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Eje cronológico
Daniela Garrido Delgado
Created on February 9, 2024
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Transcript
reyes romanos
Monarquía (753 a. C. – 509 a. C.).
Dinastía Latina
Romulo(753-715 a.C)
Numa Pompilio (715-673 a. C.)
Tulo Hostilio (672-641 a. C.)
Anco Marcio (640-617 a. C.)
Dinastía Etrusca
Tarquinio Prisco (616-578 a. C.)
Servio Tulio (577-535 a. C.)
Tarquinio el Soberbio (534-509 a. C.)
República (509 a. C. - 27 a. C.)
Imperio (27 a. C. – 395 d. C.)
Emperadores del Alto Imperio
Octavio Augusto
La sucesión de Augusto. La dinastía Julio-Claudia
El año de los cuatro emperadores (69 d. C.)
La dinastía Flavia
Los Antoninos
Emperadores del Bajo Imperio
Los Severos (193-235 d. C.)
Diocleciano (284-305 d. C.) y la tetrarquía
Constantino (312-337 d. C.)
Los hijos de Constantino y Juliano el Apóstata
Teodosio. Reparto del Imperio
El fin del Imperio de Occidente
Tarquinio Prisco (616-578 a. C.) construyó un templo dedicado a Júpiter, en la cima del Capitolio. Mandó construir el foro, la Cloaca Maxima (el primer alcantarillado de Roma) y el Circo Máximo (lugar destinado a los espectáculos). Introdujo el arte y la religión del pueblo etrusco en Roma.
Diocleciano llegó al poder en el año 284 d. C., en un momento crítico. Alarmado por la proliferación de rebeliones por todo el Imperio (Balcanes, Persia, Egipto), tuvo que reconocer que era imposible controlarlo desde un único centro de go-bierno. Por ello, reorganizó el poder y estableció un sistema llamado tetrarquía, que no implicaba la ruptura de la unidad imperial, aunque sí un reparto de las tareas administrativas. La gestión del Imperio se repartió entre dos emperadores (llamados augustos): Diocleciano (ayudado por un subemperador o césar, Gale-rio) y Maximiano (asistido por Constancio Cloro como césar). Los césares debían sustituir a los augustos a su muerte, para asegurar la continuidad del Imperio.
La tetrarquía representó el triunfo del absolutismo oriental: el emperador adoptó el nombre de Señor (dominus), de Eternidad o de Majestad: verdadero dios en la tierra, todo lo que se relacionaba con él se convertía en sagrado. Los edictos de Diocleciano siempre se refieren a su divinidad, a su «majestad», a sus «divinos» oráculos o a su «sagrado» palacio.
En el año 379 d. C., Graciano, hijo de Valentiniano, se repartió el Imperio con Valentiniano II y con Teodosio, general destacado en la lucha contra los bárbaros. ‘Teodosio se alió con los godos y les ofreció tierras para colonizar, de modo que unos 40.000 godos engrosaron las filas del ejército imperial. Tras una guerra civil, en el 394 se convirtió en emperador único de todo el Imperio. En el interior, el gobierno de Teodosio estuvo marcado por el reconocimiento del cristianismo como religión del Estado y la supresión oficial del paganismo. En el año 391, un edicto prohibió asistir a los templos paganos y en el 392 otro edicto prohibía, bajo pena de muerte, la práctica de rituales no cristianos, como la consulta de auspicios.
En el año 27 a. C., Octavio, tras derrotar definitivamente a Marco Antonio en su lucha por el dominio de Roma, se presentó ante el Senado para simular que restituía a este órgano su control sobre los ejércitos y las provincias. Sin embargo, los senadores ratificaron sus poderes -era un hombre inmensamente rico y había tejido complicidades con numerosos senadores y personas influyentes- y le concedieron el título de princes senatus (es decir, ‘senador principal’) y de Augusto, un sobrenombre de carácter más religioso que político que le confería una aureola de respeto. De este modo, nació el Imperio romano.
En el año 306, Constantino fue aclamado Augusto de Occidente por las tropas de Britania. Otros generales también reclamaban el mismo título, por lo que, en el año 307, había cuatro augustos. A lo largo de veinte años, Constantino fue eliminando a sus rivales: en el año 312 se convirtió en único Augusto de Occidente y en el 324 fue proclamado emperador de un imperio nuevamente unificado.
Ordenó construir una muralla para proteger la ciudad. Llevó a cabo importantes reformas políticas y sociales, como distribuir el pueblo en cinco clases sociales según su fortuna, con el objetivo de organizar el pago de impuestos.
