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Dana Carolina Lopez Almada

Created on March 1, 2024

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El traje nuevo del Emperador

Infantil, cuento corto

"El traje nuevo del emperador" es un cuento clásico escrito por Hans Christian Andersen. La historia gira en torno a un emperador vanidoso que es engañado por dos astutos estafadores que se hacen pasar por hábiles tejedores. Estos estafadores convencen al emperador de que son capaces de tejer un traje tan magnífico que solo las personas inteligentes y dignas pueden verlo.

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El traje nuevo del Emperador

En una ciudad muy remota vivía un emperador cuyo único interés en la vida era vestirse con ropa de moda. Era tan grande su vanidad que se cambiaba de traje varias veces al día para que todos pudieran admirarlo. Un día cualquiera, dos estafadores se acercaron al emperador manifestando que eran excelentes sastres y que podían coserle un traje magnífico. Sería tan ligero y fino que parecería invisible, pero solo para aquellos que eran ignorantes. El emperador estaba muy emocionado de contar con un traje que le permitiera saber cuáles de sus funcionarios eran aptos de los cargos que ocupaban y ordenó a los supuestos sastres comenzar su trabajo de inmediato, pagándoles una enorme suma de dinero.

El traje nuevo del Emperador

Después de un tiempo, el rey le pidió a un anciano ministro que fuera a ver cuánto habían progresado los dos sastres con su traje. El ministro vio a los dos hombres agitando tijeras en el aire, pero no podía ver la tela. Sin embargo, se quedó en silencio por temor a ser llamado ignorante.

—Se encuentra usted muy callado señor ministro, ¿acaso no puede ver la maravillosa tela? —dijo uno de los estafadores.—Claro que sí la veo. Esta tela está muy bella y así se lo comunicaré a nuestro emperador —respondió el anciano ministro sin querer parecer ignorante. Los estafadores pidieron entonces más dinero, el cual fue a parar a sus bolsillos. No gastaron ni en un trozo de hilo y continuaron trabajando en las máquinas vacías. Poco después el emperador envió a otro funcionario de su confianza a observar el estado de su traje e informarse de la fecha de entrega.

El traje nuevo del Emperador

El funcionario miró y miró la supuesta tela, pero como nada había, nada pudo ver.

—¿Verdad que es hermosa? —preguntaron los dos tramposos, señalando hacia el aire.“Estaré perdiendo la razón o la vista”, pensó el funcionario. Al igual que el anciano ministro se quedó callado y alabó la tela que no existía. —¡La tela que he visto es maravillosa! —le dijo al emperador. Finalmente, el traje estaba listo. Al igual que el anciano ministro y el funcionario, el emperador no podía ver nada, pero tampoco quería parecer ignorante. De modo que admiró el supuesto traje y agradeció a los sastres, quienes maliciosamente le dijeron: —Señor emperador, su traje nuevo es tan digno de admiración que debe lucirlo frente a todos.

El traje nuevo del Emperador

Feliz con los halagos, el emperador desfiló con su traje nuevo por la calle principal. La gente podía ver al emperador desnudo, pero nadie lo admitía por temor a ser considerado ignorante. Así que el emperador siguió caminando. Todos elogiaron la tela invisible, sus colores y maravillosos patrones. El emperador estaba muy complacido, hasta que por fin, un niño gritó:

—¡El emperador está desnudo! Fue entonces que todos comenzaron a reír y a murmurar, muy pronto gritaron: —¡El emperador está desnudo, el emperador no lleva nada! El emperador repentinamente se dio cuenta de que tenían razón, pero pensó para sí mismo: “Ahora debo seguir fingiendo hasta el final o pareceré aún más ignorante”. Fue así que el emperador siguió caminando airoso, mientras la multitud reía a carcajadas.

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Hansel y Gretel

clásico, cuento corto

"Hansel y Gretel" es un cuento de hadas popular recopilado por los hermanos Grimm. La historia sigue a dos hermanos, Hansel y Gretel, hijos de un leñador, que son abandonados en el bosque por su madrastra debido a la falta de comida en casa. Los niños, perdidos en el bosque, encuentran una casa hecha de golosinas y dulces. Sin embargo, esta casa es propiedad de una malvada bruja que los atrae con la intención de comérselos.

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Hansel y Gretel

Un humilde leñador vivía con sus dos hijos y su nueva esposa en un bosque a las afueras del pueblo. El niño se llamaba Hansel y la niña, Gretel. Todos los días el leñador trabajaba sin descanso. Sin embargo, llegó un momento en el que no le alcanzaba para el sustento de su familia. Preocupado, el leñador le dijo a su esposa una noche:

—No tengo lo suficiente para comprar pan y mantequilla, ¿qué haré para alimentarnos y alimentar a los niños? —Esto es lo que haremos —respondió la mujer—, mañana por la mañana, llevaré a Hansel y a Gretel a la entrada del pueblo y los dejaré ahí; una familia acaudalada se apiadará de ellos y vivirán una vida muy cómoda y feliz. Entonces, solo tendremos que preocuparnos por nosotros.

—Jamás lo permitiré —dijo el hombre—. ¿Cómo crees que puedo abandonar a mis hijos? —Debes hacerlo —refutó la mujer—. Si no lo haces, todos vamos a tener hambre.

Hansel y Gretel

Los dos niños, incapaces de dormir por el hambre, habían escuchado la conversación. Llorando, Gretel le dijo a su hermano: —Hansel, no puedo creer lo que hemos escuchado. —No te preocupes Gretel —respondió Hansel con voz tranquila—. Tengo una idea.

Al amanecer, la malvada mujer despertó a sus dos hijastros gritando: —¡Levántense ya, no sean flojos! Vamos al mercado a comprar alimentos. Luego, les dio a los pequeños un trozo de pan y les dijo: —Este es el almuerzo; no se lo coman enseguida, porque no hay más. Gretel guardó el pan en su delantal. Hansel puso el suyo en el bolsillo de su abrigo y lo desmenuzó en secreto, con cada paso que daba, arrojaba las migas de pan en el camino. —Espérenme aquí —dijo la madrastra cuando se encontraban en medio del bosque—, ya regreso.

Hansel y Gretel

Sin embargo, pasaron las horas sin que volvieran a saber de la mujer. Tan grande era su maldad que los había abandonado sin tomarse la molestia de dejarlos en el pueblo.

Hansel y Gretel se sentaron en la oscuridad y compartieron el pedazo de pan de Gretel. Pronto, los dos niños se quedaron dormidos. Cuando despertaron en medio de la noche, Gretel comenzó a llorar y dijo:—¿Cómo encontraremos el camino a casa? Hansel la consoló diciéndole: —Espera a que salga la luna, luego seguiremos mi camino de migas de pan hasta la casa. Sin embargo, cuando salió la luna no pudieron seguir el camino porque las aves del bosque se habían comido las migas. Los dos pequeños se encontraban perdidos en el bosque.

Hansel y Gretel

Después de muchos días y noches de vagar por el bosque, los niños hallaron una casita que estaba hecha con pan de jengibre. —¡Comamos! —dijo Hansel—, mordisqueando el techo mientras Gretel probaba parte de la ventana.

De repente, la puerta se abrió y una anciana salió cojeando apoyada en un bastón. Hansel y Gretel estaban tan asustados que dejaron caer los pedazos de jengibre que habían estado comiendo. La anciana sonrió muy amablemente y les dijo: —Soy una viejita muy solitaria, me siento muy feliz de verlos. La anciana los condujo al interior de su casa, cocinándoles una maravillosa cena. Luego, los llevó a dos lindas camitas, y Hansel y Gretel durmieron cómodamente.

