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El día que se perdió la cordura

Laura Aranda Peña

Created on December 16, 2023

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Transcript

Esta es la portada del libro, del cual hablaremos

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Análisis de los personajes

BloqueadaGuia de lectura

BloqueadaCine/Teatro

BloqueadaConclusión

¿Cómo se relacionan entre sí?

La relación entre Jacob y Estela es buena ya que Jacob se abre en todo momento a Estela aunque luego se vuelve muy misteriosa, porque Jacob conoce a Estela (en realidad conoce a Amanda) iba recordando cosas Jacob a Estela entonces se vuelve un poco íntima la relación pero sin llegar a más.

Jacob y Stella

La relación entre a más Amanda y Carla su hermana era muy buena se llevaban muy bien aunque había unos piques de hermana, pero se querían mucho.

Amanda y Carla

La relación entre Jacob Frost y el doctor Jessie jekins no es buena, ya que Jacop no quiere hablar en ningún momento con Jessie y aparte tiene una relación mala ya que supuestamente él ha matado a su hija porque él sabía en qué momento iban a matar a su hija y donde y luego aparece muerta la hija del doctor en el lugar donde él le había dicho.

Jacob y el doctor

Personajes secundarios

Steven Maslow

Laura Jenkins

Claudia Jenkins

Kate Maslow

Carla Maslow

En este libro hay ocho personajes importantes, de los cuales hablaré ahora

Personajes principales

Stella Hyden/Amanda Maslow

Doctor Jesse Jenkins

Jacob Frost

¿Cómo se relacionan entre sí?

La relación entre Steve maslow (que es el padre de Amanda) y Jacob Frost no era buena ya que Jacob buscaba a la gente que mataba a niños y a niñas sin una razón, y el padre de Amanda se convirtió en uno de ellos por la presión y la furia de que su hija desapareció, entonces Jacob va detrás de el padre de Amanda

Jacob y Steve

La relación entre Amanda y la madre (Kate) era buena al principio, luego se fue haciendo un poco más mala la relación ya que Kate le prohibía mucha cosa a su hija y no quería que se viera con él chico que había conocido en el lugar en el que desapareció

Amanda Kate

¿Cómo afectan los eventos de la historia a su desarrollo?

A Jacob le afectó la desaparición de Amanda ya que él la quería mucho y habían congeniado muy bien. Al doctor le afecta la muerte de su hija y también un poco la presión de llevar el caso del decapitador en su centro. A Estela le afecta el momento en el que Jacob le va contando toda la historia pasada de Amanda (Estela y Amanda es la misma persona) Al padre de Amanda Steve le afectó la desaparición de Amanda y su supuesta muerte igual que a la madre de Amanda y a su hermana Aunque a la hermana de Amanda también afectó un poco al final de la obra el estar ingresada en el hospital porque su padre le ha atropellado

Evolución psicológica del personaje a lo largo del libro

La evolución psicológica de Jacob Frost al principio era una persona que no hablaba no se movía y cuando hablaba decía palabras sueltas o era muy frío y luego cuando conoció a Estela se fue abriendo más porque consiguió su objetivoEl doctor al principio quería mediar palabra con el decapitador aunque él no hablaba y luego cambió el doctor cuando su hija murió y le entregaron parte de su cuerpo en una caja en su oficina ahí se derrumbó y obtuve psicológicamente muy mal Estela Hyden o Amanda maslow al principio de la del libro era una chica de diecisiete años entonces era muy feliz y se enamoró de Jacob pero luego se hizo del FBI porque supuestamente había desaparecido y tal y cambió un poco porque cambió su identidad, ya no era Amanda maslow y también cambia su personalidad cuando descubre quién es Jacob y se da cuenta que es el chico del cual estaba enamorada en salt lake y la evolución del padre de Amanda ya que los demás personajes no se le ve una evolución es que al principio estaba bien y estaba feliz con su hijas, cuando desaparece Amanda se queda muy raro cortado, desaparece le cuesta mostrar un afecto y ya no era un hombre de trabajador ni familiar y luego ya en la segunda parte del libro cuando ya han pasado muchos años él es una persona fría aunque en algún momento que otro presenta algún que otro sentimiento pero es una persona fría que mata a chicos y a chicas cam cambió su personalidad totalmente.

