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obras públicas y urbanismo.

lydia mar

Created on March 15, 2024

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Obras públicas y urbanismo.

El campamento.

El campamento era el lugar donde se instalaban los soldados: se podía levantar para una sola noche o bien para pasar largas temporadas. Podía, también, convertirse en permanente. Siempre se ubicaba cerca de un punto de agua y de prados para forrajes. El perímetro del campamento lo determinaba un augur, que trazaba dos grandes líneas perpendiculares en torno a las cuales las tropas disponían sus tiendas. Las familias de los legionarios también podían vivir en el campamento y los habitantes de la región se instalaban a menudo en el recinto para comerciar o buscar protección.

El campamento romano de Ciadella.
La domus.

La entrada. En el vestíbulo que separaba la casa de la calle se encontraba la puerta de entrada, que dividía el pasillo en dos: vestibulum (1), antes de la puerta, y fauces (2), después de la puerta. La entrada siempre se decoraba para mostrar el poder de la familia y para impresionar a los visitantes. Todas las mañanas el pater familias recibía la visita de homenaje de sus protegidos, los clientes (esclavos liberados o personas de rango inferior), que acudían a solicitarle favores. El atrio. Era la estancia más suntuosa de la casa, ya que era donde se recibía a los clientes. En el techo se abría el compluvium (3), que iluminaba todo el ambiente, y en el suelo se encontraba una balsa, el impluvium (4), que recogía el agua de lluvia y la conducía a una cisterna subterránea. El atrio también albergaba el altar de los dioses lares, el lararium. Los cubicula. En torno al atrio había dormitorios o cubicula (5), cuyas paredes se decoraban con frescos. En ocasiones, frente al lecho se localizaba una recámara, el procoeton, donde podía dormir el personal doméstico. Las tabernae. Junto al atrio, abiertas a la calle, se encontraban las tabernae (6), a menudo alquiladas como tiendas, talleres o almacenes. En ocasiones disponían de un falso techo que servía de dormitorio al tendero y de una trastienda.

El tablinum (7). Era el estudio del pater familias y donde originariamente se servía la cena. Estaba abierto al atrio y al peristilo, y se podía aislar con unas cortinas. El peristylum (8). Procedía del jardín de la casa primitiva, que con el tiempo se rodeó de un pórtico sostenido por columnas. En casas muy ricas podía haber un segundo peristilo con flores (rosas, violetas y lilas), y ríos y cuevas artificiales. Las habitaciones del peristilo. En torno al peristilo se disponían más cubicula (5) y una dependencia muy particular, el triclinium (9), la estancia destinada al ban- quete vespertino. Asimismo, también solía ubicarse en esta zona la cocina (10) y, en las casas más ricas, la letrina, situada junto a la cocina para aprovechar el agua que en ella se usaba para arrastrar hacia el exterior los residuos.

Domus de Janas.
Los juegos.

En las ciudades del Imperio romano tenían un destacado papel los juegos o espectáculos. A lo largo del año, distinguían entre dos tipos de días: los fastos y los nefastos. Durante los días fastos, funcionaban los negocios y se llevaban a cabo actividades jurídicas y legislativas. Por el contrario, los días nefastos que eran 109- se consagraban a los dioses: estaba prohibido trabajar y solo se permitían las actividades religiosas. Por ello, en estas fechas se desarrollaban celebraciones en honor de los dioses, como plegarias, sacrificios, procesiones y juegos públicos (ludi). Es aquí donde debemos buscar el origen de los juegos romanos. Los juegos comprenden los siguientes espectáculos: • Combates de gladiadores, cacerías, naumaquias y luchas de atletas (que tenían lugar en los anfiteatros). • Carreras de carros, juegos troyanos y carreras a pie (organizadas en los circos). • Representaciones teatrales (que se llevaban a cabo en los teatros). El anfiteatro y el circo son originarios de la civilización romana concebidos para estos espectáculos. Los juegos adquirieron una dimensión política cuando empera- dores y magistrados empezaron a financiarlos para ganarse el favor del pueblo.

El circo.

El espectáculo más apreciado y multitudinario eran las carreras de carros. El Circo Máximo de Roma, de gran monumentalidad, fue el más importante del Imperio. Podía acoger a más de 200.000 espectadores y funcionó durante 12 siglos. No obstante, había circos por toda la cuenca mediterránea: en África (por ejemplo, en Cherchell, Timgad, Thysdrus, Susa o Cartago, el más grande del mundo romano después del Circo Máximo); en Hispania (Mérida, Sagunto, Tarragona o Toledo); en la Galia (Lyon o Arlés) y en Oriente (Antioquía, Tiro o Alejandría).