Hansel y Gretel

Pero la amable anciana era en realidad una bruja que usaba su casa para atrapar a los niños y convertirlos en muñecos de jengibre.Temprano en la mañana, la bruja encerró a Hansel en una jaula mientras dormía.

Luego despertó a Gretel y le dijo:—Levántate floja, y ayúdame a preparar el horno. ¡Voy a convertir a tu hermano en un muñeco de jengibre! Gretel lloró al escuchar las palabras de la bruja, pero no tuvo más remedio que hacer lo que le ordenaba. Cuando la niña encendió el fuego del horno, la bruja le dio una nueva orden: —Métete adentro y mira si el horno está lo suficientemente caliente.

Hansel y Gretel

En el momento que Gretel estuviera dentro, la bruja tenía la intención de cerrar el horno y convertir a la pobre niña en una muñeca de jengibre. Pero Gretel conocía las crueles intenciones de la bruja y respondió: — No sé qué hacer, ¿cómo entro al horno?

—La puerta es lo suficientemente grande, mírame entrar —respondió la bruja muy molesta.Luego, abrió la puerta del horno mágico y se metió adentro. Gretel instantáneamente cerró la puerta. Una vez dentro del horno, ¡la bruja se convirtió en una muñeca de jengibre! Gretel liberó a Hansel de su prisión.

Hansel y Gretel

A la salida de la casa de la bruja, Hansel tropezó con un baúl lleno de joyas. Los dos niños se llenaron los bolsillos de oro, perlas y diamantes. Felices, recorrieron el bosque hasta que vieron a su padre en la distancia.

El angustiado hombre abrazó a sus hijos con fuerza, todos los días salía a buscarlos. Tanta era su pena que no quiso volver a saber de su malvada esposa. Hansel sacó las joyas de sus bolsillos, y dijo con emoción: —Mira papá, nunca tendrás que volver a cortar leña. Fue así que esta pequeña familia vivió feliz para siempre.

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El Patito Feo

clásico, cuento corto

"El Patito Feo" es un cuento clásico escrito por Hans Christian Andersen. Narra la historia de un pequeño patito que es rechazado y ridiculizado por ser diferente a sus hermanos y a los demás patos. A pesar de sus esfuerzos por encajar, el patito feo sufre el rechazo y la crueldad de los animales que lo rodean, atravesando por muchas dificultades y desafíos mientras busca su lugar en el mundo.

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El Patito Feo

Era una preciosa mañana de verano en el estanque. Todos los animales que allí vivían se sentían felices bajo el cálido sol, en especial una pata que de un momento a otro, esperaba que sus patitos vinieran al mundo.

– ¡Hace un día maravilloso!– pensaba la pata mientras reposaba sobre los huevos para darles calor-. Sería ideal que hoy nacieran mis hijitos. Estoy deseando verlos porque seguro que serán los más bonitos del mundo. Y parece que se cumplieron sus deseos, porque a media tarde, cuando todo el campo estaba en silencio, se oyeron unos crujidos que despertaron a la futura madre. ¡Sí, había llegado la hora! Los cascarones comenzaron a romperse y, muy despacio, fueron asomando una a una las cabecitas de los pollitos.

El Patito Feo

– ¡Pero qué preciosos sois, hijos míos! – exclamó la orgullosa madre-. Así de lindos os había imaginado. Sólo faltaba un pollito por salir. Se ve que no era tan hábil y le costaba romper el cascarón con su pequeño pico. Al final también él consiguió estirar el cuello y asomar su enorme cabeza fuera del cascarón.

– ¡Mami, mami! – dijo el extraño pollito con voz chillona. ¡La pata, cuando le vio, se quedó espantada! No era un patito amarillo y regordete como los demás, sino un pato grande, gordo y negro que no se parecía nada a sus hermanos. – ¿Mami?… ¡Tú no puedes ser mi hijo! ¿De dónde habrá salido una cosa tan fea? – le increpó – ¡Vete de aquí, impostor! Y el pobre patito, con la cabeza gacha, se alejó del estanque mientras de fondo oía las risas de sus hermanos, burlándose de él.

El Patito Feo

Durante días, el patito feo deambuló de un lado para otro sin saber a dónde ir. Todos los animales con los que se iba encontrando le rechazaban y nadie quería ser su amigo.Un día llegó a una granja y se encontró con una mujer que estaba barriendo el establo. El patito pensó que allí podría encontrar cobijo, aunque fuera durante una temporada.

– Señora – dijo con voz trémula-, ¿sería posible quedarme aquí unos días? Necesito comida y un techo bajo el que vivir. La mujer le miró de reojo y aceptó, así que durante un tiempo, al pequeño pato no le faltó de nada. A decir verdad, siempre tenía mucha comida a su disposición.

El Patito Feo

Todo parecía ir sobre ruedas hasta que un día, escuchó a la mujer decirle a su marido: – ¿Has visto cómo ha engordado ese pato? Ya está bastante grande y lustroso. ¡Creo que ha llegado la hora de que nos lo comamos! El patito se llevó tal susto que salió corriendo, atravesó el cercado de madera y se alejó de la granja. Durante quince días y quince noches vagó por el campo y comió lo poco que pudo encontrar. Ya no sabía qué hacer ni a donde dirigirse. Nadie le quería y se sentía muy desdichado. ¡Pero un día su suerte cambió! Llegó por casualidad a una laguna de aguas cristalinas y allí, deslizándose sobre la superficie, vio una familia de preciosos cisnes. Unos eran blancos, otros negros, pero todos esbeltos y majestuosos. Nunca había visto animales tan bellos.

El Patito Feo

Un poco avergonzado, alzó la voz y les dijo:– ¡Hola! ¿Puedo darme un chapuzón en vuestra laguna? Llevo días caminando y necesito refrescarme un poco.-¡Claro que sí! Aquí eres bienvenido. ¡Eres uno de los nuestros! – dijo uno que parecía ser el más anciano. – ¿Uno de los vuestros? No entiendo… – Sí, uno de los nuestros. ¿Acaso no conoces tu propio aspecto? Agáchate y mírate en el agua. Hoy está tan limpia que parece un espejo.

Y así hizo el patito. Se inclinó sobre la orilla y… ¡No se lo podía creer! Lo que vio le dejó boquiabierto. Ya no era un pato gordo y chato, sino que en los últimos días se había transformado en un hermoso cisne negro de largo cuello y bello plumaje.

El Patito Feo

¡Su corazón saltaba de alegría! Nunca había vivido un momento tan mágico. Comprendió que nunca había sido un patito feo, sino que había nacido cisne y ahora lucía en todo su esplendor. – Únete a nosotros – le invitaron sus nuevos amigos –. A partir de ahora, te cuidaremos y serás uno más de nuestro clan. Y feliz, muy feliz, el pato que era cisne, se metió en la laguna y compartió el paseo con aquellos que le querían de verdad.

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La ratita presumida

Infantil, cuento corto

"La Ratita Presumida" es un popular cuento folclórico que cuenta la historia de una ratita coqueta que rechaza a varios pretendientes debido a su vanidad. Sin embargo, cuando un ratón humilde y trabajador le propone matrimonio, ella aprende lecciones sobre la humildad, la modestia y la importancia de mirar más allá de las apariencias exteriores.

