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LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX
MARIA DEL CARMEN MEN
Created on December 29, 2023
Módulos virtuales para la enseñanza online de la Historia Contemporánea de España. Proyecto de Innovación 2022-2023 (INNOVA 85)
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LA ESPAÑA DEL SIGLO XX
Sociedad
DESARROLLO ECONÓMICO
DEMOGRAFÍA
CAMBIOS SOCIALES
CAMBIOS POBLACIONALES
Crecimiento de la población
Procesos migratorios
El siglo XX fue un siglo convulso en el que la movilización social, la protesta colectiva y la violencia política fueron continuadas en todo el mundo y especialmente en Europa. Aunque España no participó en ninguna de las guerras mundiales sí que se vio afectada por los cambios políticos y sociales que generaron.
CONFLICTIVIDAD SOCIAL
MOVILIZACIÓN OBRERA
Exilio republicano
LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX
Desarrollo económico y cambios sociales
CLASES MEDIAS
ÉLITES
Recambio y consolidación
Aparición
A lo largo del siglo XX en España tuvieron lugar un proceso de crecimiento económico y de restructuración progresiva del sector productivo que provocaron la reducción del peso de la agricultura en el empleo y el desarrollo del sector industrial primero y de los servicios después.
MUNDO RURAL
CLASE OBRERA
Desarticulación
Desarrollo
LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX
Conflictividad social y movilización obrera
1940-1975
1900-1939
Dictadura franquista
Reinado de Alfonso XIII
II República
La conflictividad social en el primer cuarto del siglo XX estaría marcada por dos tendencias herederas del siglo XIX que con altibajos seguirían teniendo una gran importancia a lo largo de todo el siglo: el anticlericalismo y el antimilitarismo. Entre las clases populares se había generalizado un sentimiento de desconfianza y repulsa hacia las jerarquías eclesiásticas y militares motivado por la acumulación de la Iglesia o el sistema de quintas.
1976-1999
Transición y Democracia
LA eSPAÑA DEL SIGLO XX
SOCIEDAD
auxilio social
COLECTIVIZACIONES
legalización matrimonio homosexual
despenalización de adulterio y amancebamiento
fundación de la cnt
casas viejas
huelgas mineras
movilización obrera
sublevación militar
Legalización del divorcio
1910
2005
1976
1978
1981
1933
1962
1936
1918- 1929
1939
1909
1977
1963
1934
1999
1979
Ley de bases de la seguridad social
fin servicio militar obligatorio
DESPENALIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD
semana trágica
revolución de octubre
fuero del trabajo
legalización de sindicatos
trienio bolchevique
BIBLIOGRAFÍA
- BARRIO ALONSO, Ángeles: “Movimientos sociales”, en José Álvarez Junco y Adrian Shubert (eds.), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 437-461.
- BASCUÑÁN AÑOVER, Óscar: “La crisis de la Restauración, 1898-1923”, en Manuel Ortiz Heras (coord.), (Manuel de) Historia Contemporánea de España (siglo XX): del desastre del 98 a la crisis sistemática actual, Albacete, Altaban Ediciones, 2018, pp. 105-138.
- CALLE VELASCO, María Dolores y REDERO SAN ROMÁN, Manuel (eds.), Movimientos sociales en la España del siglo XX, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2008.
- CASANOVA, Julián y GIL ANDRÉS, Carlos: Historia de España en el siglo XX, Barcelona, Editorial Planeta, 2017.
- CRUZ VALENCIANO, Jesús: “Modos de vida: ciudades, pueblos y aldeas”, en José Álvarez Junco y Adrian Shubert (eds.), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 323-349.
- GUIA, Aitana: “Migraciones”, en José Álvarez Junco y Adrian Shubert (eds.), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 489-517.
- MARTORELL, Miguel y JULIÁ, Santos: Manual de historia política y social de España (1808-2011), Barcelona, RBA.2012.
- PRADOS DE LA ESCOSURA, Leandro: “La economía”, en José Álvarez Junco y Adrian Shubert (eds.), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, pp. 243-266.
- QUIROSA-CHEYROUZE, Rafael (ed.), La sociedad española en la Transición. Los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011.
- RADCLIFF, Pamela B.: La España contemporánea: desde 1808 hasta nuestros días, Barcelona, Ariel, 2018.
- SHUBERT, A., Historia Social de España (1800-1990), Hondarribia, Nerea, 1999.
Emigración a países europeos
Entre 1950 y 1970 también hubo cientos de miles de españoles que migraron a países europeos como Alemania, Suiza o Francia en busca de mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias.
La migración económica masiva de españoles hacia Europa comenzó a principios de la década de los cincuenta y se intensifico en los sesenta hasta que los países de destino empezaron a cerrar sus programas para trabajadores extranjeros por el crecimiento del desempleo provocado por la crisis del petróleo de 1973. En estos años los países de Europa Occidental estaban necesitados de mano de obra y es por eso por lo que promovieron una serie de iniciativas para potenciar la inmigración de españoles, portugueses o italianos. En Suiza, una cuarta parte de los hombres españoles trabajaban en la construcción, seguida por la industria y la hostelería. En Francia, entre 1962 y 1974 hasta cien mil jornaleros iban a trabajar en la agricultura cada año. Pero a diferencia de lo ocurrido con las migraciones internas del campo a la ciudad, en este caso no eran migraciones familiares. De hecho, en la mayoría de los casos eran hombres jóvenes que iban a estos países a trabajar durante unos años para poder ahorrar y no llevaban la intención de establecerse. En 1968 en Alemania solo el 26% de los trabajadores españoles eran mujeres y en 1970 en Francia estas representaban el 29,4%. Estas migraciones fueron promovidas desde el Estado por el Instituto Español de Emigración por ser una de las principales fuentes de entrada de divisas fuertes. De hecho, algunos historiadores estiman que estas remesas cubrieron entre un 17% y un 30% del déficit comercial español entre 1960 y 1973.
