Centro comercialSan Martin
Por Angie Camila Segura Virgüez
Empezar
Y yo ¿quién soy como investigadora?
Me llamo Camila, o bueno, aunque no es el nombre completo si es el que me gusta cuando se refieren a mí, y para esta investigación me concentraré en hablar sobre mi y la relación con los centros comerciales. Ir a ellos era un plan de al menos una semana al mes en mi familia, no comprábamos mucho, más que un helado y las sonrisas de mis hermanos, pero dialogábamos, reíamos y “vitrineábamos”; dejé de participar hace un tiempo cuando empecé a trabajar los fines de semana, sin embargo, para mi siempre han sido un centro que llama al consumismo enfermizo, al capitalismo en todas sus clases y al clasismo dependiendo del centro comercial. Cuando iba a fontanar recuerdo que mi papá decía -Hija debes venirte bien vestida, no ves esa gente, se ve “gomelísima”, así quiero que te veas también, camina bien y deja de ser “gamina”-. Aunque mi relación con los centros comerciales tiene que ver más con lo que veo en las tiendas, las texturas de las prendas y juzgar los precios tan elevados, creo que voy con un poco de intriga al centro comercial que escogí, no entiendo muy bien como clasificarlo en clase baja, media baja, media, media alta o alta, pero si creo que veré gente de una clase social en específico, y que según eso sus conversaciones y actitudes se regirán casi en simultáneo, me imagino que si uno analiza detenidamente encontrará rasgos muy marcados, pero realmente tengo miedo porque no entiendo mucho a que voy.
San Martín y yo
Una historia detrás de los centros comerciales
Encontrando el camino i
El viaje comienza conmigo en clase de Inglés a las 8 de la mañana, planee exactamente todo lo que quería hacer en Bogotá; a las 9:27 salí de la clase por decisión y voluntad propia; a las 10:57 tomé un bus que llamamos flota en los municipios aledaños a Bogotá, desde Tocancipá hacia el portal de la 170 -lugar en el que me encontré con mi novio y un amigo con el que compartimos esta clase-, en el trayecto me demoré casi 40 minutos debido a que, como es costumbre, había trancón entrando a Bogotá, luego tomé la ruta de Transmilenio D10 hasta la estación carrera 47 y por último el L81 que me llevaría al museo nacional. Antes de esto me bajé en la Universidad Distrital y evidencio que hay un contraste entre calles muy diverso ya que al frente de esta se encuentra la Javeriana, una Universidad privada con estructuras modernas y bastante visibles. Caminé 20 minutos hacia el museo nacional y luego de un pequeño recorrido evidencié que, cerca de este, había un centro comercial bastante curioso, tenía la fachada de centros comerciales tales como Centro Mayor o Hayuelos, pero encima tenía un edificio de ladrillos, de esos tanto que hay en Bogotá, que requería una inclinación abominable del cuello para que alcanzaras a ver la magnitud de pisos que tenía ese extraño edificio.
Encontrando el camino ii
Pero eso no era todo, el edificio tenía tres entradas, cada una parecía hacia un destino distinto, la primera era una entrada con un ambiente super moderno, un vigilante con traje de paño que saludaba a todo aquel que vistiera algún accesorio que demostrara poder, extrañamente no entraban personas que a simple vista demostraran medios o bajos ingresos; en la segunda entrada habían torniquetes, tal cual Transmilenio, en donde un vigilante con traje y sombrero de paño azul permitía el ingreso y salida únicamente con unas tarjetas e identificaciones que no logré descifrar; por último, una entrada, en donde el vigilante tenía un uniforme común, de esos que normalmente tienen una chaqueta azul, con un aviso de vigilante en medio, una cinta reflectiva y pantalones no tan ajustados con sus respectivos zapatos negros.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Al ingresar
Análisis primer piso
Optamos por la tercera entrada, la más normal para nosotros, a la mitad del pasillo encontramos una especie de muro bajo en donde se sientan habitualmente las personas a observar, esperar y comer un helado, nosotros usamos ese espacio para observar un poco el campo. Enfrente de nosotros encontramos tres “islas” o puestos a la mitad de los pasillos, que también demostraban la diferencia social que se encontraba en todo el lugar al mismo tiempo. En la entrada un Mc Donald’s, el único puesto con una fila que ocupaban mas de 5 personas, con características bastante similares entre sí, algunos iban con sus hijos y otros con sus compañeros de universidad y muy pocos con su traje de oficina y su mirada que daba a pensar que la fila estaba tardando bastante aunque solo esperaron 2 minutos allí, al frente de este puesto se encontraba un Goyurt, un puesto de helados de yogurt que se caracteriza por su textura fresca y sus toppings innovadores pero de poca cantidad; este a diferencia del Mc Donald’s estaba vacío y así perduró por un tiempo bastante prolongado; y otro puesto de celulares, que demostraba que, si en el Goyurt nadie paraba, en los celulares ni los notaban.
