Conocimiento de los conceptos de impresión
Conocimiento del alfabeto o de las letras
Lenguaje oral
El vocabulario
Precursores del aprendizaje de la lectura y la escritura
El reconocimiento de su propio nombre
La motricidad fina
La motivación al leer
Conciencia fonológica
La conciencia del concepto de palabra
Garabatos y dibujos
Fuente: reelaboración a partir del National Early Literacy Panel (2008).
Conocimiento del alfabeto o de las letras
Las niñas y niños deben identificar, nombrar y escribir las letras (mayúsculas y minúsculas) del alfabeto y los sonidos que representan. Este conocimiento del alfabeto es un precursor crucial de la lectura y la escritura.
Motivación para leer
Las niñas y niños motivados tienen más probabilidades de convertirse en lectores exitosos. Fomentar el gusto por los libros y la lectura desde una edad temprana puede ayudar a establecer este precursor.
Los garabatos y dibujos
Aunque parezcan aleatorios, son una etapa temprana de la escritura. Con el tiempo, estos garabatos se vuelven más controlados y comienzan a parecerse más a las letras y palabras.
Conciencia fonológica
Los niños deben saber que las letras o grafemas representan los sonidos o fonemas de la lengua hablada, y gracias a la enseñanza de un adulto pueden identificar, contar y manipular las diferentes unidades de sonido: oración, palabra, sílaba, inicio y rima, y fonema.
Conciencia del concepto de palabra
Entender que las palabras están separadas por espacios en una frase o texto.
Lenguaje oral
El lenguaje oral es la base del aprendizaje del lenguaje escrito e implica saber escuchar y hablar. A través de la escucha e interacción con la familia y cuidadores, las niñas y niños asimilan el vocabulario y la sintaxis del español, aprendiendo a combinar las palabras para comunicar sus ideas y emociones; aprenden a usar el lenguaje teniendo en cuenta el contexto o el destinatario, por ejemplo, a elegir el tipo de registro (formal o informal) para comunicarse efectivamente, y desarrollan la capacidad de comprender narraciones. Estas habilidades luego serán transferibles a la comprensión lectora (Camargo et al., 2013). Para ello, los intercambios orales y lecturas en voz alta les permiten desarrollar habilidades como entender y recordar, localizar y organizar sucesos en una secuencia, seguir instrucciones, e interpretar y evaluar ideas en las historias. El desarrollo sistemático del habla influye en la escritura, pues una niña o niño que se expresa con precisión, usando una sintaxis más compleja y un vocabulario amplio, se acerca al estilo de lenguaje escrito, más estructurado y contextual. Cuando un niño o niña se expresa oralmente, los maestros o cuidadoras deben corregir y pronunciar de forma correcta las palabras, pedirle que amplíe, aclare o repita la información y le ayudan a ordenar de forma adecuada lo que el niño dice.
Reconocimiento de su propio nombre
Antes de aprender a escribir, muchos niños reconocen y tal vez escriben su propio nombre.
Motricidad fina
Desarrollar habilidades motoras finas, como garabatear, sostener el lápiz correctamente y hacer trazos básicos, es esencial para el aprendizaje de la escritura.
Conocimiento de los conceptos de impresión
Las niñas y niños deben entender cómo funcionan los libros y la escritura impresa. La docente, cuidadora o el líder en alfabetización desempeñan un papel crucial en este proceso: muestra la portada del libro, enseña el título, destaca quién es el autor o ilustrador del texto. También, señala la forma en la que vamos ensamblando las letras y las palabras (de izquierda a derecha y de arriba abajo) y explica que las palabras escritas en una página representan el lenguaje hablado.
Vocabulario
Las niñas y niños deben tener un vocabulario amplio, profundidad en sus significados y una recuperación rápida del mismo. Wolf (2008) explica que este aspecto es una de las grandes brechas entre estudiantes que crecen en entornos desfavorecidos y los que han experimentado diversas experiencias con el lenguaje escrito y oral: “Los niños que empiezan el jardín de infancia habiendo oído y utilizando miles de palabras, cuyos significados ya han comprendido, clasificado y almacenado en su tierno cerebro, parten con ventaja en el campo de la educación” (Wolf, 2008, p. 37).