Pero en la década de los ochenta las tendencias migratorias empezarían a cambiar y España pasaría progresivamente de ser un país emisor a un país receptor de migración. Si en 1981 había censadas en España 198.042 personas que habían nacido en el extranjero, el 0,5% de la población total, en el año 2000 esta cifra había aumentado hasta los 923.879, el 2,3%. Aunque en 1985 se intentó encarar esta cuestión con la primer Ley de Extranjería del país, la legislación estaba diseñada solo para controlar la entrada de extranjeros y no ofrecía medidas para su integración. Además, la ley concedía privilegios para aquellos migrantes que consideraba afines culturalmente mientras que ignoraba a otros cuyos requisitos para solicitar la ciudadanía eran más restrictivos.
Emigración a América
Aunque casi cuarenta millones de europeos migraron a las América a principios del siglo XX, según Aitana Guia solo uno de cada doce era español.
España no se caracterizó por ser uno de los principales emisores de migrantes a América después del siglo XIX, pero aun así en 1912 el número de españoles que partieron hacia este continente fue de 240.000. La mayor parte se dirigían a Cuba, Argentina, Brasil o Panamá a trabajar como peones en las haciendas cafeteras, en los ranchos de ganado o en las plantaciones de caña de azúcar. Otros participaron en la construcción del canal de Panamá hasta que el gobierno español lo prohibió en 1907 por las nefastas condiciones laborales. Esta migración fue esencialmente una migración muy masculinizada de hombres jóvenes solteros. De hecho, solo el 23% de migrantes eran mujeres.
Movimientos Migratorios Iberoamericanos PORTAL DE ARCHIVOS ESPAÑOLES (PARES)
Reinado de Alfonso XIII (III)
EEl golpe de Primo de Rivera establecía un Directorio militar que redujo las oportunidades para la protesta y el conflicto social. La CNT fue ilegalizada y reprimida mientras que la UGT era integrada por el régimen consiguiendo así el sindicato socialista aumentar considerablemente su tasa de afiliación. Esta combinación de represión y colaboración consiguió reducir la violencia política. De hecho, el número de asesinatos y otros actos de este tipo se redujeron de 819 en 1923 a 18 en 1924.
Pero los anarquistas no fueron la única oposición y los sectores descontentos crecían constantemente. Los republicanos y catalanistas radicales organizaron intentos de sublevaciones armadas como la Sanjuanada (junio de 1926) o el complot de Prats de Molló (noviembre de 1926). Además, las sanciones a profesores universitarios provocaron las sucesivas protestas de intelectuales y estudiantes universitarios. En Madrid se ocuparon facultades, se boicotearon actos del dictador y se fundó la Federación Universitaria Escolar (FUE). Incluso los iniciales apoyos del dictador cada vez empezaron a ser menos sólidos. Las élites económicas no estaban satisfechas con el arbitraje laboral ni con la tolerancia con la UGT, la Iglesia se sentía agraviada por las incursiones estatales en educación, los militares no acogieron bien los esfuerzos por reformar el Ejército. Esta pérdida de apoyos provocó la dimisión de Primo de Rivera y su exilio a París en enero de 1930.
Desarrollo económico y cambios sociales
A lo largo del siglo XX en España tuvieron lugar un proceso de crecimiento económico y de restructuración progresiva del sector productivo que provocaron la reducción del peso de la agricultura en el empleo y el desarrollo del sector industrial primero y de los servicios después.
Aunque desiguales y a intervalos más o menos sostenido, estos cambios favorecieron una serie de alteraciones en la composición social entre los que se pueden destacar principalmente cuatro: la consolidación de las nuevas élites; el desarrollo de la clase obrera; el surgimiento de las clases medias; y la desarticulación del mundo rural.
Calle Alcalá (1905)MEMORIA DE MADRID
Transición y Democracia (I)
Con la consolidación de la democracia y la integración española en Europa surgieron lo que algunos sociólogos han denominado nuevos movimientos sociales.
Estos movimientos estarían vinculados a las sociedades postindustriales y sus preocupaciones irían dirigidas a cuestiones culturales y de reconocimiento más que a cuestiones materiales de redistribución. Además, ya no estarían vinculados a partidos políticos y se definirían por organizarse mediante estructuras organizativas más informales y de carácter interclasista. Más allá de las limitaciones que pueda tener este modelo y que ya se han encargado de señalar algunos historiadores, en los ochenta y noventa se consolidaron movimientos con características similares entre los que se podrían destacar el pacifista, el feminista o el LGTB. El pacifismo y el antimilitarismo se hicieron especialmente visibles con el rechazo a la participación española en la OTAN, especialmente a raíz del referéndum sobre la permanencia de 1986, y con en el rechazo al envío de tropas a la guerra de Irak en 2003. Pero su principal papel fue la lucha contra el servicio militar obligatorio -que no dejaría de ser obligatorio hasta 1997- a través de repertorios como la insumisión del movimiento de objetores de conciencia.
