Familias sin fronteras
VÍnculos flexibles que no se rompen, sino que se expanden
COMENZAR
Rosemary mARCANO
Por: Liseth Durango
Sin época dorada a la que aferrarse, Rosemary Marcano decide migrar a su país vecino en busca de estabilidad. En 2018 la escasez tocó su hogar: “Teníamos tres sueldos y solo nos alcanzaba para una harina con tres huevos”. Esa situación la llevó a tomar un bus sola. Sus padres, cuatro de sus hijos, su esposo y su ciudad, Barcelona en el estado de Anzoátegui, la vieron marcharse con un sueño que Venezuela no podía cumplir. En Colombia, su hijo mayor, Germán Rodríguez la recibió en un cuarto que alquilaba en Bucaramanga, él había migrado unos meses atrás. Para ella fue complejo iniciar en una nueva ciudad, las jornadas eran extensas y extenuantes, recorrer las calles desconocida vendiendo café bajo el fuerte clima era agotador, pero las llamadas y los llantos de sus dos hijos de tres años, Jean Mary y Jean Marcos, la hacían fuerte para seguir trabajando hasta poder reencontrarse con ellos.
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yohandry rivera
Por: Isabel Selpúlveda
Yohandry es un venezolano que ha decidido hacer su segundo paso por el Tapón del Darién. ¿Por qué esta decisión? Verán, cruzó este riesgoso pasaje por primera vez junto a su familia, conformada por su esposa Mary, sus dos hijastros y su hija. Motivados por el deseo de obtener buenos ingresos, iniciaron su tránsito hacia Estados Unidos. A diferencia de algunos, entre sus planes no estaba asentarse allá, sino reunir dinero con el cual puedan comprar propiedades en Venezuela. Yohandry fue deportado a su país, pero su deseo de hacer sus planes realidad lo sacó de nuevo de allí, esta vez por su propia cuenta.
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Mairoly Chourio
Por: Salomé Vásquez
Siempre hay un faro por el que seguir, un muelle al que atracar, una ola por la cual dejarse llevar, una constelación que admirar y una estrellar que nos guiara.
Mairoly, su esposo Joel y su nieta Luciana. Cortesia de Mairoly Chourio
¿Piedra sin faro?
Mairoly y Joel llegaron el 18 de diciembre a donde su hija Evelin, dejando atrás a su hija menor, Emily, porque no querían que interrumpiera sus estudios. También se despidieron de su madre Julia María y de sus hermanos Magyuli, Migdalia, Tulio Segundo y Rafael. Cuando llegaron al país venían con algo claro, no se querían quedar, querían recorrer el camino que llevaba a los Estados Unidos. Pasaron las fiestas de navidad y año nuevo en las frías tierras de la capital. Y después de esta pausa retomaron el camino rumbo a Necoclí. Con una ilusión en la mente, llegar a Estados Unidos, la travesía no la iniciaron solo marido y mujer, de Bogotá salieron Mairoly y Joel con Ewin, Evelin y su esposo Alexis, además de su nieta Luciana. Sin embargo, al llegar a Necoclí se encontraron con los altos precios que piden los coyotes por persona para poder pasar el Tapón del Darién. Desde finales enero se encuentran allí, buscando la manera de conseguir la plata para seguir. En medio de todo, la comunicación con su familia es un pilar fundamental. Con su madre y su hija se comunica todos los días por videollamada y con sus hermanos son más constantes los chats, pero siempre con la intención de mantener en pie ese faro llamado familia.
Si varias piedras se desprenden del faro, ¿quedan a la deriva o tienen algún rumbo? Mairoly y su esposo Joel decidieron llegar a Colombia para diciembre del 2023, ocho meses después de que su hijo Ewin decidiera venir a este país y cuatro meses después de la muerte de su hermano Jhondrie. Él murió en un accidente en una construcción en Cúcuta y su cuerpo fue llevado a Cajas Secas para ser velado. Tanto ausentes como presentes se reunieron para despedirlo.