Ruinas del Circo romano de Tarraco.
El anfiteatro.

Los espectáculos del anfiteatro los patrocinaba el editor, un magistrado o un particular rico (o incluso el propio empera- dor) que pretendía granjearse el favor de los ciudadanos. Los espectáculos más habituales eran los siguientes: • Combates de gladiadores. Seguían este esquema: -El espectador entraba en el recinto con un billete en el que constaba el número de un cuneus (sección), de una grada y de un asiento. Los asientos de la summa cavea se destinaban a las clases más bajas. -El podio (una plataforma con asientos de preferencia) se reservaba a las familias senatoriales y al emperador, que siempre entraba el último. -Los gladiadores saludaban al emperador con la fórmula «Ave Caesar, morituri te salutant!». -Las trompetas marcaban el inicio de los combates. -Luchaban dos hombres de fuerza similar, hasta que uno de ambos moría. En un sorteo, justo antes de empezar el combate, se decidía con quién lucharía cada gladiador. -Cuando un gladiador quedaba acorralado, el público gritaba «Hoc habet!» ('ya lo tiene'). Si uno de los dos se declaraba vencido, imploraba gracia. La decisión era del editor del espectáculo, que solía hacer caso de la opinión de los espectadores: si levantaba el pulgar hacia arriba (o lo dejaba en posición horizontal), el gladiador se salvaba, pero si lo bajaba hacia el suelo, el gladiador moría.

- Si el gladiador debía ser ejecutado, dos sirvientes, uno vestido de Caronte y el otro, de Hermes, se presentaban en la arena. Caronte lo golpeaba con una maza en la frente y Hermes lo quemaba con un caduceo de hierro candente. Después, se lo llevaban en una litera, y limpiaban y perfumaban la pista para el siguiente combate. • Naumaquias y espectáculos náuticos. Los anfiteatros también podían acoger juegos náuticos, en ocasiones muy violentos. Las naumaquias se podían desarrollar al aire libre, aprovechando decorados naturales, en circos (en el año 2 a. C. se inundaron a tal fin algunas partes del Circo Flaminio) o, sobre todo, en anfiteatros. • Espectáculos de caza (venationes). Eran cacerías para las que se confeccionaban enormes decorados (bosques, escenarios mitológicos, etc.). Se solía masacrar a un gran número de animales: con motivo de la inauguración del Coliseo se mataron a 9.000. Para poder celebrarlas, debía movilizar se a cazadores expertos de todo el Imperio, que transportaban a los animales, en jaulas de boj y de metal, hasta Roma. El anfiteatro más famoso es el Coliseo de Roma (con 57 m de alto y 527 m de circunferencia). Los mejor conservados son los de Capua, Verona, Arlés, Nimes, Cherchell, Tipasa y El Djem (Thysdrus). En la península Ibérica, hubo anfiteatros en Mérida, Itálica, Segóbriga y Tarragona.

Anfiteatro de Tarragona.
Las termas.

En todas las ciudades romanas había un edificio de baños públicos. A finales del siglo 1 a. C., Roma acogía más de 170 termas y, con el paso del tiempo, el número aumentó. Las termas abrían a mediodía y los romanos pasaban en ellas gran parte de la tarde, tras haber dedicado la mañana al trabajo, a los negocios y a la vida pública. Acudían para lavarse o para que les afeitaron, pero también para encontrarse con amigos, practicar deporte o escuchar lecturas públicas, lo que explica la importancia que tenían: ofrecían ocupaciones físicas e intelectuales y eran un centro de vida social.

A las termas acudían todo tipo de personas: hombres, mujeres, niños, esclavos... En muchos casos se disponía de locales separados para hombres y mujeres; en caso contrario, se establecen dos turnos: las mujeres acudían a los baños a primera hora de la tarde y los hombres, a continuación. Algunas termas eran conocidas por sus virtudes curativas. Las termas públicas podían ser explotadas por una empresa privada o pagadas por un magistrado o el emperador. En este último caso, eran gratuitas, aunque, incluso cuando debía pagarse entrada, el precio de esta no era elevado.

Las termas más importantes y lujosas disponían de más servicios: a menudo albergaban dos salas de vapor, el sudatorium (sala de calor húmedo) y el laconicum (sala de calor seco), y grandes piscinas, además de tiendas, tabernas, etc.Las termas de Caracalla incluso tenían bibliotecas y salas de lectura pública, y contaban con grandes jardines para pasear. Muchas termas estaban decoradas lujosamente, con mármoles y mosaicos, y contenían obras maestras de la escultura. En las termas de Trajano, por ejemplo, se encontró el grupo escultórico Laocoonte y sus hijos, y en las termas de Caracalla, el Toro Farnesio, el Hércules Farnesio y el Torso del Belvedere.

