1.-
'Lina Ódena', pintura que recuerda a la miliciana republicana fallecida durante la Guerra Civil, firmada por J. Pons, artista desconocido del que no se tienen datos ni se sabe si es hombre o mujer. Este cuadro se encuentra en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y la fecha es 1937.
La joven Paulina Ódena García (Barcelona, 1911 – Granada, 1936), nacida en el pasaje de Pellicer de Barcelona, se alistó como voluntaria en la Guerra Civil, que la pilló en Andalucía. Se unió a una columna integrada, sobre todo, por soldados de la aviación procedentes de la base aérea de Armilla. Ódena, a pesar de su juventud, estaba plenamente activa en política desde hacía unos años y era militante del partido comunista. Tomó las armas durante el levantamiento de octubre de 1934 y, con motivo de las elecciones generales de 1936 que ganaría el Frente Popular, acompañó a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, en algunos mítines que dio por el Estado.
El 14 de septiembre de 1936 —no hacía ni dos meses que había empezado la guerra—, cuando circulaba en coche a la altura del pantano de Cubillas, cerca de Granada, su chófer se dirigió hacia un control del ejército. Cuando estaban a punto de tomar contacto se dieron cuenta de que eran soldados falangistas; fatalmente se habían equivocado de camino. Intentaron huir, pero era demasiado tarde. Al sentirse a punto de ser apresada, y sabiendo perfectamente lo que le esperaba, la joven miliciana se disparó en la cabeza. Tenía solo 24 años. No fue una muerte ni mucho menos anónima. El diario Ideal de Granada enseguida se hizo eco de la noticia, e incluso publicó la fotografía del coche en el que viajaba la joven con el rótulo de El Mundo Obrero y, en el lateral, las iniciales “U. H. P.” (sigla de la expresión “Uníos hermanos proletarios”).
Su condición de mujer y joven fallecida en la guerra fue utilizada como elemento de propaganda. Se realizaron tarjetas con su efigie, calendarios y sellos, e incluso se creó un batallón integrado únicamente por mujeres con el nombre de Batallón Lina Ódena. Pero es menos conocido que su memoria estuvo presente ni más ni menos que en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937, más conocido como Pabellón de la República.
La Guerra Civil Española (1936 a 1939) fue el conflicto más sangriento que Europa occidental había experimentado desde el final de la Primera Guerra Mundial en 1918. Aproximadamente 200,000 personas murieron como resultado de asesinatos sistemáticos, violencia de las turbas, tortura u otras brutalidades.
La guerra desplazó a millones de españoles. En 1939, aproximadamente 500,000 refugiados huyeron a Francia, donde muchos de ellos serían confinados a campos de prisioneros.
La Guerra Civil Española comenzó el 17 de julio de 1936, cuando los generales Emilio Mola y Francisco Franco iniciaron una sublevación para derrocar a la República elegida democráticamente. Los esfuerzos iniciales de los rebeldes Nacionalistas por instigar revueltas militares en toda España solo se lograron parcialmente. En áreas rurales con una fuerte presencia política derechista, los confederados de Franco generalmente ganaron. Ellos asumieron rápidamente el poder político e instituyeron la ley marcial. En otras áreas, particularmente en ciudades con sólidas tradiciones políticas izquierdistas, las revueltas se toparon con una fuerte oposición y a menudo fueron mitigadas. Algunos oficiales españoles siguieron leales a la República y se negaron a unirse a la sublevación
Dentro los primeros días de la sublevación, la República y los Nacionalistas pidieron ayuda militar extranjera. Inicialmente, Francia se comprometió a apoyar la República española, pero pronto se retractó de su oferta para perseguir una política oficial de no intervención en la guerra civil. Gran Bretaña rechazó inmediatamente el llamado de ayuda de la República.
Enfrentando una posible derrota, Franco pidió ayuda a la Alemania nazi y a la Italia fascista. Gracias a su apoyo militar, Franco pudo transportar por aire a las tropas de Marruecos español a tierra firme para continuar su ataque a Madrid. Durante los tres años que duró el conflicto, Hitler y Mussolini proporcionaron apoyo militar crucial al Ejército Nacionalista Español.
