Expresividad Psicomotriz
Capacidad de Observación y Escucha
"ver", "ser visto" y "verse"
El rol del psicomotricista
El psicomotricista como facilitador
Actividades sensoriomotrices
Estrategias de intervención
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FUNDAMENTOS DE LA INTERVENCIÓN EN PSICOMOTRICIDAD RELACIONAL. REFLEXIONES DESDE LA PRÁCTICA
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Análisis corporal de la relación
Regresión
El juego. Expresión primera del inconsciente
El juego
la mirada proporciona al niño una comprensión inmediata y global del entorno, influyendo en su comportamiento. Se explica que la observación de la mirada del niño es crucial para realizar un diagnóstico psicomotor, reconociendo su historia individual y construyendo nuevas relaciones.
El psicomotricista se presenta como un facilitador que enseña al niño y niña a utilizar sus ojos, cuerpo, sentimientos y acciones. La importancia de la escucha activa y la empatía tonal se destaca como elementos fundamentales en la interacción con el niño y niña. Además, se abordan estrategias generales y específicas que el psicomotricista puede emplear al participar en el juego del niño o niña. Estas estrategias incluyen la colaboración, la sorpresa, la afirmación, el refuerzo, la invitación, la provocación, la contención y la frustración, cada una con su papel en el apoyo al desarrollo y la maduración infantil.
Se hace hincapié en la necesidad de realizar pausas durante las sesiones de psicomotricidad para observar a los niños y niñas.
Se destaca que la observación y la escucha son esenciales para comprender y responder adecuadamente al desarrollo de cada niño o niña. Se enfatiza la importancia de la empatía y la aceptación, lo cual implica un trabajo personal y reflexivo por parte del psicomotricista.
Se describen varios parámetros para analizar la expresividad del niño o niña, como el lenguaje corporal, la relación con el material, el uso del espacio y del tiempo, así como la interacción con otros niños o niñas y adultos.
El psicomotricista elabora un proyecto pedagógico basado en la observación, respondiendo a las expresiones del niño o niña.
Se mencionan los mediadores de comunicación, como el gesto, la mímica, la voz y la mirada, que el psicomotricista utiliza para entrar en relación con el niño o la niña. La expresividad del psicomotricista, a través de estos mediadores, se considera crucial para establecer una comunicación efectiva y enriquecedora con el niño o niña.
se basa en el juego como herramienta terapéutica, destacando tres características principales: es esencialmente no verbal, sin juicios y abre espacio para lo imaginario. Estas características fomentan la regresión, un retorno a formas primarias de comunicación y pensamiento.
El juego, al ser no verbal, utiliza el cuerpo como único medio de expresión, lo que implica la recuperación de formas de comunicación preverbales. La ausencia de juicios permite la expresión libre de deseos y conflictos, favoreciendo la emergencia de aspectos reprimidos. El juego también explora lo imaginario, liberándose de los límites de la realidad.
La regresión temporal a estados primarios de desarrollo, ligados a la infancia, permite abordar conflictos fundamentales. En la terapia, se busca la regresión para explorar y comprender conflictos primarios, seguida de una fase de reestructuración para integrar esos insights en la construcción de la personalidad. El juego actúa como interfaz entre el consciente e inconsciente, reflejando comportamientos y conflictos tanto de la vida cotidiana como de la infancia. El analista corporal cumple el rol de traductor, facilitando la comprensión y expresión consciente de las experiencias vividas durante el juego.
En cuanto a las estrategias de intervención, se menciona la importancia de mantener el orden y el silencio al inicio de las sesiones, promoviendo la reflexión, el respeto y la tranquilidad en el psicomotricista para facilitar un ambiente propicio para el aprendizaje y el juego.
El texto también enfoca la importancia de la psicomotricidad en un entorno psicopedagógico, destacando la necesidad de planificación y pensamiento antes de actuar. Se resalta la capacidad del psicomotricista para explicar su proyecto de sesión, movilizando deseos y fantasías en el grupo y fomentando el proceso cognitivo de pensar antes de actuar. Se aborda la relevancia de la capacidad de escucha del psicomotricista para favorecer la expresión del deseo del niño.