Barcelona Termas Romanas.
El teatro.

A diferencia de los griegos, que adosaban los teatros a las montañas, los romanos preferían construirlos en terreno llano. El primer teatro de piedra que se construyó en la ciudad de Roma fue el de Pompeyo, en el año 55 a. C. Con anterioridad había teatros de madera, que se montaban y desmontaban para cada ocasión. Posteriormente, se construyeron teatros en todo el Imperio: Marcelo en Roma, Ostia en Italia, Arlés y Orange en Francia, Mérida y Sagunto en España, Leptis Magna en Libia, Bosra en Siria, etc. El espectáculo Las representaciones teatrales recibían el nombre de espectáculos escénicos (ludi scaenici) y constituían una parte de los juegos públicos (ludi). Los ludi más importantes, que incluían funciones teatrales, eran los que se celebraban en honor de Júpiter: los Juegos Romanos (Ludi Romani) y los Juegos Plebeyos (Ludi Plebei). El teatro gozó de menor popularidad que las carreras de circo o los combates de gladiadores. La aristocracia no lo veía con muy buenos ojos, ya que las obras de teatro podían plantear dilemas sociales o políticos que condujeran a dudar de la justicia del orden establecido. Todas las obras debían ser autorizadas por los magistrados que organizaban los juegos y, en última instancia, por el Senado. Parte de la financiación iba a cargo de fondos públicos, pero era habitual que los ediles (que se encontraban al inicio de su carrera política) colaboraran con su propio dinero para atraerse el favor de los votantes en futuras elecciones. Los géneros más populares eran la comedia y la pantomima, mientras que la tragedia-que había sido muy apreciada en Grecia- solo era seguida por público culto. Las obras solían tener acompañamiento musical, con piezas cantadas (cantica) o danzas (embolia) que se intercalaban entre los diálogos (diverbia).

Los actores Los actores profesionales (histriones) se organizaban en compañías (grex o caterva) de pocos miembros en general, cuatro o cinco actores se repartían todos los papeles de una obra bajo la dirección de un patrón (dominus). La mayoría eran esclavos o libertos, y procedían, sobre todo, del Mediterráneo oriental. En general, los actores eran vistos como personajes vulgares y moralmente reprobables, hasta el punto de que el derecho romano consideraba ignominiosa su profesión. A pesar de ello, algunos grafitos de Pompeya muestran que el público se entusiasmaba con los actores e incluso creaba partidarios de uno u otro actor. El público En Roma, la entrada al teatro se permitía a toda la población (hombres, mujeres, niños y esclavos). Sin embargo, la distribución del público en la cavea reproducía la jerarquía social: los vomitorios se organizaban de modo que el público no se mezclara. La cavea se dividía en tres secciones: la ima cavea se reservaba a los senadores y ciudadanos acomodados, que tenían la obligación de acudir a la representación con toga; la media cavea, al pueblo, y la summa cavea, a los esclavos, los extranjeros, la plebe más humilde -sin toga (pullati)- y a las mujeres, aunque es posible que las esposas de caballeros y senadores pudieran acceder en compañía de sus maridos a la ima cavea. Los esclavos tenían prohibido sentarse, salvo que sobraran asientos. El público mostraba su opinión mediante gritos, silbidos, signos con las manos, aplausos u ostensibles silencios. Estas manifestaciones podían surgir espontáneamente o bien ser provocadas de forma premeditada por grupos contratados a tal fin.

Teatro romano de Mérida.
Odeón.

En el odeón se llevaban a cabo acontecimientos musicales, especialmente con cursos de canto e instrumentales. El edificio se distinguía de los teatros porque estaba cubierto (para retener el sonido) y era más pequeño. Es conocido el odeón de Herodes Ático, en Atenas (siglo 11 d. C.).

El templo.

• El templo era el edificio romano característico para rendir culto a los dioses. • Eran de pequeñas dimensiones, ya que no estaban concebidos para que entrara el público, sino para albergar en su interior a la estatua de la divinidad. • Las ceremonias se celebraban al aire libre frente al edificio, en torno a un altar. • Había también otros lugares de culto: las capillas, los bosques sagrados o las fuentes. •Los templos romanos se clasifican según el estilo arquitectónico de las columnas (llamado orden). • La arquitectura romana sigue los órdenes clásicos que usaron los griegos: - dórico - jónico - corintio

El templo de Diana en Mérida.