5,000 efectivos de la fuerza aérea alemana sirvieron en la Legión Cóndor, que proporcionó apoyo aéreo para los ataques coordinados a tierra contra posiciones Republicanas y llevó a cabo bombardeos aéreos en las ciudades republicanas. El más infame de estos ataques fue el 26 de abril de 1937, cuando aviones alemanes e italianos arrasaron la ciudad vasca Guernica en un ataque que duró tres horas y que mató a más de 200 civiles. La Italia fascista suministró 75,000 tropas además de sus pilotos y aviones. España se convirtió en un laboratorio militar para probar el armamento más nuevo en condiciones de batalla.
En agosto de 1936, más de dos docenas de naciones, incluyendo Francia, Gran Bretaña, Italia, la Alemania nazi y la Unión Soviética, firmaron un Acuerdo de no intervención en España. Los últimos tres signatarios violaron abiertamente el acuerdo. Italia y Alemania siguieron aprovisionando a las fuerzas de Franco, mientras la Unión Soviética proporcionó asesores militares, tanques, aviones y otros pertrechos de guerra a la República.
En Estados Unidos, la administración de Roosevelt decidió no intervenir oficialmente en el conflicto, aunque el Presidente intentó proporcionar clandestinamente alguna ayuda a la República sitiada después de 1937. La Guerra Civil Española dividió la opinión pública americana entre quienes apoyaban a la República y quienes condenaban a las fuerzas de la República por atacar a la Iglesia Católica. El aislacionismo también demostró ser una motivación efectiva de no intervención. Los temores de guerra y los conflictos extran- jeros ayudaron a dar forma a la política estadounidense en la década de 1930.
Para muchos liberales e izquierdistas en todo el mundo, la Guerra Civil Española representaba un ensayo con vestuario de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto sin resolver entre las fuerzas de la democracia y el fascismo. A mediados de los 1930, el fascismo y el autoritarismo parecían estar aumentando en Europa. En 1936, cuando Franco inició su rebelión, los regímenes derechistas tenían el poder en Alemania, Italia, Hungría, Rumania, Polonia, Portugal, Finlandia, Austria y Grecia. Había partidos políticos abiertamente pro fascistas y pro nazis en muchos otros países, incluso Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.
'Lina Ódena'
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'Lina Ódena', pintura que recuerda a la miliciana republicana fallecida durante la Guerra Civil, firmada por J. Pons, artista desconocido del que no se tienen datos ni se sabe si es hombre o mujer. Este cuadro se encuentra en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y la fecha es 1937.
La joven Paulina Ódena García (Barcelona, 1911 – Granada, 1936), nacida en el pasaje de Pellicer de Barcelona, se alistó como voluntaria en la Guerra Civil, que la pilló en Andalucía. Se unió a una columna integrada, sobre todo, por soldados de la aviación procedentes de la base aérea de Armilla. Ódena, a pesar de su juventud, estaba plenamente activa en política desde hacía unos años y era militante del partido comunista. Tomó las armas durante el levantamiento de octubre de 1934 y, con motivo de las elecciones generales de 1936 que ganaría el Frente Popular, acompañó a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, en algunos mítines que dio por el Estado. El 14 de septiembre de 1936 —no hacía ni dos meses que había empezado la guerra—, cuando circulaba en coche a la altura del pantano de Cubillas, cerca de Granada, su chófer se dirigió hacia un control del ejército. Cuando estaban a punto de tomar contacto se dieron cuenta de que eran soldados falangistas; fatalmente se habían equivocado de camino. Intentaron huir, pero era demasiado tarde. Al sentirse a punto de ser apresada, y sabiendo perfectamente lo que le esperaba, la joven miliciana se disparó en la cabeza. Tenía solo 24 años. No fue una muerte ni mucho menos anónima. El diario Ideal de Granada enseguida se hizo eco de la noticia, e incluso publicó la fotografía del coche en el que viajaba la joven con el rótulo de El Mundo Obrero y, en el lateral, las iniciales “U. H. P.” (sigla de la expresión “Uníos hermanos proletarios”). Su condición de mujer y joven fallecida en la guerra fue utilizada como elemento de propaganda. Se realizaron tarjetas con su efigie, calendarios y sellos, e incluso se creó un batallón integrado únicamente por mujeres con el nombre de Batallón Lina Ódena. Pero es menos conocido que su memoria estuvo presente ni más ni menos que en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937, más conocido como Pabellón de la República.
