nos dice que el “agua” es el principio de donde provienen los seres.
Anaximandro (610-546 a.C.)
Fue geómetra, cartógrafo y astrónomo. Escribió un libro titulado, Acerca de la naturaleza, donde sostuvo que “el principio no puede ser ninguna sustancia concreta”.
El cual llama, el ápeiron (lo ilimitado, lo indefinido, lo indeterminado). Dice que el principio o arché primordial de los seres es el infinito, del cual nacen todos los cielos y los universos contenidos en ellos. Es una especie de materia prima o fango primitivo, en cantidad ilimitada pero cualitativamente indefinida. El ápeiron es una fuerza vital intrínseca (Hilozoísmo), donde produce remolinos que se va separando y diferenciando, dando como resultado mundos o cosmos esféricos y limitados.
Anaxímenes (548-480 a.C.)
Fue meteorólogo y escribió acerca de la naturaleza.
Para él, el aire infinito, será el principio de todas las cosas. Propone que no es indeterminado, como Anaximandro, sino determinado, manifestando que es el aire (hálito, aliento, soplo) de donde provienen las cosas, pero que retornan a ese aire.
Nos dice que, “así como nuestra alma, siendo aire, nos mantiene unidos, así también el aliento y el aire circundan todo el Cosmos”.
No se trata del aire atmosférico, sino de un proto-elemento eterno, “divino”, ilimitado, sutil, ligerísimo, penetrante, casi incorpóreo, que es el principio del movimiento y de la vida (respiración) de todas las cosas. De este principio primordial, agitado por un movimiento eterno, salen infinitos mundos y seres, incluyendo a los dioses.
Según sus comentaristas, Anaxímenes introduce el “dualismo de fuerzas cósmicas” cuando los distintos elementos provienen por rarefacción y condensación. Por rarefacción se convierten en fuego; en cambio por condensación, se transforma en agua (pasando antes por viento, después en nube), en tierra más tarde, y de ahí, por último, en piedra.
Aristóteles, comenta esta idea y se refiere a que la humedad es frecuente en las cosas, ya que estas experimentan los más variados cambios, siendo una está la causa de todo lo existente. Es decir, el modo de producción de los seres vivos viene determinado por dos procesos: la evaporación y condensación de las sustancias húmedas. La parte que se evapora se hace aire, pasa a fuego, a éter; mientras que el agua es comprimida y cambiada a cieno, hasta convertirse en tierra. Por eso afirmó Tales que el agua era el más activo de los cuatro elementos. Tales observa que el agua es alimento de los seres vivos y afirmó que las semillas de todas las cosas poseen una naturaleza húmeda. Esto se entiende porque el agua es, así mismo, la primera condición de la vida.
Con esta contraposición de mundos limitados y ápeiron ilimitado queda definida la oposición fundamental entre <<finito>> e <<infinito>> que recogerán los presocráticos posteriores. En los cosmos la materia está disgregada en un movimiento eterno, el cual sigue formando así el fuego (caliente), el aire (frío), el agua (húmedo) y la tierra (seca), hasta llegar a los primeros organismos. Además, todos los seres volverán al seno del ápeiron. También él introduce la idea de la lucha de los contrarios, ya que con el “ápeiron” se separan lo caliente y lo frío, lo seco y lo húmedo, esta lucha de contrarios dará lugar a un movimiento dialéctico.
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La escuela de Mileto
Esta se compone por Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Ya que Mileto fue la cuna de la filosofía griega, en la región jónica del Asia Menor, y ahí encontramos los primeros pensadores de la filosofía occidental.
Tales de Mileto (624-545 a.C.)
Fue uno de los siete sabios de Grecia, fue físico, matemático, astrónomo e inventor. En astronomía su gran hazaña fue la predicción exacta de un eclipse solar para el 28 de mayo del 585 a.C. No se tiene ningún escrito de él. Su pensamiento se conoce por referencia de filósofos posteriores. Aristóteles, por ejemplo, lo llama “padre de la filosofía”. Para Tales, el “agua” es el principio de todas las cosas. Nos dice que el “agua” es el principio de donde provienen los seres.
Anaximandro (610-546 a.C.)
Fue geómetra, cartógrafo y astrónomo. Escribió un libro titulado, Acerca de la naturaleza, donde sostuvo que “el principio no puede ser ninguna sustancia concreta”. El cual llama, el ápeiron (lo ilimitado, lo indefinido, lo indeterminado). Dice que el principio o arché primordial de los seres es el infinito, del cual nacen todos los cielos y los universos contenidos en ellos. Es una especie de materia prima o fango primitivo, en cantidad ilimitada pero cualitativamente indefinida. El ápeiron es una fuerza vital intrínseca (Hilozoísmo), donde produce remolinos que se va separando y diferenciando, dando como resultado mundos o cosmos esféricos y limitados.
Anaxímenes (548-480 a.C.)
Fue meteorólogo y escribió acerca de la naturaleza. Para él, el aire infinito, será el principio de todas las cosas. Propone que no es indeterminado, como Anaximandro, sino determinado, manifestando que es el aire (hálito, aliento, soplo) de donde provienen las cosas, pero que retornan a ese aire. Nos dice que, “así como nuestra alma, siendo aire, nos mantiene unidos, así también el aliento y el aire circundan todo el Cosmos”.
No se trata del aire atmosférico, sino de un proto-elemento eterno, “divino”, ilimitado, sutil, ligerísimo, penetrante, casi incorpóreo, que es el principio del movimiento y de la vida (respiración) de todas las cosas. De este principio primordial, agitado por un movimiento eterno, salen infinitos mundos y seres, incluyendo a los dioses. Según sus comentaristas, Anaxímenes introduce el “dualismo de fuerzas cósmicas” cuando los distintos elementos provienen por rarefacción y condensación. Por rarefacción se convierten en fuego; en cambio por condensación, se transforma en agua (pasando antes por viento, después en nube), en tierra más tarde, y de ahí, por último, en piedra.
Aristóteles, comenta esta idea y se refiere a que la humedad es frecuente en las cosas, ya que estas experimentan los más variados cambios, siendo una está la causa de todo lo existente. Es decir, el modo de producción de los seres vivos viene determinado por dos procesos: la evaporación y condensación de las sustancias húmedas. La parte que se evapora se hace aire, pasa a fuego, a éter; mientras que el agua es comprimida y cambiada a cieno, hasta convertirse en tierra. Por eso afirmó Tales que el agua era el más activo de los cuatro elementos. Tales observa que el agua es alimento de los seres vivos y afirmó que las semillas de todas las cosas poseen una naturaleza húmeda. Esto se entiende porque el agua es, así mismo, la primera condición de la vida.
Con esta contraposición de mundos limitados y ápeiron ilimitado queda definida la oposición fundamental entre <<finito>> e <<infinito>> que recogerán los presocráticos posteriores. En los cosmos la materia está disgregada en un movimiento eterno, el cual sigue formando así el fuego (caliente), el aire (frío), el agua (húmedo) y la tierra (seca), hasta llegar a los primeros organismos. Además, todos los seres volverán al seno del ápeiron. También él introduce la idea de la lucha de los contrarios, ya que con el “ápeiron” se separan lo caliente y lo frío, lo seco y lo húmedo, esta lucha de contrarios dará lugar a un movimiento dialéctico.