Mairoly, su esposo Joel, su hija Evelin y su nieta Luciana en Necoclí.Foto: Salomé Vásquez
El camino de regreso
El primer recorrido duró nueve meses. Durante ese tiempo vivieron en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y México, hasta llegar a los Estados Unidos, en donde Yohandry estuvo con su familia por aproximadamente un año. Por ese tiempo Yohandry y su esposa, Mary, se las arreglaban para trabajar donde les resultara, fuera en Texas, Florida, Nueva York, Nueva Jersey o Boston. Sus planes se vieron frustrados cuando para Yohandy conducir sin licencia significó la prisión en Pensilvania y la posterior deportación.
Yohandry y su hija Susej en el Darién.Cortesia de Yohandry Rivera
Una madre que deja el nido
Bucaramanga aún mantiene en sus tierras al hijo mayor, Germán, y a su nieto Andrés. A los veintitrés años, Germán salió de casa en el estado Anzoátegui. Fue el primero en migrar, en dejar la casa que tenían en Venezuela. Desde ese momento empezó a construir su vida en Bucaramanga, vida que en ocasiones no ha sido justa, pues en sus inicios trabajaba solo por un almuerzo; vida que deseaba seguir construyendo al lado de su madre y sus hermanos, pero Rosemary decidió seguir. “A mi hijo sí le gusta estar acá, pero a mí no”, cuenta. Germán aceptó la partida de su madre, pero no está de acuerdo con la decisión de viajar por el Tapón del Darién.
Entre el des-apego
Venezuela sigue siendo fundamental en la vida de Rosemary, aún recuerda con nostalgia y alegría su país, sus raíces, su comida, pero sobre todo, a aquellos que se quedaron en Barcelona, su casa. Con llamadas, videollamadas, audios y mensajes tratan de no perder el vínculo, de permanecer en la vida de aquellos que no están en su presente de manera física como lo estuvieron en su pasado y a aquellos que anhela tener a su lado en el futuro.Rosmerlis Yánez de veintiséis años es su segunda hija. Rosemary mantiene con ella una comunicación constante por medio de WhatsApp, y, aunque la distancia es grande, la confianza, las bromas, los halagos e incluso los regaños entre ambas se mantienen. Con Roselyn Sarmiento, de veintitrés años, su tercera hija, su comunicación es más esporádica, la distancia ha dificultado su relación. Rosemary cuenta que Roselyn es modelo mientras observa sus fotografías.
Un farol con muchas rocas
El paisaje marítimo no es igual en todas partes. Hay playas con arena blanca, llenas de caracolas o con mares grises que traen nostalgia en vez de tranquilidad. Para Mairoly Chourio la playa de Necoclí no tiene parecido con la de su tierra, para ella el mar de Cajas Secas, Venezuela, era más salado y guarda aquellos recuerdos de los momentos que compartió con su familia.
En su casa nunca faltaban las reuniones familiares como cumpleaños, Semana Santa o los Chimbagueles* de San Benito. Allí se trataba de hacer mucha comida, muchos dulces para que todos pudieran saborear. Pero poco a poco la situación económica de su país los fue alcanzando y ya no se podían hacer los banquetes a los que estaban acostumbrados. Aun así, buscaban la forma de seguir compartiendo.
Así como compartieron cosas buenas, también les tocó compartir momentos dolorosos. Como la muerte hace once años de su hermano Javier, quien recibió una bala mientras se asomaba a ver “una furrusca que estaba pasando en la calle”. También les tocó estar presentes la muerte de su padre Tulio hace ocho años. La familia siempre estuvo unida tanto en los momentos malos como en los buenos, como las rocas que sostienen a un farol tanto en los días de sosiego como en los días de tormenta.
*Chimbaguele: Veneración a San Benito de Palermo en la que se hacen procesiones con tambores y bailes en Venezuela.