La Guerra Civil Española (1936 a 1939) fue el conflicto más sangriento que Europa occidental había experimentado desde el final de la Primera Guerra Mundial en 1918. Aproximadamente 200,000 personas murieron como resultado de asesinatos sistemáticos, violencia de las turbas, tortura u otras brutalidades. La guerra desplazó a millones de españoles. En 1939, aproximadamente 500,000 refugiados huyeron a Francia, donde muchos de ellos serían confinados a campos de prisioneros. La Guerra Civil Española comenzó el 17 de julio de 1936, cuando los generales Emilio Mola y Francisco Franco iniciaron una sublevación para derrocar a la República elegida democráticamente. Los esfuerzos iniciales de los rebeldes Nacionalistas por instigar revueltas militares en toda España solo se lograron parcialmente. En áreas rurales con una fuerte presencia política derechista, los confederados de Franco generalmente ganaron. Ellos asumieron rápidamente el poder político e instituyeron la ley marcial. En otras áreas, particularmente en ciudades con sólidas tradiciones políticas izquierdistas, las revueltas se toparon con una fuerte oposición y a menudo fueron mitigadas. Algunos oficiales españoles siguieron leales a la República y se negaron a unirse a la sublevación
Dentro los primeros días de la sublevación, la República y los Nacionalistas pidieron ayuda militar extranjera. Inicialmente, Francia se comprometió a apoyar la República española, pero pronto se retractó de su oferta para perseguir una política oficial de no intervención en la guerra civil. Gran Bretaña rechazó inmediatamente el llamado de ayuda de la República. Enfrentando una posible derrota, Franco pidió ayuda a la Alemania nazi y a la Italia fascista. Gracias a su apoyo militar, Franco pudo transportar por aire a las tropas de Marruecos español a tierra firme para continuar su ataque a Madrid. Durante los tres años que duró el conflicto, Hitler y Mussolini proporcionaron apoyo militar crucial al Ejército Nacionalista Español. 5,000 efectivos de la fuerza aérea alemana sirvieron en la Legión Cóndor, que proporcionó apoyo aéreo para los ataques coordinados a tierra contra posiciones Republicanas y llevó a cabo bombardeos aéreos en las ciudades republicanas. El más infame de estos ataques fue el 26 de abril de 1937, cuando aviones alemanes e italianos arrasaron la ciudad vasca Guernica en un ataque que duró tres horas y que mató a más de 200 civiles. La Italia fascista suministró 75,000 tropas además de sus pilotos y aviones. España se convirtió en un laboratorio militar para probar el armamento más nuevo en condiciones de batalla. En agosto de 1936, más de dos docenas de naciones, incluyendo Francia, Gran Bretaña, Italia, la Alemania nazi y la Unión Soviética, firmaron un Acuerdo de no intervención en España. Los últimos tres signatarios violaron abiertamente el acuerdo. Italia y Alemania siguieron aprovisionando a las fuerzas de Franco, mientras la Unión Soviética proporcionó asesores militares, tanques, aviones y otros pertrechos de guerra a la República.
En Estados Unidos, la administración de Roosevelt decidió no intervenir oficialmente en el conflicto, aunque el Presidente intentó proporcionar clandestinamente alguna ayuda a la República sitiada después de 1937. La Guerra Civil Española dividió la opinión pública americana entre quienes apoyaban a la República y quienes condenaban a las fuerzas de la República por atacar a la Iglesia Católica. El aislacionismo también demostró ser una motivación efectiva de no intervención. Los temores de guerra y los conflictos extran- jeros ayudaron a dar forma a la política estadounidense en la década de 1930. Para muchos liberales e izquierdistas en todo el mundo, la Guerra Civil Española representaba un ensayo con vestuario de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto sin resolver entre las fuerzas de la democracia y el fascismo. A mediados de los 1930, el fascismo y el autoritarismo parecían estar aumentando en Europa. En 1936, cuando Franco inició su rebelión, los regímenes derechistas tenían el poder en Alemania, Italia, Hungría, Rumania, Polonia, Portugal, Finlandia, Austria y Grecia. Había partidos políticos abiertamente pro fascistas y pro nazis en muchos otros países, incluso Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.