Want to create interactive content? It’s easy in Genially!

Get started free

EL ROMANCE

Roxana Adriana Elvridge Thomas Santillán

Created on January 28, 2024

Descripción de qué es el Romance, sus características y algunos ejemplos.

Start designing with a free template

Discover more than 1500 professional designs like these:

Corporate Christmas Presentation

Snow Presentation

Winter Presentation

Hanukkah Presentation

Vintage Photo Album

Nature Presentation

Halloween Presentation

Transcript

El Romance

Romances Medievales

El Romance tradicional es una de las manifestaciones más importantes de la poesía popular hispánica.

La renovación

La conservación

El Romance, como parte de la poesía popular, está sometido a dos fuerzas:

a conservación permite que un texto perdure en la memoria colectiva durante años (o siglos), pasando de boca en boca fundamentalmente siendo el mismo, incluso con versos que se repiten textualmente de generación en generación. Hay un impulso der ser humano a repetir lo heredado tal y como lo aprendió y defiende su texto como un patrimonio precioso.

Al mismo tiempo existe un deseo (consciente o no) de renovar y mejorar lo que se posee, y esto da lugar a las variaciones que van remodelando los textos y cambiándolos poco o mucho.

Romance de Delgadina

Padre, si es usted mi padre, por Dios deme un vaso de agua que el alma tengo en un hilo, y la vida se me acaba. Yo bien te la diera hija, pero has de cumplir palabra. Yo se la cumpliré, padre, aunque sea de mala gana. Alto, alto, mis criados, a Delgadina dadle agua Unos van con jarros de oro, otros con jarros de plata. Más por mucho que corrieron, Delgadina muerta estaba A los pies de Delgadina, una fuente que manaba. El primero que llegase, la vida tiene ganada el último que llegase, la vida tiene jurada. La cama de Delgadina de ángeles está rodeada y la cama de su padre, de sierpes y cosas mala.

Madre, si es usted mi madre, por Dios deme un jarro de agua que el alma tengo en un hilo y la vida se me acaba. Vete de ahí, hija de perro; vete de ahí perra malvada, que va para cuatro años que me tienes mal casada. Delgadina con gran sede se asomó a otra más alta, y viera allí a sus hermanas lavando paños de Holanda. Por Dios os lo pido, hermanas, que me deis un jarro de agua, que el alma tengo en un hilo y la vida se me acaba. Yo bien te lo diera, hermana, y todas las que aquí lavan, pero si padre lo sabe, la cabeza nos cortara. Delgaidina con gran sede, asomose a otra más alta, y abajo viera a su padre con gran jueguito de barra.

Tres hijas tenía el rey, todas tres como la plata, y la más pequeña de ellas, Delgadina se llamaba. Un día al ir para misa, su padre la reparaba: Delgadina, Delgadina, tú has de ser mi enamorada. No lo quiera el Rey del cielo ni la Virgen soberana. Ser yo mujer de mi padre, de mis hermanos madrastra! La agarra por los cabellos y a una torre la arrastrara; no la daba de comer, más que pez y agua salada. Delgadina con gran sede se asomara a la ventana y viera abajo a su madre en silla de oro sentada.

orrido de Delgadina

En cuanto a la forma, el Romance es una tirada de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. El Romance es un poema narrativo que no contiene estrofas ni estribillos. Se muestra muchas veces como una narración en tercera persona y tiene una buena dosis de diálogo. Hay algunos romances en primera persona u otros que son puramente diálogo. Una de sus características es la alternancia verbal, la enorme mezcla de distintos tiempos verbales.

En cuanto a recursos formales, tenemos: 1. La repetición. 2. La antítesis. 3. La enumeración. 4. El formulismo.

Temas del Romance

Romances Históricos

Se subdividen en Noticieros e Histórico-épicos. Los Noticieros a la vez se subdividen en Fronterizos e Históricos varios.