Paisaje maritimo de Necoclí donde Mairoly y su familia se quedan. Foto Salomé Vásquez.
Un hasta pronto
Durante el tiempo privado de la libertad, Yohandry solo pudo comunicarse con su familia a través de videollamadas o correspondencia, ya que su esposa e hijos se trasladaron a Seattle, Washington, y no tenían la facilidad de visitarlo. Desde ese entonces, no ha vuelto a ver a su familia y no podrá regresar a los Estados Unidos. Yohandry planea residir por un tiempo en Costa Rica mientras una parte de su corazón está en Estados Unidos.
Compartiendo una videollamada con Mary, su esposa y Susej , su hija.Cortesia de Yohandry Rivera
Una escasa presencia
En Barcelona también están sus padres, Henry Marcano y Ángela Reyes. Con ellos, mantener el contacto es complejo, pues no tienen un celular propio y los aparatos electrónicos no son sus mayores aliados. Por eso recurren a su hermano para facilitar el contacto, pero no siempre está en casa.
Una piedra con otro rumbo
Con la tormenta se pueden desprender algunas piedras del faro, pero siempre llevan consigo el lugar adonde pertenecen. Evelin, una de los tres hijos de Mairoly, decidió emigrar hacia Colombia hace cuatro años. Su esposo, Alexis, viajó primero para poder establecerse en Bogotá. Cuando Alexis “mandó por ella”, Evelin tenía 17 años y llegó a Soacha. El cambio fue drástico, vivía en un pueblo caluroso, con el mar a pocos pasos, y llegó a un municipio al interior del país, próximo a la capital colombiana, en el que los días de calor eran escasos.
Sin embargo, el vínculo con su familia venezolana no se desdibujó. Las videollamadas se volvieron cosa de todos los días, y las fotos de todo lo que se estaba haciendo en Colombia se mandaban a toda hora. Evelin se ganó el apodo de “La Kardashian”, ya que siempre tenía el celular en mano listo para tomar una foto y compartirla con aquellos que no estaban presentes. Pasaron de vivir en Soacha a vivir en Patio Bonito en Bogotá. Allí, dos años y medio después, llegó Luciana Antonela a la vida de Evelin y Alexis. Su hija estuvo en incubadora después de nacer y no se le podían tomar fotos, pero su madre le tomó una a escondidas para mandarla a Mairoly. Cuando ella vio esa foto no pudo contener la emoción y la compartió con todos sus familiares, con todos sus vecinos y amigos que recordaban a su hija en Cajas Secas. Luciana es una piedra más que no ha conocido su faro, pero que siempre estuvo acompañada de aquellos que todavía estaban allí.
Alexis, Joel, Ewin, Mairoly, Luciana, Evelin en Bogotá, diciembre 2023. Cortesia de Mairoly Chourio
Distancias y vínculos
Salir de aquello a lo que se llama hogar nunca será fácil. A veces, un hogar no se limita simplemente a un techo sobre tu cabeza. Hogar puede ser aquel lugar donde te tratan bien, donde tienes apoyo; aquel lugar donde te sientes seguro. Yohandry no solo tuvo que salir de su casa, sino que salió de su hogar.
Yohandry no deseaba comunicarse con sus familiares, y cuando su madre trataba de contactarlo, él la evitaba. Estando lejos de casa, se enteró de la muerte de su abuela, con quien anteriormente logró hablar un par de veces a través de videollamada. Después de eso Yohandry
La decisión de buscar un lugar que ofreciera mejores oportunidades trajo consigo un distanciamiento entre él y su madre y sus hermanos. Yohandry tuvo que hacer frente a las críticas y oposición sobre la elección que tomó. Una vez lejos de allí, el apoyo que quiso sentir no se vio reflejado en esta trayectoria que emprendió.
ha decidido restaurar la relación con sus seres queridos. Ahora habla con su madre casi todos los días, manteniéndola al pendiente de su situación. Él cuenta que cuando su abuela murió, anhelaba que ella lo llamara y quisiera que le pasara lo mismo con su madre.