Migración del campo a la ciudad
Las migraciones del campo a la ciudad ya empezaron a ser fluidas durante la década de los veinte, pero no fue hasta los cincuenta cuando la población urbana superó por primera vez la población rural. En esta década cerca de dos millones de españoles se trasladaron de zonas rurales a zonas urbanas. Una tendencia que se fue incrementando en las décadas siguientes.
Entre 1962 y 1976 se desplazaron de una provincia a otra alrededor de 5,7 millones de personas. Madrid y Barcelona se constituyeron como grandes focos receptores que llegarían a absorber el 84% de la migración interna durante la década de los cincuenta. Este proceso generaría una serie de cambios sociales causados por el proceso de urbanización. Por un lado, muchos núcleos poblacionales pequeños desaparecieron totalmente. En 1970 ya había 547 centros de población menos que en 1960 y en 1986 solo el 26,2% de la población residía en núcleos inferiores a los 10.000 habitantes, mientras que el 41,9% lo hacía en grandes ciudades de más de 100.000. Además, estas migraciones se relacionaron con cambios sociales fruto de la estructura productiva que alterarían la vida cotidiana de los migrantes. Mientras que la mayoría de ellos provenían de la agricultura, la vida en la ciudad los llevó a trabajar en la construcción, las fábricas o el servicio doméstico. Además, comportó el cruce de barreras culturales que tuvieron un efecto en el imaginario colectivo que reflejan películas como La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1966). Por otro lado, tuvo una serie de efectos estructurales tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades.
Lo que recientemente se ha denominado “España vaciada” ha sufrido una serie de problemáticas fruto de este éxodo: desequilibrios en la composición de una población rural envejecida, falta de servicios e infraestructuras, e incluso problemas ecológicos fruto del abandono de actividades tradicionales y su sustitución por modelos extensivos de actividad agrícola y ganadera. Las grandes ciudades también se vieron afectadas por problemas fruto de la recepción masiva de nuevos habitantes como falta de infraestructuras, extensión de la ciudad a barriadas sin servicios, expansión de la infravivienda y el chabolismo, encarecimiento del coste de la vida o degradación del entorno.
Exilio republicano
Respecto al exilio de españoles durante la Guerra Civil y la posguerra por motivaciones políticas, un consenso reciente entre investigadores apunta la cifra de 450.000 personas.
La gran mayoría se dirigieron hacia Francia en los primeros meses de 1939 y muchos de ellos acabaron en campos de refugiados establecidos por el gobierno francés. Mientras que aquellos con mayor capacidad económica pudieron partir hacia América, entre ellos muchos intelectuales, la mayoría de los republicanos tuvieron que quedarse en Europa en una situación especialmente complicada tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en Toulouse se instalaron unos 100.000 exiliados republicanos y todavía hoy se estima que el 10% de su población es de origen español. Aunque ya en menor medida, el exilio se mantuvo durante los años de la dictadura y algunos militantes del PCE en la clandestinidad se vieron obligados a cruzar la frontera para escapar de la persecución política. No sería hasta octubre de 1977, con la promulgación de la Ley de Amnistía, cuando finalmente pudieron volver aquellos exiliados que así lo quisieron.
CDMH, HERMANOS MAYO, C001, 0123
Centro de Información Documental de Archivos (CIDA)
Reinado de Alfonso XIII (II)
La incapacidad estatal de mantener el orden social mediante las reformas y el crecimiento de fuerza del movimiento sindical generaron un contexto de enfrentamientos violentos especialmente en Barcelona.
En la ciudad condal los tiroteos entre pistoleros a sueldo de la patronal y militantes de la CNT dejaron cincuenta y tres muertos y ciento dos heridos solo en el primer semestre de 1923. Además, la muerte de 10.000 soldados españoles en Marruecos en el conocido como desastre de Annual movilizó a gran parte de la sociedad española y al movimiento obrero en especial por su naturaleza antimilitarista y por el carácter clasista que, a pesar de la abolición del sistema de quintas en 1912, seguía muy vivo en el Ejército. El asesinato en Madrid del jefe del Gobierno Eduardo Dato en marzo de 1921 por un comando anarquista removía los peores miedos de políticos y burgueses. De este modo la solución a la crisis de legitimidad del régimen se saldaba por la vía del golpe militar con el pronunciamiento del general Miguel Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923 con el beneplácito del Rey y el apoyo de los terratenientes y la burguesía.
Traslado de los restos de D. Eduardo Dato al Panteón de Hombres Ilustres (ABC / Julio Duque)
Consolidación de las nuevas élites (I)
Las transformaciones en las élites estuvieron marcadas desde finales del siglo XIX por una convergencia entre las viejas noblezas y la nueva burguesía. Los primeros proporcionaron su prestigio social mientras que los segundos aportaban su capital económico y sus crecientes relaciones políticas.
Muestra de estas alteraciones entre las élites es que durante la Restauración se dio una gran expansión de la nobleza que estuvo marcada principalmente por el acceso de políticos, industriales y financieros. Además, los procesos de desamortización habían favorecido la acumulación de tierras en manos de grandes terratenientes que a principios del siglo XX estaban plenamente consolidados como élites. Por otro lado, en regiones como Cataluña y el País Vasco el desarrollo de las industrias provocó un fuerte crecimiento de una élite industrial y financiera que consolidaría su poder a lo largo del siglo.