Al realizar el análisis del primer piso decido conversar con un trabajador del puesto de Goyurt, mientras compro un helado con dos toppings y una salsa, el me comenta que “las personas que vienen acá son en su mayoría ejecutivos, gubernamentales y oficinistas, normalmente los gubernamentales ni saludan y se siente feo, los oficinistas en cambio son mucho más amables, pero siempre tienen afán, tienes que correrles. Y a veces vienen, personas que tú ya sabes, estamos en el centro y es inevitable, son las que a uno no le gusta atender porque son muy conflictivas, si me preguntas a mí, prefiero atender a los oficinistas”.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Investigando en el Koaj
En el segundo piso
Luego, decidimos entrar al Koaj para investigar un poco, decía Outlet pero los precios estaban más elevados que de costumbre comparándolos con visitas anteriores a este lugar en otros puntos de la ciudad, sin embargo, al entrar, ninguna de las encargadas ofreció su ayuda para algún servicio que deseáramos adquirir, ambas estaban preocupadas por dos mujeres de tercera edad que se encontraban comprando varios artículos de la tienda, salimos de la tienda sin un hasta luego de vuelta y a lo lejos veo ingresar a dos personas que se visten bastante diferente al resto, es una mujer de 40 a 50 años que lleva un abrigo de una tela que a la vista es cara y que va hasta su tobillo; y un hombre vestido de paño que no superaba los 50 años, ambos quedan un tiempo en el medio de la tercera entrada y luego deciden subir al segundo piso por escaleras eléctricas, por lo que nosotros procedimos a seguirlo, sin embargo, al perderlos, rastreamos el segundo piso.
Un éxito de tamaño medio con otro vigilante afuera que vestía una camisa azul oscura, una corbata, un pantalón de dril y zapatos negros. Bastantes locales cerrados y dos islas con ventas de frutos secos sin gluten y al seguir ese pasillo se encontraba un espacio cuadrado que se diferenciaba totalmente a todo lo que habíamos visto, un Crepes & Wafles con varias personas de paño rodeándolo, acompañado de una luz tenue y tranquila. Al bajar por ese mismo pasillo nos dimos cuenta de que, esas escaleras daban a la segunda entrada con torniquetes, y este es el ingreso para las personas que trabajan en el edificio gigante que se encuentra encima del centro comercial. Adicionalmente, al no haber muchas personas en este sector, decidimos adentrarnos al tercer y último piso, en el que solo encontramos una plazoleta de comida. Aquí encontramos muchos de los locales vacíos salvo un Don Jediondo, un corral y un pollo Frisby. Las personas que estaban allí eran estudiantes universitarios, casualmente se encontraban solos, y una que otra persona buscando precios asequibles ya que a las tres de la tarde es difícil conseguir comida en ese sector de la ciudad.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Dialogando ando parte 1
Dialogando ando parte 2
. Sin embargo, encuentro tres señoras que hacían parte del personal del aseo y les hago la misma pregunta a lo que ellas me responden “hacia las 12 del mediodía a este lugar no le cabe un alma, muchas de las personas que vienen acá son de oficina, como lo puedes notar muchos tienen trajes, es imposible hacer algo a esa hora, por lo que sé, los escucho hablar de negocios importantes, de trabajos sin terminar y de cosas que muchas veces no entiendo, los fines de semana la gente que viene si es más variadita” luego de agradecerle procedo a ver hacia dentro de los restaurantes cerrados, en donde me encuentro con precios mucho más asequibles que en los restaurantes que estaban abiertos, algo que sin duda despertó mi curiosidad.
A lo lejos de la plazoleta se encontraba un vigilante, a quien, luego de esperar que terminara una charla extensa con una señora de mediana edad, decido abordar para que me comente las costumbres de las personas que frecuentan el sector, este me responde “se demora, es que tengo cosas que hacer”, decido despedirme y decirle que no necesito nada que igualmente gracias.