Aunque su comunicación con algunos familiares en Venezuela es anula.Nunca deja de llamar a su madre. Cortesía: Yohandry Rivera
Familia de Yohandry en Venezuela. Cortesía: Yohandry Rivera
Llamada de Yohandry con su madre el 30 de enero
Buscando un nuevo destino
Un mes después, su esposo Jean Carlos Molina y sus dos hijos menores llegaron a Bucaramanga. No fueron muy bien recibidos por Germán, esto causó conflicto y levantó heridas del pasado. “Si no aceptas a mis hijos, que son tus hermanos, y a mi marido, bueno, me voy con ellos”, dijo Rosemary. Entonces debió salir de la casa en la que vivían juntos.
Las responsabilidades y gastos aumentaron, Rosemary y Jean Carlos se vieron obligados a trabajar en oficios varios y construcciones, hasta finalmente poder ejercer de auxiliar de cocina y chef. Seis años pasaron en Bucaramanga, seis años en que la estabilidad económica no llegó a pesar de las largas jornadas laborales de Rosemary y su esposo. “Sentía como que estuviera en mi país sobreviviendo”. El 6 de enero de 2024, Rosemary, Jean Carlos y dos de sus hijos salen dejando atrás la ciudad que los acogió.
El 8 de enero Necoclí se volvió su primera parada. Aquí las condiciones no fueron las mejores, la enfermedad afectó a sus mellizos, pero la ilusión continúo, Rosemary y su esposo trabajaron por más de un mes vendiendo café y cigarrillos en la playa, hasta que a finales de febrero recolectaron el dinero suficiente para tomar la lancha hacia Acandí, y después de varios días allí, decidieron seguir hacia la selva donde van caminando con el sueño de poder llegar a Estados Unidos.
Rosemary y Jean Carlos venden tinto y cigarrillos en Necoclí Foto: Salomé Vásquez
Una segunda familia
Durante la primera travesía de Yohandry y su familia tratando de atravesar Centroamérica, tuvieron la oportunidad de pasar una corta pero valiosa estancia en Costa Rica. Allí conoció a Yesenia, una mujer que vivía junto a su esposo e hijos, quienes no tuvieron problema en acogerlos en su casa. Durante el tiempo que pasó allí, logró una conexión con todos los integrantes de aquella familia, a tal punto que aún después de haber partido se mantuvieron en contacto.
Yohandry cuenta que jocosamente Yesenia le "cogió rabia", porque su esposo e hija se inspiraron con él y decidieron perseguir el sueño americano. Yesenia se quedó en Costa Rica y desde que Yohandry fue deportado de Estados Unidos ha estado pendiente de él, llamándolo en cada oportunidad que tiene, incluso le propuso que vuelva a Costa Rica. Esta vez, Yohandry se quedará en Costa Rica por un tiempo indefinido.
La relación con Yesenia se convirtió en un símbolo de amistad y apoyo mutuo, demostrando que las conexiones humanas pueden trascender fronteras y circunstancias adversas. Ahora, con una nueva perspectiva y un camino más claro, Yohandry busca emprender una nueva etapa en Costa Rica, donde, según él, la ciudadanía y los permisos de trabajo son más accesibles. Aun así, conserva la esperanza de alcanzar sus metas y contribuir al bienestar de su familia, manteniendo siempre presente su sueño de regresar a Venezuela. La breve pero significativa estancia en Costa Rica le permitió no solo encontrar refugio en el hogar de Yesenia y su familia, sino también establecer vínculos que perdurarán en el tiempo.
Yohandry logró ingresar a Costa Rica el 22 de febrero, aunque fue retenido durante cuatro días por las autoridades migratorias de aquel país, el 26 de febrero finalmente se reunió con Yesenia, con quien reside por ahora.