3 · Ruta de la Ciencia · Alfabetización Temprana
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Created on February 13, 2024
Precursores de la lectura son fundamentales para el desarrollo de la lectura y la escritura posterior.
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Conocimiento de los conceptos de impresión
Conocimiento del alfabeto o de las letras
Lenguaje oral
El vocabulario
Precursores del aprendizaje de la lectura y la escritura
El reconocimiento de su propio nombre
La motricidad fina
La motivación al leer
Conciencia fonológica
La conciencia del concepto de palabra
Garabatos y dibujos
Fuente: reelaboración a partir del National Early Literacy Panel (2008).
Conocimiento del alfabeto o de las letras
Las niñas y niños deben identificar, nombrar y escribir las letras (mayúsculas y minúsculas) del alfabeto y los sonidos que representan. Este conocimiento del alfabeto es un precursor crucial de la lectura y la escritura.
Motivación para leer
Las niñas y niños motivados tienen más probabilidades de convertirse en lectores exitosos. Fomentar el gusto por los libros y la lectura desde una edad temprana puede ayudar a establecer este precursor.
Los garabatos y dibujos
Aunque parezcan aleatorios, son una etapa temprana de la escritura. Con el tiempo, estos garabatos se vuelven más controlados y comienzan a parecerse más a las letras y palabras.
Conciencia fonológica
Los niños deben saber que las letras o grafemas representan los sonidos o fonemas de la lengua hablada, y gracias a la enseñanza de un adulto pueden identificar, contar y manipular las diferentes unidades de sonido: oración, palabra, sílaba, inicio y rima, y fonema.
Conciencia del concepto de palabra
Entender que las palabras están separadas por espacios en una frase o texto.
Lenguaje oral
El lenguaje oral es la base del aprendizaje del lenguaje escrito e implica saber escuchar y hablar. A través de la escucha e interacción con la familia y cuidadores, las niñas y niños asimilan el vocabulario y la sintaxis del español, aprendiendo a combinar las palabras para comunicar sus ideas y emociones; aprenden a usar el lenguaje teniendo en cuenta el contexto o el destinatario, por ejemplo, a elegir el tipo de registro (formal o informal) para comunicarse efectivamente, y desarrollan la capacidad de comprender narraciones. Estas habilidades luego serán transferibles a la comprensión lectora (Camargo et al., 2013). Para ello, los intercambios orales y lecturas en voz alta les permiten desarrollar habilidades como entender y recordar, localizar y organizar sucesos en una secuencia, seguir instrucciones, e interpretar y evaluar ideas en las historias. El desarrollo sistemático del habla influye en la escritura, pues una niña o niño que se expresa con precisión, usando una sintaxis más compleja y un vocabulario amplio, se acerca al estilo de lenguaje escrito, más estructurado y contextual. Cuando un niño o niña se expresa oralmente, los maestros o cuidadoras deben corregir y pronunciar de forma correcta las palabras, pedirle que amplíe, aclare o repita la información y le ayudan a ordenar de forma adecuada lo que el niño dice.
Reconocimiento de su propio nombre
Antes de aprender a escribir, muchos niños reconocen y tal vez escriben su propio nombre.
Motricidad fina
Desarrollar habilidades motoras finas, como garabatear, sostener el lápiz correctamente y hacer trazos básicos, es esencial para el aprendizaje de la escritura.
Conocimiento de los conceptos de impresión
Las niñas y niños deben entender cómo funcionan los libros y la escritura impresa. La docente, cuidadora o el líder en alfabetización desempeñan un papel crucial en este proceso: muestra la portada del libro, enseña el título, destaca quién es el autor o ilustrador del texto. También, señala la forma en la que vamos ensamblando las letras y las palabras (de izquierda a derecha y de arriba abajo) y explica que las palabras escritas en una página representan el lenguaje hablado.
Vocabulario
Las niñas y niños deben tener un vocabulario amplio, profundidad en sus significados y una recuperación rápida del mismo. Wolf (2008) explica que este aspecto es una de las grandes brechas entre estudiantes que crecen en entornos desfavorecidos y los que han experimentado diversas experiencias con el lenguaje escrito y oral: “Los niños que empiezan el jardín de infancia habiendo oído y utilizando miles de palabras, cuyos significados ya han comprendido, clasificado y almacenado en su tierno cerebro, parten con ventaja en el campo de la educación” (Wolf, 2008, p. 37).