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La ratita presumida

Érase una vez una linda ratita llamada Florinda que vivía en la ciudad. Como era muy hacendosa y trabajadora, su casa siempre estaba limpia y ordenada. Cada mañana la decoraba con flores frescas que desprendían un delicioso perfume y siempre reservaba una margarita para su pelo, pues era una ratita muy coqueta.

Un día barriendo la puerta de su casa se encontró con una moneda de oro. En cuanto la vio empezó a pensar lo que haría con ella: - Podría comprarme unos caramelos… pero mejor no, porque me dolerá la barriga. Podría comprarme unos alfileres… no tampoco, porque me podría pincharme… ¡Ya sé! Me compraré una cinta de seda y haré con ella unos lacitos.Metió la moneda de oro en su bolso de tela, se puso los zapatos de tacón y se fue derechita a la mercería. Eligió una cinta roja de seda que realzaba su bonita figura y su estilizada cola.

La ratita presumida

– ¡Estoy guapísima! – dijo mirándose al espejo –. Me sienta realmente bien. Regresó a su casita y se sentó en el jardín que daba a la calle principal para que todo el mundo la mirara. Al cabo de un rato, pasó por allí un burro muy altanero. - Buenos días ratita, qué guapa estás. - Muchas gracias señor burro - dijo la ratita con voz presumida - ¿Te quieres casar conmigo? - Depende. ¿Cómo harás por las noches? - ¡Hiooo, hiooo! - Uy no no, que me asustarás

La ratita presumida

El burro se fue triste y cabizbajo, y en ese momento llegó un gallo. - Buenos días ratita. Hoy estás especialmente guapa, tanto que te tengo que pedir que te cases conmigo. ¿Aceptarás? - Tal vez. ¿Y qué harás por las noches? - ¡Kikirikíiii, kikirikíiiii! - dijo el gallo esforzándose por sonar bien - ¡Ah no! Que me despertarás

Entonces llegó su vecino, un perrito que estaba enamorado de ella. - ¡Buenos días vecina! - Ah! Hola vecino! - dijo sin tan siquiera mirarle - Estás hoy muy bonita. - Ya.. gracias pero no puedo entretenerme a hablar contigo, estoy muy ocupada.

La ratita presumida

El perrito se marchó de ahí abatido y entonces llegó el señor gato. - ¡Hola ratita! - ¡Hola señor gato! - Estás hoy deslumbrante. Dime, ¿querrías casarte conmigo? - No sé… ¿y cómo harás por las noches? - ¡Miauu, miauu!, dijo el gato con un maullido muy dulce - ¡Claro que sí, contigo me quiero casar!

La ratita presumida

El día de antes de la boda el señor gato le dijo a la ratita que quería llevarla de picnic al bosque. Mientras el gato preparaba el fuego la ratita cogió la cesta para poner la mesa y…

La ratita presumida le comenta al gato - ¡Pero si la cesta está vacía! Y sólo hay un tenedor y un cuchillo… ¿Dónde estará la comida?- ¡Aquíií! ¡Tú eres la comida! - dijo el gato abalanzándose sobre ella.

La ratita presumida

Afortunadamente el perrito, que había sospechado del gato desde el primer momento, los había seguido. Así que al oír que la ratita estaba en peligro, se apresuro a donde se encontraba el gato y lo espanto dandole un mordisco en su cola. El gato salió despavorido gritando, y así, el perrito logró salvar a la ratita.

- Gracias perrito - De nada ratita. ¿Te querrás casar ahora conmigo? - ¿Y qué harás por las noches? - ¿Yo? Dormir y callar ratita, dormir y callar Y es así, como la ratita y el perrito se casaron y fueron muy felices.

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El Flautista de Hamelin

Clásico, cuento corto

"El flautista de Hamelín" es un cuento escrito por los hermanos Grimm. Narra la historia de un pueblo llamado Hamelín, que se ve plagado por una infestación de ratas. Ante el fracaso de todos los intentos por deshacerse de las ratas, un misterioso flautista se ofrece para solucionar el problema a cambio de una recompensa. Con su flauta mágica, atrae a todas las ratas fuera del pueblo.

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El Flautista de Hamelin

Había una vez una ciudad llamada Hamelín. Era una ciudad preciosa, pero un día sus calles se llenaron de una plaga de ratas. Había tantas que asustaban a la gente que allí vivía. Hasta a los perros y los gatos, robaban y mordían la comida, roían la ropa y hacían agujeros en las casas.

Pronto la gente del pueblo se cansó de aquella situación y fueron a ver al Alcalde con el fin de protestar para poder buscar una solución al grave problema.El Alcalde, que también estaba preocupado por las ratas, se puso a pensar durante varias horas, pero no daba con una buena solución. Entonces fue cuando apareció un extraño personaje en el ayuntamiento. Llevaba una capa rara que le cubría desde el cuello hasta los pies. El hombre era alto y delgado y tenía colgado al cuello una flauta.

El Flautista de Hamelin

Se dirigió a todo el pueblo y les contó que él era capaz, mediante un encanto secreto, que podía hacer que cualquier animal le siguiera a donde él quisiera. Este encantamiento ya lo había usado en otros pueblos contra topos, sapos y víboras. La gente lo conocía como El Flautista Mágico. Este personaje le ofreció al pueblo la posibilidad de librarse de las ratas a cambio de una bolsa de dinero ya que, el hombre era pobre. Ante la desesperación el Alcalde acepto sin pensarlo ni un segundo la oferta de aquel desconocido hombre.

El Flautista de Hamelin

Acto seguido, se dirigió a la calle principal del pueblo, se paró allí y comenzó a tocar la flauta. Era un sonido irresistible para las ratas que a millares, salían de todas partes en dirección hacia el muchacho.

El flautista seguía tocando sin cesar, mientras recorría todas las calles una por una, haciendo que todas las ratas lo siguiesen a su paso. El hombre salió del pueblo y se dirigió a un río cercano, donde las ratas al caer al agua, desaparecían por la corriente.

El Flautista de Hamelin

El flautista volvió de nuevo al pueblo para cobrar la recompensa por haberse librado de la plaga.

Cuando fue a ver al Alcalde, éste le dijo que no le daba nada porque las ratas se habían ahogado solas en el río y que él mismo lo había visto. El flautista le dijo que quien había provocado la desaparición de las ratas había sido él, y le advirtió que si no le pagaba, sufriría las consecuencias. Entonces el Alcalde, sin hacer caso de las palabras del muchacho, lo expulsó del Ayuntamiento.

El flautista, muy enfadado, se dirigió al centro de la plaza principal del pueblo y se subió a una fuente. Cogió su flauta, se la puso en sus labios y tocó tres notas musicales.

El Flautista de Hamelin

De repente y desde lo lejos se comenzaba a escuchar voces y risas, que se iban acercando hacía el flautista. Se trataba nada más y nada menos que de los niños del pueblo. Todos los niños y niñas, jóvenes y muchachos, de las casas y palacios sin excepción, rodeaban la fuente donde se encontraba el hombre, sin poder hacer nada para evitarlo, pues, estaban hipnotizados por el sonido de su flauta. El Alcalde quedó pasmado y boquiabierto con aquello que estaba pasando. No se lo podía creer. El flautista comenzó a caminar hacia la salida del pueblo, pero esta vez no se dirigía hacia el río sino hacia la cima de una montaña que había a lo lejos, donde había una cueva secreta y donde el muchacho tenía pensado meter los niños.