Peter WITTE. El poder del dinero (Madrid, 1966)
Desarticulación del mundo rural (I)
La desarticulación del mundo rural fue un proceso progresivo durante todo el siglo XX que generaría toda una serie de relaciones sociales y problemas políticos de una enorme actualidad.
La mayoría de las tierras del sur y gran parte de las del centro de España a principios del siglo XX eran latifundios trabajados mayoritariamente por jornaleros. Los tipos de empleo de los jornaleros eran muy variados y solían ser contratados a destajo o con un contrato diario. De hecho, era una escena habitual la de hombres reunidos en las plazas de los pueblos con la esperanza de ser contratados por los capataces para poder trabajar ese día. Esto generaba que sus condiciones de vida estuviesen fuertemente marcadas por la irregularidad laboral y la miseria de sus jornales. Por el contrario, las explotaciones agrícolas pequeñas y medianas eran más comunes en el norte y este de España. Aunque estas explotaciones solían ser trabajadas por arrendatarios, aparceros y pequeños propietarios, en la mayoría de los casos tampoco se libraban de unas condiciones de vida marcadas por la escasez. Las pequeñas propiedades no solían ser suficiente para alimentar a una familia y a menudo necesitaban créditos para sobrevivir de un año para otro.
Olivareros haciendo un alto para comer(Arjona, Jaen, 1954)
Desarticulación del mundo rural (II)
Las limitaciones de las reformas republicanas y, sobre todo, el freno social que trajo consigo la instauración de la dictadura provocaron que para mediados de siglo la situación del campo no hubiese mejorado. La posguerra estuvo marcada por el hambre, la falta de alimentos y el estraperlo.
Muchas personas solo pudieron sobrevivir gracias a un mercado negro donde acceder a alimentos inaccesibles en el mercado oficial. Aunque los pequeños estraperlistas fueron perseguidos por las autoridades, los grandes estraperlistas, mayoritariamente personas vinculadas a organismos estatales, amasaron enormes fortunas durante la posguerra. Además, entre 1940 y 1970 se crearon alrededor de 300 poblados con el objetivo de repoblar zonas rurales con habitantes que obtenían beneficios como una vivienda en propiedad o tierras de regadío. Aun así, estas iniciativas fueron muy limitadas en calidad y cantidad y no llegaron más que a 55.000 familias, una cifra desdeñable en comparación con el enorme éxodo rural que tuvo lugar desde la década de los cincuenta. Estas migraciones (véase el apartado Demografía y cambios poblacionales) supusieron la desaparición de cientos de núcleos de población rurales, la desarticulación de las comunidades y toda una serie de cambios sociales que pueden rastrearse hasta nuestros días.
Pastor conduciendo el ganado por una calle del pueblo(Albarracín, Teruel, años cincuenta)
LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX
El siglo XX fue un siglo convulso en el que la movilización social, la protesta colectiva y la violencia política fueron continuadas en todo el mundo y especialmente en Europa. Aunque España no participó en ninguna de las guerras mundiales sí que se vio afectada por los cambios políticos y sociales que generaron.
De hecho, cada vez es un punto más común de la historiografía nacional el rechazo de aquellos relatos que tradicionalmente han venido señalando una supuesta particularidad española frente a los supuestos modelos de Gran Bretaña o Francia. Quizá la principal particularidad fue la de una dictadura de tinte fascista que gobernó el país durante casi cuarenta años. Pero a pesar de sus características propias, España se vio sometida a una serie de cambios sociales que definirían el siglo XX europeo: aumento demográfico, grandes movimientos de población, urbanización, desarrollo industrial, crecimiento económico, consolidación de la clase trabajadora, aparición de la sociedad de consumo, nacimiento de la clase media y fuerte movilización social.
La Salchicheria del Mercado de la Cebada(Madrid, ca. 1910)
Aparición de las clases medias
Pero los cambios producidos por la crisis del petróleo, la desindustrialización y la sociedad de consumo generarían una nueva clase social: la clase media. Si la definición de clase obrera ha sido polémica, la de clase media está todavía más abierta.
Aunque se utiliza con gran frecuencia, es difícil categorizar este agente social. Pero algunas de sus características más recurrentes podrían ser: dependencia del trabajo pero en condiciones de estabilidad laboral, nivel de estudios alto, empleados en trabajos que requieren formación académica o cierto capital inicial, acceso a vivienda en propiedad, capacidad de consumo para cubrir necesidad básicas y sobre todo una autopercepción como clase media. La clase media ha sido generalmente definida como la hija de la sociedad de consumo que nacería en España en la década de los sesenta. La industrialización trajo consigo un alza en los niveles de vida y nuevos niveles de consumo. Los artículos de primera necesidad absorbían una parte cada vez menor de los ingresos y dejaban más espacio para otros gastos como automóviles, televisiones o vacaciones. De hecho, según Adrián Shubert, aproximadamente 8 millones de españoles pasaron sus vacaciones en el extranjero en 1977.
Madre e hija con el Seat 850 (Madrid, Distrito Latina, 1971)
Pero al mismo tiempo, el crecimiento de la clase media generaría otros cambios sociales como la crisis de los sindicatos y los descensos de la tasa de afiliación, la demanda de políticas de representación sobre las de redistribución o el surgimiento de los denominados como nuevos movimientos sociales.
