Martín del Campo Pimentel Héctor. 617.
Historia de la Corrupción en México
Presione en una imagen para ver la información de cada etapa.
Época Moderna (tecnocracia)
70´s
Época de Reforma
Época Pos- rrevolucionaria
Época Actual
Época Colonial
80´s - 90´s
50´s - 60´s
Época Cardenista
Porfiriato
Desde 1917
1854-1857
Desde el 2000
1877-1910
1521-1821
1934-1940
Corrupción en la época colonial
Durante la época colonial en México, la corrupción estaba arraigada debido al poder absoluto de los reyes españoles y sus representantes, los virreyes, quienes veían los cargos públicos como una oportunidad para enriquecerse. La Corona no veía con malos ojos que los funcionarios hicieran negocios vendiendo sus puestos. Aunque la política no era tan opresiva, existía un mecanismo llamado Juicio de Residencia que obligaba a los virreyes a rendir cuentas por sus acciones. A diferencia de la actualidad, ningún expresidente colonial tuvo que responder por sus acciones ante la nación. Los criollos, aunque emprendedores, eran poco previsores en sus acciones. Personajes como Iturbide y Santa Anna, buscaban más el reconocimiento de sus compatriotas que el enriquecimiento personal, aunque estuvieron involucrados en negocios cuestionables. Sin embargo, el empobrecido erario limitaba sus oportunidades de acumular riqueza.
Corrupción en la época de Reforma
Durante la época de la Reforma en México, los liberales promovieron la honradez y establecieron una Constitución que buscaba limitar la posibilidad de un gobierno corrupto o despilfarrador a través de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, la Suprema Corte de Justicia y una prensa libre. Sin embargo, en 1885, el expresidente Manuel González fue llamado a rendir cuentas por negocios ilícitos relacionados con la construcción de ferrocarriles, lo que generó un déficit fiscal preocupante. Aunque inicialmente absuelto por Porfirio Díaz, este incidente sentó un precedente para la reelección perpetua del líder sin rivales.
Corrupción en el porfiriato
Durante el tiempo de Porfirio Díaz en México, él tenía todo el poder político y podía dar favores y concesiones como si fuera un rey, pero siempre parecía ser una persona honesta. Aunque podía influir en cómo se manejaban las finanzas a través del ministro de Hacienda, se esperaba que ese manejo fuera responsable y no corrupto. Además, es importante destacar que durante ese tiempo, los tribunales funcionaban bastante bien y de manera justa, aunque eso a veces se olvida.
Época Posrrevolucionaria.
Durante la época posrevolucionaria en México, la corrupción se manifestó en diversos ámbitos, comenzando con el saqueo y el pillaje durante la Revolución misma. Líderes como Obregón se beneficiaron del caos, apropiándose de propiedades y bienes de valor. El término "carrancear" surgió como sinónimo de robar, reflejando la voracidad de los constitucionalistas por el presupuesto público. Aunque algunos defienden el periodo carrancista por su política interna e internacional, la corrupción fue evidente. Aunque en los primeros años de los gobiernos de De la Huerta y Obregón no hubo corrupción directa con fondos públicos, la Revolución promovió un enriquecimiento desmedido de la nueva clase militar, principalmente a través de la confiscación de haciendas. Además, instituciones como el Banco Nacional de Crédito Agrícola otorgaron préstamos irrecuperables a generales influyentes, exacerbando la corrupción.
Época Cardenista
Durante la época de Cárdenas, la Reforma Agraria buscó revertir el saqueo y la desigualdad. Sin embargo, algunos líderes revolucionarios como el general Eulogio Ortiz reconocieron que habían obtenido tierras de manera cuestionable durante la Revolución. A pesar de los esfuerzos por redistribuir la riqueza, la destrucción causada por la Revolución impulsó la corrupción. Aunque inicialmente se esperaba que la riqueza se distribuyera equitativamente entre todos los sectores de la sociedad, en realidad, acabó concentrándose en manos de unos pocos sin mérito especial. Esta paradoja sangrienta llevó a la creación de una nueva burguesía a través de prácticas corruptas, lo que exacerbó la desigualdad social y económica en el país.