El Flautista de Hamelin

El flautista volvió y, desde el centro de la plaza, gritó: —¡Vuestros hijos están sanos y salvos en un lugar secreto! —les tranquilizó—. Pero no regresarán hasta que me paguéis las monedas que me debéis

Desconsolados, los padres depositaron a los pies del fl autista las mil monedas. El fl autista, al recibir el dinero, volvió a tocar la flauta: —Tirulí, tirulí, tirulááá. Y empezó a oírse un murmullo de risas, que fue creciendo e inundando Hamelín. Todos los niños regresaron felices con sus padres. Y estos, arrepentidos, pidieron disculpas al flautista por haber sido tan desagradecidos con él.

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El soldadito de plomo

Clásico, cuento corto

"El soldadito de plomo" es un cuento de hadas escrito por Hans Christian Andersen. La historia sigue a un pequeño soldadito de plomo que solo tiene una pierna debido a un defecto en su fabricación. A pesar de su pequeñez y su discapacidad, se enamora de una hermosa bailarina que también es un juguete. La trama se complica cuando el soldadito, termina cayendo por la ventana hacia un canal cercano. A partir de este momento, el soldadito de plomo se enfrenta a una serie de desafíos.

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El soldadito de plomo

Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices jugando con ellos. Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a la batalla. Cuando se los regalaron, se dio cuenta de que a uno de ellos le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición. Aunque este soltado estuviera cojo/mutilado, el niño lo ponía al frente en sus batallas imaginarias. Lo que el niño no sabía era que por las noches, sus juguetes cobraban vida vida y hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los soldados, metía por descuido el soldadito mutilado entre los otros juguetes.

El soldadito de plomo

Fue así, como un día el soldadito pudo conocer a una gentil bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente de simpatía y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se enamoró de ella. Las noches se sucedían deprisa, una tras otra, y el soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para declararle su amor.

¡Pobres estatuillas de plomo, tan tímidas, que no se atrevían a confesarse su mutuo amor!

El soldadito de plomo

Un día, el niño colocó al soldadito en la ventana para que hiciera de guardia -¡Quédate aquí y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque seas cojo bien puedes hacer de centinela!- Pasaban los días y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de guardia. Hasta que un día, estalló de improviso una tormenta, la cual lo hizo caer afuera.

Cuando la lluvia cesó, dos muchachos vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando agua. -¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a casa -dijo uno. -Mejor vamos a ponerlo en un barquito de papel, asi parecera marinero

El soldadito de plomo

Y fue así como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante.Los niños, pusieron el barquito en un rio. En donde, después de un rato, el barquito termino siendo arrastrado por las fuertes corrientes, haciendo que el soldadito cayera en el agua. Miles de pensamientos cruzaron entonces por la mente del soldadito, pues pensaba que se iba a ahogar, pero sin embargo, lo que más tenía este soldadito era el de no volver a ver jamás a su bailarina...

De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino. El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que se abalanzó vorazmente sobre él atraído por los brillantes colores de su uniforme.

El soldadito de plomo

Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un pescador había tendido en el río. Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con otros peces tan desafortunados como él… Resulta que la cocinera de la casa en la cual había estado el soldadito, se acercó al mercado para comprar pescado.

El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.

El soldadito de plomo

-¡Pero si es uno de los soldaditos de...! -gritó, y fue en busca del niño para contarle dónde y cómo había encontrado a su soldadito de plomo al que le faltaba una pierna. -¡Sí, es el mío! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito mutilado que había perdido.

El niño reconoció al soldadito y lo colocó en la repisa de la chimenea junto a la bailarina. Estaban felices de estar juntos de nuevo. Un milagro había reunido de nuevo a los dos enamorados.

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Niña bonita

infantil, cuento corto

"Niña bonita" es un cuento infantil escrito por Ana María Machado. Este encantador cuento narra la historia de una niña bonita, de piel oscura y cabello rizado como la noche, que vive cerca de un conejo blanco. El conejo, admirado por la belleza de la niña, desea tener una hija tan linda como ella y le pregunta cuál es su secreto para tener la piel tan negra. La niña, sin saber cómo explicar su color de piel, inventa varias historias.

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Niña bonita

Había una vez una niña bonita, bien bonita. Tenía los ojos como dos aceitunas negras, lisas y muy brillantes. Su cabello era rizado y negro, muy negro, como hecho de finas hebras de la noche. Su piel era oscura y lustrosa, más suave que la piel de la pantera cuando juega en la lluvia.

A su mamá le encantaba peinarla y a veces le hacía unas trencitas todas adornadas con cintas de colores. Y la niña bonita terminaba pareciendo una princesa de las Tierras de África o un hada del Reino de la Luna. Al lado de la casa de la niña bonita vivía un conejo blanco, de orejas color de rosa, ojos muy rojos y hocico tembloroso.

Niña bonita

El conejo pensaba que la niña bonita era la persona más linda que había visto en toda su vida. Y decía:–Cuando yo me case, quiero tener una hija negrita y bonita, tan linda como ella…

Por eso, un día fue adonde la niña y le preguntó: –Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita? La niñita no sabía, pero inventó: –Ah, debe ser que de chiquita me cayó encima un frasco de tinta negra.

Niña bonita

El conejo fue a buscar un frasco de tinta negra. Se lo echó encima y se puso negro y muy contento. Pero cayó un aguacero que le lavó toda la negrura y el conejo quedó blanco otra vez.

Entonces regresó adonde la niña y le pregunto:-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita? La niña no sabía, pero invento: -Ah, debe ser que de chiquita tomé mucho café negro. El conejo fue a su casa. Tomó tanto café que perdió el sueño y paso toda la noche haciendo pipí. Pero no se puso nada negro.

Niña bonita

Cuando el conejo se mejoró, regresó adonde la niña y le pregunto una vez más:

-Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita? La niña no sabía, y ya iba a ponerse a inventar algo de unos frijoles negros, cuando su madre, que era una mulata linda y risueña, dijo: -Ningún secreto. Encantos de una abuela negra que ella tenía- Ahí el conejo, que era bobito pero no tanto, se dio cuenta que la madre debía estar diciendo la verdad, porque la gente se parece siempre a sus padres, a sus abuelos, tíos y hasta parientes lejanos. Y si él quería tener una hija negrita y linda como la niña bonita, tenía que buscar una coneja negra para casarse.

Niña bonita

No tuvo que buscar mucho. Muy pronto, encontró una coneja oscura como la noche que hallaba a ese conejo blanco muy simpático.Se emoraron, se casaron y tuvieron un montón de hijos, porque cuando los conejos se ponen a tener hijos, no paran más. Tuvieron conejitos para todos los gustos: blancos, bien blancos; blancos medio grises; blancos manchados de negro; negros manchados de blanco; y hasta una conejita negra, bien negrita.

Y la niña bonita fue madrina de la conejita negra.Cuando la conejita salía a pasear siempre había alguien que le preguntaba:-Coneja negrita, ¿cuál es tu secreto para ser tan bonita? Y ella respondía: - Ningún secreto. Encantos de mi madre que ahora son míos.

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María y el panadero avaro

infantil, cuento corto

"María y el panadero" nos sumerge en la vida de María, una joven humilde de un pueblo en Perú, y su vecino, un panadero conocido por sus deliciosos productos pero también por su rudeza y codicia. Aunque María admira los aromas que emanan de la panadería, no puede permitirse comprar los productos del panadero y se contenta con disfrutar del olor. Sin embargo, un día, el panadero la acusa de robar los olores de su panadería y la lleva a juicio.

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María y el panadero avaro

Érase una vez, en un pequeño pueblo de Perú, una humilde joven llamada María que vivía frente a una panadería. Todos en el pueblo le tenían aprecio porque era muy trabajadora y de buen corazón. Para pagar sus alimentos, María limpiaba casas y lavaba ropa ajena.