II República. Guerra civil.
La sublevación militar del 18 de julio generó una división entre aquellos territorios donde el golpe fue apoyado y donde la lealtad a la República se mantuvo. En la España republicana se produjo un reforzamiento de los partidos y sindicatos obreros que se convirtieron en un actor esencial para frenar el golpe gracias a la creación de milicias.
Más allá del conflicto tan agudo que produce cualquier guerra -y más especialmente una guerra civil- en territorio republicano tuvieron lugar toda una serie de iniciativas revolucionarias que aumentaron la intensidad de la protesta durante el verano de 1936. El ejemplo más destacado de este fenómeno fue la ciudad de Barcelona, donde la CNT tomó el control de la ciudad.
Las empresas fueron expropiadas y transformadas en cooperativas obreras, se derribaron símbolos religiosos y monárquicos, la ciudad se inundó de banderas de la CNT y la UGT y las organizaciones obreras ocuparon los antiguos edificios de lujo del centro de la ciudad. Además, la ruptura revolucionaria también trajo consigo la movilización activa de las mujeres. Todas las organizaciones del Frente Popular hicieron un llamamiento explícito a las mujeres para que se unieran a la lucha como milicianas. Sin embargo, la diversidad en todos estos procesos fue muy grande. Por un lado, la mayoría de las mujeres no fueron reclutadas como combatientes sino para otras funciones auxiliares. Por otro, la economía siguió siendo un híbrido entre empresas privadas y colectivizadas. Mientras que en Barcelona se colectivizaron en torno al 70% de las grandes fábricas, en Madrid solo fueron el 30%. En las áreas rurales bajo control de la CNT las explotaciones individuales también fueron colectivizadas. Pero mientras que en Aragón esto alcanzó al 75%, en Valencia solo llegó al 5%.
Con la consolidación de un gobierno republicano heterogéneo y el alargamiento de la guerra el estado republicano fue tomando nuevamente el control de todos los centros de poder interno que podían hacerle sombra. Durante el verano de 1937 se habían disuelto las colectivizaciones agrarias en Aragón, se había acabado con la autonomía de la CNT en Barcelona durante los Sucesos de Mayo y se disolvieron los consejos regionales dominados por la CNT en Aragón y Cataluña. Pero a pesar de todo el 1 de abril de 1939 la guerra se terminaría con la victoria del bando sublevado y Franco establecería una dictadura que iba a durar casi cuarenta años.
Reinado de Alfonso XIII (I)
El inicio de la segunda década del siglo sería el testigo del desarrollo del movimiento obrero como uno de los principales agentes en la conflictividad social del país. Aunque la UGT se había fundado en 1888, la estela de la Semana Trágica y la fundación en 1910 de la CNT como gran sindicato anarquista revolucionario marcarían una nueva etapa para el movimiento obrero.
A pesar de que las cifras de afiliación eran bajas en comparación con otros países europeos como Gran Bretaña, Alemania, Francia o Italia; en los años previos a la Primera Guerra Mundial se empezarían a convocar numerosas huelgas de carácter local contra los patronos y que se centraban en la lucha por el salario en las fábricas. La consolidación de estas nuevas dinámicas se vería reforzada por los sobresaltos provocados por la Gran Guerra. Aunque España no participó, provocaría igualmente una profunda conmoción. El enriquecimiento de las grandes burguesías industriales, comerciales y bancarias a costa del comercio mundial generaba al mismo tiempo el empobrecimiento de los trabajadores y las clases medias por los efectos de la inflación. En este contexto tendría lugar el Trienio Bolchevique (1918-1920). Un periodo caracterizado por cientos de huelgas que reclamaban mejoras en sus contratos de trabajo por parte de jornaleros anarquistas andaluces principalmente. Entre febrero y marzo de 1919 en Barcelona tuvo lugar la huelga de La Canadiense. El despido de ocho trabajadores de oficinas de la compañía eléctrica Barcelona, Traction, Light and Power -conocida como La Canadiense- provocó una huelga localizada que rápidamente se extendió por toda la ciudad gracias a la actividad de la CNT. Una mezcla de represión y negociación acabarían con un acuerdo entre gobierno y comité sindical en el que se aceptaba acabar con la huelga a cambio de la readmisión de los huelguistas, el aumento de los salarios, la jornada máxima de ocho horas y el pago de la mitad del mes que duró la huelga.
La fiesta del Primero de Mayo en la Casa de Campo AHORA (jueves, 3 de mayo de 1934). MEMORIA DE MADRID
Desarticulación del mundo rural (III)
En el año 2000 solo el 20,87% de la población vivía en municipios con una población inferior a los 10.000 habitantes y según un informe de 2021 las regiones urbanas concentran más del 65% del empleo y del PIB frente al 2% de las regiones rurales.
Esto ha generado una brecha económica entre el mundo urbano y rural caracterizada por el abandono institucional de las regiones rurales, la falta de infraestructura e inversión pública, el envejecimiento de la población, el crecimiento de la desigualdad y, en definitiva, una vida más difícil y con peores condiciones en el mundo rural.