FAMILIAS SIN FRONTERAS
LISETH CAMILA DURANGO GRACIANO
Created on February 13, 2024
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Rosemary mARCANO
Por: Liseth Durango
Sin época dorada a la que aferrarse, Rosemary Marcano decide migrar a su país vecino en busca de estabilidad. En 2018 la escasez tocó su hogar: “Teníamos tres sueldos y solo nos alcanzaba para una harina con tres huevos”. Esa situación la llevó a tomar un bus sola. Sus padres, cuatro de sus hijos, su esposo y su ciudad, Barcelona en el estado de Anzoátegui, la vieron marcharse con un sueño que Venezuela no podía cumplir. En Colombia, su hijo mayor, Germán Rodríguez la recibió en un cuarto que alquilaba en Bucaramanga, él había migrado unos meses atrás. Para ella fue complejo iniciar en una nueva ciudad, las jornadas eran extensas y extenuantes, recorrer las calles desconocida vendiendo café bajo el fuerte clima era agotador, pero las llamadas y los llantos de sus dos hijos de tres años, Jean Mary y Jean Marcos, la hacían fuerte para seguir trabajando hasta poder reencontrarse con ellos.
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Yohandry es un venezolano que ha decidido hacer su segundo paso por el Tapón del Darién. ¿Por qué esta decisión? Verán, cruzó este riesgoso pasaje por primera vez junto a su familia, conformada por su esposa Mary, sus dos hijastros y su hija. Motivados por el deseo de obtener buenos ingresos, iniciaron su tránsito hacia Estados Unidos. A diferencia de algunos, entre sus planes no estaba asentarse allá, sino reunir dinero con el cual puedan comprar propiedades en Venezuela. Yohandry fue deportado a su país, pero su deseo de hacer sus planes realidad lo sacó de nuevo de allí, esta vez por su propia cuenta.
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Mairoly Chourio
Por: Salomé Vásquez
Siempre hay un faro por el que seguir, un muelle al que atracar, una ola por la cual dejarse llevar, una constelación que admirar y una estrellar que nos guiara.
Mairoly, su esposo Joel y su nieta Luciana. Cortesia de Mairoly Chourio
¿Piedra sin faro?
Mairoly y Joel llegaron el 18 de diciembre a donde su hija Evelin, dejando atrás a su hija menor, Emily, porque no querían que interrumpiera sus estudios. También se despidieron de su madre Julia María y de sus hermanos Magyuli, Migdalia, Tulio Segundo y Rafael. Cuando llegaron al país venían con algo claro, no se querían quedar, querían recorrer el camino que llevaba a los Estados Unidos. Pasaron las fiestas de navidad y año nuevo en las frías tierras de la capital. Y después de esta pausa retomaron el camino rumbo a Necoclí. Con una ilusión en la mente, llegar a Estados Unidos, la travesía no la iniciaron solo marido y mujer, de Bogotá salieron Mairoly y Joel con Ewin, Evelin y su esposo Alexis, además de su nieta Luciana. Sin embargo, al llegar a Necoclí se encontraron con los altos precios que piden los coyotes por persona para poder pasar el Tapón del Darién. Desde finales enero se encuentran allí, buscando la manera de conseguir la plata para seguir. En medio de todo, la comunicación con su familia es un pilar fundamental. Con su madre y su hija se comunica todos los días por videollamada y con sus hermanos son más constantes los chats, pero siempre con la intención de mantener en pie ese faro llamado familia.
Si varias piedras se desprenden del faro, ¿quedan a la deriva o tienen algún rumbo? Mairoly y su esposo Joel decidieron llegar a Colombia para diciembre del 2023, ocho meses después de que su hijo Ewin decidiera venir a este país y cuatro meses después de la muerte de su hermano Jhondrie. Él murió en un accidente en una construcción en Cúcuta y su cuerpo fue llevado a Cajas Secas para ser velado. Tanto ausentes como presentes se reunieron para despedirlo.