Romances de invención

Se subdividen en Caballerescos y Novelescos.

omance del Conde Arnaldos

omance del enamorado y la muerte

Romances renacentistas y barrocos

Romances moriscos Lope de Vega Gallardo pasea Zaide puerta y calle de su dama, que desea en gran manera ver su imagen y adorarla, porque se vido sin ella en una ausencia muy larga, que desdichas le sacaron desterrado de Granada, no por muerte de hombre alguno ni por traidor a su dama, mas por dar gusto a enemigos, si es que en el moro se hallan, porque es hidalgo en sus cosas y tanto que al mundo espantan sus larguezas, pues por ellas el moro dejó su patria; pero a Granada volvió a pesar de vil canalla, porque siendo un moro noble enemigos nunca faltan.

Alzó la cabeza y vido a su Zaida a la ventana, tan bizarra y tan hermosa que al sol quita su luz clara. Zaida se huelga de ver a quien ha entregado el alma, tan turbada y tan alegre y cuanto alegre turbada, porque su grande desdicha le dio nombre de casada, aunque no por eso piensa olvidar a quien bien ama. El moro se regocija y con dolor de su alma, por no tener más lugar, que el puesto no se le daba, por ser el moro celoso de quien es esposa Zaida, en gozo, contento y penas le envió aquestas palabras:

¡Oh más hermosa y más bella que la aurora aljofarada, mora de los ojos míos, que otra en beldad no te guala! Dime, ¿fáltate salud después que el verme te falta? Mas según la muestra hasdado amor es el que te falta. Pues mira, dïosa crüel, lo que me cuestas del alma y cuántas noches dormí debajo de tus ventanas; y mira que dos mil veces, recreándome en tus faldas, decías: El firme amor sólo entre los dos se halla.

PURO AMOR, QUE AUSENTE, Y SIN DESEO DE INDECENCIAS, PUEDE SENTIR LO QUE EL MÁS PROFANO

Sor Juana

en cuyas divinas aras, ni sudor arde sabeo, ni sangre se funde humana, ni bruto se corta cuello, pues del mismo corazón los combatientes deseos son holocausto poluto, son materiales afectos, y solamente del alma en religiosos incendios arde sacrificio puro de adoración y silencio. Yo, pues, mi adorada Filis, que tu deidad reverencio, que tu desdén idolatro y que tu rigor venero:

bien así, como la simple amante que, en tornos ciegos, es despojo de la llama por tocar el lucimiento como el niño que, inocente, aplica incauto los dedos a la cuchilla, engañado del resplandor del acero, y herida la tierna mano, aún sin conocer el yerro, más que el dolor de la herida siente apartarse del reo; cual la enamorada Clicie que, al rubio amante siguiendo, siendo padre de las luces, quiere eñsenarle adimientos;

Lo atrevido de un pincel, Filis, dio a mi pluma alientos: que tan gloriosa desgracia más causa corrió que miedo. Logros de errar por tu causa fue de mi ambición el cebo; donde es el riesgo apreciable ¿qué tanto valdrá el acierto? Permite, pues, a mi pluma segundo arriesgado vuelo, pues no es el primer delito que le disculpa el ejemplo de ti, peregrina Filis?, cuyo divino sujeto se dio por merced al mundo, se dio por ventaja al cielo;

¿Puedo yo dejar de amarte si tan divina te advierto? ¿Hay causa sin producir? ¿Hay potencia sin objeto? Pues siendo tú el más hermanso, grande, soberano exceso que ha visto en círculos tantos el verde torno del tiempo, ¿para qué mi amor te vio? ¿Por qué mi fe te encarezco, cuando es cada prenda tuya firma de mi cautiverio? Vuelve a ti misma los ojos y hallarás, en ti y en ellos, no sólo el amor posible, mas preciso el rendimiento, entre tanto que el cuidado, en contemplarte suspenso, que vivo asegura sólo en fe de que por ti muero.

como a lo cóncavo el aire, como a la materia el fuego, como a su centro las peñas, como a su fin los intentos; bien como todas las cosas naturales, que el deseo de conservarse, las une amante en lazos estrechos... Pero ¿para qué es cansarse? Como a ti, Filis, te quiero; que en lo que mereces, éste es solo encarecimiento. Ser mujer, ni estar ausente, no es de amarte impedimento; pues sabes tú que las almas distancia ignoran y sexo.