España vaciada + INFO
Consolidación de las nuevas élites (II)
La Segunda República supuso el final de la aristocracia cortesana al servicio de la Casa Real y fue vista como una amenaza por la gran burguesía industrial y financiera por el aumento del poder de las organizaciones obreras tanto en la política institucional como a nivel de implantación social. Por estos motivos, la mayor parte de la aristocracia y la burguesía apoyaron al bando sublevado durante la Guerra Civil.
Pero la aristocracia nobiliaria tampoco recuperó su poder con la dictadura de Franco. Pudieron recuperar patrimonios amenazados por la legislación republicana y algunas familias consiguieron integrarse dentro de los circuitos industriales, comerciales y financieros, pero no recuperarían su poder político como estamento. Mayores beneficios obtuvieron los grandes propietarios de tierra y capital. Se beneficiaron de la paz social y se integraron en el Estado mediante su participación en las instituciones políticas y en las empresas estatales. Además, a partir de finales de la década de los cincuenta, el crecimiento económico y el desarrollo del consumo generaron un contexto propicio para el aumento de beneficios industriales, comerciales, financieros y de servicios. Con el final de la dictadura y la llegada de la democracia las élites económicas se adaptaron al nuevo contexto político y social. La negociación colectiva fue aceptada a cambio del orden social y en 1977 se fundarían la CEOE y la CEPYME.
Altos mandos del gobierno franquista en un acto publico.
Conflictividad social y movilización obrera
La conflictividad social en el primer cuarto del siglo XX estaría marcada por dos tendencias herederas del siglo XIX que con altibajos seguirían teniendo una gran importancia a lo largo de todo el siglo: el anticlericalismo y el antimilitarismo. Entre las clases populares se había generalizado un sentimiento de desconfianza y repulsa hacia las jerarquías eclesiásticas y militares motivado por la acumulación de la Iglesia o el sistema de quintas.
Estos sentimientos desembocaron en los enfrentamientos de la Semana Trágica de Barcelona entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. Los enfrentamientos surgieron por la decisión del gobierno conservador de Maura de enviar a los reservistas a la guerra de Melilla. La mayor parte de estos reservistas eran hombres de clase trabajadora que no podían beneficiarse del sistema de quintas, por lo que su embarque en el puerto de Barcelona provocó una explosión de indignación popular que sería respaldada por la federación Solidaridad Obrera, declarándose huelga general el 26 de julio. La Semana Trágica fue una revuelta popular en la que el movimiento obrero sindical empezaría ya a demostrar su futura relevancia como agente social. Durante estos días los rebeldes se centraron especialmente en el ataque a órdenes religiosas, conventos y casas de beneficencia. El anticlericalismo estuvo mucho más presente que los ataques contra los patronos, los bancos o las fábricas. Pero el 2 de agosto las revueltas fueron definitivamente controladas por las fuerzas del orden estatales tras una dura represión que dejó más de setenta muertos y quinientos heridos en los enfrentamientos y cinco condenados a muerte y medio centenar de cadenas perpetuas en los juicios posteriores.
Guardias de Orden Público conduciendo detenido a un huelguista. Los sucesos en Madrid con motivo de la huelga. (Mundo Gráfico, 15 de agosto de 1917). MEMORIA DE MADRID
PROCESOS MIGRATORIOS
Los procesos migratorios también han tenido una estrecha relación con los cambios demográficos que afectaron al país a lo largo del siglo XX.
- Por lo general se ha diferenciado entre migraciones forzosas o políticas -aquellas provocadas por cambios de régimen o conflicto armado- y migraciones voluntarias o económicas -aquellas que tienen el objetivo de mejorar las condiciones de vida en otro país o región. Aunque se podría discutir -y se ha hecho- si las migraciones provocadas por la falta de acceso a recursos necesarios para la vida son voluntarias, en este caso vamos a aceptar esta división.
- En España a lo largo del siglo XX podemos hablar de cuatro grandes fenómenos migratorios, tres de tipo económico (migraciones a América Latina a principios de siglo, migraciones internas del campo a la ciudad y migraciones internacionales) y uno de tipo político (el exilio de posguerra).
Dictadura franquista (II)
En 1966 nacían las CCOO con un carácter asambleario, sindical y de clase muy vinculado a marcos democráticos y de justicia social en lo ideológico y al PCE en lo organizativo.
A pesar de su clandestinidad como consecuencia de su ilegalización en 1968, CCOO fue el principal actor obrero y sindical de la lucha antifranquista durante los años de crisis de la dictadura y de transición hacia la democracia. En estos años empezaron a surgir otros movimientos como el vecinal, el feminista o el estudiantil que a pesar de tener una gran vinculación e incluso, en ocasiones, cierta dependencia del PCE, desarrollaron repertorios, marcos y estructuras organizativas propias. Pero todos estos movimientos, más allá de sus propuestas concretas, compartían el objetivo democrático y la lucha antifranquista. Por tanto, la gran conflictividad laboral desarrollada por CCOO en las grandes ciudades -pero también por otros actores como las Comisiones Labregas en el mundo rural gallego- tenía también una naturaleza política de defensa de las libertades políticas y rechazo a la dictadura. De hecho, el año 1976 fue un año especialmente virulento en lo que a protesta social se refiere y no por casualidad. El relato de la democratización como un proceso político ideado desde arriba por las grandes cúpulas de los partidos ha sido contestado acertadamente por los historiadores. Los estudios más recientes insisten en la importancia de la movilización social -y especialmente el movimiento obrero- para paralizar los intentos continuistas de la dictadura personalizados en Carlos Arias Navarro y Adolfo Suárez Las élites políticas provenientes de la dictadura no eligieron la senda democrática, sino que se vieron forzadas a hacerlo.