Corrupción en la época moderna (tecnocracia)
En la época moderna de México, la corrupción alcanzó niveles alarmantes, superando incluso a la corrupción de los generales. Esta vez, fueron los profesionales educados, los llamados tanprontistas, quienes, tan pronto como asumieron cargos públicos, comenzaron a favorecer sus intereses privados. Los ministros establecían empresas para proveer a sus propias secretarías a precios inflados, se fomentaban monopolios en sectores como la distribución de gasolina y el transporte, y se generaban fortunas enormes a través de especulaciones monetarias e inmobiliarias. La oposición, compuesta por débiles partidos políticos, algunos revolucionarios honestos, escritores independientes y la revista Presente, enfrentaba la represión del gobierno. La corrupción era tan generalizada que la población la aceptaba como algo inevitable, creyendo que los políticos tenían el poder absoluto y podían hacer lo que quisieran. Sin embargo, algunos entendían que solo la verdadera democracia y la división de poderes podrían combatir la corrupción. La población buscaba alivio en la comedia, riendo con los sketches políticos del cómico Jesús Martínez "Palillo", quien denunciaba a los políticos corruptos como "pulpos chupeteadores del presupuesto nacional". Aunque lo que no podía decirse abiertamente se difundía a través del rumor.
50´s y 60´s
Durante las décadas de los 50 y 60, la corrupción en México estaba presente, aunque aún en una etapa rudimentaria y sin mostrar todos sus efectos perniciosos. Los profesionales educados, principalmente los licenciados en economía, accedían a los fondos públicos a través de arbitrios y mediaciones, pero en su mayoría, la riqueza mal habida se quedaba en el país, generando empleo y nueva riqueza debido al paradigma industrial en auge. En 1952, la excesiva ambición de estos licenciados llevó a una administración más honesta bajo Ruiz Cortines, quien si bien no castigó penalmente a los corruptos ni estableció barreras institucionales contra la corrupción (algo que solo la democracia y la separación de poderes podrían lograr), volvió a la tradición de autocontención porfiriana y reforzó la separación respetuosa entre la presidencia y las instituciones financieras clave del país. Aunque la corrupción aumentó durante el gobierno de López Mateos y se limitó durante el gobierno más austero de Díaz Ordaz, aún no mostraba su verdadero rostro. En un país que experimentaba un crecimiento económico del 7% anual con una inflación del 2%, la corrupción parecía ser vista como un "lubricante natural del sistema".
70´s
Durante la década de los 70, con Echeverría en el poder, surgieron los economistas al mando, muchos de ellos descendientes de la Revolución, pero más enfocados en enriquecerse a costa del país que en servir a la patria. Con la expansión masiva del sector público y un presupuesto inflado por una deuda externa de veinte mil millones de dólares, la corrupción alcanzó una escala sin precedentes. Ahora, no solo los amigos del presidente acumulaban fortunas, sino que incluso los funcionarios de menor rango en el ámbito estatal se beneficiaban de la desviación de fondos públicos. Durante la época petrolera de López Portillo, los casos de enriquecimiento inexplicable se volvieron comunes y corrientes.
80´s y 90´s
Durante las décadas de los 80 y 90, surgió una conciencia pública sobre la estrecha relación entre el poder y el dinero en el sistema político mexicano. El llamado a una "renovación moral" por parte de Miguel de la Madrid recibió un amplio respaldo, aunque las acciones tomadas fueron insuficientes. La corrupción, identificada como el núcleo del sistema político, requería un cambio fundamental en el contrato social de México. Gabriel Zaid argumentó que la corrupción no era exclusiva de México, sino un problema universal que solo podría combatirse con controles y equilibrios institucionales. Estos controles incluían una fiscalización efectiva por parte de los diputados, una justicia independiente, una prensa libre y honesta, partidos de oposición vigilantes y ciudadanos con un voto efectivo. La implementación de estas medidas en los años 80 podría haber evitado los niveles de corrupción alcanzados durante el gobierno de Salinas.
Época Actual
En el siglo XXI, la corrupción sigue siendo un desafío en México, aunque la democracia y las instituciones como el Instituto Nacional de Transparencia han permitido un mayor escrutinio público sobre los políticos. Durante el periodo federal entre 2000 y 2012, la prensa y la sociedad lograron contener en cierta medida la corrupción, aunque persistió a nivel estatal. La administración de Peña Nieto fue criticada por su tolerancia hacia la corrupción, lo que socavó la confianza en el gobierno y planteó preocupaciones sobre la democracia. El gobierno actual ha prometido combatir la corrupción, pero su enfoque ha sido inconsistente y ha generado inquietudes sobre el respeto a las libertades y las instituciones democráticas. Aunque la integridad del presidente puede influir positivamente, es esencial fortalecer el orden democrático con el pleno ejercicio de las libertades y el cumplimiento estricto de la ley, evitando confusiones entre la moralidad personal y el funcionamiento del sistema político para evitar riesgos para la democracia y el país.