Romances del romanticismo

El estudiante de Salamanca

José de Espronceda Era más de media noche, antiguas historias cuentan, cuando en sueño y en silencio lóbrego envuelta la tierra, los vivos muertos parecen, 5 los muertos la tumba dejan. Era la hora en que acaso temerosas voces suenan informes, en que se escuchan tácitas pisadas huecas, 10 y pavorosas fantasmas entre las densas tinieblas vagan, y aúllan los perros amedrentados al verlas: En que tal vez la campana 15 de alguna arruinada iglesia da misteriosos sonidos de maldición y anatema, que los sábados convoca a las brujas a su fiesta.

Todo en fin a media noche reposaba, y tumba era de sus dormidos vivientes la antigua ciudad que riega el Tormes, fecundo río, nombrado de los poetas, la famosa Salamanca, insigne en armas y letras, patria de ilustres varones, noble archivo de las ciencias.

El cielo estaba sombrío, no vislumbraba una estrella, silbaba lúgubre el viento, y allá en el aire, cual negras fantasmas, se dibujaban las torres de las iglesias, y del gótico castillo las altísimas almenas, donde canta o reza acaso temeroso el centinela.

Súbito rumor de espadas cruje y un ¡ay! se escuchó; un ay moribundo, un ay que penetra el corazón, que hasta los tuétanos hiela y da al que lo oyó temblor. Un ¡ay! de alguno que al mundo pronuncia el último adiós.

EL SOMBRERO ROMANCE TERCERO LA MAÑANA

Duque de Rivas

Descubre que una gran ola, Que tronadora se acerca, Entre las blancas espumas Envuelve una cosa negra: De ella no aparta los ojos, la playa se estrella, huir deja un sombrero Cuando sobre la arena, Y una tabla. —Rosalía Salta de las ruinas fuera, Corre allá, mientras las olas Se retiran. No la aterra Otra mayor, que se avanza Más hinchada, más soberbia. Ve en el madero lavado Los restos de sangre fresca Coge el sombrero... ¡infelice! Lo reconoce... Las fuerzas Le faltan, cae, y al momento Precipitase sobre ella

La infelice Rosalía, Toda empapada, cubierta Con el pañolón mojado Que, o bien la cine y aprieta, O, agitado por el viento, Le azota el rostro y flamea, Volando ya desparcidas Fuera de él las negras trenzas; Falta de aliento, de vida, El alma rota y deshecha, Asida de los sillares Se aguanta inmóvil y yerta. Aparición de otro mundo, Sílfida, a quien maga artera Cortó las ligeras alas, La juzgaran si la vieran. Tiende, espantados, los ojos Por el caos: nada encuentra Que socorro o que consuelo En tal apuro le ofrezca.

Raya en el remoto Oriente Una luz parda y siniestra; A mostrarse en vagas formas Ya los objetos empiezan. Espectáculo espantoso Ofrece Naturaleza, Las olas como montañas, Movibles y verdinegras, Se combaten, crecen, corren Para tragarse la tierra, Ya los abismos descubren, Ya en las nubes se revientan, Rómpense en las altas rocas Alzando salobre niebla, Y la playa arriba suben, Y luego a su centro ruedan Con un asordante estruendo: Silba el huracán, espesa Lluvia el horizonte borra, Y lo confunde y lo mezcla.