El panadero, vecino de María, horneaba los mejores panes, pasteles y tartas de todo el pueblo. Pero él era un hombre codicioso y áspero que rara vez tenía una palabra amable que ofrecer. Aun así, su panadería siempre estaba llena de gente, porque nadie podía hornear tan bien como él.

María y el panadero avaro

María y el panadero rara vez cruzaban palabra, pero la joven amaba los olores que provenían de la panadería. Antes del amanecer, mientras el panadero horneaba, María se acercaba a la ventana de la panadería para deleitarse con los deliciosos aromas.

—¡Ah, qué deliciosos olores! —exclamó la joven—. No tengo cómo comprar los panes y pasteles, pero me siento feliz solo con olerlos. El panadero alcanzó a escuchar a María y furioso le dijo: —Si te sientes feliz con los olores, tendrás que pagar por ellos. De un portazo cerró la pastelería y salió camino abajo hacia el juzgado. Cuando llegó ante el juez, dijo: —María me debe dinero porque me ha robado. Y presentó su caso. El juez lo escuchó atentamente y citó a María a juicio ordenándole traer diez monedas de oro.

María y el panadero avaro

Pronto, la gente del pueblo se enteró de la noticia y acudieron a la casa de María. Entre todos habían reunido las diez monedas de oro. Llegó el día del juicio y María se presentó al juzgado con las diez monedas de oro dentro de una bolsa. —María —dijo el juez—, ¿has estado oliendo las tartas, pasteles y panes del panadero?

—Sí, señor Juez, lo confieso —dijo María—. Por la mañana me deleito con todos esos maravillosos olores; estos se confunden con el aire cuando salen por la ventana. El juez se quedó en silencio. Todo el pueblo, reunido en la sala del juzgado también guardó silencio.

María y el panadero avaro

Después de varios minutos, el juez se levantó. —He llegado a un veredicto — dijo—. Te encuentro culpable de robar los olores del panadero. Ahora es el momento de tu sentencia. Acércate al panadero y sacude la bolsa que traes con las diez monedas. María, muy desconcertada con la extraña petición, se acercó al panadero y sacudió la bolsa. Todos escucharon el sonido de las monedas.

El juez miró al panadero y le preguntó: —¿Has escuchado el sonido de esas monedas? —Claro que sí Señor Juez —respondió el panadero. —¿Y es un sonido encantador para ti? —preguntó el juez. —Claro que sí, señor Juez —respondió el panadero. —Bien entonces —dijo el juez —. María ha robado los olores de tu panadería y te ha pagado con el sonido de las monedas. ¡Caso cerrado!

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La fábula de los tres hermanos

Contemporáneo, cuento corto

La fábula de los tres hermanos es un relato legendario que aparece en el mundo mágico de Harry Potter. La fábula relata la historia de tres hermanos que cuando se encontraron con un río imposible de cruzar usaron su magia para crear un puente para atravesarlo. Sin embargo, la Muerte, molesta por haber sido burlada, apareció ante ellos, y como "premio" por su astucia les brindo un regalo a cada uno.

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La fábula de los tres hermanos

Cuentan que hace mucho tiempo, tres hermanos caminaban juntos por un sinuoso camino. El sol estaba a punto de ponerse y el camino de repente se vio interrumpido por un profundo y caudaloso río. Los hermanos, que eran magos, decidieron, guiados por el sentido de la prudencia, levantar un puente, y unir así las dos orillas. Sacaron sus varitas mágicas y tras agitarlas en el aire, apareció ante ellos un fantástico puente.

La fábula de los tres hermanos

Cuando ya se encontraban a mitad de camino, en medio del puente, salió a su encuentro una figura oscura, tenebrosa y cubierta por una capucha: era la muerte, quien se sentía algo confusa, ya que ningún humano había conseguido cruzar hasta esa orilla. De hecho, todos terminaban ahogados en el río. Pero la muerte, que era muy astuta, en lugar de mostrar enfado, aparentó sentir admiración por la inteligencia y habilidad de los tres hermanos, y les ofreció un regalo, el que ellos quisieran.

La fábula de los tres hermanos

El hermano pequeño, que era el más humilde y mucho más sensato, pidió a la muerte algo que le permitiera salir de allí sin que nadie pudiera verle y seguirle. La muerte, de muy mala gana, le entregó su capa de invisibilidad.

Así, el hermano mayor, muy vanidoso y ambicioso, pidió la varita mágica más poderosa que tuviera. Y la muerte, le ofreció al instante una varita elaborada con la madera de un sauco cercano.

El segundo hermano, quien sentía celos y quería ser aún más poderoso que su hermano, le pidió a la muerte la capacidad de devolver la vida a los muertos. Y la muerte le entregó una piedra muy poderosa.

La fábula de los tres hermanos

Los tres hermanos siguieron entonces su camino. El hermano mayor llegó hasta una aldea en donde usó su varita de sauco para matar a un mago con el que tenía una cuenta pendiente. Al comprobar el inmenso poder de la varita, la usó más adelante en otra aldea para provocar el terror entre la gente. Pero esa misma noche, otro mago que lo vio todo, aprovechó que dormía, le robó la varita y le mató.

Y así fue cómo la muerte se llevó al primer hermano.

La fábula de los tres hermanos

El hermano mediano por su parte, regresó a su hogar: allí es donde había perdido a la que hubiera sido su esposa de no haber muerto tan pronto. Con ayuda de la piedra que le entregó la muerte, le devolvió la vida, pero ella ya no era la misma. Se paseaba errante por la casa, sin hablar, sin mostrar ninguna ilusión por nada. Y el hermano mediano, desesperado, se suicidó.

Y así fue cómo la muerte se llevó al segundo hermano.

La fábula de los tres hermanos

El hermano pequeño no se quitó la capa de invisibilidad, y la muerte, aunque le buscó por todas partes durante años, no pudo encontrarle. Solo cuando ya fue anciano, y decidió que había vivido suficiente, se quitó al fin la capa para entregarse él mismo a la muerte, quien le recibió como una amiga.

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Dechen, soltar el control

Contemporáneo, cuento corto

"Deche, soltar el control" es un conmovedor cuento basado en un corto animado del mismo nombre. Este cuento te transportará a un monasterio en lo alto de una montaña tibetana. Dechen, un joven aprendiz budista cuya pasión por la jardinería lo lleva a descubrir una hermosa flor durante una tormenta, de la cual se obsesionaría al poco tiempo.

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Dechen, soltar el control

Dechen era un aprendiz budista. Vivía feliz en un monasterio situado en lo alto de una montaña tibetana. Se sentía realmente agradecido de poder participar junto a sus compañeros de una vida dedicada a la contemplación y a la meditación. Y aprendía con rapidez bajo la tutela de su maestro, Angmo.

La gran pasión del pequeño Dechen era la jardinería. Le encantaba cuidar de las plantas y flores del monasterio y mimaba cada uno de los árboles que embellecían el jardín.

Dechen, soltar el control

Sin embargo, un día de tempestad, Dechen se encontraba fuera, en el campo, recogiendo con su pequeño cántaro agua de la lluvia. De pronto descubrió una hermosa flor de pétalos frágiles y blancos y temió que el viento la marchitara.