Mairoly, su esposo Joel, su hija Evelin y su nieta Luciana en Necoclí.Foto: Salomé Vásquez
El camino de regreso
El primer recorrido duró nueve meses. Durante ese tiempo vivieron en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y México, hasta llegar a los Estados Unidos, en donde Yohandry estuvo con su familia por aproximadamente un año. Por ese tiempo Yohandry y su esposa, Mary, se las arreglaban para trabajar donde les resultara, fuera en Texas, Florida, Nueva York, Nueva Jersey o Boston. Sus planes se vieron frustrados cuando para Yohandy conducir sin licencia significó la prisión en Pensilvania y la posterior deportación.
Yohandry y su hija Susej en el Darién.Cortesia de Yohandry Rivera
Una madre que deja el nido
Bucaramanga aún mantiene en sus tierras al hijo mayor, Germán, y a su nieto Andrés. A los veintitrés años, Germán salió de casa en el estado Anzoátegui. Fue el primero en migrar, en dejar la casa que tenían en Venezuela. Desde ese momento empezó a construir su vida en Bucaramanga, vida que en ocasiones no ha sido justa, pues en sus inicios trabajaba solo por un almuerzo; vida que deseaba seguir construyendo al lado de su madre y sus hermanos, pero Rosemary decidió seguir. “A mi hijo sí le gusta estar acá, pero a mí no”, cuenta. Germán aceptó la partida de su madre, pero no está de acuerdo con la decisión de viajar por el Tapón del Darién.
Entre el des-apego
Venezuela sigue siendo fundamental en la vida de Rosemary, aún recuerda con nostalgia y alegría su país, sus raíces, su comida, pero sobre todo, a aquellos que se quedaron en Barcelona, su casa. Con llamadas, videollamadas, audios y mensajes tratan de no perder el vínculo, de permanecer en la vida de aquellos que no están en su presente de manera física como lo estuvieron en su pasado y a aquellos que anhela tener a su lado en el futuro.Rosmerlis Yánez de veintiséis años es su segunda hija. Rosemary mantiene con ella una comunicación constante por medio de WhatsApp, y, aunque la distancia es grande, la confianza, las bromas, los halagos e incluso los regaños entre ambas se mantienen. Con Roselyn Sarmiento, de veintitrés años, su tercera hija, su comunicación es más esporádica, la distancia ha dificultado su relación. Rosemary cuenta que Roselyn es modelo mientras observa sus fotografías.
Un farol con muchas rocas
El paisaje marítimo no es igual en todas partes. Hay playas con arena blanca, llenas de caracolas o con mares grises que traen nostalgia en vez de tranquilidad. Para Mairoly Chourio la playa de Necoclí no tiene parecido con la de su tierra, para ella el mar de Cajas Secas, Venezuela, era más salado y guarda aquellos recuerdos de los momentos que compartió con su familia. En su casa nunca faltaban las reuniones familiares como cumpleaños, Semana Santa o los Chimbagueles* de San Benito. Allí se trataba de hacer mucha comida, muchos dulces para que todos pudieran saborear. Pero poco a poco la situación económica de su país los fue alcanzando y ya no se podían hacer los banquetes a los que estaban acostumbrados. Aun así, buscaban la forma de seguir compartiendo. Así como compartieron cosas buenas, también les tocó compartir momentos dolorosos. Como la muerte hace once años de su hermano Javier, quien recibió una bala mientras se asomaba a ver “una furrusca que estaba pasando en la calle”. También les tocó estar presentes la muerte de su padre Tulio hace ocho años. La familia siempre estuvo unida tanto en los momentos malos como en los buenos, como las rocas que sostienen a un farol tanto en los días de sosiego como en los días de tormenta. *Chimbaguele: Veneración a San Benito de Palermo en la que se hacen procesiones con tambores y bailes en Venezuela.