Guia de lectura

BloquedadaCine/tetro

Completada

BloquedadaConclusión

Preguntas

¿Cuales son las escenas que tu piensas que fue donde se perdió la cordura?

¿Cuál es el evento clave que desencadena la pérdida de cordura en la historia?

¿Cómo se entrelazan los eventos del pasado del protagonista con los sucesos actuales que desencadenan la pérdida de la cordura?

Cine/Teatro

Completada

Completada

BloqueadaConclusión

—¿¡Hola!? —gritó Jacob desde el porche. Se levantó con una celeridad portentosa y corrió hacia ella. No sabían por qué, pero nada más verse se abrazaron durante un segundo. No duró más, pero lo suficiente para darse cuenta de que siempre habían querido estar así. —¿Quién te sigue? —dijo Jacob a Amanda. —Una mujer, no sé, y más gente —respondió—. No entiendo nada. Ayúdame, Jacob, por favor. Jacob vio cómo se le saltaban las lágrimas a Amanda, y decidió sin siquiera pensarlo protegerla de lo que fuese. Se armó con el mismo valor que tuvo durante la pelea con su padre meses atrás, y se dijo a sí mismo que no fallaría. No esta vez. La protegería como fuese y haría lo que hiciera falta por ella. Sin dudarlo ni un segundo más, cogió la mano de Amanda y dijo: —A mi lado no te ocurrirá nada. Las sombras habían comenzado a aproximarse, y se distinguían a lo lejos seis siluetas macabras de distintos tamaños entre la oscuridad de la noche. —¡Sígueme! —gritó. Corrieron hacia el lago huyendo de las sombras, rodeando la vieja casa que había frente a la de Amanda. Sortearon el pequeño tramo de árboles que los separaba del lago y llegaron a la orilla, donde había varias embarcaciones de madera. —Ayúdame a empujarla —dijo Jacob mientras se esforzaba por arrastrar una de ellas hacia el agua. Se montaron en la barca de un salto cuando ya flotaba lo suficiente. Rápidamente, Jacob comenzó a remar con todas sus fuerzas, al ver que las siluetas se aproximaban a ellos. Se adentraron en el lago, y cuando estuvieron a escasos cien metros de la orilla, vieron las siluetas reunirse al borde del agua y quedarse inmóviles contemplándolos bajo la luz parpadeante de la alejada feria, y de los mil farolillos que recorrían el embarcadero junto al pueblo. En aquel instante Amanda se sintió por fin a salvo, lejos de las sombras que la perseguían, y se dio cuenta entonces junto a quién se encontraba. No había tenido tiempo de pensar en ello ni de asimilarlo. Había soñado varias veces con su encuentro: recorrerían la feria, tomarían algodón de azúcar, montarían en la noria y Jacob le conseguiría un peluche de alguna caseta de feriantes. Era la manera más típica en la que podían desarrollarse los acontecimientos, pero ella la anheló con la solemnidad de quien esperaba una vida nueva. Ahora que sentía a Jacob tan próximo, remando con todas sus fuerzas por ella, supo que no habría una mejor manera de verse con él. Dejó de importarle la huida conforme se alejaban de la costa, y con cada golpe de remo, la luz perdía la fuerza con la que iluminaba el rostro de Jacob, que continuaba jadeando para salvarla. Durante más de diez minutos Jacob no dejó de remar, sin pensar en nada más que en alejarse de la orilla, bajo la atenta mirada de una Amanda absorta en su esfuerzo. Remó con el ímpetu con el que escapó de casa para vivir con su tío, hasta el punto de que