Una salobre montaña, Que la playa arriba entra, Y rápida retrocede, No dejando nada en ella. Cual si dar, tan sólo objeto De la borrasca tremenda, Lecho nupcial en los mares A dos infelices fuera, A templar su furia ronca Los huracanes empiezan; Bajan las olas, la lluvia Se disminuye, y aun cesa. Rómpese el cielo de plomo, Y por pedazos se muestra El azul, que ardientes rayos De claro sol atraviesan. Ya se aclara el horizonte; Por el lado de la tierra Fórmanlo azules colinas, Que aun en parte ocultan nieblas.

Una línea verde, obscura, Movible, lo forma y cierra Del lado del mar, y asoma La claridad detrás de ella. Aunque silba duro el viento, Aunque es la reseca recia, Torna al mundo la esperanza De prolongar su existencia. En esto una triste madre Y un tierno hermanillo llegan, Buscando a su Rosalía, A aquella playa funesta. Llenos de lodo, empapados, Muertos de cansancio y pena, Tienden enreedor los ojos, Y nada ¡oh martirio! encuentran. Al retroceder las aguas, Unas femeniles huellas De pie breve reconocen Estampadas en la arena

«¡Rosalía! ¡Rosalía!...» Gritan, y no oyen respuesta. Van a la arruinada torre, Y hállanse sobre una piedra

Un envoltorio deshecho Entre fango, espuma y tierra, Y un pañuelo rojo y jalde Que le sirve de cubierta.

Romances contemporáneos

Romance de la luna luna Federico García Lorca

Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡ay cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando.

La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.

Juan Ramón Jiménez

Yo no volveré

Yo no volveré. Y la noche tibia, serena y callada, dormirá el mundo, a los rayos de su luna solitaria. Mi cuerpo no estará allí, y por la abierta ventana entrará una brisa fresca, preguntando por mi alma. No sé si habrá quien me aguarde de mi doble ausencia larga,

o quien bese mi recuerdo, entre caricias y lágrimas. Pero habrá estrellas y flores y suspiros y esperanzas, y amor en las avenidas, a la sombra de las ramas. Y sonará ese piano como en esta noche plácida, y no tendrá quien lo escuche pensativo, en mi ventana.

Romance del Duero

Gerardo Diego

Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja, nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. Indiferente o cobarde la ciudad vuelve la espalda. No quiere ver en tu espejo su muralla desdentada. Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata,

Río Duero, río Duero, nadie a estar contigo baja, ya nadie quiere atender tu eterna estrofa olvidada, sino los enamorados que preguntan por sus almas y siembran en tus espumas palabras de amor, palabras.

moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras. Quién pudiera como tú, a la vez quieto y en marcha, cantar siempre el mismo verso pero con distinta agua.

Corrido de la leva

El viento mueve la caña y la leva nos movió del campo de verde claro donde el ensueño creció. -- Anciano de blanco sino, ¿en dónde tu hijo quedó?... -- Se fue por esos caminos, la leva se lo llevó. -- Amigo, mi amigo franco, que a su amigo abandonó. La leva se lo ha llevado, no puedo quedarme yo. Jacal que arrina su paja su puerta se desgajó... Labriego que va sin surco, la leva los separó.

Se llevaron a Zapata. La leva se lo llevó. No pierdan la fe, muchachos, ¡Viva la Revolución! Anenecuilco no cede. -- Nunca este pueblo cedió. Cada hueco que dejaron con otro hombre se llenó. Los hacendados dijeron: -- Zapata es agitador, y por eso lo mandamos al noveno batallón.

Puestos de acuerdo los ricos, --la codicia los reunió -- la leva arrojó a Zapata al noveno batallón. Dolor, dolor de la leva, en marcha la rebelión cada fusil en la leva es en pie una maldición. -- No llore usted comadrita. No llore usted por favor, que han de retornar sus hijos a mitigar su dolor. -- Hermana, mi hermana dulce, a tu hermano lo llevó el polvo del remolino que la leva levantó.

Fin