Línea del Tiempo Sobre la Corrupción en México
Hector Martin del Campo Pimentel
Created on February 8, 2024
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Martín del Campo Pimentel Héctor. 617.
Historia de la Corrupción en México
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Época Moderna (tecnocracia)
70´s
Época de Reforma
Época Pos- rrevolucionaria
Época Actual
Época Colonial
80´s - 90´s
50´s - 60´s
Época Cardenista
Porfiriato
Desde 1917
1854-1857
Desde el 2000
1877-1910
1521-1821
1934-1940
Corrupción en la época colonial
Durante la época colonial en México, la corrupción estaba arraigada debido al poder absoluto de los reyes españoles y sus representantes, los virreyes, quienes veían los cargos públicos como una oportunidad para enriquecerse. La Corona no veía con malos ojos que los funcionarios hicieran negocios vendiendo sus puestos. Aunque la política no era tan opresiva, existía un mecanismo llamado Juicio de Residencia que obligaba a los virreyes a rendir cuentas por sus acciones. A diferencia de la actualidad, ningún expresidente colonial tuvo que responder por sus acciones ante la nación. Los criollos, aunque emprendedores, eran poco previsores en sus acciones. Personajes como Iturbide y Santa Anna, buscaban más el reconocimiento de sus compatriotas que el enriquecimiento personal, aunque estuvieron involucrados en negocios cuestionables. Sin embargo, el empobrecido erario limitaba sus oportunidades de acumular riqueza.
Corrupción en la época de Reforma
Durante la época de la Reforma en México, los liberales promovieron la honradez y establecieron una Constitución que buscaba limitar la posibilidad de un gobierno corrupto o despilfarrador a través de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, la Suprema Corte de Justicia y una prensa libre. Sin embargo, en 1885, el expresidente Manuel González fue llamado a rendir cuentas por negocios ilícitos relacionados con la construcción de ferrocarriles, lo que generó un déficit fiscal preocupante. Aunque inicialmente absuelto por Porfirio Díaz, este incidente sentó un precedente para la reelección perpetua del líder sin rivales.
Corrupción en el porfiriato
Durante el tiempo de Porfirio Díaz en México, él tenía todo el poder político y podía dar favores y concesiones como si fuera un rey, pero siempre parecía ser una persona honesta. Aunque podía influir en cómo se manejaban las finanzas a través del ministro de Hacienda, se esperaba que ese manejo fuera responsable y no corrupto. Además, es importante destacar que durante ese tiempo, los tribunales funcionaban bastante bien y de manera justa, aunque eso a veces se olvida.
Época Posrrevolucionaria.
Durante la época posrevolucionaria en México, la corrupción se manifestó en diversos ámbitos, comenzando con el saqueo y el pillaje durante la Revolución misma. Líderes como Obregón se beneficiaron del caos, apropiándose de propiedades y bienes de valor. El término "carrancear" surgió como sinónimo de robar, reflejando la voracidad de los constitucionalistas por el presupuesto público. Aunque algunos defienden el periodo carrancista por su política interna e internacional, la corrupción fue evidente. Aunque en los primeros años de los gobiernos de De la Huerta y Obregón no hubo corrupción directa con fondos públicos, la Revolución promovió un enriquecimiento desmedido de la nueva clase militar, principalmente a través de la confiscación de haciendas. Además, instituciones como el Banco Nacional de Crédito Agrícola otorgaron préstamos irrecuperables a generales influyentes, exacerbando la corrupción.
Época Cardenista
Durante la época de Cárdenas, la Reforma Agraria buscó revertir el saqueo y la desigualdad. Sin embargo, algunos líderes revolucionarios como el general Eulogio Ortiz reconocieron que habían obtenido tierras de manera cuestionable durante la Revolución. A pesar de los esfuerzos por redistribuir la riqueza, la destrucción causada por la Revolución impulsó la corrupción. Aunque inicialmente se esperaba que la riqueza se distribuyera equitativamente entre todos los sectores de la sociedad, en realidad, acabó concentrándose en manos de unos pocos sin mérito especial. Esta paradoja sangrienta llevó a la creación de una nueva burguesía a través de prácticas corruptas, lo que exacerbó la desigualdad social y económica en el país.