Paisaje maritimo de Necoclí donde Mairoly y su familia se quedan. Foto Salomé Vásquez.
Un hasta pronto
Durante el tiempo privado de la libertad, Yohandry solo pudo comunicarse con su familia a través de videollamadas o correspondencia, ya que su esposa e hijos se trasladaron a Seattle, Washington, y no tenían la facilidad de visitarlo. Desde ese entonces, no ha vuelto a ver a su familia y no podrá regresar a los Estados Unidos. Yohandry planea residir por un tiempo en Costa Rica mientras una parte de su corazón está en Estados Unidos.
Compartiendo una videollamada con Mary, su esposa y Susej , su hija.Cortesia de Yohandry Rivera
Una escasa presencia
En Barcelona también están sus padres, Henry Marcano y Ángela Reyes. Con ellos, mantener el contacto es complejo, pues no tienen un celular propio y los aparatos electrónicos no son sus mayores aliados. Por eso recurren a su hermano para facilitar el contacto, pero no siempre está en casa.
Una piedra con otro rumbo
Con la tormenta se pueden desprender algunas piedras del faro, pero siempre llevan consigo el lugar adonde pertenecen. Evelin, una de los tres hijos de Mairoly, decidió emigrar hacia Colombia hace cuatro años. Su esposo, Alexis, viajó primero para poder establecerse en Bogotá. Cuando Alexis “mandó por ella”, Evelin tenía 17 años y llegó a Soacha. El cambio fue drástico, vivía en un pueblo caluroso, con el mar a pocos pasos, y llegó a un municipio al interior del país, próximo a la capital colombiana, en el que los días de calor eran escasos. Sin embargo, el vínculo con su familia venezolana no se desdibujó. Las videollamadas se volvieron cosa de todos los días, y las fotos de todo lo que se estaba haciendo en Colombia se mandaban a toda hora. Evelin se ganó el apodo de “La Kardashian”, ya que siempre tenía el celular en mano listo para tomar una foto y compartirla con aquellos que no estaban presentes. Pasaron de vivir en Soacha a vivir en Patio Bonito en Bogotá. Allí, dos años y medio después, llegó Luciana Antonela a la vida de Evelin y Alexis. Su hija estuvo en incubadora después de nacer y no se le podían tomar fotos, pero su madre le tomó una a escondidas para mandarla a Mairoly. Cuando ella vio esa foto no pudo contener la emoción y la compartió con todos sus familiares, con todos sus vecinos y amigos que recordaban a su hija en Cajas Secas. Luciana es una piedra más que no ha conocido su faro, pero que siempre estuvo acompañada de aquellos que todavía estaban allí.
Alexis, Joel, Ewin, Mairoly, Luciana, Evelin en Bogotá, diciembre 2023. Cortesia de Mairoly Chourio
Distancias y vínculos
Salir de aquello a lo que se llama hogar nunca será fácil. A veces, un hogar no se limita simplemente a un techo sobre tu cabeza. Hogar puede ser aquel lugar donde te tratan bien, donde tienes apoyo; aquel lugar donde te sientes seguro. Yohandry no solo tuvo que salir de su casa, sino que salió de su hogar.
Yohandry no deseaba comunicarse con sus familiares, y cuando su madre trataba de contactarlo, él la evitaba. Estando lejos de casa, se enteró de la muerte de su abuela, con quien anteriormente logró hablar un par de veces a través de videollamada. Después de eso Yohandry
La decisión de buscar un lugar que ofreciera mejores oportunidades trajo consigo un distanciamiento entre él y su madre y sus hermanos. Yohandry tuvo que hacer frente a las críticas y oposición sobre la elección que tomó. Una vez lejos de allí, el apoyo que quiso sentir no se vio reflejado en esta trayectoria que emprendió.
ha decidido restaurar la relación con sus seres queridos. Ahora habla con su madre casi todos los días, manteniéndola al pendiente de su situación. Él cuenta que cuando su abuela murió, anhelaba que ella lo llamara y quisiera que le pasara lo mismo con su madre.