Para finalizar
Al hacer un análisis introspectivo, evidencio que, cada una de estas entradas mencionadas al principio, coinciden perfectamente con los lugares que comprenden los pisos de arriba tal cual en columnas, parece curioso porque tal cual el contraste de Universidad Distrital vs Universidad Javeriana, se evidencia que en la columna de la primera entrada están los negocios reconocidos por la clase alta, y la mayoría de locales abiertos, en la entrada con torniquetes pasa algo similar pues el contraste no es muy evidente, y en la columna de la entrada 3, estaban los negocios de la clase media, heladerías, celulares, el koaj y el éxito, además del pollo Frisby, lo que denota un contraste muy notable que segmenta a una sociedad en un mismo espacio. Durante la visita el ambiente estaba tenso, intentamos no ser tan evidentes y las personas eran muy reacias a dialogar contigo, me sentía bastante mal en algunos momentos, con ganas de dejar de preguntar cada que cambiábamos de sector dentro del mismo centro comercial, tenía muchas preguntas pero eran pocas las respuestas realmente, creo que las dinámicas en este tipo de centro comerciales se enfocan en vender más al que más tiene, por eso muchas personas te desatendían al verte poco interesando o analizando, es un centro que no se basa en la recreación ni en la experiencia sino en la venta y el capital que les produzca.
¡Gracias!
Quiero añadir por último que, decidí volver para hacer una observación un poco más exhaustiva y a tomar evidencia fotográfica, una vez empecé a tomar fotos se acercaron varios vigilantes a decirme que por qué lo estaba haciendo, respondí que era parte de un trabajo universitario a lo cual me respondieron que, sin permisos no me podía acercar sacándome del lugar, por lo tanto, la única evidencia fotográfica que logré obtener se encuentra al inicio de este relato. Quiero decir que esto me frustró bastante, pues luego en internet encontré bastantes fotos de personas que van al centro comercial y las toman allá, me sentí discriminada y eso declara mucho sobre el por qué percibí una experiencia negativa durante la visita a este lugar.
SAN MARTIN Y YO- Por Angie Camila Segura
Angie Camila Segura Virgüez
Created on April 1, 2024
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Centro comercialSan Martin
Por Angie Camila Segura Virgüez
Empezar
Y yo ¿quién soy como investigadora?
Me llamo Camila, o bueno, aunque no es el nombre completo si es el que me gusta cuando se refieren a mí, y para esta investigación me concentraré en hablar sobre mi y la relación con los centros comerciales. Ir a ellos era un plan de al menos una semana al mes en mi familia, no comprábamos mucho, más que un helado y las sonrisas de mis hermanos, pero dialogábamos, reíamos y “vitrineábamos”; dejé de participar hace un tiempo cuando empecé a trabajar los fines de semana, sin embargo, para mi siempre han sido un centro que llama al consumismo enfermizo, al capitalismo en todas sus clases y al clasismo dependiendo del centro comercial. Cuando iba a fontanar recuerdo que mi papá decía -Hija debes venirte bien vestida, no ves esa gente, se ve “gomelísima”, así quiero que te veas también, camina bien y deja de ser “gamina”-. Aunque mi relación con los centros comerciales tiene que ver más con lo que veo en las tiendas, las texturas de las prendas y juzgar los precios tan elevados, creo que voy con un poco de intriga al centro comercial que escogí, no entiendo muy bien como clasificarlo en clase baja, media baja, media, media alta o alta, pero si creo que veré gente de una clase social en específico, y que según eso sus conversaciones y actitudes se regirán casi en simultáneo, me imagino que si uno analiza detenidamente encontrará rasgos muy marcados, pero realmente tengo miedo porque no entiendo mucho a que voy.