Sin embargo, un día de tempestad, Dechen se encontraba fuera, en el campo, recogiendo con su pequeño cántaro agua de la lluvia. De pronto descubrió una hermosa flor de pétalos frágiles y blancos y temió que el viento la marchitara. No se lo pensó dos veces, y arrancó la flor con su raíz para plantarla en una maceta. – Aquí estarás a salvo- dijo Dechen orgulloso. Colocó la maceta en su cuarto, junto a la ventana, para que recibiera luz del sol cada mañana.

Dechen, soltar el control

Así es como el joven aprendiz se obsesiona con su flor Su maestro lo observaba todo, y aunque intuía que algo malo iba a ocurrir, decidió dejar que el joven aprendiera de su error por sí mismo.

Al principio, la flor parecía lucir bien hermosa junto a su ventana. Dechen solo tenía ojos para ella. Comenzó a dejar de cuidar el resto del jardín. Se pasaba los días observándola. Más aún cuando de pronto comenzó a notar que su flor se marchitaba. Entonces, el joven sintió una profunda angustia. No sabía qué hacer. Permanecía constantemente al lado de su flor. Tal es así, que dejó de ir a los rezos y de participar de sus tareas diarias.

Dechen, soltar el control

El maestro Angmo, enfadado y a la vez entristecido, decidió intervenir. Observó que las plantas del jardín estaban muriendo y entró en el cuarto de Dechen:

– ¡No puedes abandonar todas tus tareas por esta flor! – No lo entiendes, se está muriendo, me necesita… – dijo muy triste Dechen. – Tal vez no hayas entendido lo que tu flor necesita. Tal vez la estés regando demasiado mientras que dejas sin agua a otras flores. – No, si no la riego tanto…

– No me refiero a ese tipo de agua… Debes soltar el control. Tu flor se siente encerrada.

Dechen, soltar el control

Dechen lo comprendió todo… Debía devolver la flor a su lugar natural. No podía poseerla porque era libre. Y muy a su pesar, decidió soltar las cadenas que le ataban a ella. El joven aprendiz caminó despacio hacia el lugar donde la encontró y descubrió que habían nacido muchas otras flores como ella. Entonces, la sacó con cuidado de la maceta y la plantó de nuevo junto a sus compañeras.

En pocos días, su flor volvió a revivir. Era sin duda la más hermosa. El monje se sentía realmente feliz, y acudía a diario para admirarla.

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El potro salvaje

Contemporáneo, cuento corto

"Potro Salvaje" es un relato lleno de pasión y determinación que te dejará reflexionando sobre el verdadero significado del éxito y la perseverancia. Este cuento nos presenta a un potro joven y salvaje, cuyo amor por correr libremente lo lleva a dejar el desierto y buscar fama y fortuna en la ciudad. Convencido de que su velocidad excepcional lo convertirá en una estrella, el potro se enfrenta a la dura realidad de ser ignorado y despreciado por aquellos que no pueden comprender su naturaleza indómita.

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El potro salvaje

Había una vez un caballo de corazón fuerte, un potro joven y salvaje que amaba correr por encima de todo lo demás. Se crio en el desierto y se sentía libre. Le encantaba correr a cualquier hora, en cualquier lugar, con viento, bajo el sol y la lluvia. Contra corriente. Sabía que su carrera era hermosa, que la velocidad era su gran don, y él disfrutaba con ello.

Sin embargo, este potro salvaje no sabía tirar de los carros, arar ni cargar peso. Y allí, en el desierto, solo quedaba comida para los caballos que trabajaban de esta forma para el hombre. – No importa- se dijo el potro salvaje- Me iré a la ciudad, en donde los hombres admirarán mis carreras, porque son realmente especiales. Y todos pagarán por ver este espectáculo. Pronto me darán la mejor alfalfa y la más rica avena.

El potro salvaje

Y con esta ilusión y el corazón ardiente se fue el potro salvaje a la ciudad. Al divisar una gran llanura cubierta de césped blando y verde, y repleto de personas, decidió mostrar a todos lo que era capaz de hacer. Y se puso a correr, en libertad, como a él le gustaba. Con el hocico bien alto, la cola en arco. Se estiraba más y más y sus cascos resonaban con fuerza. Pero los hombres apenas le miraban. – Da igual- pensó el caballo- Buscaré algún representante de espectáculos que sepa valorar mis carreras. Pronto todos se darán cuenta y me colmarán de caprichos.

El potro salvaje

Sin embargo, el potro salvaje no conseguía dar con ningún hombre que quisiera contratarlo. Estaba muerto de hambre. Sobrevivía gracias a los desperdicios que encontraba por la calle. Así que el día en que un representante de espectáculos dijo que le contrataría por un puñado de heno, no pudo rechazarlo. – No pasa nada- pensó el potro salvaje- Pronto se darán cuenta de lo que valgo y me ofrecerán la mejor alfalfa verde.

Y con toda la ilusión salió el potro salvaje su primer día de carreras. Y lo hizo como él sabía: corrió libre, galopando contra el viento, sin seguir ninguna ruta. Corría fuera de las líneas, a su ritmo frenético y ardiente. No le importaba recibir solo un poco de paja como premio. Él corría porque le gustaba correr, y se entregaba por entero en cada carrera.

El potro salvaje

Al principio la gente le observaba un tanto contrariada. Nunca habían visto un potro correr así, con esa fuerza, sin seguir reglas ni normas establecidas. – Qué extraño. Ese potro no corre por las sendas… Corre a su aire. Pero es muy veloz- decían.

Sí, así era él. Libre. Ardiente. Él corría sin más, cada semana, a pesar de no obtener más que su montón de heno tras las carreras. No le importaba. Sentía que poco a poco las personas aprenderían a apreciar su poder, su libertad, su pasión. Y ese día llegó, pero muy tarde.

El potro salvaje

Pasaron ya algunos años y el potro salvaje ya era más mayor. Y los hombres al fin se enamoraron de sus carreras. Llegaron numerosos contratistas ofreciéndole la mejor alfalfa. Y por primera vez, el potro salvaje, ya caballo, sintió amargura. Pensó en lo feliz que hubiera sido cuando era potro si le hubieran ofrecido todo eso. Y no ahora, que ya no sentía tantas fuerzas para correr, que ya no corría con esa ilusión desmedida.

– ¡Qué feliz me hubiera hecho una pequeña parte de esta alfalfa si me la hubieran ofrecido cuando mi corazón la deseaba tanto! Y ahora, sin embargo, estoy cansado… Y así era, pero no por falta de velocidad. El caballo estaba cansado de correr y luchar, de entregarse cada día por un puñado de pasto. Así que por primera vez en su vida, comenzó a reservar fuerzas, a no darlo todo.

El potro salvaje

Al principio apenas nadie se dio cuenta. Todos seguían disputando contratos por él. Y él cada vez era más difícil de complacer. Exigía más y más, a pesar de dar menos. Total, si le iban a ofrecer la mejor alfalfa… ¿Para qué gastar todas sus fuerzas?

Y, por miedo a fallar en la velocidad, también, por primera vez, el caballo decidió correr como el resto, por las pistas. Dejó su libertad a un lado. Y algunos hombres al fin comenzaron a hablar: – Yo le vi correr en su juventud, y no era así. Tenía más fuerza, corría a su aire, fuera de las guías… Y corría como si le fuera la vida en ello. Y eso que el pobre solo comía un puñado de paja y tenía hambre. – Claro- añadió un segundo hombre- Juventud y hambre son el más preciado don que puede conceder la vida a un fuerte corazón.

El potro salvaje

Así que el consejo para los jóvenes potros es el siguiente:

Entregaros a fondo en la carrera, aunque apenas os de para comer, y así cuando lleguéis a la madurez y estéis cansados, al menos salvará vuestra gloria el haberos entregado un buen día por entero por un pedazo de pan.