Aunque su comunicación con algunos familiares en Venezuela es anula.Nunca deja de llamar a su madre. Cortesía: Yohandry Rivera
Familia de Yohandry en Venezuela. Cortesía: Yohandry Rivera
Llamada de Yohandry con su madre el 30 de enero
Buscando un nuevo destino
Un mes después, su esposo Jean Carlos Molina y sus dos hijos menores llegaron a Bucaramanga. No fueron muy bien recibidos por Germán, esto causó conflicto y levantó heridas del pasado. “Si no aceptas a mis hijos, que son tus hermanos, y a mi marido, bueno, me voy con ellos”, dijo Rosemary. Entonces debió salir de la casa en la que vivían juntos. Las responsabilidades y gastos aumentaron, Rosemary y Jean Carlos se vieron obligados a trabajar en oficios varios y construcciones, hasta finalmente poder ejercer de auxiliar de cocina y chef. Seis años pasaron en Bucaramanga, seis años en que la estabilidad económica no llegó a pesar de las largas jornadas laborales de Rosemary y su esposo. “Sentía como que estuviera en mi país sobreviviendo”. El 6 de enero de 2024, Rosemary, Jean Carlos y dos de sus hijos salen dejando atrás la ciudad que los acogió. El 8 de enero Necoclí se volvió su primera parada. Aquí las condiciones no fueron las mejores, la enfermedad afectó a sus mellizos, pero la ilusión continúo, Rosemary y su esposo trabajaron por más de un mes vendiendo café y cigarrillos en la playa, hasta que a finales de febrero recolectaron el dinero suficiente para tomar la lancha hacia Acandí, y después de varios días allí, decidieron seguir hacia la selva donde van caminando con el sueño de poder llegar a Estados Unidos.
Rosemary y Jean Carlos venden tinto y cigarrillos en Necoclí Foto: Salomé Vásquez
Una segunda familia
Durante la primera travesía de Yohandry y su familia tratando de atravesar Centroamérica, tuvieron la oportunidad de pasar una corta pero valiosa estancia en Costa Rica. Allí conoció a Yesenia, una mujer que vivía junto a su esposo e hijos, quienes no tuvieron problema en acogerlos en su casa. Durante el tiempo que pasó allí, logró una conexión con todos los integrantes de aquella familia, a tal punto que aún después de haber partido se mantuvieron en contacto. Yohandry cuenta que jocosamente Yesenia le "cogió rabia", porque su esposo e hija se inspiraron con él y decidieron perseguir el sueño americano. Yesenia se quedó en Costa Rica y desde que Yohandry fue deportado de Estados Unidos ha estado pendiente de él, llamándolo en cada oportunidad que tiene, incluso le propuso que vuelva a Costa Rica. Esta vez, Yohandry se quedará en Costa Rica por un tiempo indefinido. La relación con Yesenia se convirtió en un símbolo de amistad y apoyo mutuo, demostrando que las conexiones humanas pueden trascender fronteras y circunstancias adversas. Ahora, con una nueva perspectiva y un camino más claro, Yohandry busca emprender una nueva etapa en Costa Rica, donde, según él, la ciudadanía y los permisos de trabajo son más accesibles. Aun así, conserva la esperanza de alcanzar sus metas y contribuir al bienestar de su familia, manteniendo siempre presente su sueño de regresar a Venezuela. La breve pero significativa estancia en Costa Rica le permitió no solo encontrar refugio en el hogar de Yesenia y su familia, sino también establecer vínculos que perdurarán en el tiempo. Yohandry logró ingresar a Costa Rica el 22 de febrero, aunque fue retenido durante cuatro días por las autoridades migratorias de aquel país, el 26 de febrero finalmente se reunió con Yesenia, con quien reside por ahora.