Corrupción en la época moderna (tecnocracia)
En la época moderna de México, la corrupción alcanzó niveles alarmantes, superando incluso a la corrupción de los generales. Esta vez, fueron los profesionales educados, los llamados tanprontistas, quienes, tan pronto como asumieron cargos públicos, comenzaron a favorecer sus intereses privados. Los ministros establecían empresas para proveer a sus propias secretarías a precios inflados, se fomentaban monopolios en sectores como la distribución de gasolina y el transporte, y se generaban fortunas enormes a través de especulaciones monetarias e inmobiliarias. La oposición, compuesta por débiles partidos políticos, algunos revolucionarios honestos, escritores independientes y la revista Presente, enfrentaba la represión del gobierno. La corrupción era tan generalizada que la población la aceptaba como algo inevitable, creyendo que los políticos tenían el poder absoluto y podían hacer lo que quisieran. Sin embargo, algunos entendían que solo la verdadera democracia y la división de poderes podrían combatir la corrupción. La población buscaba alivio en la comedia, riendo con los sketches políticos del cómico Jesús Martínez "Palillo", quien denunciaba a los políticos corruptos como "pulpos chupeteadores del presupuesto nacional". Aunque lo que no podía decirse abiertamente se difundía a través del rumor.
50´s y 60´s
Durante las décadas de los 50 y 60, la corrupción en México estaba presente, aunque aún en una etapa rudimentaria y sin mostrar todos sus efectos perniciosos. Los profesionales educados, principalmente los licenciados en economía, accedían a los fondos públicos a través de arbitrios y mediaciones, pero en su mayoría, la riqueza mal habida se quedaba en el país, generando empleo y nueva riqueza debido al paradigma industrial en auge. En 1952, la excesiva ambición de estos licenciados llevó a una administración más honesta bajo Ruiz Cortines, quien si bien no castigó penalmente a los corruptos ni estableció barreras institucionales contra la corrupción (algo que solo la democracia y la separación de poderes podrían lograr), volvió a la tradición de autocontención porfiriana y reforzó la separación respetuosa entre la presidencia y las instituciones financieras clave del país. Aunque la corrupción aumentó durante el gobierno de López Mateos y se limitó durante el gobierno más austero de Díaz Ordaz, aún no mostraba su verdadero rostro. En un país que experimentaba un crecimiento económico del 7% anual con una inflación del 2%, la corrupción parecía ser vista como un "lubricante natural del sistema".
70´s
Durante la década de los 70, con Echeverría en el poder, surgieron los economistas al mando, muchos de ellos descendientes de la Revolución, pero más enfocados en enriquecerse a costa del país que en servir a la patria. Con la expansión masiva del sector público y un presupuesto inflado por una deuda externa de veinte mil millones de dólares, la corrupción alcanzó una escala sin precedentes. Ahora, no solo los amigos del presidente acumulaban fortunas, sino que incluso los funcionarios de menor rango en el ámbito estatal se beneficiaban de la desviación de fondos públicos. Durante la época petrolera de López Portillo, los casos de enriquecimiento inexplicable se volvieron comunes y corrientes.
80´s y 90´s
Durante las décadas de los 80 y 90, surgió una conciencia pública sobre la estrecha relación entre el poder y el dinero en el sistema político mexicano. El llamado a una "renovación moral" por parte de Miguel de la Madrid recibió un amplio respaldo, aunque las acciones tomadas fueron insuficientes. La corrupción, identificada como el núcleo del sistema político, requería un cambio fundamental en el contrato social de México. Gabriel Zaid argumentó que la corrupción no era exclusiva de México, sino un problema universal que solo podría combatirse con controles y equilibrios institucionales. Estos controles incluían una fiscalización efectiva por parte de los diputados, una justicia independiente, una prensa libre y honesta, partidos de oposición vigilantes y ciudadanos con un voto efectivo. La implementación de estas medidas en los años 80 podría haber evitado los niveles de corrupción alcanzados durante el gobierno de Salinas.
Época Actual
En el siglo XXI, la corrupción sigue siendo un desafío en México, aunque la democracia y las instituciones como el Instituto Nacional de Transparencia han permitido un mayor escrutinio público sobre los políticos. Durante el periodo federal entre 2000 y 2012, la prensa y la sociedad lograron contener en cierta medida la corrupción, aunque persistió a nivel estatal. La administración de Peña Nieto fue criticada por su tolerancia hacia la corrupción, lo que socavó la confianza en el gobierno y planteó preocupaciones sobre la democracia. El gobierno actual ha prometido combatir la corrupción, pero su enfoque ha sido inconsistente y ha generado inquietudes sobre el respeto a las libertades y las instituciones democráticas. Aunque la integridad del presidente puede influir positivamente, es esencial fortalecer el orden democrático con el pleno ejercicio de las libertades y el cumplimiento estricto de la ley, evitando confusiones entre la moralidad personal y el funcionamiento del sistema político para evitar riesgos para la democracia y el país.