Teodosio falleció en Milán en el año 395 d. C. Antes de morir, dividió el Imperio en dos, con el fin de que este se pudiera controlar mejor el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente. Legó Occidente a Honorio, y Oriente a Arcadio, sus dos hijos. A pesar de ello, el Imperio romano mostraba debilidad y los bárbaros, que durante cuatro siglos habían permanecido a la defensiva, atacaron varias veces las fronteras romanas. Gracias a su situación, Constantinopla pudo resistir diez siglos la invasión; por el contrario, Roma cayó y el Imperio de Occidente vivió una agonía de ochenta años en la que sufrió, como ataques principales, los de Alarico, Atila y Genserico. Rómulo Augústulo se considera el último emperador del Imperio romano de Oc-cidente. Una vez depuesto, el caudillo bárbaro Odoacro se proclamó rey de Italia, pero no emperador: para entonces, el Imperio romano de Occidente ya se había desmembrado en numerosos focos de poder regionales en manos de los bárbaros.
Fue un rey guerrero. Organizó el ejército, con el que destruyó el reino de Alba Longa (la principal ciudad del Lacio). De este modo convirtió Roma en la primera potencia de la región.
Tras la muerte de Nerón, Roma vivió una guerra civil. En tan solo dos años, 68 y 69 d. C., se sucedieron cuatro emperadores: Galba (reinó siete meses), Otón, (fue emperador ochenta y ocho horas), Vitelio y Vespasiano.
Tras la muerte de Cómodo, se inició un periodo de guerras civiles. Este periodo terminó con la llegada de Septimio Severo (193-211 d. C.), un emperador de origen africano que destacó, sobre todo, por su talante militar. Caracalla y Geta, hijos de Septimio Severo, reinaron juntos bajo la tutela de su madre siria, Julia Domna. Caracalla mató a su hermano y reinó solo entre el 212 y el 217 d. C. Su obra más importante -aparte de las famosas termas que todavía se pueden ver en Roma- fue extender el derecho de ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio. Combatió con éxito a los alamanes y a los partos.
Caracalla fue asesinado y sustituido por Macrino (217-218 d. C.), a quien suce-dió, a su vez, Heliogábalo (218-222 d. C.), joven sacerdote que quiso instaurar en Roma el culto al dios sirio Elagabal (dios Sol), en detrimento de los dioses y la religión romanos. Su reinado está lleno de leyendas sobre sus excesos y excen-tricidades. A Heliogábalo lo asesinó la guardia pretoriana y fue sustituido por su primo Alejandro Severo (222-235 d. C.), quien representa el último intento de gobierno civil del Imperio: a partir de su muerte se impone la dominación militar.
Fue el fundador de Roma. Para poblar su reino, fusionó las tribus de dos de los pueblos que vivian en la zona: los latinos y los sabinos.
Organizó el culto romano (el conjunto de ceremonias con las que los romanos debían honrar a los dioses) y creó los colegios sacerdotales por inspiración de la ninfa Egeria, con quien se encontraba en una cueva. Estableció un calendario de doce meses.
Fue el último rey de Roma, poco apreciado por su pueblo, ya que gobernaba de forma despótica. Fue destronado por un episodio protagonizado por su hijo, también llamado Tarquinio. Este violó a Lucrecia, la esposa de un insigne ciudadano romano, y el acto fue condenado por los comicios del pueblo, que obligaron a la familia de los Tarquinios a exiliarse. A consecuencia de ello, se instauró una nueva forma de go-bierno, la república, un régimen donde el poder no lo ostenta una sola persona y en el que el Senado tiene un mayor protagonismo.
Fue un gobernante pacífico que erigió a Roma en centro de intercambio comercial. Mandó construir el puerto de Ostia en la desembocadura del río Tiber para incentivar el transporte de mercancías por mar.
Antes de morir, Constantino dividió el Imperio entre sus tres hijos: Constancio, Constantino II y Constante. Estos lucharon por el poder hasta que Constancio se convirtió en el único emperador. Constancio murió en el año 361 d. C. El único pariente que tenía era su sobrino Juliano, hombre instruido, amigo de las letras, filósofo y buen general. Juliano fue reconocido unánimemente como emperador tras la muerte de Constancio. Proclamado emperador, abjuró del cristianismo, lo que le valió el sobrenombre de Apóstata, y adoptó medidas contra los cristianos, como prohibirles abrir escuelas. Tras la muerte de Juliano, reinaron Joviano y Valentiniano (364 d. C.), y Valente.