la luz de la feria estaba tan lejos de ellos que lo único que los iluminaba era el cielo estrellado. En ese instante en el que no se percibía nada, Jacob paró, y ambos permanecieron callados durante unos instantes en la oscuridad. El corazón de Jacob estaba desbocado, y también el de Amanda, que se oía latir en el silencio de la barca. No ya por el esfuerzo ni la carrera, sino por la impresión de saber que se encontraban el uno frente al otro. Aunque apenas se veían, Jacob la sintió moverse por la barca, haciéndola tambalearse ligeramente a estribor. Él se levantó instintivamente, intentando controlar el vaivén, y en aquel instante de silencio, unas manos delicadas encontraron su rostro, acariciándole el mentón y haciéndolo sentir como nunca antes había estado en su vida. Jacob continuó unos instantes más disfrutando del tacto de su caricia y, sin dudarlo, la cogió por la cintura en la oscuridad con la determinación de no dejarla ir. Sin decir ninguna palabra más, se besaron en la oscuridad, con la lejanía de las luces de la feria y con el cielo cubierto de constelaciones. Para él, no había nada más importante en el mundo que ella. Ella se sentía a salvo junto a él. Se abrazaron durante un rato en silencio, sabiendo que las palabras no dichas significaban mucho más que las que se pudieran decir, y deseando que aquel momento durase para siempre. Jacob sintió la respiración relajada de Amanda, la presión de su cuerpo contra el suyo, el olor de su pelo a lavanda, el tacto suave de su mano, el calor de su piel y, con una claridad asombrosa, la fuerza del amor adolescente. —No te dejaré marchar. —No me separaré de ti. —Esto es una locura, ni siquiera sé tu nombre. Ni siquiera sé quién eres, pero ya te quiero. —Amanda. —¿Qué? —Me llamo Amanda. El sonido dulce de la voz de Amanda pronunciando su propio nombre le pareció una maravilla en sí misma. Se fijó en el recorrido que hicieron sus labios y su lengua al pronunciar cada una de las tres sílabas y, por un segundo, sintió la sensación de ya haber leído un millón de veces su nombre al comienzo de su lista de posibles nombres y de haber pasado la vista por algo parecido en multitud de ocasiones, pero nunca con la sinuosa, melódica e irresistible voz de Amanda. En aquel momento un punto de luz que surgía de una de las orillas comenzó a acercarse hacia su barca. —Alguien viene —dijo Jacob. —¡Son ellos! Jacob se sentó de nuevo, mientras Amanda tenía la sensación de que no tendrían escapatoria, y comenzó a remar hacia la zona de la feria. La luz se les aproximaba rápidamente, y las remadas de Jacob parecían no ser suficientes para que no los alcanzaran. Cuando por fin se acercaron al embarcadero del pueblo, iluminado con las mil farolas centelleantes, y con el sonido de las risas y de la música de la feria a lo lejos, el punto de luz se frenó tras ellos en mitad de la oscuridad.