Asamblea de Barcelona (1976)
DEMOGRAFÍA Y CAMBIOS POBLACIONALES
El desarrollo demográfico español en el siglo XX estuvo marcado principalmente por tres fenómenos interrelacionados entre sí: el crecimiento de la población, las variaciones de los ciclos migratorios y el proceso de urbanización. .
Crecimiento de la población
El crecimiento de población fue constante y regular a lo largo de todo el siglo y ni la Guerra Civil ni la miseria de la posguerra frenaron esta tendencia. España tenía una población de 18.600.000 de habitantes en 1900, que para 2001 ya era de 40.500.000 según datos del INE. El principal factor para este crecimiento sostenido fue la disminución de la mortalidad. Una disminución lo suficientemente alta como para compensar la progresiva reducción de la natalidad.
II República (I)
El descrédito de la Monarquía sumado al rearme de los partidos y movimientos republicanos, socialistas y anarquistas provocaron la proclamación de la Segunda República en abril de 1931.
Aunque en un primer momento la instauración de un modelo de gobierno republicano comprometido con la modernización y la reforma del Estado parecía una oportunidad para la movilización, el proyecto de las clases medias progresistas y el de los sindicatos de clase rápidamente evidenciaron sus tensiones. Unas tensiones que rápidamente determinaron el futuro del gobierno de coalición republicano-socialista. Largo Caballero promovió desde los primeros meses del gobierno una serie de medidas dirigidas a mejorar las condiciones de los trabajadores del campo. El decreto de Términos Municipales obligaba a los propietarios a contratar de manera prioritaria a los jornaleros que residían en el propio municipio, evitándose la reducción de los salarios por la competencia entre trabajadores de diferentes localidades y la utilización de mano de obra forastera para la desarticulación de las huelgas. El decreto de Laboreo Forzoso ofrecía a los ayuntamientos la posibilidad de enajenar tierras incultas para ponerlas en cultivo por las sociedades obreras. El decreto de Jurados Mixtos permitía elaborar por primera vez las bases de trabajo agrícola, acordar los salarios, vigilar el cumplimiento de los contratos, denunciar las irregularidades, juzgar y penalizar hasta determinada cuantía a los culpables de los abusos. Además, el gobierno republicano-socialista también impulsó otras medidas complementarias como las leyes de arrendamientos colectivos, el seguro de desempleo y el de accidentes laborales para los trabajadores agrícolas, la creación de oficinas de colocación obrera, la obligatoriedad de la jornada máxima de ocho horas en el campo, etc. Pero ni estos decretos ni la ley de Bases de Reforma Agraria (15 de septiembre de 1932) consiguieron apaciguar la protesta social en el campo.
II República (II)
El mundo rural fue el escenario de una gran movilización política y social durante la Segunda República. La llegada de fuerzas republicanas y socialistas a los ayuntamientos, el poder adquirido por los sindicatos en la contratación de las tareas agrícolas, la competencia entre sindicatos socialistas y anarquistas y la resistencia patronal a cumplir con la legislación social dispararon la conflictividad social.
La mayoría de las demandas y acciones de protesta de los campesinos buscaban mejoras salariales, laborales o el acceso al uso de la tierra. La decepción generalizada entre el campesinado sin tierras por la lentitud de la reforma agraria contribuyó a agudizar la conflictividad social. El aumento del paro intensificó las huelgas y una primera oleada de ocupaciones de tierras en las provincias latifundistas. En enero de 1932, con el levantamiento del Alto de Llobregat, la CNT inició una sucesión de huelgas y ocupaciones de tierra que tuvo su expresión más significativa en el episodio de Casas Viejas. En enero de 1933 una huelga campesina localizada en el pueblo de Casas Viejas (Cádiz) acabaría con la muerte de veintiocho vecinos a manos de las fuerzas del orden. Estos hechos provocaron una crisis de gobierno que se saldaría con la salida de los socialistas y el cambio en el ejecutivo. A partir de entonces los socialistas se lanzaron a la vía insurreccional cuyo efecto más conocido fue la fracasada revolución de octubre de 1934 como respuesta a la entrada de la CEDA en el gobierno.
La conflictividad fue creciendo en número e intensidad y el anticlericalismo se reveló nuevamente como un factor clave de la protesta popular. Para la primavera de 1936 los enfrentamientos entre grupos de derechas y fascistas por un lado y militantes obreros por el otro dejaron más de ciento cincuenta izquierdistas muertos, más de setenta derechistas y una veintena entre las fuerzas del orden estatales. Aun así, en los últimos años los historiadores de la Segunda República y la Guerra Civil han renegado de la visión histórica que veía en la inestabilidad republicana una causa de la inevitable Guerra Civil. En ningún caso la conflictividad legitimaba un golpe de estado que se venía organizando desde febrero de 1936 -incluso antes si se tienen en cuenta el intento de pronunciamiento de Sanjurjo en agosto de 1932 o el acuerdo de alfonsinos y carlistas con Mussolini para restaurar la Monarquía en marzo de 1934.
Dictadura franquista (I)
Durante los primeros años de la dictadura la conflictividad se redujo prácticamente a la actividad de algunos grupos guerrilleros en zonas de Andalucía, Extremadura, La Mancha y el Bajo Aragón que tampoco tuvieron demasiada proyección.