San Martín y yo
Una historia detrás de los centros comerciales
Encontrando el camino i
El viaje comienza conmigo en clase de Inglés a las 8 de la mañana, planee exactamente todo lo que quería hacer en Bogotá; a las 9:27 salí de la clase por decisión y voluntad propia; a las 10:57 tomé un bus que llamamos flota en los municipios aledaños a Bogotá, desde Tocancipá hacia el portal de la 170 -lugar en el que me encontré con mi novio y un amigo con el que compartimos esta clase-, en el trayecto me demoré casi 40 minutos debido a que, como es costumbre, había trancón entrando a Bogotá, luego tomé la ruta de Transmilenio D10 hasta la estación carrera 47 y por último el L81 que me llevaría al museo nacional. Antes de esto me bajé en la Universidad Distrital y evidencio que hay un contraste entre calles muy diverso ya que al frente de esta se encuentra la Javeriana, una Universidad privada con estructuras modernas y bastante visibles. Caminé 20 minutos hacia el museo nacional y luego de un pequeño recorrido evidencié que, cerca de este, había un centro comercial bastante curioso, tenía la fachada de centros comerciales tales como Centro Mayor o Hayuelos, pero encima tenía un edificio de ladrillos, de esos tanto que hay en Bogotá, que requería una inclinación abominable del cuello para que alcanzaras a ver la magnitud de pisos que tenía ese extraño edificio.
Encontrando el camino ii
Pero eso no era todo, el edificio tenía tres entradas, cada una parecía hacia un destino distinto, la primera era una entrada con un ambiente super moderno, un vigilante con traje de paño que saludaba a todo aquel que vistiera algún accesorio que demostrara poder, extrañamente no entraban personas que a simple vista demostraran medios o bajos ingresos; en la segunda entrada habían torniquetes, tal cual Transmilenio, en donde un vigilante con traje y sombrero de paño azul permitía el ingreso y salida únicamente con unas tarjetas e identificaciones que no logré descifrar; por último, una entrada, en donde el vigilante tenía un uniforme común, de esos que normalmente tienen una chaqueta azul, con un aviso de vigilante en medio, una cinta reflectiva y pantalones no tan ajustados con sus respectivos zapatos negros.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Al ingresar
Análisis primer piso
Optamos por la tercera entrada, la más normal para nosotros, a la mitad del pasillo encontramos una especie de muro bajo en donde se sientan habitualmente las personas a observar, esperar y comer un helado, nosotros usamos ese espacio para observar un poco el campo. Enfrente de nosotros encontramos tres “islas” o puestos a la mitad de los pasillos, que también demostraban la diferencia social que se encontraba en todo el lugar al mismo tiempo. En la entrada un Mc Donald’s, el único puesto con una fila que ocupaban mas de 5 personas, con características bastante similares entre sí, algunos iban con sus hijos y otros con sus compañeros de universidad y muy pocos con su traje de oficina y su mirada que daba a pensar que la fila estaba tardando bastante aunque solo esperaron 2 minutos allí, al frente de este puesto se encontraba un Goyurt, un puesto de helados de yogurt que se caracteriza por su textura fresca y sus toppings innovadores pero de poca cantidad; este a diferencia del Mc Donald’s estaba vacío y así perduró por un tiempo bastante prolongado; y otro puesto de celulares, que demostraba que, si en el Goyurt nadie paraba, en los celulares ni los notaban.
Al realizar el análisis del primer piso decido conversar con un trabajador del puesto de Goyurt, mientras compro un helado con dos toppings y una salsa, el me comenta que “las personas que vienen acá son en su mayoría ejecutivos, gubernamentales y oficinistas, normalmente los gubernamentales ni saludan y se siente feo, los oficinistas en cambio son mucho más amables, pero siempre tienen afán, tienes que correrles. Y a veces vienen, personas que tú ya sabes, estamos en el centro y es inevitable, son las que a uno no le gusta atender porque son muy conflictivas, si me preguntas a mí, prefiero atender a los oficinistas”.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Investigando en el Koaj
En el segundo piso
Luego, decidimos entrar al Koaj para investigar un poco, decía Outlet pero los precios estaban más elevados que de costumbre comparándolos con visitas anteriores a este lugar en otros puntos de la ciudad, sin embargo, al entrar, ninguna de las encargadas ofreció su ayuda para algún servicio que deseáramos adquirir, ambas estaban preocupadas por dos mujeres de tercera edad que se encontraban comprando varios artículos de la tienda, salimos de la tienda sin un hasta luego de vuelta y a lo lejos veo ingresar a dos personas que se visten bastante diferente al resto, es una mujer de 40 a 50 años que lleva un abrigo de una tela que a la vista es cara y que va hasta su tobillo; y un hombre vestido de paño que no superaba los 50 años, ambos quedan un tiempo en el medio de la tercera entrada y luego deciden subir al segundo piso por escaleras eléctricas, por lo que nosotros procedimos a seguirlo, sin embargo, al perderlos, rastreamos el segundo piso.
