Conferencia Mundial en Salamanca
1994
“El principio rector de este Marco de Acción es que las escuelas deben acoger a todos los niños, independientemente de sus condiciones físicas, intelectuales, sociales, emocionales, lingüísticas u otras... Deben acoger a niños discapacitados y niños bien dotados, a niños que viven en la calle y que trabajan, niños de poblaciones remotas o nómadas, niños de minorías lingüísticas, étnicas o culturales, y niños de otros grupos o zonas desfavorecidas o marginadas. Todas estas condiciones plantean una serie de retos para los sistemas escolares. En el contexto de este Marco de Acción el término «necesidades educativas especiales» se refiere a todos los niños y jóvenes cuyas necesidades se derivan de su capacidad o sus dificultades de aprendizaje. (...) Las escuelas tienen que encontrar la manera de educar con éxito a todos los niños, incluidos aquellos con discapacidades graves. (...) El reto con que se enfrentan las escuelas integradoras es el de desarrollar una pedagogía centrada en el niño, capaz de educar con éxito a todos los niños y niñas comprendidos los que sufren (dis)capacidades graves. El mérito de estas escuelas no es sólo que sean capaces de dar una educación de calidad a todos los niños; con su creación se da un paso muy importante para intentar cambiar las actitudes de discriminación crear comunidades que acojan a todos y sociedades integradoras.”
(UNESCO y Ministerio de Educación y Ciencia de España, 1994, p. 6)
Así podemos ver que la Declaración de Salamanca cambia la perspectiva que se tiene sobre las diferencias del alumnado, fundamentalmente en lo que respecta a la educación del alumnado con discapacidad.
Debemos aclarar que Ainscow (2001) utiliza el concepto perspectiva y tiene que ver con la mirada, con la forma en que interpretamos un hecho y nos ayuda a explicarlo (qué vemos, cómo lo interpretamos y en consecuencia cómo actuamos). Tradicionalmente existe una perspectiva individualista o médica de la diferencia (“individual”, “esencialista”, “remedial”, “modelo médico”), es lo que denomina perspectiva dominante sobre la educación de los alumnos más vulnerables. Según esta mirada, el alumnado con discapacidad (también otros colectivos o individuos con necesidades educativas especiales) debe ser diagnosticado, sobrevalorando el papel de un tipo de diagnóstico centrado en la evaluación y comprensión del déficit, reforzando la idea de que sus dificultades son fundamentalmente internas y causadas por el déficit del que es portador. Por otro lado, deposita la responsabilidad educativa en escuelas especiales o aulas segregadas (pone énfasis en la necesidad de un profesorado especializado).
Siguiendo a Ainscow (2001) la nueva perspectiva (que introduce la Declaración de Salamanca) es inclusiva (también podemos hablar de derechos), y coincide con lo que en el ámbito de los estudios sobre discapacidad se ha llamado el modelo social y de vida independiente. Ya que proporciona un marco pedagógico que pasa del «modelo del déficit o médico» de las diferencias (y, como vimos, pone el énfasis en que es el individuo quien tiene el problema que le impide aprender) hacia un «modelo social» que cada persona se enfrenta con barreras al aprendizaje debido a las condiciones de los centros educativos y las clases, y la respuesta educativa que reciben.
Entonces la diversidad es inherente a la naturaleza humana y lo diverso es norma dentro de una escuela, no la excepción. Pero dar respuestas a todos y cada uno, con especial interés en los más vulnerables, puede generar confusión y es por este motivo que muchas veces se cree que esta meta de una educación más inclusiva es un asunto dirigido a grupos de alumnos “en riesgo”. A esto se suma que hay quienes consideran la educación inclusiva como una modernización de la educación especial, lo que mantiene vigente la perspectiva dominante.
Conferencia Mundial en Salamanca
Educación
Created on April 13, 2024
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Conferencia Mundial en Salamanca
1994
“El principio rector de este Marco de Acción es que las escuelas deben acoger a todos los niños, independientemente de sus condiciones físicas, intelectuales, sociales, emocionales, lingüísticas u otras... Deben acoger a niños discapacitados y niños bien dotados, a niños que viven en la calle y que trabajan, niños de poblaciones remotas o nómadas, niños de minorías lingüísticas, étnicas o culturales, y niños de otros grupos o zonas desfavorecidas o marginadas. Todas estas condiciones plantean una serie de retos para los sistemas escolares. En el contexto de este Marco de Acción el término «necesidades educativas especiales» se refiere a todos los niños y jóvenes cuyas necesidades se derivan de su capacidad o sus dificultades de aprendizaje. (...) Las escuelas tienen que encontrar la manera de educar con éxito a todos los niños, incluidos aquellos con discapacidades graves. (...) El reto con que se enfrentan las escuelas integradoras es el de desarrollar una pedagogía centrada en el niño, capaz de educar con éxito a todos los niños y niñas comprendidos los que sufren (dis)capacidades graves. El mérito de estas escuelas no es sólo que sean capaces de dar una educación de calidad a todos los niños; con su creación se da un paso muy importante para intentar cambiar las actitudes de discriminación crear comunidades que acojan a todos y sociedades integradoras.”
(UNESCO y Ministerio de Educación y Ciencia de España, 1994, p. 6)
Así podemos ver que la Declaración de Salamanca cambia la perspectiva que se tiene sobre las diferencias del alumnado, fundamentalmente en lo que respecta a la educación del alumnado con discapacidad.
Debemos aclarar que Ainscow (2001) utiliza el concepto perspectiva y tiene que ver con la mirada, con la forma en que interpretamos un hecho y nos ayuda a explicarlo (qué vemos, cómo lo interpretamos y en consecuencia cómo actuamos). Tradicionalmente existe una perspectiva individualista o médica de la diferencia (“individual”, “esencialista”, “remedial”, “modelo médico”), es lo que denomina perspectiva dominante sobre la educación de los alumnos más vulnerables. Según esta mirada, el alumnado con discapacidad (también otros colectivos o individuos con necesidades educativas especiales) debe ser diagnosticado, sobrevalorando el papel de un tipo de diagnóstico centrado en la evaluación y comprensión del déficit, reforzando la idea de que sus dificultades son fundamentalmente internas y causadas por el déficit del que es portador. Por otro lado, deposita la responsabilidad educativa en escuelas especiales o aulas segregadas (pone énfasis en la necesidad de un profesorado especializado).
Siguiendo a Ainscow (2001) la nueva perspectiva (que introduce la Declaración de Salamanca) es inclusiva (también podemos hablar de derechos), y coincide con lo que en el ámbito de los estudios sobre discapacidad se ha llamado el modelo social y de vida independiente. Ya que proporciona un marco pedagógico que pasa del «modelo del déficit o médico» de las diferencias (y, como vimos, pone el énfasis en que es el individuo quien tiene el problema que le impide aprender) hacia un «modelo social» que cada persona se enfrenta con barreras al aprendizaje debido a las condiciones de los centros educativos y las clases, y la respuesta educativa que reciben.
Entonces la diversidad es inherente a la naturaleza humana y lo diverso es norma dentro de una escuela, no la excepción. Pero dar respuestas a todos y cada uno, con especial interés en los más vulnerables, puede generar confusión y es por este motivo que muchas veces se cree que esta meta de una educación más inclusiva es un asunto dirigido a grupos de alumnos “en riesgo”. A esto se suma que hay quienes consideran la educación inclusiva como una modernización de la educación especial, lo que mantiene vigente la perspectiva dominante.