Jacob ayudó a Amanda a subir al embarcadero, cuyos tablones de madera húmeda crujieron suaves ante el golpe de la barca. Jacob fue detrás de ella, y se dio la vuelta para ver quién les seguía. La luz se quedó inmóvil a unos treinta metros del embarcadero, apuntando hacia ellos, y permitiendo su destello la sola percepción de varias siluetas oscuras inmóviles en una barca. —¿Qué queréis? —gritó Jacob a las siluetas con toda su rabia. Nadie respondió. —Jacob, vámonos, por favor —dijo Amanda cogiéndole de la mano. Jacob la miró y la vio llorar de miedo ante la impotencia que daba el desconocimiento, ante el dominio que ejercía sobre ella la situación y ante la posibilidad de que algo grave les ocurriese. —Jacob, por favor, no me dejes sola. —Nunca —se comprometió. La agarró de la mano y recorrieron a toda prisa el embarcadero hasta que se adentraron en la feria. Caminaron por ella de punta a punta, bajo la dirección de Jacob, que apenas desviaba la atención de su itinerario, mientras Amanda observaba incrédula la belleza de la luz amarillenta de las bombillas de las atracciones que parpadeaban incesantes. Mientras recorría la feria cogida de la mano de Jacob, no pudo hacer otra cosa sino contemplarla pasar maravillada, y así de esta manera aferrarse al mundo real: la noria, los coches de choque, las barracas de habilidad, la doma del toro, los globos de helio, los gofres y buñuelos de chocolate, el olor a manzana con caramelo, el sonido de la música, los gritos de los niños, los anuncios de los gitanos, las videntes del destino, el golpe con el martillo, la maravilla de la diversión. Todo había sido colocado con un orden tan preciso, y a la vez con un desorden tan minucioso, que para ella fue el mejor sitio del mundo para andar de la mano con Jacob. Los niños reían junto a la cuadrilla de payasos torpes cargados de globos, los adolescentes saludaban hacia abajo desde lo alto de la noria, los más gamberros perseguían a las chicas en los coches de choque, la música se sincronizaba de una atracción a otra, creando una mezcla inverosímil para el destino, y los cánticos de los gitanos anunciaban las aburridas maravillas de unos imanes. La visión fugaz de aquel mundo de alegría se disipó al ver cómo unas personas vestidas de negro entraban en la feria. Amanda y Jacob salieron por el otro lado y se perdieron por el bosque sin que sus manos se soltaran. —Sígueme —dijo—. Estaremos a salvo. Conforme la música se iba alejando de ellos, y el silencio impregnaba poco a poco el aire, solo interrumpido por sus pasos en la tierra, Amanda se acercó más a Jacob para sentirse protegida. Llegaron a una casa de madera en construcción situada en un claro junto al lago. Se encontraba lo suficientemente cerca del pueblo como para considerarse parte de él, pero también lo suficientemente alejada como para hacer sentir a Amanda segura. Era idéntica a la que había alquilado con sus padres, pero su aspecto distaba mucho de ella. Las paredes no estaban terminadas, las ventanas no tenían cristales, la pintura brillaba por su ausencia. El color a madera viva impregnaba la fachada, y el olor a serrín se

percibía desde la distancia. —Aquí no te ocurrirá nada —dijo Jacob. —¿De quién es? ¿Estaremos seguros aquí? —Es de mi tío. Se compró esta parcela hace un par de años, y estuvo trabajando en ella hasta hace unos meses. —¿Podemos entrar? Jacob manipuló la puerta y deshizo un nudo de una cuerda con la que estaba atada al marco. —Adelante —dijo. El interior de la casa era idéntico al que tenía la casa que habían alquilado: una escalera se situaba frente al recibidor y llevaba a la planta superior y un pasillo se alejaba dirección a la cocina. La luz tenue de la noche que entraba desde los ventanales que había junto a la entrada apenas permitía vislumbrar más allá de un par de metros. —¿Jacob? ¿Dónde estás? —dijo Amanda al ver que la sombra de Jacob se alejaba hacia el interior de la casa—. ¡¿Jacob?! —gritó asustada. Una luz suave se encendió en la escalera superior y Amanda, temerosa, se aproximó a ella. —¡Jacob, no me hace gracia! Sal ya, por favor. Al aproximarse a la habitación de la planta superior desde la que emanaba la luz, Amanda sintió unos pasos detrás de ella. Su corazón se aceleró con la sensación de que había alguien a quien ella no esperaba, pero al notar las cálidas manos de Jacob rodeando su cintura, se sintió protegida. —Aquí estás —dijo Jacob—. Ven, quiero enseñarte algo. —¿El qué? —preguntó, intentando recuperar la respiración. —Cierra los ojos. —Ni loca, Jacob. —Confía en mí.

Completada

Completada

Completada

Conclusión

Conclusión

El libro me encantó, desde que me lo leí el año pasado y desde entonces se lo he recomenddo a cualquier persona que le guste leer. Y como este libor tiene segunda parte me lo voy a leer porque me gustó tanto la primera

La principal idea de este trabajo es saber si nos hemos leido el libro.

¡Gracias!