Un éxito de tamaño medio con otro vigilante afuera que vestía una camisa azul oscura, una corbata, un pantalón de dril y zapatos negros. Bastantes locales cerrados y dos islas con ventas de frutos secos sin gluten y al seguir ese pasillo se encontraba un espacio cuadrado que se diferenciaba totalmente a todo lo que habíamos visto, un Crepes & Wafles con varias personas de paño rodeándolo, acompañado de una luz tenue y tranquila. Al bajar por ese mismo pasillo nos dimos cuenta de que, esas escaleras daban a la segunda entrada con torniquetes, y este es el ingreso para las personas que trabajan en el edificio gigante que se encuentra encima del centro comercial. Adicionalmente, al no haber muchas personas en este sector, decidimos adentrarnos al tercer y último piso, en el que solo encontramos una plazoleta de comida. Aquí encontramos muchos de los locales vacíos salvo un Don Jediondo, un corral y un pollo Frisby. Las personas que estaban allí eran estudiantes universitarios, casualmente se encontraban solos, y una que otra persona buscando precios asequibles ya que a las tres de la tarde es difícil conseguir comida en ese sector de la ciudad.
Y en San Martín ¿Qué Ví?
Dialogando ando parte 1
Dialogando ando parte 2
. Sin embargo, encuentro tres señoras que hacían parte del personal del aseo y les hago la misma pregunta a lo que ellas me responden “hacia las 12 del mediodía a este lugar no le cabe un alma, muchas de las personas que vienen acá son de oficina, como lo puedes notar muchos tienen trajes, es imposible hacer algo a esa hora, por lo que sé, los escucho hablar de negocios importantes, de trabajos sin terminar y de cosas que muchas veces no entiendo, los fines de semana la gente que viene si es más variadita” luego de agradecerle procedo a ver hacia dentro de los restaurantes cerrados, en donde me encuentro con precios mucho más asequibles que en los restaurantes que estaban abiertos, algo que sin duda despertó mi curiosidad.
A lo lejos de la plazoleta se encontraba un vigilante, a quien, luego de esperar que terminara una charla extensa con una señora de mediana edad, decido abordar para que me comente las costumbres de las personas que frecuentan el sector, este me responde “se demora, es que tengo cosas que hacer”, decido despedirme y decirle que no necesito nada que igualmente gracias.
Para finalizar
Al hacer un análisis introspectivo, evidencio que, cada una de estas entradas mencionadas al principio, coinciden perfectamente con los lugares que comprenden los pisos de arriba tal cual en columnas, parece curioso porque tal cual el contraste de Universidad Distrital vs Universidad Javeriana, se evidencia que en la columna de la primera entrada están los negocios reconocidos por la clase alta, y la mayoría de locales abiertos, en la entrada con torniquetes pasa algo similar pues el contraste no es muy evidente, y en la columna de la entrada 3, estaban los negocios de la clase media, heladerías, celulares, el koaj y el éxito, además del pollo Frisby, lo que denota un contraste muy notable que segmenta a una sociedad en un mismo espacio. Durante la visita el ambiente estaba tenso, intentamos no ser tan evidentes y las personas eran muy reacias a dialogar contigo, me sentía bastante mal en algunos momentos, con ganas de dejar de preguntar cada que cambiábamos de sector dentro del mismo centro comercial, tenía muchas preguntas pero eran pocas las respuestas realmente, creo que las dinámicas en este tipo de centro comerciales se enfocan en vender más al que más tiene, por eso muchas personas te desatendían al verte poco interesando o analizando, es un centro que no se basa en la recreación ni en la experiencia sino en la venta y el capital que les produzca.
¡Gracias!
Quiero añadir por último que, decidí volver para hacer una observación un poco más exhaustiva y a tomar evidencia fotográfica, una vez empecé a tomar fotos se acercaron varios vigilantes a decirme que por qué lo estaba haciendo, respondí que era parte de un trabajo universitario a lo cual me respondieron que, sin permisos no me podía acercar sacándome del lugar, por lo tanto, la única evidencia fotográfica que logré obtener se encuentra al inicio de este relato. Quiero decir que esto me frustró bastante, pues luego en internet encontré bastantes fotos de personas que van al centro comercial y las toman allá, me sentí discriminada y eso declara mucho sobre el por qué percibí una experiencia negativa durante la visita a este lugar.