De hecho, el intento de invasión guerrillera organizado por el PCE a través del valle de Arán en octubre de 1944 fracasó estrepitosamente. La derrota del movimiento obrero en la guerra y la dura represión de posguerra consiguieron durante los próximos veinte años la conflictividad social fuese escasa y poco operativa. Durante los años cuarenta y cincuenta no hubo episodios de peso más allá de algunas huelgas en cuencas mineras asturianas, la huelga de tranvías de Barcelona de marzo de 1951 o los disturbios en la Universidad Central de Madrid de febrero de 1956. Pero las huelgas mineras en las cuencas asturianas y leonesas de 1962 y 1963 abrieron un ciclo de protesta que se prolongaría durante los próximos quince años y terminaría por imposibilitar los proyectos continuistas tras la muerte del dictador.
Guerrilleros comunistas (AHPCE)
Desarrollo de la clase obrera
El siglo XX también coincide con el crecimiento de la clase obrera española especialmente en zonas de gran concentración de capital como Cataluña, País Vasco y Madrid.
A partir de la Primera Guerra Mundial el movimiento obrero empezaría a ganar fuerza como agente social gracias al crecimiento de los sindicatos socialistas y anarquistas. Pero fue en los años de la dictadura de Franco cuando se daría un mayor crecimiento de la clase obrera por el desarrollo de la industria, la construcción y los servicios. De hecho, la continua expansión de la industria superó la participación de la agricultura en 1973 y alcanzó su máximo nivel a finales de la década de los setenta. Aunque la definición de clase obrera ha sido objeto de debates, tanto si atendemos al número de trabajadores por cuenta ajena como al desarrollo de las organizaciones sindicales, se puede afirmar que la clase obrera española tuvo su auge en las décadas de los sesenta y setenta. La emigración del campo a la ciudad supuso una transferencia de población activa hacia sectores tradicionalmente obreros y en las grandes ciudades empezaron a surgir barrios periféricos que integraban esta población. Barrios precarios y con escasa infraestructura donde vivían los trabajadores de las grandes fábricas vascas y catalanas y de la construcción madrileña.
Barrenderos del Parque de limpieza de Jorge Juan(Madrid, ca. 1930)
Disminución de la mortalidad
La mortalidad española, muy elevada en 1900 en comparación con países como Francia o Gran Bretaña, fue disminuyendo a lo largo del siglo. Las mejoras sanitarias, higiénicas y una creciente preocupación de las instituciones provocaron que en la primera mitad del siglo aumentase la esperanza de vida y disminuyese considerablemente la mortalidad infantil.
- Si en 1900 la esperanza de vida al nacer era de 33,8 años para los hombres y de 35,1 para las mujeres, en 1950 había aumentado considerablemente a 59,46 y 63,96 respectivamente.
- Los progresos pediátricos y el modelo de familia burguesa también favorecieron la reducción de la mortalidad infantil -que pasó del 185,9 en 1901 al 64,2 por mil en 1950.
- Durante la segunda mitad del siglo la mortalidad siguió reduciéndose sobre todo gracias a un mayor gasto público sanitario y especialmente a partir de la década de los ochenta con el desarrollo del Estado de Bienestar. La esperanza de vida creció hasta los 74,4 años para los hombres y los 81,6 paras las mujeres situándose el país en los puestos más altos de este índice a nivel mundial. La mortalidad infantil también se redujo a 4,34 por mil en el año 2000.
Antiguo cementerio de San Martín(Madrid, ca. 1920)
Disminución de la natalidad
Respecto a la natalidad, el crecimiento económico y los cambios sociales provocaron que ésta empezase a caer a partir de la segunda década del siglo siguiendo una dinámica similar a los países de su entorno -aunque esta tendencia también se vio acentuada por características propias como la miseria de la posguerra.
- Aun así, entre 1960 y 1975 se dio un repunte de la natalidad popularmente conocido como el baby boom resultado de la disminución de la mortalidad infantil junto con un momento de bonanza económica que provocó un fuerte crecimiento de la población joven.
- El número de hijos por mujer pasó de 4,43 en 1910 a 2,53 en 1955. Durante los años del baby boom creció hasta los 2,93 pero a partir de 1975 se recuperó la tendencia decreciente hasta los 1,16 hijos por mujer en 1998, una de las tasas más bajas del mundo.
Pesa-talla bebés (Madrid, 1926)
Transición y Democracia (II)
Por su parte, el movimiento feminista conseguiría progresivamente una fuerte implantación social y política que se traduciría en la legalización de los anticonceptivos, la despenalización del adulterio, la legalización del divorcio en 1981 y del aborto en tres supuestos en 1985. Por último, el movimiento LGTB fue especialmente activo reivindicando la no discriminación política ni social por orientación sexual, lo que se concretó en la despenalización de la homosexualidad en 1986 y con la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005.
Legalización del divorcio
(7 de julio de 1981)
Ley 30/1981, de 7 de julio, por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio.
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Despenalización del adulterio y del amancebamiento
(26 de mayo de 1978)
Ley 22/1978, de 26 de mayo, sobre despenalización del adulterio y del amancebamiento.
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Despenalización de la homosexualidad
Ley 77/1978, de 26 de diciembre, de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento.
Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal [Derogación de la Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social].
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