Se menciona la importancia de establecer normas en el ritual de entrada para garantizar un juego espontáneo y seguro, permitiendo la participación del grupo en la formulación de estas normas. Además, se destaca la utilidad de establecer rituales para iniciar las sesiones, proporcionando seguridad y estructura.
En cuanto a las actividades sensoriomotrices, se subraya su importancia como juegos de descarga y exploración que permiten al niño ponerse a prueba y desarrollar su potencial corporal. El psicomotricista tiene un papel clave al crear un espacio que favorezca la vivencia del placer sensoriomotriz y al contener las producciones del niño cuando sea necesario.
Finalmente, se aborda la intervención en la actividad simbólica, destacando que el juego simbólico es una expresión profunda de la vida afectiva del niño. El psicomotricista debe observar e interpretar cómo el niño utiliza el material, los espacios y las relaciones con otros, para ajustar su respuesta de manera adecuada.
En la intervención psicomotriz, el psicomotricista adapta su enfoque según las necesidades del niño, utilizando materiales, espacio, lenguaje y cuerpo. Su objetivo es complementar y desarrollar el juego del niño, así como abordar manifestaciones como agresividad o falta de límites. Al finalizar la fase de juego, se introduce un momento de calma utilizando estrategias creativas. Posteriormente, se inicia la actividad representativa, donde el niño se expresa a través de dibujos o construcciones, permitiéndole elaborar sus vivencias y pensamientos. Este ciclo de intervención fomenta el paso del placer de la acción al placer de pensar, culminando en el desarrollo de habilidades cognitivas y representacionales.
El psicomotricista interviene en la sala utilizando diversos elementos para complementar, evolucionar o contener el juego del niño, adaptándose a sus necesidades y manifestaciones emocionales. Durante esta interacción, surgen expresiones como agresividad, repetición o dificultades simbólicas, y el psicomotricista utiliza estrategias generales para canalizar y desarrollar las competencias del niño. Al finalizar el tiempo de juego, se introduce un momento de calma.
Mapa conceptual psicomotricidad
ines gonzalez omar
Created on January 1, 2024
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Expresividad Psicomotriz
Capacidad de Observación y Escucha
"ver", "ser visto" y "verse"
El rol del psicomotricista
El psicomotricista como facilitador
Actividades sensoriomotrices
Estrategias de intervención
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Regresión
El juego. Expresión primera del inconsciente
El juego
la mirada proporciona al niño una comprensión inmediata y global del entorno, influyendo en su comportamiento. Se explica que la observación de la mirada del niño es crucial para realizar un diagnóstico psicomotor, reconociendo su historia individual y construyendo nuevas relaciones.
El psicomotricista se presenta como un facilitador que enseña al niño y niña a utilizar sus ojos, cuerpo, sentimientos y acciones. La importancia de la escucha activa y la empatía tonal se destaca como elementos fundamentales en la interacción con el niño y niña. Además, se abordan estrategias generales y específicas que el psicomotricista puede emplear al participar en el juego del niño o niña. Estas estrategias incluyen la colaboración, la sorpresa, la afirmación, el refuerzo, la invitación, la provocación, la contención y la frustración, cada una con su papel en el apoyo al desarrollo y la maduración infantil.
Se hace hincapié en la necesidad de realizar pausas durante las sesiones de psicomotricidad para observar a los niños y niñas. Se destaca que la observación y la escucha son esenciales para comprender y responder adecuadamente al desarrollo de cada niño o niña. Se enfatiza la importancia de la empatía y la aceptación, lo cual implica un trabajo personal y reflexivo por parte del psicomotricista.