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La mariposa blanca

CONTEMPORÁNEO, cuento corto

"El Secreto de Takahama" es una historia que celebra la lealtad, el amor eterno y la conexión más allá de la vida. Narra la historia de Takahama, un anciano amable y generoso que vive en una humilde casa junto a un antiguo cementerio en lo alto de una colina. A pesar del cariño de sus vecinos, nunca se casó y prefirió vivir solo. Cuando Takahama enferma durante un caluroso verano, una misteriosa mariposa blanca aparece...

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La mariposa blanca

Hace mucho tiempo, vivió en Japón un anciano de nombre Takahama. El hombre, se había construido una humilde y pequeña casa junto al cementerio antiguo, en lo alto de una colina, y llevaba viviendo allí muchísimos años, desde su juventud. Takahama era un hombre muy amable y generoso, y todos los vecinos del lugar le apreciaban mucho. Sin embargo, se sorprendían de que nunca se hubiera casado y hubiera preferido vivir solo allá arriba.

Durante un verano muy caluroso, el anciano enfermó, y acudieron a cuidarle la viuda de su hermano y su sobrino, que le quería mucho. Takahama les dijo: – Creo que mi vida se acerca a su fin. Los dos le contestaron que no se preocupara, que iban a acompañarle en todo momento y a cuidarle durante el tiempo que lo necesitara.

La mariposa blanca

El sobrino de Takahama no se retiraba de su lado. Y una mañana, soleada y muy calurosa, una mariposa blanca entró en la habitación en donde estaba el anciano. El joven intentó espantarla, pero la mariposa regresaba una y otra vez.

Al final, el muchacho se dio por vencido y la dejó revolotear al lado del anciano, admirando la belleza de sus alas. Hasta que la mariposa decidió abandonar la habitación y el chico, lleno de curiosidad, la siguió.

La mariposa blanca

La pequeña mariposa blanca entró en el cementerio antiguo y se dirigió hacia una tumba, en donde comenzó a revolotear hasta que desapareció. La tumba parecía bastante antigua, pero no tenía musgo ni hierbas, sino que estaba muy limpia y rodeada por preciosas flores blancas muy bien cuidadas.

El joven, asombrado por lo que acababa de ver, regresó a la habitación de Takahama y descubrió que acababa de morir. El sobrino de Takahama corrió a buscar a su madre para darle la noticia, y le contó lo que acababa de ver…

La mariposa blanca

Su madre, lejos de asombrarse, sonrió y le dijo:

– Ya puedo desvelar el secreto de Takahama, supongo… Cuando era joven, tu tío se enamoró de una chica llamada Akiko. Decidieron casarse, pero días antes de la boda, ella murió y tu tío cayó en una profunda tristeza. Cuando se recuperó, decidió que jamás se casaría, y construyó esta casa junto al cementerio para visitar y cuidar cada día la tumba de su amada. El joven se quedó pensativo. Ahora entendía quién le había visitado en forma de mariposa. Al fin su tío se había reencontrado con ella.

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Poemas de Terror

POemas de terror, poema corto

Sumérgete en este compendio de cuatro poemas cortos que te helarán la sangre: "Espíritus de los muertos" de Edgar Allan Poe, "En un cementerio en desuso" de Robert Frost, "En el bosque negro" de Amy Levy y "Muerto sin muerte" de Juan Ortiz son cuatro poemas cortos que se entrelazan en la oscuridad del terror. Cada uno de ellos te sumergirá en un mundo macabro y sobrenatural, donde la presencia de la muerte y lo desconocido acecha en cada esquina.

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Poemas de Terror

“Espíritus de los muertos” (Edgar Allan Poe)

“Espíritus de los muertos” (Edgar Allan Poe) Tu alma, sobre la tumba de piedra gris a solas yacerá con sombríos pensamientos; Nadie, en toda esa intimidad, penetrará en la delgada hora de tu Secreto,

Sé silencioso en esa quietud, la cual no es Soledad, ya que Los Espíritus de los Muertos, quienes te precedieron en la Vida, en la Muerte te rodearán, y con Sombras, tu quietud enlazarán;

Poemas de Terror

La Noche, tan clara, se oscurecerá, y las estrellas nos arrebatarán su brillo desde sus altos tronos en el Cielo, con su luz de esperanza para los mortales, pero sus esferas rojas, apagadas, en tu hastío tendrán la forma de Fiebre y Llamas, y te reclamarán para siempre.

Ahora son pensamientos que no desterrarás, ahora son visiones casi desvaneciéndose; de tu Espíritu no pasarán jamás, como la gota de rocío muere sobre la hierba.

La brisa, aliento de Dios, es inmóvil, y la niebla sobre la colina Sombría, sombría, y a la vez intocable, Es una Señal y un Símbolo. ¡Cómo se extiende sobre los árboles, Misterio de Misterios!

Poemas de Terror

Los vivos llegan pisando el pasto para leer las lápidas en la colina; el cementerio dibuja la vida todavía, pero nunca más a los muertos.

“En un cementerio en desuso” (Robert Frost)

Los versos en ellas repiten: “Los vivos que llegan hoy a leer las piedras y marcharse, mañana muertos vendrán a quedarse”.

Tan segura de la muerte está la rima del mármol, sin embargo, no puede dejar de recordar que ningún muerto, al parecer, volverá.

¿Qué hace que los hombres se encojan? Más fácil sería ser astuto y decirles a las piedras: los hombres odian morir y han dejado de morir ahora para siempre. Creo que creerían la mentira.

Me acosté debajo de los pinos, miré hacia arriba, hacia el verde oscuro en la copa de los árboles, brillo sombrío que marca el paso del azul.

Poemas de Terror

“En el bosque negro" (Amy Levy)

Cerré los ojos, y una increíble sensación fluyó sin criterio: Aquí yazgo, muerta y enterrada, y este es un cementerio.

Estoy en un reposo eterno, han terminado todos los conflictos. Caí recta y sentí los lamentos por mi pequeña vida pasada.

Derecho injusto y labor perdida, sabio conocimiento despreciado; la pereza y el pecado y el fracaso, ¿me sentí apenada por esto?

Triste me han puesto a menudo; ahora ya no pueden entristecerme, mi corazón estaba lleno de pesar por la alegría que nunca tuvo.

Poemas de Terror

“Muerto sin muerte" (Juan Ortiz)

Me dijeron que morir era entrar al descanso, que se hallaba el remanso ante tanto sufrir.

Hoy aquí, bajo suelo, siento el cuerpo pudrirse, los gusanos nutrirse de mi carne mortal, no puedo ver ni escuchar, pero pienso perfecto, pido cada segundo porque acabe mi cuerpo, a ver si con eso la paz puedo hallar.

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Poemas de Desamor

POemas de Desamor, poema corto

Sumérgete en este compendio de cuatro poemas cortos que desnudan el alma y exploran las diferentes caras del desamor: En esta sección encontraras títulos como "Balada" de Gabriela Mistral, “Lo inacabable" por Alfonsina Storni, “Confesión" de Charles Bukowski y el poema XX de Pablo Neruda; "Puedo escribir los versos más tristes esta noche". Este compendio invita al lector a explorar las diversas facetas del desamor, desde la añoranza hasta la aceptación, en un viaje emocional a través de las palabras.

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Poemas de Desamor

“Balada" (Gabriela Mistral)

Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar! Él va amando a otra por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor!