Se describen varios parámetros para analizar la expresividad del niño o niña, como el lenguaje corporal, la relación con el material, el uso del espacio y del tiempo, así como la interacción con otros niños o niñas y adultos. El psicomotricista elabora un proyecto pedagógico basado en la observación, respondiendo a las expresiones del niño o niña. Se mencionan los mediadores de comunicación, como el gesto, la mímica, la voz y la mirada, que el psicomotricista utiliza para entrar en relación con el niño o la niña. La expresividad del psicomotricista, a través de estos mediadores, se considera crucial para establecer una comunicación efectiva y enriquecedora con el niño o niña.
se basa en el juego como herramienta terapéutica, destacando tres características principales: es esencialmente no verbal, sin juicios y abre espacio para lo imaginario. Estas características fomentan la regresión, un retorno a formas primarias de comunicación y pensamiento.
El juego, al ser no verbal, utiliza el cuerpo como único medio de expresión, lo que implica la recuperación de formas de comunicación preverbales. La ausencia de juicios permite la expresión libre de deseos y conflictos, favoreciendo la emergencia de aspectos reprimidos. El juego también explora lo imaginario, liberándose de los límites de la realidad.
La regresión temporal a estados primarios de desarrollo, ligados a la infancia, permite abordar conflictos fundamentales. En la terapia, se busca la regresión para explorar y comprender conflictos primarios, seguida de una fase de reestructuración para integrar esos insights en la construcción de la personalidad. El juego actúa como interfaz entre el consciente e inconsciente, reflejando comportamientos y conflictos tanto de la vida cotidiana como de la infancia. El analista corporal cumple el rol de traductor, facilitando la comprensión y expresión consciente de las experiencias vividas durante el juego.
En cuanto a las estrategias de intervención, se menciona la importancia de mantener el orden y el silencio al inicio de las sesiones, promoviendo la reflexión, el respeto y la tranquilidad en el psicomotricista para facilitar un ambiente propicio para el aprendizaje y el juego. El texto también enfoca la importancia de la psicomotricidad en un entorno psicopedagógico, destacando la necesidad de planificación y pensamiento antes de actuar. Se resalta la capacidad del psicomotricista para explicar su proyecto de sesión, movilizando deseos y fantasías en el grupo y fomentando el proceso cognitivo de pensar antes de actuar. Se aborda la relevancia de la capacidad de escucha del psicomotricista para favorecer la expresión del deseo del niño. Se menciona la importancia de establecer normas en el ritual de entrada para garantizar un juego espontáneo y seguro, permitiendo la participación del grupo en la formulación de estas normas. Además, se destaca la utilidad de establecer rituales para iniciar las sesiones, proporcionando seguridad y estructura.
En cuanto a las actividades sensoriomotrices, se subraya su importancia como juegos de descarga y exploración que permiten al niño ponerse a prueba y desarrollar su potencial corporal. El psicomotricista tiene un papel clave al crear un espacio que favorezca la vivencia del placer sensoriomotriz y al contener las producciones del niño cuando sea necesario. Finalmente, se aborda la intervención en la actividad simbólica, destacando que el juego simbólico es una expresión profunda de la vida afectiva del niño. El psicomotricista debe observar e interpretar cómo el niño utiliza el material, los espacios y las relaciones con otros, para ajustar su respuesta de manera adecuada. En la intervención psicomotriz, el psicomotricista adapta su enfoque según las necesidades del niño, utilizando materiales, espacio, lenguaje y cuerpo. Su objetivo es complementar y desarrollar el juego del niño, así como abordar manifestaciones como agresividad o falta de límites. Al finalizar la fase de juego, se introduce un momento de calma utilizando estrategias creativas. Posteriormente, se inicia la actividad representativa, donde el niño se expresa a través de dibujos o construcciones, permitiéndole elaborar sus vivencias y pensamientos. Este ciclo de intervención fomenta el paso del placer de la acción al placer de pensar, culminando en el desarrollo de habilidades cognitivas y representacionales. El psicomotricista interviene en la sala utilizando diversos elementos para complementar, evolucionar o contener el juego del niño, adaptándose a sus necesidades y manifestaciones emocionales. Durante esta interacción, surgen expresiones como agresividad, repetición o dificultades simbólicas, y el psicomotricista utiliza estrategias generales para canalizar y desarrollar las competencias del niño. Al finalizar el tiempo de juego, se introduce un momento de calma.