Él irá con otra por la eternidad. Habrá cielos dulces. (Dios quiere callar) ¡Y él irá con otra por la eternidad!

Él besó a la otra a orillas del mar; resbaló en las olas la luna de azahar. ¡Y no untó mi sangre la extensión del mar!

Poemas de Desamor

Las palabras se secan como ríos y los besos se secan como rosas, pero por cada muerte siete vidas buscan los labios demandando aurora. Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera! ¡Y toda primavera que se esboza es un cadáver más que adquiere vida y es un capullo más que se deshoja!

“Lo inacabable" (Alfonsina Storni)

No tienes tú la culpa si en tus manos mi amor se deshojó como una rosa: Vendrá la primavera y habrá flores... El tronco seco dará nuevas hojas. Las lágrimas vertidas se harán perlas de un collar nuevo; romperá la sombra un sol precioso que dará a las venas la savia fresca, loca y bullidora. Tú seguirás tu ruta; yo la mía y ambos, libertos, como mariposas perderemos el polen de las alas y hallaremos más polen en la flora.

No es mi muerte lo que me preocupa, es mi esposa sola con esta pila de nada. Quiero que sepa que todas las noches durmiendo a su lado. Incluso las discusiones inútiles fueron cosas espléndidas. Y las duras palabras que siempre tuve miedo de decir pueden ahora ser dichas: “Te amo”

Poemas de Desamor

Esperando a la muerte como un gato que saltará sobre la cama. Estoy apenado por mi esposa. Ella verá este cuerpo rígido y blanco. Lo sacudirá una vez, entonces quizás de nuevo: “Hank” Hank no contestará.

“Confesión" (Charles Bukowski)

Poemas de Desamor

Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

“Poema XX; Puedo escribir los versos más tristes esta noche" (Pablo Neruda)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Poemas de Desamor

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el ultimo dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

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Poemas de Amor

POemas de amor, poema corto

Adéntrate en este conjunto de cuatro poemas que capturan la esencia misma del amor en sus múltiples matices; Descubrirás títulos como "Amor" de Jaime Torres Bodet, "Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba" de Sor Juana Inés de la Cruz, "A mi mujer" de Oscar Wilde y tan reconocido poema XII de Pablo Neruda, "Para mi corazón". Cada obra ofrece una mirada única y conmovedora al amor, desde la pasión desbordante hasta la ternura más profunda.

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Poemas de Amor

“Amor" (Jaime Torres Bodet)

Para escapar de ti no bastan ya peldaños, túneles, aviones, teléfonos o barcos. Todo lo que se va con el hombre que escapa: el silencio, la voz, los trenes y los años, no sirve para huir de este recinto exacto —sin horas ni reloj, sin ventanas ni cuadros— que a todas partes va conmigo cuando viajo.

El odio que sentí nacer al mismo tiempo en ti que nuestro amor, me hará salir de tu alma más pronto que la luz, más deprisa que el sueño, con mayor precisión que el ascensor más raudo: el odio que el amor esconde entre las manos.

Para escapar de ti necesito un cansancio nacido de ti misma: una duda, un rencor, la vergüenza de un llanto; el miedo que me dio —por ejemplo— poner sobre tu frágil nombre la forma impropia y dura y brusca de mis labios...

Poemas de Amor

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y en tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba; y Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía, pues entre el llanto que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba. Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos

“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba…" (Sor Juana Inés de la Cruz")

Poemas de Amor

“A mi mujer" (Oscar Wilde)

No puedo escribir majestuoso proemio como preludio a mi canción, de poeta a poema, me atrevería a decir. Pues si de estos pétalos caídos uno te pareciera bello, irá el amor por el aire hasta detenerse en tu cabello. Y cuando el viento e invierno endurezcan toda la tierra sin amor, dirá un susurro algo del jardín y tú lo entenderás.

Poemas de Amor

Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocío a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. He dicho que cantabas en el viento como los pinos y como los mástiles. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto, como un viaje. Acogedora como un viejo camino. Te pueblan ecos y voces nostálgicas. Yo desperté y a veces emigran y huyen pájaros que dormían en tu alma.

“Poema XII; Para mi corazón" (Pablo Neruda)

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Poemas de Amistad

POemas de amistad, poema corto

Explora este compendio de cuatro breves poemas que exaltan el poder y la hermosura de la amistad: "Amigo" de Pablo Neruda, "Recuerda" de Christina Rossetti, "La amistad es amor" de Pedro Prado y "No moriré del todo amiga mía" por Rodolfo Tallón, son algunos de los títulos que encontrarás en esta sección. A través de estas piezas poéticas, se ofrece una perspectiva optimista y alentadora de la amistad, resaltando su importancia como fuente de apoyo, felicidad y significado en nuestras vidas.

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Poemas de Amistad

“Amigo" (Pablo Neruda)

Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones, y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera, con sus blancas avenidas y sus canciones. Amigo, con la tarde haz que se vaya este inútil y viejo deseo de vencer. Bebe en mi cántaro si tienes sed. Amigo, con la tarde haz que se vaya este deseo mío de que todo rosal me pertenezca. Amigo, si tienes hambre, come de mi pan.

Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto que sin mirar verás en mi estancia desnuda: todo esto que se eleva por los muros derechos —como mi corazón— siempre buscando altura. Te sonríes, amigo. ¡Qué importa! Nadie sabe entregar en las manos lo que se esconde adentro, pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves, y todo te doy… Menos aquel recuerdo… … Que en mi heredad vacía aquel amor perdido es una rosa blanca que se abre en silencio…

Poemas de Amistad

La amistad es amor en serenos estados. Los amigos se hablan cuando están más callados. Si el silencio interrumpe, el amigo responde mi propio pensamiento que también él esconde. Si él comienza prosigo el curso de su idea; ninguno de nosotros la formula ni crea. Sentimos que hay un algo superior que nos guía y logra la unidad de nuestra compañía... Y nos vemos llevados a pensar con hondura, y a lograr certidumbre en la vida insegura; y sabemos que encima de nuestras apariencias, se adivina un saber más allá de las ciencias. Y por eso yo busco el tener a mi lado el amigo que entienda cuanto digo callado.

“La amistad es amor" (Pedro Prado)

Poemas de Amistad

“Recuerda" (Christina Rossetti)

Recuérdame cuando haya marchado lejos, muy lejos, hacia la tierra silenciosa; cuando mi mano ya no puedas sostener, ni yo, dudando en partir, quiera todavía permanecer. Recuérdame cuando no haya más lo cotidiano, donde me revelabas nuestro futuro planeado: solo recuérdame, bien lo sabes, cuando sea tarde para los consuelos, las plegarias. Y aunque debas olvidarme por un momento para luego recordarme, no lo lamentes:

pues la oscuridad y la corrupción dejan un vestigio de los pensamientos que tuve: es mejor que me olvides y sonrías a que debas recordarme en la tristeza.

Poemas de Amistad

No moriré del todo, amiga mía, mientras viva en tu alma mi recuerdo. Un verso, una palabra, una sonrisa, te dirán claramente que no he muerto. Volveré con las tardes silenciosas, con la estrella que bri lla para ti, con la brisa que nace entre las hojas, con la fuente que sueña en el jardín.

“No moriré del todo amiga mía" (Rodolfo Tallón)

Volveré con el piano que solloza las nocturnas escalas de Chopin; con la lenta agonía de las cosas que no saben morir. Con todo lo romántico, que inmola este mundo cruel que me destroza. A tu lado estaré cuando estés sola, como una sombra más junto a tu sombra.

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